martes, 16 de junio de 2009

Rafael de Cózar: Piel iluminada

Mi amigo Rafael de Cózar me envía su nueva edición de los poemas "Piel Iluminada", con la advertencia de que no me deje arrastrar por el tobogán de lujuria y pecado que sus poesías visuales representan:


Cuando un nuevo siglo
recorra mis venas
y entre mis dedos
la nueva tierra
cobre un sentido diferente…
Cuando las horas mueran
en un murmullo de líquidas palabras
y el agua de la edad
pase a la historia…
Cuando el grito del olvido
se torne al fin silencio,
sólo me restará regar mi vida
con el retorno único del tiempo.

viernes, 12 de junio de 2009

Un ciego con una pistola


Dicen que a veces la vida imita al arte. Cuando esto ocurre es difícil relatarlo con las palabras precisas, el tono exacto.. No vale el relato ternurista de Dickens, ni la descripción pormenorizada de los naturalistas franceses. Es un horror que camina a nuestro lado, envuelto en la normalidad aparente de la vida cotidiana.

Compras el pan todos los días, pero no puedes sospechar que en la trastienda de esas instalaciones, donde te recibe un vendedor amable y sonriente, hay varias personas trabajando de sol a sol, pero en la sombra. Nadie te advierte que hace algunas horas esa máquina reluciente que mezcla la dosis precisa de harina, de sal, de levadura, se convirtió en una guillotina afilada. Has recorrido la calle sin sospechar que en el contenedor verde de basura, y envuelto en plástico negro, está el miembro amputado de la persona que fabricaba el pan todos los días.

Nadie te advierte que el vecino que te ha saludado en la puerta, acaba de avisar al inmigrante mutilado que, por su bien, no diga nada, que ya se encargará él de solucionarlo. No te has enterado de la historia hasta que has llegado a tu casa y has visto en el informativo la cara de luna, desorientada, de un inmigrante boliviano que no ha decidido todavía cuales son sus sentimientos y que mira a la cámara con franqueza, mostrando su brazo amputado.

Dicen que ganaba 23 euros al día, unos dos euros por hora trabajada. Pero como la vida imita al arte, sin apenas transición, el mismo informativo dedica los titulares a la gran noticia del día: el traspaso de Cristiano Ronaldo. Más de noventa millones de euros y algo más de una decena de millones anuales. Lo celebró con unos amigos, gastando más de cuarenta mil euros en unas cuantas bebidas en un club de moda.

No. No vale Dickens. No vale el tono ternurista, la comparación de dos vidas que deberían tener el mismo valor. Quizá Vázquez Montalbán hubiera dado con el tono preciso de esta narración. Solo la novela negra encontraría la forma de relatar un crimen y colocarlo en la sociedad que lo produce. Solo este género podría conectar los misteriosos circuitos que unen los salarios de 23 euros con el depilfarro enloquecido. Chester Himes hubiera podido relatar el nuevo horror de los marginados: contenedores con miembros amputados, trastiendas oscuras de negocios respetables, desesperanza de raza, de clase. Podría haber escrito una versión de “Empieza el calor” en los nuevos barrios residenciales en vez de Harlem, con la tristeza como telón de fondo y música latina en lugar de jazz. A fin de cuentas, la explotación extrema es “Un ciego con una pistola” que algún día nos estallará en la cara.

En voz baja


Hoy publico este artículo en El Correo de Andalucía:

No me ha gustado en absoluto el resultado de las elecciones europeas, ni en la Unión ni a escala estatal. Hago esta afirmación para sacudirme cualquier apariencia de imparcialidad desde el que se suelen escribir los artículos de opinión, no en balde se les llama tribunas y columnas, como si el que lo escribe estuviera situado en una privilegiada atalaya. No me gusta que el público –y lo digo con toda intención puesto que se ha pasado del concepto de pueblo soberano al de espectadores de una lamentable representación teatral- haya optado por acrecentar la representación de una derecha cada vez más histriónica y que tienen como santo y seña de la salida a la crisis la reducción de las rentas del trabajo, la criminalización de la inmigración o el recorte del espacio público.

No me esperaba esta caída al vacío de la socialdemocracia europea. Aunque no voy a derramar ninguna lágrima por los herederos de Tony Blair, los que destrozaron con sus ideas de la tercera vía cualquier intento de cambio de modelo económico europeo o se sentaron con Bush a fumarse el puro de la guerra de Irak rememorando los viejos sueños imperiales. También -siempre a posteriori- era previsible el decaimiento, ante los problemas acuciantes del pueblo, de esa izquierda pija, ajena a los problemas sociales, que se desentiende de los conflictos económicos, que es tibia a la hora de enunciar y defender sus valores y que ha renunciado a tener un discurso sobre el modelo de desarrollo porque lo suyo es, exclusivamente, distribuir una pequeña parte de los beneficios en épocas de bonanza económica.. Me parece, sin embargo, un ejercicio de tontura política protestar contra la falta de autenticidad de estos cachalotes inofensivos, alimentando a los tiburones de la derecha más reaccionaria.

He comprobado la falta de conexión social de un discurso postcomunista, re-comunista o pre-comunista, incapaz de analizar la complejidad de la explotación que se produce en la actualidad y de renovar su práctica política con nuevas ideas procedentes de los foros sociales, el ecologismo político o el feminismo comprometido, anclados todavía en el viejo símbolo del obrero, masculino e industrial, de los años veinte del siglo pasado y que tampoco acaba de entender el valor central, primordial, de la libertad y de la profundización democrática.

He sentido una única punzada de esperanza con la extensión del voto verde, con todas sus contradicciones, porque al menos unos cuantos millones de europeos han decidido, en medio de la peor crisis económica, que la salida no es reducir los costes laborales o aumentar el consumo sino cambiar el modelo de desarrollo desde las iniciales fases de la producción, apostar por otro modelo energético y otras formas de vida.

Los resultados electorales suponen una enorme interrogación sobre el futuro de ese espacio político y social que tradicionalmente se ha llamado izquierda: su utilidad, sus valores, su proyecto y su autenticidad están hoy en una crisis tan profunda como la del propio capitalismo al que quieren dar respuesta. Nadie lo reconoce. Hasta el momento los análisis electorales sustituyen a los análisis políticos, el electoralismo a la creación de ideas y de respuestas. Pero solo una revisión teórica profunda y una práctica social cercana a los ciudadanos podrá empezar a dar sus frutos. Mientras tanto la derecha anima a sus grupos think tank a tomar la iniciativa, con la inconmensurable ayuda de aquellos que hace mucho tiempo renunciaron a la idea de cambiar la injusticia en el mundo.

viernes, 5 de junio de 2009

Días contados


Hoy publico este artículo en El Correo de Andalucía

Con lo del cambio climático ocurre como con el famoso poema –atribuido al parecer erróneamente a Bertold Brecht y que escribió un poeta judío encerrado en el campo de concentración de Dachau–, en el que se lamenta del encogimiento de hombros con que la sociedad alemana contempló la detención de comunistas, socialdemócratas, sindicalistas y católicos creyendo que se trataba de algo que les ocurría a los otros, hasta que oyó resonar las botas de los militares nazis por la escalera de su propia casa.
Así, la organización ecologista Greenpeace ha metido el cambio climático en pleno Guadalquivir, ha señalado con el dedo la realidad que no queremos ver y nos ha dicho que si no actuamos inmediatamente, no estaremos a salvo por mucho que nos encerremos en la torre dorada de la ignorancia.

Los negacionistas del cambio climático se baten en franca retirada ante las evidencias innegables de sus consecuencias. Han adoptado, sin embargo, una actitud relativista que pasa por afirmar que no tiene la gravedad que indican los estudios científicos o que sus peligros no son tan inminentes. Acusan al ecologismo político de exagerar la importancia del calentamiento global y arremeten contra cualquier mensajero que presente las pruebas de este desastre. Se trata, en realidad, de opiniones alentadas –cuando no directamente financiadas– por intereses económicos muy poderosos que saben perfectamente que reconocer la gravedad del cambio climático pondría sobre la mesa la necesidad de operar una enorme transformación del modelo económico mundial del que extraen tantos beneficios.

Pero hay también en este tema, una especie de relativismo popular que parece ser la esencia de este siglo XXI, donde convive la información masiva y el egoísmo más atroz. Una sociedad que ha hecho del presente su único punto de referencia y del “aquí y ahora” su única perspectiva. Una sociedad que no quiere escuchar malas noticias que comprometan su forma de vida, que padece una extraña enfermedad de la memoria de manera que olvida en cinco minutos la información más terrible con tal de no variar un ápice sus formas de consumo desmesuradas y despilfarradoras. Tampoco acompaña un sistema político, basado en el electoralismo más atroz, que sigue pensando que los brotes verdes de la economía es que se vendan más vehículos a motor.
Por eso, Greenpeace ha venido a meter el dedo en el ojo, a decirnos que el cambio climático no sólo va a afectar a lejanas islas de la Polinesia, sino a nuestra casa, a nuestra ciudad y a nuestras vidas. En los últimos treinta años las temperaturas en Sevilla han subido casi dos grados; los frutales de nuestros campos florecen y se agostan antes de la primavera; el Guadalquivir se saliniza y nuestras costas se modifican rápidamente. Aún así, habrá quien piense a fin de cuentas él no es agricultor, ni hotelero, ni pájaro de Doñana, ni tiene un piso en la primera línea de playa y que por tanto en casi nada le afecta. Se tiene la falsa idea de que las sociedades urbanas son una burbuja de cristal que en nada dependen de la naturaleza. Se olvidan de que comemos productos naturales, respiramos el aire contaminado y nos relacionamos con un mundo que se volverá más inestable.

Greenpeace ha venido con su barco de los tiempos futuros a recordarnos que tenemos los días contados para parar el reloj del desastre ambiental. No es el catastrofismo lo que les hace navegar por el Guadalquivir, sino la esperanza.

El cuento de la buena pipa: debut casi cinematográfico

Algunos amigos como Joaquín Urias y yo misma hemos debutado cinematográficamente de la mano del joven y talentoso Carlos Cid, en un corto producido por Amanda Girón. También han colaborado en el proyecto los actores Carlos Álvarez y Miguel Alcíbar. Ayer se estrenó en el salón de actos de la Facultad de Ciencias de la Información. Si quereis verlo, aquí está.

lunes, 1 de junio de 2009

Un premio para Marcos Ana


Ya sabemos que el precio de nuestra transición política fue el olvido, una medicina aparentemente insípida, que fue administrada durante decenios con el silencio cómplice de una gran parte de la izquierda que se conformaba con salir de nuevo a la escena pública, aunque quedaran borradas sus raíces y sus verdaderos protagonistas.
Conocemos así la historia de líderes mundiales como Nelson Mandela, de Indira Gandhi y de otros líderes civiles mientras a nuestro lado pasaban desapercibidas algunas personas que practicaron un heroismo cívico similar en nuestro país. Cuenta Primo Levi que solía tener en el campo de concentración de Auschwitz una pesadilla recurrente y que consistía en que una vez que liberado, ni sus amigos ni siquiera su familia querían escuchar las atrocidades que había presenciado. Desgraciadamente -nos cuenta- esa pesadilla se hizo realidad y, cada vez que intentaba articular su historia, los más allegados lo silenciaban, deseosos de recuperar la normalidad de la vida e incluso recomendándole, cariñosamente, que era tiempo de olvidar lo sucedido.
Entre los líderes civiles mundiales, merece un puesto de honor la figura de Marcos Ana. Estuvo encarcelado veinticinco años, toda una vida. Llego a olvidar lo que era un árbol pero no abandonó la esperanza. Dicen, todos los que le conocen bien, que salió de la cárcel sin un rasguño en el alma. Cuando lo conocí, me pareció que era la sonrisa que le faltaba a la izquierda y que conservaba eso que muchos han perdido: la esperanza en el ser humano.
Si lo lees, comprobarás cuánta sabiduría atesoró en su encierro y te preguntarás cómo conservó esa inocencia primaria que induce a los de alrededor a ser buenos. Ahora la Universidad de Granada, junto a varias fundaciones como la de Saramago o el centro de la Unesco, han promovido una plataforma para reunir firmas con el fin de que le concedan el premio príncipe de Asturas de la Concordia. Si pinchas aquí puedes poner tu firma en el manifiesto. Marcos Ana no necesita este premio, ya cuenta con el galardón extraordinario de legiones de amigos y amigas que lo admiran en el mundo. Es la democracia española, la que necesita premiar su trayectoria.

martes, 26 de mayo de 2009

Intervención de Isabel Pedrote: mi ciudad


Si quieres leer la intervención de Isabel Pedrote en la presentación de libro "Sevilla, ciudad de las palabras", pincha aquí

viernes, 22 de mayo de 2009

Muchas gracias y lleno total



No tengo palabras para agradecer la presencia, la colaboración de los centenares y centenares de amigos y amigas que me acompañaron en la presentación del libro.
Muchos tuvieron que tomar un día de permiso, otros se desplazaron desde puntos muy lejanos...todas y todos hicieron un esfuerzo por estar allí, como si la presencia hablara más que las palabras. Muchos estaban sorprendidos de que el auditorio fuera tan diverso y variopinto, social y culturalmente, pero en cada uno de los asistentes había un pedazo de mi vida y de mis esperanzas.
No había solo palabras en este acto. Había sentimientos comunes, la emoción compartida de estar juntos. Una apasionada Rosario Valpuesta, maestra de la vida y de las esperanzas de las mujeres y los desfavorecidos e Isabel Pedrote, una maestra del arte de la palabra, y de la bondad, les pusieron la letra. Próximamente colgaré sus intervenciones, así como un decálogo sobre el Sur, que muchos me habéis pedido.
Muchas veces me han preguntado en este duro año de transición cómo era posible que pareciera feliz y que apenas asomara dolor alguno. El acto de ayer es la verdadera explicación. No ha habido un solo día de soledad. No es verdad que el teléfono deje de sonar cuando abandonas el cargo público...solo que suena más sincero, más próximo. A todos y a todas los que me habéis dado aliento y esperanza: mil gracias.

jueves, 21 de mayo de 2009

Sevilla, fiesta y mito




La autora analiza en su primer libro, 'Sevilla, Ciudad de las Palabras' (RD Editores), con prólogo de Luis García Montero, la imagen de esta capital proyectada a lo largo de los siglos por la literatura universal


Javier Chaparro Diario de Sevilla

Diputada durante 14 años del Parlamento andaluz, Caballero se considera una apartada involuntaria de la política, aunque ha rechazado tentadoras ofertas para mantenerse en ella. Profesora de literatura en un instituto del Aljarafe, ha escrito un libro sobre libros, de los muchos que han penetrado en las entrañas de Sevilla para descubrirla y presentarla al mundo. Prologada por Luis García Montero, es una obra literaria que podría servir casi como libro de texto. Sevilla, una urbe convertida en metáfora de sí misma.
-Dicen que una de las sensaciones que uno tiene al dejar la política es que el teléfono deja de sonar. ¿Es este libro producto de esos silencios?
-Te llaman mucho más los amigos, la gente que te quiere y que te intenta cuidar. Y te llaman menos los compromisos y las falsas amistades. Pero sí, en cierto sentido tengo que agradecer a quienes me han dado vacaciones políticas el haber podido emprender este camino.
-¿Escribir es descubrir?
-Para mí ha sido casi todo un descubrimiento. No tenía una idea previa muy definida al empezar y me he encontrado con que había como un argumento en torno a la ciudad a lo largo de los siglos en la literatura.
-¿Por ejemplo?-Si lees a Cernuda y a los poetas andalusíes hay paralelismos en la metáfora, en el exilio, en muchísimas cosas. Me ha impresionado también la fortaleza de lo andaluz en la historia, que no es tan reciente como creemos. Descubrí a un Fernando de Herrera reclamando Andalucía frente a los Infantes de Carrión o la vitalidad del Romanticismo, con la fortaleza de la prensa de la época. Mi trabajo no se limita a recopilar textos o hacer una relación de lugares de la ciudad que aparecen citados en una novela, es una visión de la metáfora en torno a Sevilla, la construcción simbólica de la ciudad. Sevilla no se construye con ladrillos, sino con la luz, con conceptos como el paso del tiempo, la infancia, las relaciones de la gente.
-Su obra parte de Julio César y concluye en Cernuda. Ha obviado una visión más contemporánea.-El libro huye del presente. Hubiese sido complicado hacer la selección de textos y también hay periodos literarios que no me seducen. Por eso se corta en la Generación del 27 y en textos de los años 30 y 40.
-El Cernuda abatido decía que "el sur es un desierto que llora mientras canta". ¿Ha cambiado la cosa?
-(Risas) No lo sé. Estamos en un momento muy complicado en el que creo que Sevilla puede poner en valor una vida no productivista, un concepto del tiempo y del espacio, del ser humano. Creo también, sin embargo, que hay una gran impotencia para romper el marco del cuadro. Cernuda, cuando se va de Sevilla, dice: "En Sevilla nunca pasa nada". Quizá todavía seguimos con esa actitud.
-Eso contrasta con la visión idílica de otros autores.
-Es que Sevilla tiene muchas caras. Tiene esa imagen de fiesta y superficialidad y hay una Sevilla jonda. Manuel Machado dice en un célebre poema que a todos nos han cantado en una noche de juerga coplas que nos han matado. Sevilla está acompañada de una visión de folclorismo y no es así. Ruben Darío viene y ve una ciudad que no es la folclórica y dice váyanse a otro sitio. Los románticos se fijaron en el concepto de libertad y de tiempo extendido que tiene Sevilla y no tanto en el folclorismo. La gente se va a sorprender de que Pushkin, Dostoievski o Stendhal hablasen de Sevilla.
-Es curioso que muchos de ellos ni tan siquiera pisaron la ciudad.-¡La mayoría! Es que Sevilla es también un mito.
-Dostoievski localiza en ella un relato en el que el gran inquidor juzga a Jesucristo.
-Sí, sí, y es increíble la precisión de la descripción que hace pese a no conocer Sevilla. No es el único. Chesterton, por ejemplo, se atreve a hacer un texto sobre la Semana Santa diciendo que el negro no es la apoteosis de la oscuridad, sino de la luz.
-Santa Teresa habló de "la poca verdad", de "los dobleces" de los sevillanos.
-La relación de Santa Teresa con Sevilla es genial. Ella viene aquí a la fuerza y además no le gusta el carácter de la gente, pero al cabo del tiempo dice que los sevillanos, con el calor que hace aquí, bastante tienen con no pecar. Dice que el demonio tiene los brazos muy largos y que incluso a ella la está tentando.
-Usted describe así la Sevilla cervantina: "Todo está permitido en la ciudad (…) y con sólo seguir la liturgia religiosa tendrán garantizada la libertad en la tierra y acaso la gloria en el cielo".
-Es que Sevilla era el Nueva York de aquel tiempo. Hay cosas en Lope de Vega que me recuerdan a Poeta en Nueva York, cuando dice que "Sevilla es el tiempo en cifras", una ciudad deshumanizada. Ve la urbe, la gran ciudad. Y Cervantes aporta un enigma, ese libro que es Rinconete y Cortadillo, que es una crítica terrible a la jerarquía eclesiástica y civil de esta ciudad, de la que él se va habiendo fracasado.
-Para el joven Byron era la ciudad del amor, de la subversión.
-Byron dice que aquí se encuentran los altares de la locura en medio de una guerra. Se daba la dualidad de la ciudad, la más religiosa y la más pagana, la más españolista y la que tenía más carácter propio.
-Fernán Caballero admira la "portentosa flexibilidad con que sabe el catolicismo apoderarse de todas las armonías de la naturaleza".
-Ese concepto de la religión es muy curioso y aparece en muchas obras. El sur cambia el concepto de la religión, pero ésta también se apropia de todos los conceptos de la belleza.
-¿La política y usted...?
-Yo estoy como Umbral: vengo a hablar de mi libro (risas).

Paseo sevillano a través del tiempo y la literatura



Un revelador paseo sevillano a través del tiempo y la literatura
Alejandro Luque

El Correo de Andalucía

Concha Caballero cambia la política por los libros en una nueva etapa de su vida / J.M.Cabello


Sevilla, Ciudad de las Palabras (Rd Editores) es el título del debut literario de la profesora y ex portavoz parlamentaria de Izquierda Unida, Concha Caballero, una invitación irresistible a pasear por Sevilla a través del tiempo y de la literatura.La fama literaria de la capital hispalense es conocida desde antiguo, pero pocas veces ha sido contada de una forma tan minuciosa. Caballero, profesora de Lengua y Literatura, se propuso “recoger en un libro buena parte de la literatura que se había ocupado de la ciudad, pero tratando de que no fuera un manual, ni algo aburrido. Después de tres meses de trabajo ya tenía más de 250 archivos seleccionados. es la ciudad más literaria de España, y de las más literarias del mundo”. Juan Ramón Jiménez y Luis Cernuda, el Cancionero y la Ilustración, el Don Juan y la Carmen, el libro –que cuenta con un generoso prólogo de Luis García Montero– reproduce y comenta textos de los principales autores de nuestro idioma, pero su autora quiso ir un paso más allá y presentar “una mirada de los extranjeros, como sucedió con los románticos, con mucha profundidad y libre de tópicos”, explica Caballero. Empezando por Julio César y llegando hasta Dostoievski, Gautier, Stendhal, Pushkin o Lord Byron, la autora pone sobre el papel algunos hallazgos inesperados, pero señala que hay mucho más. “El libro concluye en el 27, pero Sevilla no ha perdido esa fuerza literaria que siempre la ha caracterizado. La historia continúa”.metáfora completa. No se trata, sin embargo, de una guía al uso, de las que obligan a los turistas detenerse en una esquina buscando la casa natal de alguna celebridad o el parque que inspiró tal o cual poema. “Más que un paisaje físico, lo que este libro muestra es un mapa sensorial y sentimental de la ciudad. Sevilla es también la luz, la infancia, la madre, es un concepto del tiempo, tanto para los escritores propios como para los forasteros”, comenta Concha Caballero. “No sorprenden tanto los monumentos como esas cosas, el tiempo, las relaciones humanas. Aunque es magnífico que exista la Giralda y el Casco Histórico, esa forma especial de vivir es la metáfora completa del Sur”, agrega la autora. Cuando se le pregunta si los escritores han hecho más por Sevilla que los políticos, o viceversa, Caballero afirma que “depende de qué políticos y de qué escritores. Lo que está claro es que la construcción simbólica, lo inmaterial que dicen los cursis, es una riqueza de la que apenas se habla. Esta ciudad tiene que descubrir ese valor y disfrutar de él”, apostilla.

sábado, 16 de mayo de 2009

Sevilla, ciudad de las palabras



RDeditores TIENE EL PLACER DE INVITARLE
A LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO

Día 21 DE MAYO, JUEVES, A LAS OCHO DE LA TARDE
CARPA PRINCIPAL FERIA DEL LIBRO (PLAZA NUEVA)

El acto contará con la participación de
Isabel Pedrote
Rosario Valpuesta y
Rogelio Delgado.

FIRMA DE LIBROS:
7 a 8 tarde del día 21
y también tras el acto de presentación






SINOPSIS:
“Sevilla no es sólo un lugar, es también un sueño, una metáfora llena de historia y de sentido literario. Descubriremos la fuerza literaria de esta ciudad cuya construcción simbólica se inicia con Julio Cesar para extenderse con el exilio de los poetas andalusíes, los tiempos revueltos del siglo de Oro, las pesadumbres ilustradas, las aventuras románticas, el descubrimiento realista y el cosmopolitismo de los inicios del siglo XX. Este es un libro en el que nos sorprenderán los testimonios literarios recopilados sobre Sevilla y en el que desfilan por sus páginas tanto escritores sevillanos (Cernuda, Machado, Becquer,…), como españoles (Lope de Vega, Cervantes, Juan Ramón Jiménez,…) y, especialmente -por su aportación poco conocida- extranjeros (Lord Byron, Rilke, Pushkin, Chesterton, Sthendal, Dante, Dostoievski, Victor Hugo…)
También supone una meditación sobre la metáfora del sur que se atreve a romper los extremos y que defiende la ilusión de una rebeldía sensual, callejera, descarada y bulliciosa, junto a la intimidad del tiempo que se necesita para atender a la belleza.
Hablar sobre los escritores de Sevilla es hablar sobre la ciudad, indagar la elaboración de su sentido cultural, ese patrimonio de recuerdos que nos acompañan cuando caminamos por las calles.(…) Te aconsejo, curioso lector, que disfrutes del libro de Concha Caballero. Su inventario sevillano sirve para conocer la historia de la ciudad, para ponernos frente a sus metáforas y para responsabilizarnos de ellas sin dogmatismos, supersticiones o falsas promesas de pintoresquismo aguado. Es la responsabilidad de los buenos lectores”. (Extraído del Prólogo de Luis García Montero)

Pequeña disculpa

Estas últimas semanas apenas si he podido renovar los contenidos de este blog. Se me queja, algún amigo, que echa especialmente de menos los textos más personales de esta publicación.
En estos próximos días me pondré al corriente. Ahora, casi todo mi tiempo libre -que es bastante escaso- lo dedico a preparar la presentación del libro.
"Como Umbral -les digo en broma a mis amigos- he venido aquí para hablar de mi libro".Y todo se me va en revisar listas de invitaciones, recuperar correos electrónicos, hacer llamadas a los amigos más lejanos...En fin, que estoy cada vez más convencida que lo más parecido a la presentación de un libro es una boda, pero sin vestido blanco y sin viaje de novios...He puesto en Facebook que "Dios me ha castigado con esto por no creer en las liturgias" y me han salido una panda de chistosos ofreciéndose a ser padrinos (a ver, amigos, más contención, que esto es un acto serio...y además de ser mucho más breve, tiene un final más feliz que la mayoría de las bodas). Mientras tanto llueven felicitaciones, disculpas, asistencias y muestras de cariño. Si, tal como dicen, "quien tiene un amigo, tiene un tesoro", soy una afortunada multimillonaria.

Tras el debate de la publicidad

No es un tema de segundo orden la existencia o no de una televisión pública. No se puede despachar con dos frases manidas la conveniencia o no de disponer de un servicio público de esta naturaleza, ni se pueden producir cambios drásticos en su modelo sin haber diseñado antes qué objetivos y hacia qué camino se orientan.
El gobierno central ha decidido, de forma brusca e inesperada, poner fin a la publicidad en la radio y televisión pública estatal, sin aclarar de forma convincente de dónde saldrán los 500 millones de euros que dependen de esta fuente de financiación y sin los cuales la cadena estatal tendría que reducir prácticamente a la mitad su producción y su influencia. En Andalucía también se ha abierto el debate sobre la financiación de la televisión pública RTVA.
Es lógico que las cadenas competidoras hayan celebrado con alborozo esta medida de la que salen ganando doblemente: por un lado, se repartirán la tarta publicitaria actual y, por otro, son conscientes de que su principal cadena competidora deberá recortar drásticamente gastos y audiencia. Sin embargo, ¿es eso lo que nos interesa a los ciudadanos? ¿Es algo bueno para el desarrollo democrático, para la pluralidad de opiniones, para la diversidad cultural, para el propio sector audiovisual e incluso para el cine, el entregar el último reducto público al más puro mercado?
Alguien puede decir –y no sin razón- que gran parte de las cadenas públicas de televisión habían perdido su sentido y sus objetivos, que no hay forma de distinguir a vuelo de zapping el carácter público o privado de una cadena ya que todas ellas se entregan por igual al más zafio entretenimiento, a la superficialidad de las informaciones, a los productos de bajo nivel crítico y cultural. A estos solo puedo decirles que sin televisiones públicas, o con una disminución sustancial de estas, el panorama se volverá todavía más desolador, más carnívoro, soez y comercial. No hay más que divisar los paisajes televisivos de EEUU e incluso la propia Italia para saber hasta qué punto puede llegar la codicia televisiva y cómo han conseguido que la única forma de ver programas de una mínima calidad sea pagando una cadena de televisión por cable, con lo cual se ha alcanzado una privatización cultural y simbólica extraordinaria.
Otra cosa muy distinta es que las televisiones públicas deben cambiar de modelo, abandonar sus veleidades con los culebrones, las imitaciones descaradas de formatos sin asomo de servicio público, las tentaciones de disponer de los informativos como una maquinaria electoral al servicio del poder.
En cuanto a la publicidad, sin suprimir esta forma de financiación, las cadenas públicas deberían enarbolar su independencia y sus criterios de calidad y de servicio público. Deberían dar ejemplo no interrumpiendo con cortes publicitarios la emisión de películas, reduciendo las pausas publicitarias en el resto de la programación de forma que no tengamos la penosa sensación de ser rehenes de los anunciantes. Tendrían que haber rechazado, hace tiempo, el patrocinio comercial de programas, los abusos de las teletiendas, las llamadas a teléfonos comerciales, cualquier publicidad sexista y, sin duda, una buena parte de la publicidad dirigida a menores y adolescentes que son,hoy por hoy, el cliente favorito de los anuncios.
El gobierno parece, con esta medida, querer contentar a los grandes medios audiovisuales en vísperas electorales, antes que determinarse a emprender la gran renovación que las cadenas públicas de televisión necesitan para garantizar su futuro.

viernes, 8 de mayo de 2009

Homosexuales o el arte del olvido

Hoy publico este artículo en el Correo de Andalucía :

Un ciudadano valenciano llamado Antoni Ruiz ha sido la primera persona que ha recibido una indemnización del Estado por haber sido encarcelado durante la dictadura por su condición de homosexual. La parca indemnización de cuatro mil euros no le hará olvidar la tremenda pesadilla que supuso su paso por la prisión ni los abusos a los que fue sometido. Según sus propias declaraciones, una vez en presidio, los guardianes animaron al resto de los presos comunes a que lo violaran y vejaran. “Es un maricón –dijeron- así que ya sabéis lo que tenéis que hacer con él”.
La noticia ha sido presentada como un éxito por la Asociación de Ex presos Sociales que ve así reconocidos, por primera vez, unos derechos por los que he reclamado durante décadas. Sin embargo, el hecho de que hayan transcurrido treinta años entre la despenalización de la homosexualidad y la concesión de esta indemnización, me llena de vergüenza y me hace preguntarme por los flecos, poco ejemplares, de nuestra transición democrática.
Cada historia tiene sus olvidados. Así, el relato construido sobre el nazismo y su abominable exterminio de los judíos, ha hecho olvidar que también fueron víctimas de sus terribles cámaras de gas y campos de exterminio, los comunistas, los gitanos, los homosexuales y otras minorías que el régimen nazi señaló con la cruz gamada del horror. De igual modo, en nuestro país se han silenciado las persecuciones religiosas, sexuales o sociales del régimen anterior, y con ello, se ha dibujado un retrato incompleto de lo que supuso realmente la dictadura.
El caso de los homosexuales y su vida durante el franquismo es, si cabe, aún peor que la de aquellos que sufrieron persecución política. Mientras que los comunistas, socialistas y anarquistas encarcelados podían contar con algún consuelo social, alguna solidaridad externa, un aliento a sus sueños de libertad, los homosexuales se encontraron con el rechazo y la persecución enconada de la sociedad. La dictadura construyó, en torno a la homosexualidad, toda una serie de sombras chinescas en las que mezclaban pesadillas sexuales, temores, rencores y sucias leyendas que convertían la vida de estas personas en una eterna culpa y disimulo.
Una tarde de primavera, mi madre llegó a la casa muy alterada. Había ido a colocar unas flores en el cementerio y allí, al pie de la tumba había un niño amigo de nuestra familia que sollozaba frente a la tumba de su padre, rogándole que se lo llevara con él. Según contó mi madre, una pandilla de jóvenes le había propinado una terrible paliza para que escarmentara de “la pluma” y de sus gestos amanerados. Años más tarde él mismo nos relataría que durante toda su juventud sufrió periódicamente palizas de chicos que afirmaban su virilidad con el maltrato a los homosexuales.
La pesadilla de los perseguidos políticos era la cárcel, las torturas, la privación de libertad. Pero en el caso de la personas homosexuales, a todo esto se sumaba el miedo –cuando no la certeza-, de que en cualquier momento podían ser objeto de burla, de maltrato o de vejaciones por cualquier vecino cuya única superioridad consistía en no ser homosexual, o más bien en el tremendo miedo a serlo.
Y es que se nos olvida el enorme poder corruptor de la dictadura, que no fue solo la ausencia de libertad política, sino toda una cultura represiva que se practicaba en la calle y en muchos hogares. Por eso al hablar de la dictadura, no solo habría que referirse a la falta de libertades políticas, sino también a una sociedad malvada, que apartaba a todos aquellos que no se adaptaban a sus normas, marcándoles incluso desde la infancia.. Al igual que la sociedad alemana que presenció inmutable los crímenes de Hitler, aquí nadie sabe nada y todos niegan haber participado en esa represión. El tránsito ha sido milagroso, pero el camino ha sido muy duro para los miles de Antoni Ruiz de nuestro país.

lunes, 4 de mayo de 2009

"Sevilla, ciudad de las palabras" Por fin presento mi libro


El día 21 de mayo, jueves, presento mi libro en la Feria del Libro de Sevilla. El acto tendrá lugar en la carpa que se instala en la Plaza Nueva, frente al Ayuntamiento. Desconozco la hora exacta pero alrededor de las siete de la tarde. Estáis invitados. Os informaré.
(La imagen se puede ampliar para leer el texto)

viernes, 1 de mayo de 2009

Vive como quieras

Algunos sesudos comentaristas han señalado la contradicción entre la crisis económica y el éxito de las fiestas populares. Hay algunos que, incluso, llegan a dudar de la profundidad de la crisis a la vista de las aglomeraciones de la Feria de Abril, de ese metro convertido en el primer cacharrito de feria antes de llegar al ferial, de la alegría desbordante que se vive en la ciudad efímera de color y ruido.
Pero las crisis no solo no acaban con las ganas de diversión del personal sino que son un acicate, una oportunidad para sacudirse las diarias preocupaciones y sumergirse en un océano de color y de fraternidad. Para los más críticos solo será una válvula de escape, una ficticia salida ante los horizontes sombríos del presente; para los que lo viven, un modo de sentirse vivos y de sacudirse, aunque sea en ese breve espacio, la penosa sensación de fatalidad con la que se escriben estos tiempos.
La crisis más rotunda que conoció el mundo, el famoso crack de 1929, disparó hasta límites insospechados todos los espectáculos populares, comenzando por el cine, a cuyas salas acudían las familias completas casi a diario, regateando a veces el pan para pagar el pequeño precio de la entrada. En los años más duros de la crisis, los cines y los teatros colgaban los carteles de no hay entradas porque respondían a la necesidad de evasión, de cercanía, de risa y de llanto que tenía la población.
Triunfaron las comedias ligeras, los lujosos escenarios por donde se deslizaban los danzarines en traje de noche pero, sobre todo, las comedias románticas repletas de ternurismo, en las que los pobres eran buenos y felices y los ricos avaros y desgraciados. Siguieron las aventuras de los gánsters surgidos de los barrios en los que el público habitaba y se compadecían de su terrible final. Inventaron una nueva hornada de malos, en particular viejos avaros que se oponían al amor de los pobres amantes. Finalmente, crearon una nueva serie de monstruos de leyenda que representaban, realmente, la sublimación de todas las amenazas reales y de los miedos inconscientes, pero que eran derrotados en la gran pantalla con el aplauso enfervorecido del público.
En Sevilla, la feria ha vencido al monstruo de la crisis por unos días. Ha habido una afluencia al ferial parecida a la de otros años. Se han consumido cantidades similares de fino, manzanilla y jamón de jabugo que en épocas de bonanza económica. Pero, lo sustancial de la feria no es comer, sino reunirse, relacionarse, espantar los malos augurios y las penas. ¿Es acaso, malo, plantar cara al infortunio? Cuanto más cerca se está del abismo más fácil parece vaciar los bolsillos y desprenderse de las escasas monedas que casi para nada servirán en el futuro.
No parece ser, como dicen los sociólogos, un enfermizo afán de evadirse, sino la falta de certezas a las que agarrarse. Cuando los tiempos son malos, el presente toma una fuerza inusitada. Si lo que creíamos tan firme, tan macizo, se ha resquebrajado bajo nuestros pies como una delgada lámina de hielo, es casi necesario agarrarse al día hasta que aparezcan nuevos indicios de otro amanecer. No logro, sin embargo, desprenderme de una aguda sensación de que los tiempos presentes no son sino una espera adormecida, un paréntesis repleto de interrogaciones sobre los nuevos tiempos que nos aguardan.

viernes, 24 de abril de 2009

Rosa



Hoy publico este artículo en el Correo de Andalucía

La inclusión de Rosa Aguilar en el nuevo gobierno andaluz es una noticia de alcance estatal. No se trata solo de la inteligente captación de una persona con alta capacidad de gestión y experiencia de gobierno, también tiene, y no hay que engañarse al respecto, unas repercusiones políticas de calado. En un momento de crisis económica, con una incipiente debilidad electoral del PSOE, la inclusión de Rosa Aguilar viene a ampliar el espacio de esta formación política y, consecuentemente, debilita aún más la situación de precariedad de Izquierda Unida.
Con Rosa se va la referencia de esta formación política más conocida, más escuchada, mejor valorada por los electores y que, en el ámbito institucional gobernaba el “buque insignia” de IU en el conjunto del Estado.
La dirección de IU se ha precipitado al acusar a la ex-alcaldesa de deslealtad y de traición a su formación política y al denunciar las maniobras del PSOE para hacerse con el capital político de IU. Me gustaría analizar, con tranquilidad, estas afirmaciones que pretenden provocar un cierre de filas y un espíritu de cuerpo en el interno de la organización. En primer lugar, es lógico que los partidos pretendan ampliar sus límites, fundamentalmente de aquellas formaciones aledañas con las que compiten electoralmente. En segundo lugar, no hay sinceridad en las declaraciones de la dirección andaluza cuando lamenta lo que han provocado precisamente por su comportamiento cerrado y excluyente. Me consta que durante años Rosa Aguilar ha declinado ofrecimientos del PSOE para ocupar numerosos puestos institucionales, tanto en el gobierno central como en el autonómico y creo que si ahora lo ha aceptado, no es solo por la insistencia del PSOE, sino también por la perseverancia de su propia fuerza política en prácticas cerradas y en debates sin salida.
El capital político que representa Rosa Aguilar era continuamente soslayado en la vida interna de esta formación política. Cada vez que alguno osábamos proponer el nombre de la alcaldesa de Córdoba para encabezar los principales procesos políticos, era vetado sin argumentos políticos ni sociales. Cabría preguntarse quién hace daño a la organización, si Rosa Aguilar con su silenciosa marcha o aquellos que no consintieron que jugara papeles centrales en la política andaluza o estatal, aún sabiendo que su tirón electoral contribuiría a alejar a IU del precipicio en el que se encuentra. La decisión de Rosa es la consecuencia, pues, de un largo proceso político que no por soterrado deja de ser real.
“No nos quieren en esta organización”, es una frase que se repite con frecuencia en el interior de IU. Poco a poco, una gran parte de hombres y mujeres que han trabajado durante años por el desarrollo del proyecto de una izquierda alternativa, abierta y participativa, se ven apartados de cualquier decisión política cuando no abiertamente criticados. Se han formado, así, grupos monolíticos de dirección y representaciones institucionales pensadas en clave interna, sin siquiera tener en cuenta principios tan exigibles como la igualdad de género.
En la mayor parte de las manifestaciones a las que asisto, las pancartas de casi todas las organizaciones sociales -e incluso de algunas formaciones políticas-, aparecen pobladas de ex afiliados de IU separados, excluidos, silenciados o directamente expulsados. No hay reunión de algún órgano de dirección que no acuerde la expulsión o el apartamiento de alguna organización de IU en Andalucía, la última de ellas –especialmente dolorosa- la de la asamblea completa de Bollullos.
A pesar de eso, la mayoría de estas personas excluidas, silenciadas, olvidadas, no se han marchado al PSOE sino a su casa, a los movimientos sociales, a publicaciones, o a tareas en las que se valora el tiempo y el esfuerzo empleado en hacer un mundo mejor, en vez de consumirse en turbios debates internos de reparto de un minúsculo poder.
La marcha de Rosa Aguilar es una gran perdida para IU, pero también lo es que la dirección actual no esté dispuesta a introducir cambios que acaben con esta sangría política.
Si me preguntan qué siento ante lo que ocurre, les diría que una enorme tristeza .

miércoles, 22 de abril de 2009

CHANGES, CHANGES, CHANGES

No he querido contar, hasta que pasaran algunas semanas, que me he reincorporado a la enseñanza. La razón es que algunos amigos y amigas periodistas me amenazaban, -con la mejor intención-, con enviar cámaras para cubrir la información. No quería fotos en el instituto ni poses ante la pizarra de la clase, ni arriesgarme al alboroto que entre los chavales hubiera producido ese despliegue. Ellos no tienen ni idea de quién soy, ni a qué me he dedicado antes, lo que me ofrece una oportunidad extraordinaria de sentirme libre y reinventada.
Llegué al instituto temerosa por lo que pudiera encontrar. Demasiados amigos me habían advertido del gran cambio que se había producido entre los chavales en estos últimos años, el bajo nivel académico y las dificultades incluso para mantener un mínimo orden en las clases. También me habían hablado de cómo el profesorado está cansado, quemado, con la sensación de que su labor no es reconocida ni apreciada. Y todo esto es cierto pero, aún así, no es toda la verdad.
Incluso el profesor más quemado y más harto se esfuerza en encontrar materiales, motivación y sentido a su trabajo. Veo, en general, una gran preocupación social por el alumnado y por su formación; escucho cómo se celebran los avances y cómo se lamentan los fracasos de cada día.
En cuanto a los chavales y chavalas, veo que es relativamente fácil encender una chispa de interés, aunque dure poco; que no hay en su comportamiento revoltoso y descarado maldad alguna, sino la inconsciencia de no saber lo dura que es la vida ahí fuera, tras las vallas del centro de enseñanza. Será que soy una recién llegada, que todavía no me he curtido en este oficio reencontrado después de tantos años, pero no creo que los centros educativos hayan cambiado más de lo que lo ha hecho el conjunto de la sociedad, más cerrada, más consumista, más egoísta.
Imparto clases precisamente a los que tienen mayores dificultades en lengua y en comprensión lectora. Intentan aprender y expresarse. Algunos han tirado la toalla y se consideran fracasados con tan solo catorce o quince años. Me produce una mezcla de tristeza y ternura lo asumida que tienen la derrota, casi niños todavía, sin saber que este recinto, en el que se aburren, es la mejor oportunidad de ser libres que tendrán en su vida.

Microcréditos, un futuro para todos


El viernes 24 de abril, en el Centro Cultural Caja Granada de Puerta Real (Junto al Teatro Isabel la Católica) y en el marco de la Feria del libro, Jesus Lens presenta el libro “Microcréditos. Un futuro para todos".

sábado, 18 de abril de 2009

EL CAPITALISMO Y LA SOLEDAD





La revista Paralelo36 publica en su número dos una entrevista exclusiva a Juan Carlos Rodríguez, catedrático de Literatura por la Universidad de Granada, y uno de los teóricos marxistas más importante -en mi opinión- del mundo.

En esta entrevista se aborda el papel de la literatura, y en general, de todas las creaciones artísticas, en la sociedad actual. Juan Carlos Rodríguez nos desvela el carácter de la explotación, el papel del yo.

La aportación de Juan Carlos afecta a la materia de lo que se piensa, al temario de las preguntas y no solo de las respuestas, porque como repite a sus alumnos “lo importante son las preguntas anteriores a las preguntas”. Su aportación teórica fue esencial para la creación de ese movimiento literario conocido como “la otra sentimentalidad” y su influencia, confesada o no, se ha extendido a gran parte de los estudios literarios, filosóficos y culturales.Ahora prepara un nuevo libro que ha titulado “Tras la muerte de(L)aura” que contiene dos lecturas complementarias. Por una parte la muerte del “aura”, del brillo, de la iluminación que ejercían materias como la literatura o la filosofía, y por otra parte la muerte de Laura, haciendo referencia al momento fundacional de la literatura moderna o literatura burguesa.

La entrevista rebosa vitalidad y compromiso, desde un marxismo vivo, no anquilosado, que no teme enfrentarse a las nuevas contradicciones.

Para los que conocen la obra de Juan Carlos Rodríguez, esta entrevista los pondrá al corriente de sus nuevas elaboraciones teóricas. Para los que todavía no lo conocen es la oportunidad de acercarse a un autor cuyos textos han supuesto una renovación-revolución completa de la crítica literaria.

Os recomiendo vivamente su lectura y, os indico, que está permitida la reproducción del texto siempre que se haga respetando su integridad y su origen. No en vano hablamos de un autor que ha sido plagiado, hasta la extenuación; en muchas ocasiones sin reconocer la procedencia de los textos.

Si quieres leerlo entero pulsa aquí

viernes, 17 de abril de 2009

Ley de In-dependencia

Hoy publico este artículo en el Correo de Andalucía:

Cuando se discutió la Ley de Dependencia se produjo un fuerte debate entre aquellos que consideraban esta nueva ley tan solo como una especie de ayuda a las familias con personas en esta situación y los que nos inclinábamos por constituir un verdadero servicio público que ampliara los derechos sociales de todo nuestro país. Argumentábamos, los que apostamos por esta segunda opción, que la ley tenía que garantizar la asistencia de todas las personas que se encuentran en esta situación y, al mismo tiempo, ser un factor de igualdad. Es sabido por todos que son las mujeres, en un porcentaje superior al ochenta por ciento, las que se ocupan del cuidado de sus mayores y, en buena parte, de los mayores de su cónyuge. En especial, las mujeres andaluzas dedican alrededor de seis años de su vida a ejercer, en solitario y sin reconocimiento, esta dura tarea. Al mismo tiempo, la aplicación de la ley de dependencia conseguiría, argumentamos, crear todo un nuevo sector de empleo en servicios que resultaría beneficioso para el conjunto de la sociedad. La ley, aprobada finalmente por unanimidad, se definió como un nuevo servicio público, de carácter universal. Precisamente por ello, en cuanto a medidas de atención más importantes, estableció la dotación de residencias de mayores –incluidas aquellas de asistencia completa- y la creación de una red profesional de cuidadores que atenderían a jornada laboral completa a las personas dependientes. Se trataba de garantizar plenos derechos de atención y que aquellos que estuvieran en su hogar, o en la casa familiar, lo hicieran con la independencia que ofrece no ser una carga para los familiares las veinticuatro horas del día. Para aquellas zonas y situaciones en que esto no fuera posible, la ley estableció con carácter excepcional, la posibilidad de dar ayudas económicas a los familiares que desempeñaran provisionalmente esta tarea, obligando a que las condiciones de su cuidado fueran correctas.Sin embargo, la aplicación de la ley está caminando en sentido absolutamente contrario a lo previsto. En Andalucía –que no es la comunidad con peores indicadores-, solo algo más de trece mil dependientes tienen asistencia residencial, unas cuantas docenas gozan de asistencia personal profesional y casi cincuenta y cuatro mil se han acogido a la ayuda familiar para su cuidado. El resto tienen servicios menores como teleasistencia y ayuda a domicilio de escasísimo tiempo y dedicación. Esto se ha producido por una curiosa complicidad entre los usuarios y la administración. A éste última le resulta más barato dar ayudas de unos cuatrocientos euros a las familias, que crear puestos de trabajo en asistencia. Por su parte, a muchas familias les viene como agua de mayo esa ayuda económica. La consecuencia ha sido que la excepción, o sea la ayuda familiar, se ha convertido en norma, mientras que los servicios definidos como esenciales tales como asistencia profesional completa y plazas residenciales, no se están poniendo en marcha. Se confunde, así, la ayuda social que necesitan muchas familias, con el cuidado de las personas dependientes, sin tener en cuenta que los efectos beneficiosos de la ley en cuanto a igualdad de las mujeres y en creación de puestos de trabajo se están dinamitando.Me cuentan en mi pueblo que algunos familiares han llegado, incluso, a retirar de las residencias a mayores que estaban en ellas antes de la aplicación de la ley, para poder acogerse a esa ayuda familiar. La noticia me llenó de tristeza. Desplazados de su familia cuando carecen de recursos, vuelven a ella cuando son una fuente de ingresos. Me digo que los que así actúan son una exigua minoría, pero deseo que los dependientes tengan cariño y buenos servicios –tal como contemplaba la ley- , en vez de intereses y limosnas.

martes, 14 de abril de 2009

martes, 7 de abril de 2009

Casa deshabitada



No hay nada como hacer planes para que no se cumplan. Había previsto emplear la semana en visitar mi casa familiar armada de latas de pintura, rodillos, enseres de limpieza y tijeras de podar. Me había propuesto dejar el patio andaluz inmaculadamente blanco. Las macetas renovadas, los cristales transparentes sin dibujos del tiempo y de la lluvia. Quería emplear el día en estos arreglos y las tardes en paseos por el pueblo, disfrutando de los tambores hasta que el corazón me retumbase al ritmo de su son.
Quería oficiar de hija buena, abrir la vieja puerta familiar y exclamar un imaginario “Ya estoy aquí”, sentarme en el viejo sofá verde, encender luces, hacer brotar sonidos en la casa silenciosa, -como si se tratara de un instrumento de música abandonado-, sacudirme el dolor que producen las casas cerradas, el polvo acumulado, los armarios repletos de prendas que ya nadie se pondrá…Quería adormilarme en el amplio sillón, romper la soledad de los objetos, acariciarlos con manos familiares, desterrar el olvido.
Quería dejar entreabierto el portal para que desde fuera se adivinase el color de las flores y de la vida, recibir a los amigos de la familia, hacer compañía a los recuerdos que se agazapan en los rincones, creer que hay un hilo conductor que une el pasado y el presente, conjurar la muerte con música, risas y encuentros. Quería hablar con los fantasmas sin palabras, limpiar uno a uno los objetos y disfrutar en un rincón del viejo salón de la fresca oscuridad de la estancia. Había arrastrado a mis hermanos a esta tarea porque quería llenar la casa de presencias, no volver al pasado sino sacudir la opaca pátina que el tiempo deposita.
Una crisis de mi traidora espalda me impide acudir a ese lugar deshabitado donde cada una de las habitaciones me espera. La casa tiene más de un siglo de vida, si es que pueden vivir los objetos. Conoció los alegres años veinte, los inventos, la vida despreocupada de aquel tiempo. Vivió los tristes avatares de la guerra civil, la especial crudeza con que se desarrolló en este lugar de Andalucía. El patio, que recuerdo tan alegre, vio salir a altas horas de la noche, a personas que nunca volvieron. Con los años, volvió a poblarse de risas, de juegos infantiles, de mañanas alegres bajo el toldo y, finalmente, de nuevas despedidas. No son los recuerdos tristes los que me apenan, sino no saber qué hacer con los recuerdos felices. Ahora –será el estúpido romanticismo mezclado con el dolor de la espalda- las paredes, los objetos, las macetas, me llaman para romper el silencio. Ya voy, ya voy, les digo. No hay nada tan triste como una casa deshabitada en la que fuiste feliz.

sábado, 4 de abril de 2009

Semana de infancia



El éxito de unas fiestas podría resumirse en la fórmula de reunir, en un mismo acontecimiento, la infancia, el valor transmisor de la familia y del colectivo, la ocupación de los espacios públicos y una especial constelación de los planetas que le otorguen una cualidad mágica. Después, cada cual acuña sus recuerdos como si se tratara de piedras preciosas únicas, viejas reliquias familiares que, si compartimos, serán prácticamente idénticas a las que atesoran los demás en su fulgor, su brillo y sus cualidades.
En mi pueblo hay vírgenes y cristos crucificados pero el protagonismo no es el de la imaginería sino de los miles de tambores que se pueden escuchar a varios kilómetros de distancia. Sin embargo las sensaciones, los recuerdos, las estampas son muy parecidas a los que se viven en el resto de Andalucía. Durante algunos días vuelven los baenenses de todo el mundo a ocupar las calles, enfundarse la vestimenta de coliblanco o colinegro y tocar el tambor por las calles de la ciudad. Se frustran los mayores si no logran transmitir a sus nietos no una religión, sino unas costumbres, unas vivencias de olor, de luna, de calle o se enorgullecen si consiguen hacer brillar la ilusión en los pequeños corazones. Es un rito de iniciación, de transmisión, de pertenencia que, curiosamente, sienten con más intensidad los que se han ido más lejos de su tierra.
Cuando era pequeña sabía cuando se acercaba la Semana Santa porque empezaban a encalarse las casas de los pobres y de los ricos. Se llenaban las alacenas y los aparadores de pestiños, de flores de miel, de magdalenas caseras…Todas las casas transpiraban un olor a azúcar quemado, a ajonjolí, a especias y los niños nos transmitíamos las pillerías de cómo saquear el botín cerrado bajo llave por el simple procedimiento de sacar el cajón superior y alargar la mano.
Los preparativos formaban parte de la fiesta: organizar los vestidos (¡ay de quien no estrena el Domingo de Ramos!), encontrar las palmas para enlazarlas a los balcones, llenar el frigorífico de comida para tomar a cualquier hora, cuidar el patio, la disposición de las flores y borrar todo rastro de invierno. Pasábamos frío en Semana Santa porque las madres nos obligaban a llevar vestidos ligeros y unos zapatos de estreno que producían dolorosas rozaduras. Pero lo importante era salir a la calle, formar parte de la bulla, adueñarse de la noche, admirar los redobles de tambores y, de pronto, el silencio en luna llena…Esa maravillosa sensación de pertenecer a un lugar único que no logra desdibujar, cuando ya eres mayor, la certeza de que esas sensaciones son idénticas en el pueblo, en el barrio, en la ciudad de al lado con la sola variación de imágenes, de invocaciones, de figuras. Unas fiestas que son ya la añoranza de la infancia, de los padres desaparecidos, del sabor a libertad de tu primera madrugá…¿Quién dice que lo sustancial de estas fiestas es la religión y no los colores, el olor, el estallido de la primavera y el bullicio? Te descubres escudriñando en los ojos de tus sobrinos un atisbo de entusiasmo por los tambores…”Esto es único, ¿sabes?”-le dices. Y conoces que repiten esta frase en Sevilla, en Málaga, en Granada, en Jaén con las vírgenes, el Cautivo, el Cristo de los Gitanos o el Abuelo…pero lo de Baena es, créeme, absolutamente único, ¿sabes?

jueves, 2 de abril de 2009

Historias del sur



Cuando cuento historias de mi familia los amigos me piden que las escriba. Les divierte esa forma de pensar tan divergente, absurda a veces, fuera del mundo en que se desenvolvieron los primeros años de mi vida.
No son, exactamente historias de mi pueblo sino de una clase ociosa, extinta, que nunca encontró su sitio en el productivismo al que se encaminaba el capitalismo pero que, lejos de combatirlo, crearon un mundo aparte sin muchas necesidades pero con apariencias de señorío. Son, en realidad, historias de Andalucía, de gente inadaptada a los cambios sociales. Restos de viejas aristocracias rurales que, a fuerza de dividir sus propiedades y de rendir culto al viejo principio de no trabajar, acabaron encerradas en sus sueños y ajenas al mundo exterior.
El último que me amenaza con publicar este rosario de anécdotas es el historiador Juan Ortiz Villalba con el que pude compartir ayer algunos momentos y lo encontré lleno de vitalidad, de afán de futuro, con un libro en sus manos que relata cómo la represión franquista contra las mujeres no solo tenía por objeto castigar sus ideas sino también hacerlas volver al redil del trabajo doméstico y del silencio. “Curiosamente, a las mujeres se les castigaba más por lo que decían que por lo que hacían. No toleraban que las mujeres pudieran tener voz”- me dijo.
A Juan Ortiz le fascinaron algunas historias de esas clases ociosas andaluzas. “Son restos de la hidalguía”y me amenazó con que si no las relataba, él las publicaría. Acababa de contarle que en mi pueblo los ricos advenedizos que habían hecho inmensas fortunas, invitaban un día de la feria a su caseta a toda la tribu de viejas glorias arruinadas de mi pueblo. La caseta de los ricos no era ni más lujosa, ni muy diferente a la de “los cristales” en la que pasábamos el tiempo los invitados, solo que era exclusiva y familiar. Recuerdo que un día, antes de la visita, mi padre nos advirtió: “Y recordad que en la caseta de los ricos, el jamón no está bueno”. No se refería, claro está, a la calidad del jamón, sino a que no debíamos impresionarnos, ni alabar, ni dejarnos seducir por lo que se nos ofreciera. Y entrábamos allí, sin ninguna disposición a dejarnos impresionar y sin permitirnos sentir ninguna envidia. He llevado siempre a gala ese sentimiento de no rendir pleitesía a los poderosos. Sin embargo Juan Ortiz tiene otra interpretación de la anécdota: “Viejos hidalgos -dice Juan- que no solo quieren demostrar su hidalguía, sino también señalar la ilegitimidad de los nuevos ricos”. ¡Ay, la historia…Cómo desacraliza la literatura!

No estarás sola

Rofolfo Serrano me regala una canción a punto de salir que lleva por título el nombre de la sevillana Alameda de Hércules. Todavía no puedo colgarla porque el disco está en edición. Gente que canta, que no pierde la esperanza, ese latir de la vida, en boca de Ismael Serrano y de Manuel Cuesta.
Para ir haciendo boca pongo aquí la canción "No estarás sola"

Y este poema de Rodolfo Serrano
Marcamos territorio.
Hasta aquí, tu frontera.
Tus amigos. Mis bares.
Antes de que se ponga
el sol
dejarás este el pueblo.
Tengo el arma cargada.
Dispararé a matar
cuando te encuentre.
La ciudad es ahora
territorio enemigo.
Llenaré las farolas,
cada árbol del parque
con carteles de búsqueda.
Recompensa: mil días
por tu cuerpo.
Desnudo, a ser posible.

lunes, 30 de marzo de 2009

El fantasma del sectarismo



Hace pocos días un amigo definió en un acto público lo que significaba ser de izquierdas de esta manera: “Es la posibilidad de que alguien te diga que eres un traidor”.
La idea de la traición, de la búsqueda del infiel en el campo propio y de la depuración parece desgraciadamente intrínseca en nuestra organización. Es más, sin este juego maniqueo de buenos y malos, de persecución del disidente podrían peligrar los aparatos burocráticos que garantizan “la pureza de la organización” y la ponen a salvo de la peligrosa posibilidad de que crezca.
Este fin de semana han sido expulsados de IU dos compañeros de Jaén, Francisco Checa y José Luís Angulo -diputado provincial y alcalde respectivamente-, que nunca han hecho otra cosa que trabajar por las ideas de la izquierda. Unos días atrás fue expulsado también de la organización el concejal de Málaga, Antonio Serrano, bajo la acusación de no ser leal a los acuerdos del grupo municipal, ¡que tiene solo dos concejales! Meses atrás fueron expulsados de la organización más de un centenar de afiliados de Bollullos -una organización que ha sido puntera en su actividad política- bajo la acusación de pactar con el PP mientras que en la vecina localidad de Camas, los que pactaron con el PP expulsan al actual alcalde y varios concejales por lo contrario. El caso es expulsar, limpiar el patio, quedarse con los más afines.
Un fantasma recorre la izquierda. Se llama sectarismo y amenaza con destruir cualquier tipo de futuro para la izquierda y para el proyecto de IU que nació con vocación de ser un lugar de encuentro, de debate y de propuesta de la izquierda alternativa. Compruebo, con horror, como el sectarismo se ha adueñado de casi todo el espectro de la izquierda transformadora, donde el odio, la desconfianza, la maledicencia ha tomado carta de naturaleza y en la que se han olvidado las coincidencias, las ideas comunes, la aportación positiva.
Las personas expulsadas, removidas, silenciadas, autoexcluidas - ¡qué maldad de término!- son hoy ya mayoría. Solo una ínfima parte de ellas han cambiado de ideología. A casi todos podemos verlos en las manifestaciones de los foros mundiales, en la protesta contra las guerras, en la actividad de todos los movimientos sociales. Para mi continúan siendo mis compañeros de ideas, de sueños y de aspiraciones. Como siga así la cosa habrá que exclamar: “Expulsados de todo el mundo: ¡uníos!”

viernes, 27 de marzo de 2009

Ea



Acabo de hablar con un amigo de Jaén y me ha intercalado unos veinte “eas” en la conversación. Yo he recuperado la costumbre y he ensartado otros ocho o diez. Para quien no haya vivido en Jaén, o no tenga amigos de allí, la expresión “Ea” estará desprovista de sentido, sin embargo es la exclamación más usada en toda esta tierra. Ya se sabe que la lengua necesita signos vacíos a los que solo el contexto, la entonación o la fuerza, llenan de sentido. Entre todos estos signos vacíos no creo que haya ninguno de tan amplio espectro, tan completo, feliz y eficaz como el “ea” jaenero.
Puedes utilizarlo para indicar que no estás ni bien ni mal, que las cosas van como siempre. Puedes usarlo para decir que sí y para decir que no. También sirve para indicar que se ha acabado una tarea, para regañar, para asentir, para indicar que te despides, para decir que estás descansando, para llevar la razón al que habla, para añadir alguna novedad y para manifestar que algo no tiene arreglo.
Son las situaciones las que le dan sentido a este “ea” jaenero. Si contestas “ea” a la pregunta de cómo estas, quiere decir que estás como siempre, ni peor ni mejor, pero si te preguntan qué haces y respondes “ea”, puede significar “¿no lo estás viendo?” o simplemente “nada”. Si pronuncias “ea” al terminar una tarea, significa satisfacción. Si la pronuncias de forma parecida a “Ea…ya estamos con lo mismo”, manifiesta cansancio o regañina. Si dices “ea” seguido de “pues”, significa que te vas a ir de la reunión o que la conversación ha terminado, así “ea, pues nos vamos”.
Si te dicen un halago o un piropo y contestas “ea” significa que estás muy satisfecha con ese rasgo y que ya lo sabes. Pero también puedes usarlo para llevar la contraria por la vía de la reafirmación. Si te dicen, “No tienes arreglo” y tú respondes “ea” ya has zanjado el tema sin explicaciones.
Y es que, quizá, la esencia del “ea” sea la insumisión a explicar lo que sucede, un estar en el mundo sin complicaciones. Todo lo contrario de otras frases típicas con las que comparte espectro, pero a las que gana ampliamente en significación. Me refiero al “…ni pollas”. Ea.

Algo de música

Pongo aquí el reproductor porque algunos tienen dificultad para acceder al que está colocado en el lateral.




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jueves, 26 de marzo de 2009

Salir de la soledad



Sevilla huele a azahar. Por todos los rincones te asalta ese perfume entre dulce y ácido, como íntimo, que aquí nos retorna a la infancia cada año. Mi amiga y yo estamos enfrascadas en una conversación particular, que nos evade del ruido ambiental, de la música excesivamente alta, de las voces de los demás que charlan animadamente de política. Es curioso, como la comunicación es capaz incluso de modificar el espacio y el tiempo. Cuando de verdad una conversación interesa se amortiguan los ruidos de alrededor, se acorta el tiempo, se produce una burbuja que hace que no escuchemos siquiera las voces de los que tenemos al lado.
Hablábamos de la soledad. Mantiene mi amiga, que ese afán de sentirnos únicos, especiales, irremplazables, es solo un efecto de la soledad. Que esa presentación obsesiva del yo que preside todo el entramado social no es más que una demostración multitudinaria de soledades. Cree, mi amiga, que la idea de sentirnos únicos, tan trabajada en la nueva identidad, no es sino la cara oculta de la moneda de sentirnos solos. Conversábamos sobre esta idea y le añadíamos, como a un lienzo recién empezado a pintar, nuevos detalles: nos consideramos seres que han surgido de su propia energía, que no deben nada a nadie solo a su esfuerzo, a su inteligencia o a la astucia social.
Propone, por el contrario, mi amiga combatir esta soledad con el reconocimiento de todas aquellas personas que han influido positivamente en nuestra vida: ese profesor que nos hizo amar la literatura, esa mujer que nos abrió caminos nuevos, ese hombre que nos enseñó a amar…No se trata de reconocimientos remotos, históricos. No hablábamos de reconocer el valor de Shakespeare, ni de las sufragistas, ni de los mitos heroicos de la lucha por la libertad, sino del reconocimiento sencillo, inmediato de la gente que ha pasado por nuestra vida y a la que debemos, en buena parte, aquello que somos o, por lo menos, nuestros mejores sueños. Solo así, mantiene ella, podemos reconocernos en otros, sentir que formamos parte de una historia, que hemos crecido en la tierra y con el sustrato de muchos otros. Solo así conjuraremos el fantasma de la soledad.
Si seguís este enlace de El Correo de Andalucía, podréis ver una versión más completa del mismo texto.