martes, 20 de octubre de 2009

Ideología de género


También lo puedes leer en El País

No hay nada que movilice tan profundamente a la derecha social española como los temas referidos al género y a la sexualidad. Si repasamos las grandes manifestaciones de esta naturaleza, que suelen congregar a un millón aproximado de personas, encontraremos siempre en su base la piedra de toque del papel de las mujeres y de la sexualidad en la conformación de la sociedad. Incluso las manifestaciones contrarias a las leyes educativas han tenido siempre, al menos en su versión más popular, el trasfondo de proteger a los niños de contenidos educativos relacionados con el sexo, el matrimonio y los roles sociales igualitarios.
La derecha social y eclesial ha acuñado un término con el que designan los males sociales actuales y que denominan "la peligrosa ideología de género" que está impregnando las leyes actuales. Los think tank del pensamiento ultraconservador elaboran documentos, libros y artículos con un argumento común, tan fácil de comprender como un cuento infantil: la familia tradicional es la fuente de toda felicidad y fuera de ella sólo hay soledad y conflicto social. La piedra fundacional de esta construcción simbólica es la identificación entre ser mujer y ser madre. La maternidad se convierte así en la realización plena de la mujer, en su único y verdadero objetivo vital. Sobre esta materia -que en realidad niega la igualdad y el derecho de que las mujeres elijan su propia vida- se construye una mística ensalzadora que ponía sonrisas en los labios de los manifestantes, felices de haber encontrado en las palabras "vida-mujer-maternidad" una nueva trinidad redentora.
Si para la derecha social el papel de la mujer es un tema central, constitutivo de su ideología, los momentos que escoge para su demostración responden a agendas políticas concertadas. En Andalucía tenemos un ejemplo muy ilustrativo de ello. Cuando se estaba tramitando el nuevo Estatuto de Autonomía de Andalucía, con la oposición rotunda del Partido Popular, la asamblea de Obispos del Sur emitió un comunicado terrible contra el nuevo texto al que acusaba de "amenaza contra la vida", "postergar el matrimonio verdadero" y contener una peligrosa "ideología de género que da la espalda a los fundamentos antropológicos de la diferenciación de los sexos y de su complementariedad". Hay que decir que algunas organizaciones de cristianos de base protestaron por la rudeza y la insensibilidad de los obispos en materia de derechos sociales.
Sin embargo, cuando acabó la tramitación del Estatuto y el PP se hubo incorporado, aunque el texto no había cambiado prácticamente, los obispos andaluces modificaron su declaración final, saludaron los nuevos derechos sociales contenidos en el Estatuto -que estaban desde el inicio de la tramitación- y convirtieron su feroz oposición en unas simples recomendaciones para una "lectura atenta" de los cristianos.
La manifestación multitudinaria del pasado sábado responde también a esta agenda política concertada entre ciertas organizaciones sociales, eclesiales y políticas. En este caso han pretendido huir del excesivo protagonismo de la iglesia oficial y del Partido Popular en la manifestación porque convenía que la protesta tuviera un carácter más social y menos institucional. Esto no evita que la Iglesia les haya llenado los autobuses a pie de colegio y el Partido Popular haya animado convenientemente la convocatoria. Han impuesto una cierta moderación en las formas porque convenía a sus fines que no son otros que conseguir el retorno político de la derecha. Sólo hay que ver cómo la dulce placidez del canto a la vida se transformaba en airadas consignas políticas sin apenas transición. Por lo demás, no es contra el aborto por lo que protestan, es contra las mujeres del siglo XXI que eligen su maternidad, sus tiempos y su destino.

martes, 13 de octubre de 2009

Instrucciones para ser un corrupto



Si quieres puedes ver este artículo en El País





Ya habrá podido comprobar la rentabilidad de la corrupción frente a otras ocupaciones que necesitan tiempo, dedicación y esfuerzo a cambio de unas ganancias exiguas que nunca le permitirán gozar de una vida lujosa.
Si se decide por el lucrativo negocio de la corrupción podrá obtener ganancias millonarias y hacer felices a centenares de personas a su alrededor. El caso Gürtel nos muestra la cantidad de posibles beneficiarios, mientras que la operación Malaya nos indica que se pueden atesorar setecientos millones de euros con un modelo local intensivo. Se preguntará por los inconvenientes de este oficio y le asaltará el temor a ser descubierto. No vamos a negar los riesgos evidentes, pero sepa que ni un 10% de los corruptos son procesados y que detrás de cada imputado hay unos diez colaboradores que no lo son. Además, las penas son escasas y la mayoría consiguen poner a salvo su patrimonio tras la condena. No tenga temor a que se pueda aprobar la anunciada Ley anti-corrupción porque ya ha sido olvidada. En cuanto a los delitos de soborno y cohecho -como bien apunta el informe de los Inspectores de Hacienda-, si bien es cierto que estas figuras aparecen en el Código Penal, su aplicación es irrisoria. Si tiene dudas puede consultar la instrucción del caso Camps.
Para ser un buen corrupto debe tener en cuenta, en primer lugar, que no es una actividad individual, ni un negocio de autónomos. No es como otros delitos, una actividad solitaria. Necesitará una red corporativa extensa. De forma inmediata deberá contar con uno a varios despachos de abogados que le ayuden a tejer una intrincada red de sociedades cuyo seguimiento sea más complejo que el laberinto de Creta. Sin la colaboración de estos profesionales su actividad no podrá prosperar. Hágase, también, con la colaboración de algún banco que le indicará la forma más eficaz de realizar sus transacciones comerciales y le proporcionará la ruta más segura a los paraísos fiscales y las cuentas opacas.
Deberá disponer de una amplia red familiar. No hay corruptos exitosos sin una enorme familia y allegados que se presten a servir de testaferros, accionistas o cualquier colaboración nominal a cambio de una remuneración generosa.
Llegados a este punto, necesita la colaboración de las instituciones públicas. Elija un partido político y consiga llegar a las más altas instancias. Si actúa a escala local y ninguno es de su agrado, no dude en crear un grupo independiente que tome como bandera el nombre de la ciudad. Asegúrese la amistad y la colaboración de los que deciden los contratos públicos. Si tiene suerte puede hacerse imprescindible en la organización de todos los eventos públicos y privados. Intervenga en su estructura, promocione a los amigos y cuide a sus familiares. Pague sus gastos pero no realice donaciones ya que están controladas por el Tribunal de Cuentas. Sea generoso, incluso por encima de lo esperado. A partir de ahí podrá conseguir contratos sustanciosos pero sea cooperativo: facilite los pagos fraccionados, las obras por lotes que no excedan la legislación de contratos. Asuma que, en caso de hacerse notoria la corrupción, serán los primeros en acusarle de conspiración, aunque la mayor parte de la trama esté en su propia organización.
Cultive su mal gusto, el lenguaje soez y el sentimentalismo. No es una buena profesión la de corrupto para gentes cultivadas o con ideas igualitarias. También hay serias dudas sobre el éxito de las mujeres en este oficio. Sin embargo, hay excepciones. En todo caso, no olvide el lado humano; diga a sus colaboradores que "los quiere un huevo". Sacralice la amistad y la familia, los lazos de sangre y la complicidad tabernaria. Pero, sobre todo no olvide nunca que la corrupción no es un juego solitario.

miércoles, 7 de octubre de 2009

¿Por dónde andas?



Aparte del viaje físico - ¡cuánto echo de menos ese breve espacio en el que he dispuesto de todo el tiempo libremente!- la vida para mi carece de sentido sin aprender algo nuevo, sin intentar comprender lo que ocurre alrededor. Me preguntan mis amigos qué hago, a qué me dedico ahora que no consume mis horas la fiebre de la política directa.

Me enfrento a la realidad como quien se ha perdido algún capítulo en el que de dieron pistas importantes sobre lo que iba a suceder en el futuro. Me faltan claves de cómo ha cambiado la sociedad en estos últimos diez años. No quiero que se me interprete mal. No es la crítica habitual sobre lo lejos que está la vida política de los ciudadanos, que también. Pero a mi no me ha faltado en estos años el contacto continuo con la sociedad. Bien al contrario mi agenda estaba repleta de reuniones con colectivos sociales, con personas que necesitaban ser atendidas, con entidades que manifestaban distintas preocupaciones. A pesar de ello, ahora veo que la evolución general de la sociedad se me ha escapado en cierta manera.

Cuando he vuelto a la enseñanza todos me preguntaban si había notado un gran cambio en los jóvenes. Y es verdad que tienen un punto mayor de desidia o desgana, pero el cambio fundamental que he apreciado no ha sido en los jóvenes sino en los mayores. He vuelto a una sociedad más insolidaria, más descarada en la demostración de sus intereses materiales, más perdida e insegura. Por tanto -reflexiono- , de poco han servido tantos años de acción política, siempre entendiendo -claro está- que la finalidad de esta lucha no es, o no debe ser, la disputa por el poder sino el cambio social.

Por eso estoy más preocupada ahora por el cambio social que por las disputas partidarias. Necesito saber la substancia de los cambios sociales, cómo se han producido, hacia donde apuntan.

Hace algunas semanas Claudio Magris apuntaba algunas claves de esta sociedad postmoderna. Explicaba, por ejemplo, el ascenso de Berlusconi en términos de cambio social, en una especie de construcción nueva de LA VERDAD, elevando a rango político el reconocimiento del egoísmo, el machismo y la discriminación a cultura popular transgresora contra lo políticamente corrrecto. Parece decirnos "Si, es verdad, me hago rico a toda costa; compro mujeres como simples objetos; me salto las leyes como a todo el mundo le gustaría hacer". O sea, la transgresión reaccionaria convertida en heroicidad popular. Un género que triunfa, por ahora, en los programas de mayor audiencia de las televisiones pero que saltará a la escena política si no sabemos combatirlo y analizarlo.

En esta misma línea Manuel Cruz ha publicado un interesante artículo titulado "Lo que trajo el ocaso de las ideologías" que os enlazo y mi amigo Francisco Garrido ha publicado en Paralelo36 un genial artículo titulado "El sujeto y lo siniestro" que también enlazo y en los que se abordan los cambios sociales que se están operando bajo la apariencia de la normalidad cotidiana.

Pues en esas estoy. Buscando algunas pistas para entender lo que ocurre porque sin entender a fondo esta sociedad, sus motivaciones, su potencial oculto, cualquier intento de levantar algo nuevo nos conducirá, irremisiblemente, a la melancolía, un territorio que no quiero visitar.

Malditos bastardos y la no violencia




Sé que Tarantino con sus últimas producciones, especialmente con Death Proof ha cosechado más detractores que defensores. Sé que es infantil, maniático, adorador hasta la extenuación de la violencia gratuita, que gran parte de su corte de admiradores está compuesta por un público que acude al cine a ver un desparrame de violencia sin límites. Sé que estos le reprochan a su última película que no se centre en los bastardos, en sus bates de béisbol, en sus hazañas sangrientas.
Soy, sin embargo, de las que quedaron fascinadas por Pulp Fiction (por primera vez en mucho tiempo unas historias en las que los personajes no aparecían enmarcados en la narración, sino que sugerían tener una vida pasada, una consistencia real). Me pareció reveladora Jackie Brown, retrato en gris de una mujer cuando se han desvanecido todos los sueños. Revisité entonces Reservoir dogs y el anonimato del crimen, la delgada frontera entre la traición y la amistad. A partir de ahí, casi ninguna de sus producciones me ha interesado, aunque estéticamente Kill Bill tenga sus minutos de gloria.
Fui a ver Malditos Bastardos sin ninguna esperanza. Solo por completar el rito de ver sus producciones. Por eso quedé gratamente sorprendida desde la escena inicial, ese duelo interpretativo entre el oficial alemán y el campesino francés en la que la maldad se disfraza de buena educación y la desesperación de silencio.
Tarantino ha creado un nuevo tipo de malvado, minucioso que desgrana sus villanías como quien toca lentamente un instrumento musical a cargo de un desconocido actor austriaco llamado Chistoph Waltz que cada vez que aparece en escena nos alerta de que algo va a suceder, con la complacencia burlona de Brad Pitt y sus guiños a varios personajes del cine negro. Además nos ha transmitido la venganza tranquila y decidida de la joven judía Shosanna –de increíble consistencia- que arde en la pira del cine y el amor. Nos ha dejado por medio imágenes gloriosas que saben al mejor cine y una fina ironía contra los héroes y las guerras.

lunes, 5 de octubre de 2009

Esperando a Godot



Hoy publico este artículo en El País

Cuando no hay caminos todo se convierte en espera. Cuando no hay proyectos de futuro los seres humanos sólo anhelamos que los tiempos amainen, que la tormenta pase, que algún fenómeno inesperado nos devuelva a la rutina conocida.
"No puedo seguir así", dice un personaje de la obra de Samuel Beckett para mostrar la desolación del personaje. "A menos que venga Godot", le responde su compañero. "Entonces nos habremos salvado", concluye.
La situación de Andalucía en medio de la crisis económica es similar a los personajes de esta tragicomedia del absurdo. En esta encrucijada de los tiempos presentes -urdida por las manos que más vociferan en demanda de soluciones urgentes- todavía no hemos sido capaces de levantar la mirada y dirigirla al futuro. En la mayor parte de los discursos políticos hay más añoranza del pasado que proyectos para el futuro. Pero ¿de verdad los tiempos recientes del crecimiento económico son el lugar ideal para regresar?
En los últimos 15 años un 40% de los jóvenes andaluces ha abandonado el sistema educativo. Inmediatamente el discurso simplista, reductor, habla de fracaso escolar en las aulas, cuando la fuga juvenil no provenía sólo del aburrimiento escolar, sino de la tentación de un sistema económico que demandaba miles de trabajadores no cualificados para quemarlos en la pira de un desarrollismo sin esperanzas. Los que ahora nos hablan de la "cultura del esfuerzo" levantaron un modelo social que medía el éxito por la capacidad de consumo y -especialmente entre las clases más vulnerables-, desdeñaba el conocimiento, la preparación, la ciencia y la cultura. Hasta tal punto el acceso rápido al consumo hizo furor en nuestros jóvenes que, incluso aquellos que continuaban sus estudios, tenían una cierta sensación de fracaso ante el éxito aparente de sus compañeros. Y hablo en masculino porque este fenómeno ha azotado preferentemente a los chicos de las clases más modestas. Hoy en día muchos de ellos vuelven la mirada a los centros educativos, demandan continuar los estudios de bachiller o en la formación profesional de grado medio. Han hecho una revisión del modelo que muchos políticos todavía no han comprendido. Otros jóvenes, sin embargo, matan el tiempo con la desesperanza de su último juguete roto. El desarrollismo sin límites de esos años dorados ha dejado como herencia una generación perdida de talentos y promesas. ¿De verdad queremos volver a esos tiempos?
En los últimos 15 años el cemento y el hormigón han ocupado el 60% del litoral de Andalucía. En lugares como la Costa del Sol, las urbanizaciones han llegado a alcanzar el 80% del espacio disponible. De haberse llevado a término los proyectos programados, en diez años no existiría prácticamente un palmo de costa sin construir, a excepción de los espacios protegidos. El furor de la construcción no impidió que el precio de la vivienda en Andalucía aumentara un 80% en los ocho años de desarrollismo feroz. Sin embargo trajo de su mano la corrupción, la compraventa de corporaciones locales y la aniquilación de la conciencia ciudadana a través de hacernos cómplices de un infantil juego de casino según el cual nuestra única propiedad se revalorizaba diariamente en una timba imaginaria. ¿De verdad queremos volver a esa destrucción a toda costa?
Las construcciones económicas aparentemente exitosas tienen terribles efectos sociales y, en nuestro caso, han destruido valores, formas de vida y de convivencia. Va a ser difícil afrontar los nuevos tiempos sin analizar críticamente la economía, la política y la sociedad de los años recientes y sin una decisión clara de cambio. Por el contrario, si nuestra aspiración es volver al pasado, sólo queda esperar a Godot, el falso salvador o instalarnos en la nada absoluta.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Mil millones de historias

Hoy publico en El País este artículo de opinión:

Dicen que personalizar es la clave de toda narración, que a nadie conmovería el hundimiento del Titanic y sus mil quinientos muertos, sin la historia de amor entre Rose y Jack, sin contemplar sus rostros ateridos entre las brumas. Se estudia, en los manuales de comunicación, que el mundo entero se conmovió con la muerte ante las cámaras de la niña Omaira Sánchez y que sin ella no hubiera trascendido la tragedia que sufrió el pueblo de Colombia. En definitiva, que no nos interesa la historia sino las historias.
Hasta la muerte y la tragedia necesitan un guión, unos protagonistas, unas cámaras que lo retransmitan. Nuestra conciencia se ha vuelto tan reseca, tan árida y ajena que necesitamos imágenes de impacto para que algo se mueva en nuestro interior.
Debe ser por eso que el mundo no se ha estremecido ante el anuncio de la ONU de que este año habrá mil millones de hambrientos en el planeta, una cifra record en la historia de la humanidad que muestra con dureza cómo la globalización ha conseguido socializar la miseria por todo el globo terráqueo.
De nada sirven los argumentos racionales con que la ONU acompaña su informe: las estadísticas terribles; el recuento de mentiras y de incumplimientos de las grandes cumbres internacionales; la constatación de que tan solo con el 0,01 por ciento de lo que los países desarrollados han aportado para rescatar la banca se hubiera solventado esta crisis alimentaria. Nada de lo que ocurra por debajo del paralelo 36 llega al corazón de piedra de los países desarrollados.
Aunque emocionalmente nos encontremos más cerca del hambriento que de Lehman Brothers, se ha forjado un hilo invisible de complicidad según el cual nuestro destino está más ligado a la suerte de los fraudulentos banqueros que a los hambrientos del planeta.
La cumbre del G-20 ha tomado nota de nuestra indiferencia y, simplemente, ha pasado página de una agenda que creían podría convertirse en un clamor mundial: un mundo más justo, más control sobre los movimientos de capital, más poder público. Ahora saben, con precisión, que nuestra avaricia microeconómica está hecha de la misma materia que su rapiña estratosférica. Las voces críticas han sido convenientemente silenciadas. Por eso no habrá ningún ajuste esencial en el modelo económico mundial, sino puros cambios burocráticos para llevar una contabilidad algo menos “creativa” de los riesgos.
Mil millones de hambrientos y nadie quiere escuchar las razones de esta terrible noticia porque apuntan directamente a nuestro estilo de vida: a la rapiña del mercado alimentario, a los ajustes del mercado de materias primas, al cambio climático que está golpeando en primer lugar a aquellos que apenas conocen lo que es el consumo energético, como si un Dios ciego, masculino y blanco que vive en el hemisferio norte, hiciera llover tormentas y desastres sobre el sur del planeta. Ironías del siglo veintiuno.
A la ONU le han faltado, no datos ni razones, sino guionistas, cámaras, directores de cine, novelistas, medios de comunicación que abran una pequeña ventana a la realidad. Le ha faltado, sobre todo, una ciudadanía capaz de acusar con el dedo a sus gobiernos por cada muerte que se evitaría con un tazón de leche y de arroz . Vendrán imágenes de hambrunas y serán terribles. Apagaremos entonces el televisor (¡Oh, sí! ¡somos tan sensibles ante las imágenes de niños escuálidos!). Incluso en esos momentos nos resultará difícil desprendernos de un puñado de euros para socorrer la tragedia. Nos diremos que ya es inevitable. ¿Acaso encogerse de hombros es un crimen? –nos preguntaremos. Y ya sabemos la respuesta, pero desafortunadamente no hay cárcel, no hay castigo, no hay infierno para los corazones solitarios

martes, 22 de septiembre de 2009

Y fueron felices



Artículo publicado en El País Andalucía





La vida real empieza donde acaban las películas. Siempre nos hemos preguntado qué pasará cuando los felices enamorados cierren la puerta y se enfrenten a la vida cotidiana. Incluso en los finales heroicos, como en la película Casablanca, nos preguntamos si Ilsa será realmente feliz al lado del insípido Víctor o si Rick morirá en la resistencia con el recuerdo de Paris en sus ojos.
Hay debates en nuestro país que se han cerrado tan bien, con un final tan feliz que nos gustaría saber qué ocurrió tras cerrar la puerta y volver a la vida cotidiana. Es el caso de los derechos de las personas homosexuales así como el reconocimiento de la diversidad familiar existente en nuestro país. Tras los abrazos y besos de la aprobación de la ley, tras la alegría de las primeras bodas, la realidad todavía presenta zonas grises.
Después de acudir al Tribunal Constitucional parecía que el PP se había conformado con la existencia de esta ley. Pero al parecer su silencio estaba condicionado a que no se explicitara socialmente el cambio aprobado en la legislación. Ha bastado una cancioncilla infantil para que surgiera del fondo de su alma una petición rotunda de que la homosexualidad vuelva al armario de donde nunca debió salir. Se trata, en este caso, de una página web de la Consejería de Igualdad de la Junta de Andalucía que intenta promover valores de solidaridad, igualdad y tolerancia entre la infancia. En uno de sus contenidos una niña explica a su amiga que todas las familias te querrán igual, tengas un papá y una mamá, solo uno de ellos, o dos papás o dos mamás.
Esta diversidad ha puesto el vello de punta en los sectores conservadores porque, en su opinión, sigue resultando ofensivo y pecaminoso el que algunos niños tengan dos progenitores del mismo sexo que, para más inri, les quieran igual que las familias de toda la vida. Pueden conformarse con la existencia de parejas homosexuales, pero jamás transigirán con que se muestre esa realidad, lo cual confirma que, en cuestiones relacionadas con el sexo y las relaciones afectivas, la derecha sigue instalada en el pensamiento político de la hipocresía.
En Lituania se acaba de aprobar una ley, condenada por el Parlamento Europeo, que considera un delito la expresión de la homosexualidad, pero especialmente explicar en las escuelas esta realidad. Aquí y en Lituania, los celosos defensores de la familia tradicional, consideran un peligro el que las escuelas acepten formas familiares diversas y que se extienda la cultura del respeto a todas las formas de convivencia basadas en el amor, por encima del sexo o de los estereotipos tradicionales. La oposición a la educación para la ciudadanía ha sido, no nos engañemos, la expresión más certera de la obsesión de los sectores de la derecha con los temas relacionados con la libertad sexual.
No estamos hablando de temas secundarios ni de anécdotas que salpican la vida cotidiana. La modificación legal por la que se aprobó el matrimonio homosexual fue una medida civilizatoria que transformó nuestra democracia en un espejo internacional en el que mirarse. No solo las leyes, sino la sociedad, avanzaron en escasos años a un nivel de conciencia, de igualdad, y de convivencia que nos hizo sentirnos orgullosos como pueblo y como ciudadanos. Por fin una discriminación y opresión milenarias desaparecía de nuestras vidas sin dolor y sin que los sectores de la enlutada falda larga y la camisa azul consiguieran asustar a la sociedad sobre sus consecuencias. Sin embargo ha bastado la mención a “dos papás” o a “dos mamás” para que vuelvan a querer encerrar en el armario la igualdad de derechos.
Dicen que las personas y los pueblos felices no tienen historia. Ojalá sea cierto y los niños jamás tengan que justificar sus familias ni sus vidas.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Apocalipsis, la segunda guerra mundial

Hay documentales y series que te reconcilian con la televisión. Para mi algunas de estas son Los Soprano, Mad Men, Daños y Perjuicios y ahora esta maravillosa serie sobre la Segunda Guerra Mundial titulada "El apocalipsis" Si tenéis oportunidad no os la perdáis. Se trata de seis capítulos de una hora de duración cada uno de ellos. Las imágenes se han coloreado para darle mayor realismo y cercanía, pero con una precisión y delicadeza que hasta se respeta el color de la hierba en cada estación. Los textos y las imágenes se acompasan con uná precisión increíble. Lo dicho, ¡viva la televisión bien hecha!

viernes, 18 de septiembre de 2009

Capital de dolor


Los bufetes de abogados de EEUU seleccionan a sus clientes por la “calidad de las victimas”. En un sistema que se basa en la competitividad, en el número de pleitos ganados y en los resultados, los bufetes, antes de aceptar un pleito evalúan no solo los beneficios que pueden obtener, sino el efecto que la víctima ofrecerá ante el jurado popular o el tribunal.
Su modelo de víctima ideal es aquella de origen modesto, que se expresa con sencillez, que transmite autenticidad y que no presenta flancos fáciles de atacar. En otras palabras, se trata de elegir un personaje que concite la simpatía popular de forma casi automática y que desempeñe a la perfección su papel.
La sociedad, en general, tiene un comportamiento parecido. Ante los miles de tragedias que se desarrollan ante nuestros ojos solemos fijar nuestra atención en aquella en el que la víctima resulte más atractiva y cinematográfica. Esto nos explica por qué conocemos la historia y los protagonistas de algunos crímenes y desapariciones mientras que mantenemos en el olvido otros casos parecidos e incluso con mayor carga dramática.El padre de Mari Luz captó nuestra atención de forma inmediata. La muerte de su hija fue realmente terrible; las peripecias del asesino muy reseñables; los errores policiales y judiciales del caso realmente estremecedores, pero lo que más nos conmovió fue su dolor hondo y su forma de expresarlo con entereza y decisión.
Los medios de comunicación, expertos en exprimir las cualidades informativas hasta la última gota, fijaron su atención en él –como ahora en el padre de Marta del Castillo- y lo convirtieron no en una víctima, sino en un héroe. La víctima pasó a ser legislador, a abanderar una batalla por el establecimiento de la cadena perpetua, y a realizar una peregrinación por instituciones con tanto éxito que consiguió ser recibido por el Presidente del Gobierno.
Durante todo este tiempo el padre de Mari Luz ha contado con la solidaridad, el calor y con la comprensión de casi toda la ciudadanía. En muchas ocasiones, ni los medios de comunicación, ni él mismo, han sabido deslindar la simpatía y la solidaridad del respaldo a sus posiciones. Así ha contado como apoyo a la cadena perpetua, el cariño y el respeto que se le ofrecía como víctima de un crimen horrendo, un camino similar al que transita ahora el padre de Marta del Castillo.
La condición de víctima no es un título habilitante para el ejercicio de la justicia. Es más bien todo lo contrario. Las víctimas, de cualquier delito, ya sea un robo, un asesinato, un golpe, una violación, son los menos adecuados para hacer las leyes y para aplicarlas. Esta evidencia tan simple, y tan fundadora del estado de derecho, resulta hoy una verdad incómoda e impopular.
Precisamente por esta confusión, el padre de Mari Luz ha decidido dar el salto a la política. Personalmente tiene todo su derecho a hacerlo y merece todo nuestro respeto. No es así en el caso de los que se proponen utilizar su figura y su nombre para su éxito electoral y que, lejos de renovar la política, usan las armas más viejas de la utilización de la fama y de los medios de comunicación. Piensan que la popularidad como víctima se transmutará en votos para su partido, sin darse cuenta de que ese capital está hecho de dolor compartido y de solidaridad, tan quebradizo como un hilo de oro.


Publicado hoy en El Correo de Andalucía

lunes, 14 de septiembre de 2009

Impuestos y ciudadanía

Las dictaduras rara vez tienen impuestos. No hay declaración de la renta, no hay módulos variables. La mayor parte de América Latina no tiene sistema impositivo. Tras décadas de dictaduras militares el estado ha sido expoliado, sus beneficios puestos a disposición de los más poderosos, sus acciones encaminadas a favorecer a unas élites millonarias y corruptas que se negaban a pagar el más mínimo dólar, peso, bolivar o sol para mantener los servicios públicos.
Durante el franquismo no había que presentar la declaración de la renta, no había IRPF ni un sistema fiscal transparente y equilibrado. Los impuestos pertenecen a la cultura de la democracia, de la ciudadanía, de la libertad…pero no tienen quien los defienda.
“Tengo derechos porque pago mis impuestos”, era una frase que se utilizaba en el cine, en la literatura, para señalar una raya entre los estados con ciudadanía y aquellos que solo tenían súbditos.
Sin embargo durante la última década se ha extendido la idea de la rebaja de impuestos. En vez de continuar con la tradición democrática de que cada beneficio particular debería revertir -en algún grado- en el beneficio social, se ha llegado a teorizar que el beneficio privado es, eso, individual y particular. La ola anti-impositiva llegó del corazón del imperio, de la mano de las llamadas políticas neocom, pero tuvo también en Europa sus seguidores entre las filas socialdemócratas. En los estertores del pensamiento neoliberal estas ideas contagiaron al Presidente Zapatero quien llegó a afirmar que “bajar los impuestos, es de izquierdas”, reclamando para si el patrimonio ideológico de la derecha internacional más rancia.
Ahora esa frase pesa como una losa en su discurso político. Con los impuestos pasa como con las cuestas: bajarlas es fácil, lo complicado es subirlas. El edificio del sistema impositivo es primo hermano de la democracia avanzada y se basa en la entrega de una parte de los beneficios para el interés común, en desprenderse del interés particular, en que los que no tenemos hijos paguemos escuelas y los que no viajan paguen el ferrocarril. No es un altruismo idealista sino un acuerdo por el que todos entendemos que sin el resto de la sociedad nuestras ganancias, simplemente, no existirían.
Aquellos que han hecho de la Constitución un arma arrojadiza en el terreno político, deberían leer su artículo 128 que literalmente dice: “toda la riqueza del país en sus distintas formas, sea cual fuese su titularidad, está subordinada al interés general.”
Pagar impuestos no es solo la condición necesaria para tener servicios públicos, para el mantenimiento de las escuelas, los hospitales, los metros o las carreteras, es también, una condición esencial del propio sistema democrático y de nuestros derechos como ciudadanos. Que paguemos los impuestos con justicia, con progresividad, sin excepciones es, también, el mandato legal que los gobiernos han incumplido con construcciones financieras que deberían ser desarticuladas, para que el sistema tenga credibilidad y los ciudadanos no tengamos la penosa impresión de que solo pagamos las rentas del trabajo.

Publicado en el Correo de Andalucía

viernes, 4 de septiembre de 2009

Camino a la desolación



Si hace veinte años nos hubieran preguntado a las mujeres de mi generación (no pienso ser más específica al respecto) sobre el futuro de la prostitución hubiésemos contestado, sin dudarlo, que estaba destinada a la desaparición o, como mucho, a sobrevivir de forma tangencial para cierto público que no podía gozar de una vida sexual normal. Creíamos, seguramente de forma equivocada, que los motivos de la existencia de esta actividad respondían, básicamente, a la falta de libertad sexual. Así, se acercaban a ella algunos jóvenes para su iniciación sexual; personas mayores privadas circunstancialmente de sexo o cuya vida en este sentido estaba reprimida o truncada. Igualmente –pensábamos-, existía la prostitución masculina como consecuencia de la persecución de la homosexualidad. Conocíamos también la existencia de una prostitución más lujosa, ligada al despilfarro y al poder, pero en suma pensábamos que “el oficio más antiguo del mundo” era eso: antiguo, desfasado, inútil y degradante para el que lo utilizaba.
Sin embargo, fuimos viendo con aprensión, como los viejos clubs de carretera no solo no desaparecían, sino que ampliaban sus instalaciones y colocaban como reclamo espectaculares focos que deslumbran el cielo. Comprobamos, con estupor, el surgimiento de coquetos hotelitos que anunciaban delicias carnales, como si de una nueva gastronomía se tratara. Los suculentos manjares viajaban, mientras tanto, desde lejanos países, con un billete sin retorno a la desolación.
Un día, hará unos seis años, escuché una conversación entre dos hombres jóvenes –presuntamente de izquierdas- que me heló el corazón. Se intercambiaban información sobre los mejores lugares, las novedades del mercado, las instalaciones en las que “renovaban con mayor frecuencia el material”. Entonces me di cuenta de que estábamos equivocadas, que las viejas razones de la prostitución se habían renovado sin nosotras saberlo. El afán de dominación, la experimentación sin límites, el consumismo de la carne había desplazado a la necesidad mendicante de sexo. Los que acuden hoy a este mercado lo hacen no para comprar sexo, sino poder, experiencia e incluso una vana sensación de viaje y de aventura. Se prueban las mujeres como si se tratara de continentes. Primero se agotaron las miserias y penas del tercer mundo, de América Latina, del continente asiático. Ahora se degustan las frías delicias del Norte empobrecido, las valkirias rubias del fracaso de los países del Este.
El aséptico pago con tarjeta o efectivo hace pensar a los clientes que compran un producto como otro cualquiera. Argumentan que no hay diferencia entre comprar el cuerpo y cualquier otro producto de la actividad humana. Pero compran vidas, traslados, esclavitudes, esperanzas frustradas y mentiras. Los clientes de este servicio venden, sin embargo, lo que son: insatisfacción acumulada, falta de deseo, aguda añoranza de dominación masculina que clavan en la piel de una belleza extranjera.
Publicado hoy en El Correo de Andalucía

martes, 1 de septiembre de 2009

Lisboa revisitada



Entre la vida y yo hay un cristal tenue –escribía Fernando Pessoa-. Por más claramente que vea y comprenda la vida, no puedo tocarla”.
Algo así me ocurre con Lisboa: la veo, la recorro, la aspiro pero hay un cristal tenue que me impide tocarla.
He vuelto para ver si existe ese sueño extendido, esa belleza decadente, ese caleidoscopio de tejados, de fachadas, de colores desvaídos acentuados por rojos desteñidos. He coleccionado todos los atardeceres de la ciudad, sin prisas, contemplando el cambio de colorido desde el amarillo pálido al rosa encendido. He subido las cuestas y bajado escaleras, con la tranquilidad del turista que ha dejado de serlo. He visto el fuego cruzado de flashes que al atardecer se intercambian el barrio alto y Alfama. He visto ese río marítimo teñirse de todos los colores a lo largo del día. He cruzado a las marismas de la margen opuesta para calibrar mejor la ciudad en en la distancia y volver a gozar al acercarme lentamente a ella. A pesar de todo, no he conseguido desprenderme de esa sensación de irrealidad que Lisboa me transmite, como si una neblina de sustancia intangible se interpusiera entre la ciudad y yo.
Los días eran claros. El sol de agosto era incluso demasiado crudo y dibujaba fuertes contrastes de luz y sombra. Sin embargo, mis recuerdos son inasibles y solo adquieren precisión los monumentos más feos de la ciudad, el de los Descubrimientos y el terrible Cristo vertical que te saluda la entrada. Todos los demás parecen estar hechos de un tejido que se me deshace entre los dedos si intento desentrañar sus hilaturas.
Volví precisamente para dar nitidez a la ciudad, intentando concretar ese halo difuso que me habían dejado las anteriores visitas y que entonces achacaba al amontonamiento de imágenes que te producen las ciudades bellas cuando las visitas por primera vez. Pero no es así: hay una neblina triste que envuelve Lisboa incluso en los días más luminosos. Puede ser que la forma en que miramos las ciudades esté decidida antes de llegar a ellas…o pueden ser los sonidos de su hablar cadencioso o, quizá, la niebla de la literatura que el sol no logra deshacer.
Solo la taza de café, concisa y directa, tiene la corporeidad de las cosas reales. Tomo este café en el Chiado, antes de despedirme de la ciudad. Alzo la diminuta taza a la manera de un brindis y acepto el sorbo de veneno fuerte y caliente que me devuelve a la realidad.

viernes, 28 de agosto de 2009

Lo fundamental y lo superfluo



Realmente la crisis vino en el momento más inoportuno para las políticas sociales. Después de veinticinco años postergando este debate se había iniciado tímidamente la necesidad de contar con sistemas de protección social completos, acordes con un estado que se proclama democrático y social. Las reformas de los estatutos (tan injustamente denostadas) plantearon nuevos derechos sociales que avanzaban en esta senda. El más decidido fue el Estatuto Andaluz al proclamar el derecho a una renta básica para asegurar los ingresos imprescindibles de toda aquella persona que careciera de otras fuentes de subsistencia. Y en estas…llegó la crisis.
La cobertura social española, tras treinta años de democracia, se encuentra muy por debajo de la europea. Mientras que en la Unión Europea el gasto medio social alcanza el veintisiete por ciento del PIB, en España apenas alcanza el veintiuno por ciento. Los intentos de construir en serio un estado social, por ejemplo, a través de la ley de dependencia, han quedado desdibujados después por el electoralismo más ramplón de los cheques bebé o de la devolución de 400 euros a los contribuyentes, sin límites de renta y sin objetivos de ninguna naturaleza. Mientras que a las nuevas políticas sociales como la ley de dependencia, se les asignó un corto presupuesto de poco más de mil millones de euros, los cheques mencionados, suponen un gasto de ocho mil millones anuales. Un verdadero desatino en términos de política social.
La realidad, sin embargo, llama a nuestra puerta con esta crisis de una forma más cruda de lo habitual. Un millón seiscientas mil personas se encuentran en la actualidad paradas y sin ningún tipo de ingresos. Ante esto el gobierno ha aprobado un decreto de ayudas absolutamente insuficiente que apenas si va a atender –cuando su aplicación sea completa- a un quince por ciento de las personas que se encuentran en esta desesperada situación. Argumenta, el gobierno, que su disponibilidad presupuestaria es cada día más pequeña y que solo habían previsto cuatrocientos millones para esta medida.
En cualquier casa, cuando llega una situación de emergencia, se prescinde de lo superfluo para atender lo fundamental. Es, por tanto, el momento de modificar el gasto social y las políticas fiscales. Reconocer que ha sido todo un despropósito, en medio de esta crisis económica, la supresión del impuesto sobre el patrimonio cuya recaudación hubiera bastado para cubrir las ayudas al desempleo sin limitación alguna. Es el momento de suprimir la desgravación de cuatrocientos euros, insignificante para las rentas medias y altas, y de la que están excluidas precisamente las personas con menos ingresos. Es necesario que entre el gobierno central y las autonomías se llegue a un gran acuerdo político para que ni una sola persona en nuestro país, se encuentre en situación de completa desesperación. Y es necesario que paguen más los que más tienen –que además coinciden con los que más han ganado-; que este principio no es una frase obsoleta y desprovista de sentido; no es ni siquiera la bandera de la izquierda política, sino un mandato democrático y constitucional.

viernes, 7 de agosto de 2009

Autocheck


Hoy publico en El Correo de Andalucía este artículo:


Las autoridades laborales que afirman que no se puede competir a base de reducir los costes laborales deberían darse una vueltecita por las grandes superficies comerciales o por los aeropuertos sin pasaje business. El “hágaselo usted mismo” está llegando a tales límites en los vuelos baratos que no falta más que sacar tus propias alas y ponerte a volar. Suprimieron la bandeja de comida y el zumo insólito que tanto ha dado que hablar a los columnistas graciosos, lo que te obliga a afrontar un viaje en avión como una excursión al campo, con tus filetes empanados y todo el avituallamiento, salvo la botellita de agua que al parecer es un arma ofensiva de primera magnitud. Ahora te obligan a sacarte, con tus propias manos, la tarjeta de embarque, realizar el “cheking” y buscarte el acomodo como en una guerra sin cuartel. Además, algunos piensan implantar novedades en el uso de los servicios –no, no me refiero a servicios especiales sino al water- con lo que todo, todo, tendrás que tenerlo previsto desde casa.
En las grandes superficies comerciales el autoservicio está haciendo estragos. No será por lo que les pagan a los empleados de la casa, a los que obligan a darte la bienvenida en una foto gigantesca a tu llegada (¿dónde los esconderán después?).Si vas a determinado lugar tendrás que llevar papel, lápiz, metro. Es posible que te sientas como un agente secreto en misión especial. Tendrás que apuntar un código alfanumérico tan complicado como la clave de los servicios de espionaje americanos, buscarás tus productos en un almacén que recuerda los intrincados archivos de la CIA; transportarás toneladas de compra y –todo ello-, sin preguntas porque al igual que en las novelas de espionaje estas están prohibidas o son malditas.
Haciendo un alto en la compra te detienes a tomarte un café y un bocadillo. Aunque es autoservicio, te sorprende que no te hayan obligado a recolectar el café, molerlo y poner la cafetera al fuego. Ha sido todo un detalle. Aunque has llevado la bandeja, recolectado el azúcar y la cucharilla, has podido ver por primera vez a varios empleados, insólita figura en este mundo autoeficiente.
Sin embargo, la aparente normalidad de la cafetería, se ha visto bruscamente interrumpida en la caja de salida. Algún genio de la reducción de costes ha implantado el sistema del “autocobro”. Como lo escuchan: ustedes pasan los productos por el detector de códigos, la máquina hace la cuenta y pagan a una cajera que puede atender a cien clientes casi simultáneamente. Me imagino que estarán dotados de un mecanismo antifraude por el que el cliente que no haga bien su cuenta será autodetenido.
Por fin se ha hecho realidad el mundo soñado de la gran empresa: un mundo de consumidores y sin trabajadores. Algo incómodo, es verdad, pero imaginen las inmensas posibilidades de ahorro que implicarían para el sistema público: la autoenseñanza, la automedicina, la autodestrucción…
- ¿Sabes lo que te digo? –le digo a mi marido mientras nos peleamos con las tuercas del automontaje- que si tuviera dinero pondría un negocio justo al revés, en el que la gente pidiera lo que necesitara y se le ofreciera sin tener que moverse.
- Eso ya existía –me contestó-. Era la tienda de la esquina y ha cerrado.

jueves, 30 de julio de 2009

Bruce Springsteen, el boss currante


Si alguno de tus amigos está como ausente, ajeno a la realidad y obnubilado, no te preocupes. Hay más de treinta mil personas en Sevilla y alrededores que presentan síntomas parecidos. Apenas si hablan, andan por las calles flotando y no suelen contestar a las preguntas.

Si se les escapa, a veces, una furtiva sonrisa que no tiene objeto real, sino dedicada al cielo; si han dejado de quejarse del calor; si tienen el aspecto de haberse recién despertado de un sueño placentero, entonces no hay duda: estuvieron en el concierto de Bruce Springsteen. O lo que es lo mismo, hicieron un largo viaje al universo de la música, al planeta del rock y todavía no han encontrado el camino del regreso. La convalecencia será larga y, como portadores de un virus misterioso, se empeñarán en transmitirlo a todo su entorno. Se comportarán como nuevos conversos, y nos contarán una historia que básicamente, se repite: no eran fans de Bruce Springsteen, tenían cierto reparo a su estética de camionero, no les interesaba una música tan radicalmente americana –aunque lo esencialmente americano, en este caso, es la mezcla irlandesa, negra, country, roquera…-, pero tras los primeros acordes se derribó el muro y resultó imposible resistirse a esa oleada de energía.

No volverán a creer en una música sin músicos. No volverán a gustarles los conciertos pulcramente preparados. No volverán a creer en dioses musicales que establecen su sede en el Olimpo y que no saben siquiera la tierra que pisan. No querrán tener un “boss” que no sea, a la vez, un igual, un currante, un animador del grupo. Volveremos a escuchar palabras casi olvidadas: honestidad, profesionalidad, autenticidad, alegría en el trabajo. Sentirán que formar parte de un grupo no es disolverse. Que el conjunto existe porque cada uno de los músicos es único en su oficio. Olvidarán el precio de la entrada, el viaje, el calor, la mala acústica inicial y solamente sufrirán, como un foso de incomprensión, la de aquellos que no han compartido la emoción del viaje.

Se disolverá su interés por los efectos especiales y los montajes comerciales Se destrozará el mito sexual de la juventud de carnet de identidad. Se volverán forofos del esfuerzo, del working, de la conquista perseverante y alegre de los territorios sentimentales. Van a creer en la energía latente, en el poder liberador de la música. Sentirán, no el orgasmo de los que cantan ante un auditorio sumiso, sino de los que participan en una explosión universal de la energía contenida que llevamos dentro. Una energía que surge del dolor, de la superación, de los paisajes diversos y de la vida que nos ha golpeado a todos.

Tanta investigación científica, tanto esfuerzo por conocer las fuentes de la vida y quizá –solo quizá- el rock sea la fuente de la eterna juventud. No era un concierto, entonces, era la vida auténtica, vertiginosa y cruel, auténtica y mítica, dramática y cómica, que te arrasa si no haces el esfuerzo de “working on a dream”.

Concha Caballero


Increible Bruce








Mañana publico mi comentario sobre el concierto de Bruce. Todavía sigo flotando en un universo de alegría y de vitalidad. Pongo aquí una foto que he recogido de un magnífico blog así como un video de dos de las canciones que vivimos, más que escuchamos: Badland y My love will not let you down. Podeis pinchar aquí para ver una estupenda crónica de Daniel Cela publicada en El Correo. También he rescatado la lista de canciones que interpretó:
SETLIST SEVILLA
1. Badlands
2. My Love Will Not Let You Down
3. Hungry Heart
4. Outlaw Pete
5. Out In The Street
6. Working On A Dream
7. Seeds
8. Johnny 99
9. Youngstown collecting signs
10. Quarter To Three
11. The E-Street Shuffle
12. Loose Ends
13. Darlington County
14. She's The One
15. Waitin' On A Sunny Day
16. The Promised Land
17. I'm On Fire
18. American Skin
19. Lonesome Day
20. The Rising
21. Born To Run
22. Glory Days
23. Seven Nights To Rock
24. American Land
25. Bobby Jean
26. Dancing In The Dark
27. Twist & Shout- La Bamba

¡Qué pena me dan los que se han perdido EL Concierto!

viernes, 24 de julio de 2009

Esperando a Bruce Sprinsgteen

Por fin tengo en mis manos las entradas para el concierto de Bruce Springsteen en Sevilla. En el quinto pino y compradas a última hora a precio de oro. Al final no me atreví a adquirir las de pista por el calor, la falta de visibilidad y la interminable espera de pie, aunque –ya lo sé- los conciertos se viven de verdad en la pista y no en una grada con el asiento numerado. En una ciudad centrada en el debate de limitar o no el uso de las sillitas plegables en la Semana Santa (¡qué habremos hecho para merecer esto!), se podría ampliar la discusión con la posibilidad de llevarlas también a los conciertos de música y a los bares de copas. Yo me manifiesto rotundamente a favor de este utensilio democrático y popular, aunque el rock y la sillita de playa no hagan una pareja ideal pero… ya se sabe que la comodidad rara vez se lleva bien con la estética.

Bruce saldrá al escenario y se nos olvidarán las penas (y el precio de la entrada). Al tercer acorde, el estadio entero va a levantarse para cantar y moverse al ritmo de la orquesta E Street Band. Incluso los más incrédulos –porque en la música hay algo parecido a la fé- verán como se les desliza el pie, los hombros y comenzarán a balbucear los estribillos, incluso sin saber una papa de inglés.

Ya he confesado que en esto de Bruce Springsteen, yo soy una conversa. Fui a verlo por primera vez con una mezcla de incredulidad y curiosidad, enamorada de canciones como The river, Born to run o Streets of Philadelphia, pero algo distante por la estética de camionero chulo que lo acompañaba. Pero de cada concierto de Bruce –si, ya tengo esa confianza con él- salen miles de conversos que se dedican a propagar las excelencias de su nueva fé.

No hay en sus conciertos ningún alarde de luminotecnia, de efectos especiales, de apariciones fantasmales. El montaje, en este caso, es presentar la música en estado puro, como una diversión coral maravillosa, con músicos de excelencia y una alegría de vivir que desconcierta. Sus canciones hablan de la épica de la gente corriente, de la lucha por la vida de gente que sabe no va a triunfar, aunque ahora, más esperanzado que nunca, está “Working on a dream”. Como decimos por aquí: ¡Ojalá, Bruce!


Ni sombra de arrepentimiento

Tras haber provocado una crisis económica sin precedentes, parecía que las instituciones económicas privadas –o sea, la banca y la patronal– iban a tener un punto de sensatez y de cordura. En los primeros momentos de esta terrible situación parecían aceptar que habían pasado los tiempos del descontrol financiero, del crecimiento desmesurado, de la especulación sin fronteras. Todos entonaron un mea culpa suave, ligero, y se comprometieron a no volver a las andadas, a aceptar la regulación de los mercados, a contribuir a un cambio de modelo económico, a asumir una cierta transparencia en su funcionamiento.En el caso de España, encajaron las críticas que el conjunto de la sociedad les formulaba: las ganancias desmesuradas del ladrillo, la falta de apuesta por una competencia que no se basara en los bajos salarios y en la destrucción del medio ambiente. Pero como se puede ver, su silencio era pura estrategia. Esperaban que pasara el chaparrón de los primeros tiempos, otearon el horizonte para atisbar señales claras de contestación social, tantearon la debilidad de la clase política ante la crisis… y volvieron a las andadas.Obama se lo ha recordado esta pasada semana. El presidente americano advirtió que no percibía el “menor remordimiento” de los grandes bancos por su responsabilidad en la crisis, al tiempo que volvió a recordar a los empresarios que “el momento de las ganancias, no es ahora”. Aquí, sin embargo, Zapatero los ha invitado a cenar para ablandar su negativa y han salido de la cita declarando que no les gusta “la orientación del documento del Gobierno”, “no aprueban los subsidios a los trabajadores” y que reclaman tres puntos esenciales: descuentos fiscales; facilidad para el despido (con una curiosa interpretación del absentismo, en el que se computa la enfermedad o el embarazo), y compromiso de que se afrontará una “verdadera reforma laboral” en el otoño. Ni una palabra de compromiso, de responsabilidad. Ni una línea de arrepentimiento por el modelo económico especulativo y depredador que nos ha empobrecido a todos, ni la menor sombra de estar dispuestos a trabajar por un modelo económico distinto.Cuando la situación económica era boyante, los empresarios tenían idénticas demandas ante el gobierno: contención salarial, rebajas fiscales y facilidad para el despido. Ni el tiempo ni la crisis pasan por ellos. No han aprendido nada de la primera lección de estos tiempos y es que, en el caso de España, el empecinamiento de la patronal por competir a través de reducir los costes salariales, y no por innovación o tecnología, ha sido un factor de empobrecimiento y de agravamiento de la crisis general.Ya sé que no todos los empresarios son iguales, que hay algunos que han hecho un esfuerzo en tecnología, en producción, en energía, pero la mayor parte de la patronal española ha desdeñado, hasta ahora, los sectores energéticos, tecnológicos, sociales, e incluso la vivienda protegida –para la que pidieron su desaparición, ¿ya no se acuerdan?– y se han volcado en el negocio inmobiliario y especulativo, con el que han obtenido ganancias astronómicas. Su empeño en despedir más barato, pagar menos al Estado y que los trabajadores ganen menos, no es solamente injusto y criticable desde un punto de vista moral, –ya que pagarán los justos por los pecadores–, sino una amenaza para la salida de la crisis porque evita plantearse el verdadero problema que es el cambio de modelo económico

sábado, 18 de julio de 2009

Un baño de realidad



Una de mis mejores amigas pasó la tarde conmigo y fue implacable. En realidad ese es uno de los rasgos que me gustan de ella. No había leído mi libro –bueno...si, algunas páginas el día de antes de nuestra cita para poder comentarlas, me confesó-. "Muy bueno, muy bueno" pero, en realidad, prefería la lectura de Milenium, en la que se estaba demorando para que las páginas le durasen unos días más. No le gusta en absoluto la evolución de mi blog, dice que aparece ahora cargado de opiniones políticas y de promoción de mi libro:
- Venga entrevista por aquí, reseña por allá…a mi me gusta leer en tu blog cosas personales, anécdotas, reflexiones sobre la vida cotidiana -me dijo-. Lo que escribías antes de ponerte tan interesante...
Tampoco ha escuchado ningún debate o tertulia en los que vengo participando, a pesar de que le pedí una opinión crítica – aunque esto último es redundante en su caso. No se olvidó, tampoco, de lanzar unas cuantas puyas sobre la revista de pensamiento teórico en la que participo: "escribís para vosotros mismos, parece que estéis encantados de haberos conocido", sentenció. Ante esa avalancha de ninguneos me defendí peor que el del chiste de las gafas:

- Y tú…que ya te has agachado cien veces a recoger el chupete de tu niño…-le dije.
- No me he dado cuenta –respondió, pero siguió haciéndolo durante toda la tarde.

En realidad me tenía atónita su capacidad para simultanear cuatro o cinco tareas sin perder el hilo de la conversación. Nos despedimos cerca de la una de la madrugada –aunque en verano esa hora es noche y no madrugada. Nos acercábamos a su coche cargadas de bártulos infantiles. Con una habilidad pasmosa colocó a los niños en el coche, cerró como por arte de magia el aparatoso carrito infantil, localizó llaves, agua, gafas -su certera rebusca en los enormes bolsos me recordó a Mary Poppins- y nos dimos un abrazo cerrado.

Hoy no paro de reirme, no de ella sino de mi; de mi necesidad de ponerle palabras a la vida; de las ganas de opinar de todo y de todos; de mi ingenua creencia de que unas líneas escritas o unas frases pueden alterar de alguna forma la vida, cuando ella sin palabras hace juegos malabares con el tiempo y la verdad. La admiro. Es más, la quiero.

viernes, 17 de julio de 2009

Violación

Hoy publico en El Correo este artículo:

En Baena, mi pueblo, han violado a una niña de 13 años en la Piscina Municipal. Ha sido una violación colectiva en la que han participado seis muchachos –cinco de ellos menores de edad.
Esta semana una adolescente me puso el video de una canción titulada “las tías son unas guarras y los tíos unos cerdos” para preguntarme qué me parecía y que, al parecer, es más que conocida en el mundo juvenil. El meollo de la canción es que las adolescentes se visten de forma provocativa, se abren de piernas con facilidad y, por tanto, son “follables” y, si no lo son, pertenecen al grupo todavía más desdeñable de las “calientabraguetas” y, por tanto, también “follables” por la hipocresía de su comportamiento. La canción me produjo escalofríos. Los productores de este terrorífico grupo habían intentado vacunarse contra cualquier acusación de machismo con una segunda parte destinada demostrar "lo cerdos que son los tíos”, pero lo sustancial del mensaje quedaba encerrado en el enunciado primero que es casi una apología de la violación. En ningún caso la “crítica” que este grupo hace contra el género masculino pone en cuestión su libre sexualidad ni sus decisiones, pero sí la de las niñas. Vienen a a decir que las adolescentes de hoy se maquillan, se visten provocativamente, cuelgan fotos en tuenti con posturas sugerentes, y por eso son “guarras” que no merecen el menor respeto.
Es el neo-machismo disfrazado ahora de transgresión contra los límites del pensamiento correcto. Si lo “correcto” es el pensamiento igualitario, la capacidad de la mujer de decidir libremente sobre su cuerpo, se convierte en una transgresión el insulto, la provocación aunque no haga más que reproducir las ideologías más arcaicas de dominación de las mujeres y de falta de respeto a la capacidad de las mujeres para decidir cuando o no mantienen relaciones sexuales.
Eso ha pasado en Baena, donde toda la frustración y la cobardía de seis machos adolescentes se ha cebado en una niña de trece años que quería ser libre y decidir por sí misma. En el comportamiento de estos seis adolescentes había un razonamiento ancestral de dominación de la mujer y de negación de sus derechos. Si ella había accedido a tener en algún momento relaciones con alguno de ellos, si había atravesado la frontera de mujer no sexual, pasaba a convertirse en un bien comunal, del que todos los machos podían gozar.
La noticia nos causa un horror profundo, una sensación de desamparo infinito. La violación de la niña de Baena viene a despertarnos bruscamente del sueño de igualdad que creíamos haber construido para las futuras generaciones. No logro sacudirme la sensación de que no hemos preparado a nuestras adolescentes para los tiempos contradictorios que les han tocado vivir. Las hemos preparado para la igualdad y van a enfrentarse a la barbarie: ¿cómo decirles que sus amigos pueden golpearlas, humillarlas, violarlas, solo por hacer uso de su libertad? ¿Cómo prevenirlas de que tras la sonrisa de los amigos, incluso tras el amor más encendido, puede surgir la chispa de la violencia y la dominación?
Sé la valentía que esta chica de Baena y su familia han debido reunir para denunciar los hechos, para afrontar ese calvario de noticias, murmuraciones y maledicencias que se desatarán. Si para algo sirve, sepan que tienen una ola de solidaridad, de comprensión y de tristeza compartida por la salvaje acometida de los tiempos antiguos en ese tiempo nuevo que les habíamos prometido a las mujeres.

miércoles, 15 de julio de 2009

Consideraciones sobre financiación y Andalucía



Hasta hace poco tiempo se hablaba de modelo o de sistema de financiación e incluso se llegó a la conclusión de que habría que estabilizarlo y hacerlo perdurar. El nuevo acuerdo es todo lo contrario a un modelo o a un sistema. De hecho el debate sobre su formulación ha estado centrado, no en el funcionamiento de la cesta de impuestos y en los datos sustanciales del sistema sino en los fondos adicionales que el Estado ponía sobre la mesa. No tiene, tampoco, ninguna intención de estabilidad de cara al futuro y se trata solo de un sistema transitorio cuya vigencia no llegará a cuatro años, si es que no se producen cambios mucho antes.El acuerdo de financiación está hecho de principios contradictorios, fondos diversos para todos los gustos y situaciones, variables múltiples y de multitud de compensaciones parciales. Lo que eran los grandes temas de la financiación autonómica (coste de servicios, autonomía y suficiencia financiera, capacidad fiscal, participación en la Agencia Tributaria Estatal) han sido soslayados sin que se haya alzado una sola voz reclamando un debate serio en estas materias.Lo sustancial de este acuerdo político es, sin embargo, que ha renunciado a ser sistema, ni modelo, es decir, que ha dejado atrás cualquier posibilidad de objetivar, planificar ni guiarse por principios comunes que se orienten a un funcionamiento federal que combine autonomía y redistribución.Los principios de este nuevo “modelo” son tan contradictorios que podemos leer, en la misma página, cómo se afirma que lo justo y solidario es repartir la financiación por criterios de población para, a continuación, especificar que la “capacidad fiscal” de las comunidades será determinante para el reparto definitivo de los fondos adicionales.Es verdad que el ochenta por ciento de la financiación se guiará por criterios de población (con sus variables de dispersión, densidad, edad, insularidad y otros parámetros que afectan a la prestación de los servicios), pero el resto se compone de variables distintas e incluso opuestas a este criterio, como podremos ver a continuación.El siguiente tema a analizar es el resultado de este acuerdo para Andalucía que, en mi opinión, no puede ser analizado en términos de agravio comparativo en el reparto de los fondos adicionales o la bilateralidad con Cataluña, sino en términos de autonomía financiera o, por el contrario, de dependencia, así como deducir los resultados determinados por las condiciones de Andalucía y, en especial, su particular crisis económica.Pero veamos el funcionamiento del modelo:

A) Las nuevas cesiones impositivas: Como se sabe con este acuerdo se aumenta la cesión de impuestos a las Comunidades Autómas de forma sustancial. La cesión del IRPF pasa del 33 al 50 por ciento; el IVA del 35 al 50% y los impuestos especiales –en general- del 40 al 58%. Estas cesiones impositivas suponen la financiación básica de cada de una de las Comunidades y lo que marca especialmente su suficiencia financiera ya que las comunidades que no cubran sus necesidades de gasto con estos ingresos deberán recurrir al Fondo de Suficiencia. En teoría todas las comunidades aumentarán su suficiencia básica pero la realidad es que la caída de ingresos impositivos contrarresta estas estimaciones. En los cinco primeros meses de esta año, el Estado ha tenido una caída de ingresos del 19 por ciento, en el caso de Andalucía la caída ha superado el 26 por ciento, lo que quiere decir que la recaudación andaluza será bastante menor que la media estatal y, por tanto, nuestra base de financiación bastante menor que la media. Las consecuencias no son catastróficas porque existe el Fondo de Suficiencia, pero resulta claro que no saldremos del círculo de la dependencia estatal. No es culpa del modelo de financiación, sino de un modelo económico andaluz basado en los sectores más afectados por la crisis (construcción y turismo) que necesita una completa transformación.Sin embargo, si hay que anotar que la suficiencia financiera de Andalucía va a seguir estando en torno al cincuenta por ciento de sus necesidades de gasto. O dicho de otra manera, que dependemos de forma extraordinaria del Estado mientras que Madrid, Baleares y ahora Cataluña (además de las comunidades forales de Euskadi y Navarra) tienen una completa autonomía y suficiencia financiera.

B) El misterio de las deudas anteriores. Como el sistema de financiación funciona por entregas de cantidades a cuentas respecto a las estimaciones de recaudación y los presupuestos de las comunidades no previeron la crisis económica, cuando se ha liquidado realmente la recaudación real, ahora las comunidades deben al Estado una cantidad enorme de dinero. Andalucía, solo por diferencias de recaudación del año 2007 (temblemos cuando se cierren los ejercicios de 2008 y 2009) debe al Estado la friolera de mil millones de euros, una noticia que ha pasado casi de puntillas por los medios de comunicación. El oscurantismo en el que se ha convertido la financiación (algo completamente fuera de los mandatos legales), no nos permite conocer la deuda de las comunidades con el Estado que me temo son millonarias. A instancias de Andalucía se ha conseguido que esta deuda no comience a pagarse hasta el año 2011 ya que de hacerlo ahora supondría una causa de ruina para las arcas andaluzas.
C) Los elementos federalizantes del sistema de financiación. Tanto el Estatuto Andaluz como el catalán contenían elementos muy positivos de carácter federal y que consistía en la participación en las decisiones estatales de carácter económico, así como una visión progresista del sistema impositivo. Si se hubiese cumplido el Estatuto Andalucía podría haber opinado sobre la supresión del Impuesto de Patrimonio y participaría de pleno derecho en la Agencia Tributaria Estatal. Nada de esto se refleja en el nuevo modelo que limita, además, las posibilidades fiscales de las comunidades orientándolas casi en exclusiva a la deducción fiscal.
D) Las incógnitas del Fondo de Suficiencia. Este fondo se destina a completar las necesidades de gasto de las comunidades que no lo alcancen por la cesión de impuestos. Antes era el mecanismo de cierre del sistema, ahora se dice que se determinará después de establecer los fondos adicionales. Su cuantía y funcionamiento quedan fuera del acuerdo. No es necesario decir que Andalucía depende en grado sumo de este fondo (un tercio del presupuesto andaluz tiene este origen) Al contrario que Andalucía hay Comunidades Autónomas, como Madrid y Baleares, que con las cesiones anteriores (mucho menores) cubrían a la perfección e incluso superaban sus necesidades de gasto. Hasta ahora el excedente de su recaudación debían reingresarlo a la cuenta común del Fondo de Suficiencia, sin embargo ahora se establece una novedad y es que la recaudación que supere su capacidad de gasto no tienen que reinvertirla a la caja común sino que pueden quedársela como financiación extraordinaria. Llama mucho la atención que en el lenguaje de la derecha contra los beneficios obtenidos por las “comunidades ricas”, no aparezca la de Madrid como la más beneficiada en la aplicación real del sistema.
E) Se crean dos nuevos fondos, uno llamado de Cooperación y otro de Competitividad. Se les ha llamado, con razón, fondos para pobres y para ricos. En el primero se acumulan demandas dispersas de comunidades que no se encuentran bien recogidas en otros conceptos (densidad de población, incidencia del PIB, etc.). Resulta curioso, sin embargo, que no se aumente la financiación del Fondo de Cooperación Interterritorial que sería el responsable de esta redistribución. En segundo lugar se establece un fondo de Competitividad destinado a compensar tanto a comunidades con recursos inferiores a la media, como a premiar “su capacidad fiscal”, aceptando así un principio inasumible porque ¿en qué se perjudica una comunidad que recaude más? y, por otra parte, ¿qué tipo de principio redistributivo es la capacidad fiscal? Se destinan once mil millones de recursos adicionales a todas estas operaciones. Como el gobierno no ha facilitado el reparto de los fondos por comunidades, y a falta de este importantísimo dato, parece que Andalucía ha “rascado” financiación de ambos fondos pero que Cataluña ha conseguido un aumento considerable de financiación así como el éxito político de ver acogida su demanda de “déficit fiscal” con esta Comunidad.
F) Algunas regalías y excentricidades. Para completar el sistema algunas comunidades han conseguido financiación o valoración de costos de servicios especiales. Así, se multiplican por 2,5 los fondos destinados a las comunidades bilingües (Cataluña y Valencia) o se dota generosamente la policía autonómica que solo tiene Cataluña. En estos apartados extraordinarios el gobierno andaluz computa la transferencia del Guadalquivir, o la financiación de los metros, aunque también Cataluña tiene un acuerdo específico y Madrid ha tenido años pasados una financiación supergenerosa.
G) Los ayuntamientos, nuevamente olvidados. Se hizo el compromiso de que el nuevo sistema abordaría la financiación municipal y ni siquiera ha sido citada. La participación de los ayuntamientos en la financiación estatal es completamente tercermundista e indigna de una democracia mínimamente avanzada. El nuevo modelo los ha dejado atrás y, lo que es peor, ha dejado prácticamente sin margen de maniobra el aumento de su participación financiera, ante el silencio cómplice de la FEMP y la FAMP que habían aprobado en el pasado numerosas mociones.
A la luz de estos datos parece evidente, en primer lugar, que no se trata de un modelo ni sistema sino una financiación coyuntural que no soluciona los problemas del modelo anterior y que abre la puerta a interpretaciones insolidarias así como a la aceptación de lógicas de desigualdad. En segundo lugar, no es un sistema que avance en elementos federales y de corresponsabilidad, sino todo lo contrario, baste con referirnos a la opacidad de las cuentas de cada comunidad, contrario a cualquier espíritu cooperativo y común. En tercer lugar, parece evidente que no era el mejor momento para abordar este debate, en plena crisis económica, con todas las incertidumbres abiertas en torno a la evolución de cada indicador. Un sistema debe funcionar en los tiempos de bonanza y en los de crisis económica, pero ni el gobierno central ni las comunidades autónomas han querido abordar el problema real de la financiación pública que es el sistema impositivo y su reparto. ¿Qué pasará si los ingresos siguen cayendo? ¿Qué prioridades y qué políticas son las que se deben financiar? Todos quieren aparentar una normalidad inexistente cuando vamos a estar en el Estado y en todas las comunidades ante presupuestos restrictivos y en recesión. Se ha discutido hasta le extenuación el destino de once mil millones de euros y no se ha dedicado una línea ni una declaración al destino de centenares de miles de millones de euros que componen el total de la financiación autonómica. Se han abordado temas menores como la financiación de los mossos d´esquadra y no se ha gastado ningún esfuerzo en hablar de la financiación sanitaria o educativa o de reducción del gasto energético.
Por lo que respecta a Andalucía mi impresión es que el gobierno andaluz ha aceptado una lógica que no nos beneficia y, dentro de ella, ha intentado arrancar algunas migajas atenazados por la crisis y el descenso de las cuentas públicas. Mantuvo bien el discurso cuando defendió el criterio de población como base del sistema, esbozó algún debate educativo y de servicios públicos pero dio por perdida la batalla cuando aceptó que le importaba más el cuánto que el cómo en la financiación. Jamás debió aceptar parcelar los fondos, olvidar el FCI y, sobre todo, que se incluyera la capacidad fiscal como uno de los componentes del sistema porque es una cuña que se introduce y que puede dar al traste con cualquier esperanza de desarrollo social equilibrado.No se trataba, en absoluto, de ejercer un anticatalanismo ramplón y derechista, sino de poner sobre la mesa criterios e ideas para afrontar desde las autonomías el combate contra la crisis económica y por el cambio necesario de modelo. Desde luego no va a contribuir a salir de esta crisis una acumulación del dinero público en las comunidades más ricas. Por otro lado, los tiempos del “más y más” de la financiación han terminado y han fracasado porque se basaban en el puro crecimiento sin proyecto sostenible ni social ni ecológicamente. Por ejemplo el hecho de que, en el caso de Andalucía, nuestros presupuestos se hayan triplicado en los últimos quince años no nos ha impedido acercarnos al 30 por ciento de paro en esta crisis económica, sin esperanza cierta de recuperación porque las bases de ese crecimiento eran equivocadas.
Andalucía, en la lógica de la recaudación y de la competitividad, tiene muy poco que decir y que ganar. Somos una comunidad cuyos ingresos dependen particularmente, del consumo (en franca caída) y del Estado. Más de la mitad de nuestro presupuesto proviene de transferencias del Estado y de la Unión Europea. Ningún modelo de financiación suplirá las deficiencias de nuestro modelo económico, dependiente y especulativo. El que se acaba de aprobar solo es el final de un ciclo que nos debe forzar a un cambio acelerado de modelo económico.