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domingo, 26 de septiembre de 2010

El 29-S vamos de Huelga

Esta es la Editorial de Paralelo36 respecto a la convocatoria de Huelga General, que suscribo completamente:

Las crisis son como las enfermedades: lo importante no es cómo se entra, sino cómo se sale. Al inicio de esta ya larga enfermedad que padecemos lo inteligente hubiera sido analizar las causas que la provocaron, aplicar el tratamiento a los órganos afectados y modificar los hábitos de conducta del paciente. Pero no. Los médicos de bata gris que nos atienden han decretado que la mejor receta es reducir salarios y derechos.


De esta crisis saldremos más pobres y más de derechas. O sea, más pobres durante más tiempo. Y ya es mala suerte la de Andalucía porque lleva décadas y décadas ofreciendo a los mercados mano de obra barata y suelo abundante, sin encontrar más contrapartida que una tasa elevada de paro y bajos salarios. Pues bien, ahora que empezaba a abrirse camino la idea de que competir en los mercados a base de bajar el precio de la mano de obra era una antigualla insostenible, que lo importante era rivalizar en innovación, investigación y nuevas fuentes energéticas se produce un violento giro ante el que asienten los sectores más decimonónicos: más facilidad para el despido, menos convenios, menos derechos.

Cualquiera diría que los costes excesivos del despido, acogotan a los empresarios españoles. Pero es mejor ver los datos: durante los años 2008 y 2009 han sido despedidos en Andalucía algo más de 330 mil trabajadores. El ochenta y cinco por ciento de ellos recibieron el mínimo posible de indemnización, es decir, menos de ocho días por años trabajado. En cuanto a las indemnizaciones máximas de cuarenta y cinco días por año (presentadas como un lujo asiático de nuestro mercado laboral), solo las obtuvieron un dos por ciento de los trabajadores después de haber acreditado por vía judicial que el despido era completamente arbitrario e improcedente.
El gran problema del mercado laboral no es el despido sino la precariedad. No se pueden ofrecer productos ni servicios de calidad con unas plantillas mal pagadas que se renuevan antes de comprender siquiera el proceso de trabajo. Hagan la prueba llamando a cualquier servicio de sus proveedores.
Pero, si el problema económico real, no son los salarios ni los despidos ¿por qué se ha cargado con dureza contra ellos? Algunos teóricos hablan del “desempoderamiento” de los trabajadores en el mundo productivo, donde han pasado de ser un actor central a un factor marginal sin voz propia. Claro que este desempoderamiento comenzó hace tiempo cuando la sociedad aceptó, implícitamente, que los jóvenes entraran al mercado laboral en condiciones muy inferiores a las que lo hicieron sus mayores. El mileurismo y los contratos temporales han sido el caballo de Troya sobre el que los sindicatos no han sabido cabalgar.

El mundo de la cultura habla de desempoderamiento de la ciudadanía porque, despojados del control de los mercados, las personas nos convertimos en simples consumidores. O dicho en otros términos, en los momentos decisivos en que los gobernantes deben elegir entre los mercados y la democracia, se han rendido sin librar siquiera batalla. Aunque Zapatero quiera presentar estas medidas como ajustes imprescindibles, en aras de las cuales está dispuesto a inmolarse, no son más que la expresión de una derrota que lanza un aviso inconfundible al cuerpo social: ¡Sálvese quien pueda!
Se discute si la huelga del próximo miércoles será un éxito o un fracaso de los sindicatos, y hay quienes afilan sus cuchillos para acabar con el último resto de organización de los trabajadores. Pero, quizá, habría que preguntarse por el papel de la ciudadanía. Si preferimos una sociedad que, ante el recorte de derechos, se organiza, protesta y defiende otras alternativas o, si por el contrario, es mejor un modelo social en el que la queja se dirige a cualquier objetivo –inmigrantes, vecinos, mujeres, políticas sociales- antes que contra los poderosos. A fin de cuentas, saber exigir es también una lección de ciudadanía.
El Consejo de Redacción de Paralelo36 apoya la huelga general y hace un llamamiento a que los andaluces y las andaluzas participemos activamente en ella el día 29 de septiembre, secundando así la convocatoria de los sindicatos.

lunes, 2 de marzo de 2009

Entrevista al maestro



Desde hace algunos días preparo una entrevista con Juan Carlos Rodríguez para su publicación en el próximo número de la revista de pensamiento político andaluz Paralelo36. Como proyecto interesado de forma especial en la teoría, nos resultaba esencial poder publicar una extensa conversación con el que es, en mi opinión, el teórico más importante de nuestro país no solo de literatura, sino de todos los campos relacionados con la producción ideológica y cultural.
Muchas personas no lo conocen. No es un habitual de los medios de comunicación, ni ha aprovechado su condición de crítico al sistema para ocupar alguno de los pequeños nichos culturales que se reservan como prueba de la democracia y de la pluralidad de pensamiento de nuestros aparatos culturales.
La crítica de Juan Carlos Rodríguez es completa y compleja. Conoce los mecanismos de dominación y de elaboración cultural y sabe que su funcionamiento no es simplista, ni ajeno, que no basta tomar postura política a favor de la izquierda para escapar de la ideología dominante y que, en sentido contrario, la historicidad de cualquier texto literario y sus contradicciones, puede abrir grietas y hendiduras en el propio sistema.
“Si no existieran contradicciones –nos dice- no tendríamos siquiera la necesidad de escribir”.
Mantiene Juan Carlos Rodríguez, y perdonad la simplificación, que existen resquicios para quebrantar la norma literaria y cultural, para una resistencia o, al menos para una transgresión. No lo dudo, pero las muestras de esta cultura crítica son cada vez más reducidas y escasas, aunque en apariencia la libertad de los creadores es hoy mucho mayor que en años o en siglos pasados. La literatura se refugia en el pasado y en las certezas antiguas, se acomoda al entretenimiento sin ninguna reserva, se convierte en mercancía o en añoranza, recuenta su propia historia como si no existiera la realidad, ni el presente ni el futuro.
Tendré que preguntarle por todo esto. Y sigo preparando la entrevista, con la inseguridad que da el entrevistar al maestro, el que nos decía que lo importante es pensar en las preguntas antes de todas las preguntas.