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jueves, 19 de septiembre de 2013

SEÑALADOS, OBJETIVO CONSEGUIDO


Artículo publicado en El País Andalucía

   No sé si han tenido la oportunidad de ver The Newsroom. Es una de esas producciones norteamericanas que te hacen amar apasionadamente el periodismo. El equipo de redacción de este informativo televisivo, investiga, desvela, contrasta la información y reconoce errores cuando se producen. Han emprendido, eso sí, una lucha particular contra el Tea Party por el uso de la mentira, la exageración y la deformación interesada de la realidad, algo que consideran una amenaza para la democracia.

   No me atrevo a entrar en los fundamentos jurídicos de los autos de la jueza Alaya, pero si les digo que una gran parte de periodistas, columnistas, juristas están escandalizados por su forma de instruir. Incluso personas muy afines al PP reconocen en privado la falta de garantías de sus procedimientos. En la trastienda de las tertulias se opina que los contenidos de sus textos son contradictorios y que el calendario se ajusta como un guante al calendario político. Pero si les preguntas por qué no escriben lo que realmente piensan o por qué no lo dicen en público sacuden la cabeza y te contestan que “no quieren mezclarse en este asunto tan feo de los ERE”.

   Yo tampoco. Los delincuentes de los ERE, además de haber robado 136 millones, le han hecho el mayor daño imaginable a Andalucía. Por muy duras que sean las sentencias, no pagarán nunca su delito contra nuestra tierra. Sin embargo esta condena no nos puede llevar a considerar justo lo injusto, o adecuado lo esperpéntico. No se puede combatir la corrupción sin procedimientos limpios, democráticos y justos.
El PP comunicó a la prensa el presunto auto de la jueza Alaya en plena toma de posesión del Gobierno. Zoido luego leyó con delectación la palabra “imputado” y proclamaba que “se habían derrumbado los pilares de la Junta de Andalucía”. Los informativos de varias cadenas de televisión abrieron y cerraron con la imputación de dos expresidentes andaluces. Dos días después, el mismo Zoido reconocía que “realmente imputados no están, pero sí señalados”. Esa es la palabra. Como se decía antiguamente en los pueblos. ¿Qué clase de figura jurídica es esa? Ninguna, pero no importa. Ni las cadenas estatales van a rectificar, ni el sambenito de la imputación va a ser retirado.

   Los autos de la jueza Alaya son, literariamente, una mina. Ha llevado la novela negra a las salas de instrucción de Andalucía incluyendo las detenciones nocturnas y la tensión psicológica en los interrogatorios. De repente dio un vuelco al guion y decidió que había “llegado el momento de dar un salto cualitativo a la instrucción” y poner el foco no en los ladrones, sino en los guardianes. Imputó a veinte ex altos cargos de la Junta tirando del organigrama. Los delitos no se detallan. Por lo visto haber sido director general de Presupuestos o cualquier otro alto cargo es en sí mismo un acta de acusación.

   El último auto supera a los anteriores en cuanto a figuras literarias. Comienza con una figura oblicua: algunas actuaciones procesales podrían contener “cierta carga incriminatoria”. Continúa con un verdadero manual de paradojas y antítesis. Imputa sin imputar en sí. Cada párrafo niega lo que se ha escrito en el anterior. Se utiliza la vieja figura de la preterición tan útil para el insulto (después de diez líneas sobre la imputación, afirma que no es el caso referirse a ella). Y finaliza con un toque de ironía cuando dice actuar para evitar a estas personas “la presión de los medios de comunicación”.

   Somos a estas alturas lo bastante maduros para distinguir quién se ha llevado dinero y quién no; dónde comienza el delito y dónde las responsabilidades políticas. Pero vivimos en un país en que el descrédito de la política se ha convertido en franca hostilidad. En este mar encrespado nadie quiere ir contracorriente. Sin embargo, sumarse al silencio o a la riada, no es bueno para la democracia. Si queremos que la política recupere su dignidad, tenemos que distinguir, analizar, ser escrupulosos con el estado de derecho. O estaremos trabajando para otro sistema. Otro régimen. Ya entienden.
@conchacaballer

jueves, 22 de agosto de 2013

LA DECISIÓN DE GRIÑÁN

Publicado en ANDALUCES DIARIO

   Me da cierto pudor escribir sobre personas a las que aprecio. Ante todo está la verdad y el cariño es una tela a veces sutil que puede desdibujar la realidad.  Hice amistad con Pepe Griñán cuando estábamos en plena redacción del nuevo Estatuto de Autonomía.  Las discusiones eran frecuentes y los desacuerdos numerosos. Pero él tenía verdadera pasión por el debate de las ideas e irrumpía en mi despacho cargado de papeles, con nuevos argumentos y redacciones que intentaban conciliar propuestas.
Acostumbrada a un ejercicio del poder propio y ajeno que apenas resistía la divergencia, y que acostumbraba a entonar la frase de la reina de Alicia en el País de las Maravillas, “que le corten la cabeza” a cualquier asomo de discrepancia, me pareció fascinante la integridad democrática de este personaje, amante del debate, enamorado de la controversia documentada, que compartía la honradez intelectual por los hechos.

   Me sorprendió su ascenso a Presidente de la Junta de Andalucía. Pepe nunca había formado parte del núcleo de dirección;  no conocía las entrañas del poder de su propia organización y era de una inocencia sorprendente en materia de aparatos internos. Durante un tiempo lo vi perdido, sorprendido por las luchas de poder de su propia organización, hasta que consiguió una cuota de poder real, arrancada a duras penas de una organización dividida.

   Le ha tocado la etapa más difícil de la historia reciente de Andalucía, con una crisis galopante, las arcas vacías, el modelo económico ruinoso y el crédito político casi agotado por la corrupción y la desconfianza ciudadana. Griñán emprendió una revisión seria de su pensamiento. No es que se haya radicalizado, ni abandonado sus viejas convicciones socialdemócratas, sino que es muy consciente de que en una fase en la que los poderes económicos aniquilan el sueño del estado del bienestar, es necesario afirmar la supremacía de la política, construir un discurso fuerte y potente del socialismo democrático alejado de las terceras vías que han dejado fuera de juego a gran parte de los partidos socialistas europeos.
Con este equipaje, se embarcó con ilusión en unas elecciones autonómicas separadas que casi todos sus compañeros daban por perdidas. Asumió  el costo político del caso de los ERES, esa mancha infame de corrupción que se gestó cuando él ni siquiera estaba en Andalucía. No consiguió que el PSOE fuese la lista más votada, pero sí los escaños suficientes para gobernar en una alianza con IU que le resulta cómoda, no por falta de exigencias, sino por una amplia coincidencia ideológica.

   Sin que entrara en sus cálculos, se ha convertido en la voz más poderosa del PSOE en la actualidad. En un escenario de derrota, en un desierto político, lo que haga y piense Andalucía es absolutamente determinante en el PSOE. Pero en el PSOE no ocurre nada. Rubalcaba administra el tiempo como si fuese eterno. Sabe perfectamente que la renovación es ya una necesidad acuciante, pero no está dispuesto a abrir el debate sucesorio bajo la hegemonía andaluza. Mientras encuesta tras encuesta, se derrumba la intención de voto al PSOE, su cúpula dirigente no despierta de su sueño eterno y su nostalgia de pasado.

   Ahora Pepe Griñán anuncia que no se presentará a la reelección. Y lo hace con una prisa inusitada, con un calendario apretado, con una determinación sin asomo de duda. ¿Qué ha pasado, o qué no ha pasado para que haga este anuncio en una situación política relativamente tranquila en Andalucía, con un PP descabezado  y ausente? Seguramente no vamos a saberlo. Es posible que intente forzar el proceso de renovación del PSOE;   es probable que esté cansado de las viejas artimañas que apenas se disimulan.

   Ha afirmado que los nuevos tiempos necesitan nuevas políticas y que las recetas del pasado, aunque fuesen en su momento exitosas, ya no servirán para el futuro. Y creo que da en el clavo. Hacen falta nuevas voces y proyectos. Los tiempos del desarrollismo y de la política jerárquica se han acabado. Ha hablado un lenguaje de renovación que el PSOE nunca quiso aceptar: limitación de mandatos, control ciudadano de las acciones públicas, un discurso sereno y racional dirigido a la ciudadanía, que no a la vieja guardia. Y me asalta la duda de si la renuncia es el impuesto que tienen que pagar los justos para abrir espacio a sus ideas.

lunes, 12 de noviembre de 2012

¿DÓNDE ESTÁ EL PSOE?



Publicado en El País Andalucía  
(Imagen Nikolás García)

            ¿Se puede mantener un espacio político a la pata coja? ¿Es lógico simpatizar con las movilizaciones ciudadanas de protesta, pero ejercer de puros cronistas parlamentarios? ¿Es coherente mantener dos discursos sobre la crisis: uno de infinita comprensión con los objetivos de déficit y otro de crítica por los recortes que lo acompañan? ¿Está el PSOE en un limbo político, a la espera de que la herencia recibida se diluya y que el pueblo pida su vuelta al poder por el simple desgaste del Gobierno del PP?

              Los que creen que todos los tiempos tienen la misma sustancia, deberían leer más literatura. El tiempo externo se divide en horas, días y años de igual duración pero el tiempo interno, el que realmente vivimos, es de un material moldeable. La consistencia de este último año ha sido lenta y espesa, como andar por un cenagal de pesadilla. Han caído viejas certezas; se ha dinamitado la seguridad de nuestras vidas. Esta crisis ya no dispara con pólvora ajena, sino con el dolor de nuestros amigos, hermanos e hijos. Como dijo Neruda: “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. Excepto el PSOE que se debate entre el pretérito perfecto y el imperfecto, sin darse cuenta de la urgente llamada del presente.

               El bipartidismo que garantizaba la permanencia de dos grandes bloques conservador y progresista, está a punto de estallar y es posible que la distancia entre el poder y la irrelevancia política sea tan breve como un suspiro. Los resultados en el País Vasco y en Galicia solo son la consecuencia previsible de esta situación. Hubo un momento revelador del absurdo en el que naufraga la actual dirección del PSOE: el día que estalló la crisis de Bankia y sus dirigentes ni siquiera supieron qué actitud tomar al respecto.

                Mientras que en Cataluña el PSC se desangra por la herida independentista, por la impregnación de las teorías de las balanzas fiscales y la ambigüedad de sus posiciones; mientras que en el País Vasco se preguntan por la derrota sin caer en la cuenta de que estuvieron gobernando con el PP hasta hace 15 minutos o en Madrid se acumulan los fracasos políticos institucionales; Andalucía es la única comunidad que puede irrumpir en el debate territorial sin estar impregnada de centralismo o de independentismo, la síntesis de una propuesta federal, solidaria pero avanzada. Por eso resulta especialmente molesta su voz a los que se empeñan en mantener el eje Madrid-Cataluña como única referencia en el debate del modelo de Estado. Ni añejo españolismo unificador, ni disgregación territorial ni asimetrías que no esconden más que desigualdades de trato a favor de las rentas más elevadas.

              El hecho de que Andalucía salga con fuerza en el debate territorial es una necesidad para que no quede postergada pero también es la única posibilidad de que los valores de solidaridad, pluralidad y federalismo tengan algún futuro. No se trata de convertir Andalucía en un fortín anti-PP, ni de aupar al presidente de la comunidad al liderazgo del PSOE. Es que si el PSOE quiere seguir existiendo necesita un discurso político empoderado, pedagógico y comprometido con los de abajo. Ni siquiera es posible afirmar que en Andalucía el Gobierno esté llevando a cabo una práctica que se pueda calificar con estos cuatro adjetivos, pero es la única comunidad, el único liderazgo que en el espacio político del PSOE y en los tiempos presentes puede jugar este papel. En este sentido, cobra valor el discurso del presidente de la Junta que él llama de una socialdemocracia fuerte, opuesto a que los poderes económicos determinen las políticas públicas y ninguneen la democracia. Puede, además, desde el Gobierno de coalición con IU, no solo predicar valores, sino ejercerlos y demostrar —de forma mucho más contundente que hasta ahora—, que las crisis pueden ser gobernadas de otra manera. Cataluña reclama decidir sobre su propio futuro pero Andalucía reclama decidir sobre el futuro en común de todos los españoles. Por eso su voz es tan importante y molesta para los que buscan que nada cambie.

sábado, 30 de junio de 2012

LA ALDEA GALA

Publicado en el País Andalucía

“Estamos en el año 50 antes de Jesucristo. Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor..." Así empezaba cada una de las aventuras de Astérix que fueron evocadas en un vídeo del PSOE en la reciente campaña electoral. Los ejércitos de Julio César Rajoy no podrían cruzar la frontera de Despeñaperros porque el voto de los valientes galos impediría su avance el 25 de marzo. Y así fue: el voto popular impidió el ascenso al poder de la derecha, las huestes del ejército romano se vieron obligadas a emprender la retirada tras su fracaso en las tierras del sur, e incluso su comandante Caius Bonus Arenas fue retirado del mando y reclamado al corazón del imperio donde, al parecer, tendrá que librar una dura batalla con Lucrecia Cospedal, aunque eso es otra historia.

Estábamos en que Andalucía se había convertido en la aldea gala, dispuesta a hacer frente al ejército de tijeras de los romanos y a dejarse la piel en el intento. Hasta las diferentes tribus, enemistadas desde tiempo inmemorial, firmaron un acuerdo para formar un gobierno conjunto y marcar las diferencias de políticas entre derecha e izquierda. Resultó, eso si, un tanto sospechoso, que los más fervientes defensores de la insurrección y la rebeldía, reclamaran, en vez de prefecturas fundamentales que marcaran la diferencia y las novedades (como empleo, educación, cultura o medio ambiente), otras casi desprovistas de contenido o de presupuesto. Aun así, la ciudadanía gala saludó mayoritariamente este acuerdo.

Los romanos, a pesar de su derrota, no iban a cejar en su empeño de dominar Andalucía. Lo que no consiguieron las armas de los votos, podría ser obtenido por el cerco económico. Los incautos galos no habían caído en la cuenta de que el poder corresponde a los que se sientan sobre el cofre del dinero. El senador Calígula Minus Montoro, con un equipo selecto de escribanos y contables, arrodilló a los ejércitos galos en las primeras incursiones. El total del ajuste fue calculado en su integridad por técnicos romanos y adobado con la vendetta por el desaire recibido. Al tiempo que en las dependencias de Fórum Financiero se imponían estos ajustes, el ejército romano de reserva en Andalucía votaría en contra y alentaría a la sublevación contra las medidas que ellos mismos decretaban. ¡Están locos estos romanos!

Astérix, Obélix y Panorámix volvieron consternados a la aldea gala. En vez de informar con pelos y señales a sus vecinos de los planes que les habían impuesto, se pusieron a hacer alambicados cálculos para evitar los efectos más perniciosos del ajuste, pero el margen era realmente muy escaso. Le dijeron al pueblo galo que confiara en ellos, que comprendían su malestar, pero que se marcharan a su casa. Perdieron la batalla sin empezar siquiera a darla y entonaron una jaculatoria irritante: “Lo hacemos por imperativo legal”.

No quisieron informar de las ciento y una triquiñuelas con las que se había impuesto una cantidad brutal a la aldea gala; cómo se rieron de la reclamación andaluza para hacer cumplir las leyes y los estatutos; cómo calcularon cada partida con especial rigor mientras que a otros territorios de la Hispania se le aceptaban cuentas del Gran Capitán. Muchos galos piensan que sus jefes deberían haber dado la batalla, incluso aunque al final fuesen derrotados y que es un tremendo error congelar el espíritu de ese 25-M.

Esa es la explicación por la que en mi instituto, como en todos los centros de enseñanza, sanitarios o de la administración, con el aumento de las horas lectivas y unas ratios descabelladas en la enseñanza semipresencial vayan a salir a la calle 10 o 12 profesores. Estoy segura de que si los planes de Julio César Rajoy se hubiesen cumplido por completo las personas despedidas hubiesen sido el doble, pero eso no consuela: nadie se felicita por los males evitados, sino que se sufre por el dolor presente. Por eso los generales galos, más que lamentarse por la presión de los romanos, deberían tomar la poción mágica y dar con más contundencia las batallas

lunes, 1 de noviembre de 2010

¿Ganará la derecha?

Artículo publicado en El País Andalucía el 30/10/2010

Se hace muy difícil reflexionar sobre la política andaluza, encontrarle un argumento propio, un lugar al sol en un escenario político en el que cada vez cuentan menos las ideas y más la dramatización de los conflictos. Resulta difícil hablar de política andaluza sin caer en una simple transposición de la política estatal. Es complicado realizar un análisis de la crisis en nuestra comunidad que no pase por dibujar con trazos más negros las cifras del paro, el peso de la construcción o la falta de perspectivas para nuestros jóvenes.


La política andaluza languidece como la dama de las camelias, entre el abandono de sus admiradores y el silencio de sus antiguos amigos. Los medios de comunicación con vocación andaluza se las ven y se las desean para editar informaciones que no sean estrictamente locales o de sucesos y el desinterés hace subir las acciones de los que pregonan la vuelta a los tiempos del centralismo de tan triste memoria para Andalucía.

En unos momentos en que es tan necesario discutir el modelo de desarrollo de nuestra comunidad, el papel de la ecología, la organización de los servicios públicos y las apuestas por el futuro, los únicos debates que han adquirido cierta presencia son un decreto de organización del sector público de la Junta de Andalucía o el recorte de inversiones para tal o cual provincia o comarca. Desolador.

El proyecto de Griñán suscitó en sus inicios un modesto interés porque parecía traslucir un nuevo modelo de gobierno andaluz más transparente, menos clientelar y con una vocación socialdemócrata de dotar de un fuerte impulso a los servicios públicos. Sin embargo, con el transcurso de los meses se ha puesto de manifiesto la falta de impulso político. Muchos de sus consejeros y consejeras son personas eficaces, trabajadoras e incluso con un punto de ingenuidad política dignas de mejores tiempos, pero en los momentos presentes carecen de tirón político y se inclinan peligrosamente a una gestión tecnocrática muy lejanos de la realidad y de los problemas de la ciudadanía. Parecen obsesionados con detalles secundarios de su gestión, como la organización interna de la administración pública, mientras que en temas tan sensibles como el empleo, los servicios públicos o la ecología nunca se saben si suben o bajan ya que un día se declaran fervientes ecologistas y al siguiente, se inclinan por un desarrollismo sin cortapisas. Por su parte, las consejerías de mayor calado político, guardan un inexplicable silencio, como si estuvieran a la espera de tiempos mejores o sufrieran un pánico escénico insuperable.

Algunos destacados dirigentes socialistas han afirmado que la dimisión de Rafael Velasco no desata ninguna crisis en el partido gobernante, y es verdad, porque desde hace meses el PSOE parece encontrarse en estado de shock permanente. Habitualmente Griñán aparece solo en escena, mientras que el resto de sus actores han perdido el guión o se escabullen entre las bambalinas. Parecen deambular por Andalucía, sin conexión con los problemas reales e instalados en una duda hamletiana que les atormenta: ¿ganará Arenas, como pronostican las encuestas, las próximas elecciones autonómicas o es imposible que el PP gobierne en una comunidad con tanto arraigo de izquierdas como Andalucía? Como si la respuesta no dependiese de sus actos y se encontrara oculta en no se sabe qué recóndito escondrijo de nuestra geografía. Como dijo el poeta: ¿Y tú me lo preguntas? Depende de lo que se haga aquí y ahora; de concretar proyectos que vuelvan a dar sentido a la autonomía andaluza y demuestren su utilidad para luchar contra la crisis y alentar la esperanza de un porvenir para nuestra tierra. De momento, es aterrador escuchar cómo el médico pregunta al enfermo si la operación saldrá bien.

martes, 27 de octubre de 2009

Liderazgos



Este es el artículo que publiqué este lunes en El País:





Suele decir Amelia Valcárcel que a ellos "les pone" el poder. O sea, que hay una conexión invisible, pero real, entre la ostentación de poder y los atributos sexuales masculinos. Al parecer, los hombres viven con verdadera fruición ese momento en que pueden usar su autoridad de forma indiscutida, aunque sea injusta o arbitraria.
Discutir, por tanto, el poder de algún político es mucho más que poner en cuestión su capacidad de acción o lo atinado de sus decisiones. Negarles la autoridad es casi una forma de privarlos de su masculinidad y su esencia.
No hay nada que "ponga más" a los políticos actuales que la palabra liderazgo. En sus títulos oficiales ostentan el nombre de secretarios generales o presidentes, pero el término con el que realmente desean ser denominados es como líderes. El liderazgo implica, no sólo un nombramiento formal, sino un reconocimiento entre el colectivo al que representan, un estatus superior de discernimiento, una imbatibilidad en las propuestas, un halo similar al que en la santidad orla la cabeza de los elegidos. Ser líder, además, comporta ser único, reconocible y esencial. Los puestos directivos pueden compartirse pero el liderazgo necesita ser absoluto, reconocible y único.
Manuel Chaves conocía perfectamente esta debilidad de los políticos andaluces y convocaba, con cierta regularidad, cumbres de líderes de las que nunca se obtuvieron ningún tipo de resultados pero que tenían un alto valor simbólico, ya que los jefes de las tribus andaluzas -todos masculinos y únicos- reconocían mutuamente su autoridad y liderazgo. El nuevo presidente de la Junta no ha descubierto todavía estos ritos de reconocimiento y ha abierto interrogantes sobre su propio liderazgo, sin darse cuenta de que en política la bicefalia es equivalente a una peligrosa enfermedad.
Sin embargo, este debate sobre el liderazgo no es privativo de la política andaluza. En medio de la mayor crisis económica de la historia de la democracia y de los mayores casos de corrupción conocidos, el debate sobre el liderazgo está sirviendo de cortina de humo para evitar debates profundos y medidas eficaces. En vez de aportar soluciones, propuestas y medidas, las energías se consumen en determinar la falta de liderazgo de Zapatero frente a la crisis o la de Rajoy frente a la corrupción.
Es posible que la emergencia de estos debates tan superficiales sólo respondan a la atonía social, a la inmensa decepción que la política está causando en la mayor parte de la ciudadanía. En suma, a la desesperanza.
Dicen los estudiosos del tema que para construir nuevos liderazgos es necesario ver los espacios vacíos, las demandas sociales, los huecos. También advierten que cuando estos espacios son muy amplios se produce el caldo de cultivo del que pueden surgir liderazgos autoritarios, sectarios y antidemocráticos. Por eso urge ocupar la silla vacía de tantos deseos incumplidos: el liderazgo de la honradez política e intelectual, el liderazgo del desarrollo sostenible, el liderazgo de la esperanza en el futuro, el liderazgo del compromiso social...
Pero nuestros políticos actuales no quieren ver nuevos caminos. Todas las semanas, a la misma hora -como si se tratase de un rito ancestral- se enfundan el traje de batalla y se enzarzan en los Parlamentos en una predecible batalla de viejos gladiadores que ya han olvidado cuál fue el origen de la contienda.