jueves, 22 de agosto de 2013

DESALMADOS SIN FRONTERAS

Publicado en el País Andalucía 

   Tenemos tan cansada la indignación que debemos inventar otros conceptos antes de que lleguemos a la conclusión de que todo es inútil, nefasto, ingobernable, irresoluble.

   No han comprendido nada. No han aprendido nada. Creen que hay dos tipos de leyes y dos tipos de artículos constitucionales. Los que afectan a los derechos de los más poderosos y los que hablan del interés de los de abajo. La Constitución habla del derecho a la propiedad, pero un poco más adelante establece que “toda la riqueza del país en sus distintas formas, sea cual fuese su titularidad, está subordinada al interés general” y, por supuesto, esto último les parece deleznable.

   Aunque el PP se había abstenido en el Parlamento de Andalucía, aunque había declarado que era una ley propagandística y sin incidencia, Mariano Rajoy ha sacado tiempo para interponer un recurso de inconstitucionalidad contra el decreto antidesahucios de la Junta y exigir su paralización inmediata. No van a consentir la expropiación temporal de viviendas a los bancos ni el gravamen a las entidades que tengan viviendas sin sacarlas al mercado.

   Estas últimas semanas nos han ofrecido una verdadera sinfonía de insensibilidad social. La Comisión Europea y el Banco Central han afirmado que el decreto andaluz reduce “el apetito de los inversores por los activos inmobiliarios españoles”. Reconocen que los dichosos mercados son seres monstruosos y pantagruélicos cuya ansia devoradora hay que alimentar cuidadosamente por los Estados. Nos enteramos de que no basta con haberles ofrecido a los bancos más de 40.000 millones detraídos de nuestro sudor y recortes, sino que además, hay que garantizarles que puedan seguir devorando las entrañas de la Unión Europea, colocando títulos en el mercado y protegiendo sus ganancias. Si esa es la Europa que nos ofrecen, mejor no pertenecer a ese club de adoradores del euro y de los inversores alemanes.

   El PP no pierde ocasión de bloquear al Gobierno andaluz. La mayoría absoluta que no ganaron en las urnas pretenden alcanzarla a través del Tribunal Constitucional. Dentro de algunos años se preguntarán por qué no han conseguido todavía gobernar en Andalucía, pues vayan anotando las razones. Ni siquiera han tenido reparo en dejar en ridículo a su líder andaluz, el señor Juan Ignacio Zoido, quien afirmó que no tenían intención de recurrir al Tribunal Constitucional. El hecho de confrontarse con medidas como la subasta de medicamentos o el decreto antidesahucios, acogidos con esperanza por la mayoría de los andaluces, los coloca fuera del tablero político andaluz. Tan solo el vergonzoso escándalo de los ERE los mantiene con respiración asistida.

   Cada votación perdida en Andalucía, cada medida que no es de su agrado, es torpedeada con artillería pesada desde Madrid. A este paso, el Gobierno de Rajoy va a convertir al Tribunal Constitucional en la segunda cámara de Andalucía. Según el recurso del Gobierno, las autonomías no pueden regular absolutamente nada sin que el Estado previamente lo haya autorizado, lo que equivale a anular su existencia. Han retornado al ideal político de la más rancia derecha española: el centralismo más feroz que hoy cuenta con nuevos aliados como esa UPyD que pinta de rosa el regreso al pasado.

   Han olvidado que el telón de fondo es una población empobrecida, con graves problemas sociales; personas que sin el decreto se encuentran más solos y desasistidos, expulsados de su vivienda sin un techo que los cobije. Han olvidado que la función de todo gobierno y de toda institución democrática es velar por el interés general que, en este caso, está identificado con la finalidad del decreto antidesahucios.

   Cuando se posicionan tan claramente contra el interés general, las instituciones se convierten en entes desalmados hostiles a la ciudadanía. Si lo que quieren demostrar es que no se pueden hacer cambios a favor de los más desfavorecidos; si lo que quieren escenificar es que los privilegios de bancos, farmacéuticas y poderosos, son intocables, lo están haciendo perfecto. Pero si tuvieran el sentido común más elemental deberían pensar si cegando cualquier esperanza, no están regando con gasolina las calles.
@conchacaballer

SALUDOS AL MÓDULO TRES


Publicado en El País Andalucía

   Tengo la impresión de vivir en un plató gigantesco. En el backstageunos guionistas locos dibujan en sus pizarras un entramado cada vez más intrincado de personajes, entradas y salidas, tramas y desenlaces.
Durante la crisis norteamericana de los años 30 el refugio de los pobres era el cine. Por unos centavos se obtenía un pasaporte de salida de la triste realidad. Las plumas y los decorados les hacían olvidar su miserable situación y las historias de amor les confirmaban que los pobres eran buenos y que el amor salvaría sus vidas.

   Ahora ni falta que nos hace ir al cine. Nos sirven directamente el espectáculo a domicilio, sin IVA cultural ni nada. Y nuestras vidas se pueblan de nombres que hasta ayer no conocíamos, de paseíllos judiciales, de fraudes millonarios, de fugaces entradas a la cárcel.

   La vida real, los personajes sufrientes de la crisis no tienen importancia. Las personas paradas, los que ya no tienen ninguna ayuda social, los expulsados de la ley de dependencia, el caudal de emigración soterrado, no son historias que llamen la atención de los directores de escena. Las leyes no escritas de la información los condenan: son demasiados rostros, demasiadas historias, demasiado comunes, demasiado vulgares. En suma, lo peor que informativamente se puede ser: multitud.

   ¿Qué es el sufrimiento de un parado frente al martirio con el que la Casa Real vive el caso Nóos? ¿Qué dependiente tiene la prestancia de una tonadillera, un miembro de la Casa Real, un político de alto rango o un empresario defraudador? No hay color. Por eso, aunque la verdad histórica se trastoque, el espectáculo continúa y el público bufa con la aparición de cada nuevo personaje, de cada nueva imputación o sentencia.

   Las resoluciones, sentencias y actuaciones judiciales van marcando hitos en este espectáculo. Su falta de uniformidad las hace tremendamente entretenidas. El empresario “modelo”, Amancio Ortega ha sido condenado a pagar 33 millones a Hacienda pero los jueces aprecian que no ha habido “fraude, ocultamiento o simulación” solo, imagino, capacidad de ahorro fiscal. En otros casos es el propio juez el que resulta expedientado, como Elpidio José Silva por “absoluta y falta manifiesta de motivación” en las resoluciones judiciales que llevaron fugazmente al banquero Miguel Blesa a la cárcel. Con este expediente se pone fin a la aventura islandesa de encarcelar a un banquero español. El primero que pisaba una cárcel tras la aventura equinoccial de Mario Conde, que hoy nos castiga con su canal Intereconomía.

   En el caso Gürtel y Bárcenas se desestima, hasta el momento, tomar declaración a la cúpula del Partido Popular para que aclare contratos y sobresueldos. En Andalucía, sin embargo, la juez Alaya imputa de una tacada a veinte ex altos cargos, tirando del organigrama de varias consejerías. Esta variedad de actuaciones da color a nuestra vida mediática, a una realidad virtual que intenta explicar en clave personal el origen de una crisis económica en vez del fracaso completo de un modelo de desarrollo y de una estructura institucional que le rendía pleitesía.

   Según su relato, saldremos de la crisis perdiendo nuestro capital de derechos, atentos a la vuelta de las golondrinas del pasado y con unas cuantas imputaciones que, en su mayor parte, no llegarán a nada. Al igual que Isabel Pantoja llena hoy las salas mucho más que antes de su condena, los viejos poderes esperan una gran cosecha de aplausos cuando el vendaval amaine. A fin de cuentas no se están cambiando las leyes ni el modelo económico del que surgió esta podredumbre.

   Mientras tanto, algunos personajes secundarios nos ofrecen los mejores momentos: dos reclusos de la prisión de Soto del Real que han compartido el patio con Bárcenas afirman que es “es el puto amo”, “tiene ropa, tiene dinero, tiene de todo… muy buena gente”. Guerrero, por su parte, tampoco olvida a sus compañeros de prisión: “Saludos para el módulo tres. Hay muy buena gente allí”. Habilidades sociales carcelarias. Sonrisa del público. Se nos pone cara de idiotas.
@conchacaballer

MIÉNTEME MUCHO


Publicado en ANDALUCES DIARIO 



    España es el país en el que se lleva la mentira con la cabeza más alta. Será nuestra historia. Será que desde pequeños nos predisponen a ser condescendientes con la mentira y obtenemos sobresueldos de seres mitológicos e inexistentes.
 
   La adolescencia nos hace amar la sinceridad y rechazar airadamente la falta de autenticidad de nuestras relaciones. Es el único momento en el que cultivamos, como flor extraña, un pequeño brote de amor a la verdad. Pero nuestro alrededor ve esta flor como una amenaza, una rebeldía sin futuro y nos reclama abandonar tan peligrosa ingenuidad. El resultado es que esa extraña flor se agosta antes incluso de haber florecido.
 
   A los veinte años, en general, ya han conseguido un ser humano cínico, convenenciero que, si bien no tiene por qué ser en sentido estricto malo, sí posee la dosis suficiente de sentido común para cerrar los ojos ante las injusticias y aceptar una red doméstica de pequeñas o grandes mentiras.
 
 
   El que no miente o el que no transige con el engaño, es una amenaza. Aunque guarde silencio, aunque su integridad sea sólo un vicio solitario, su presencia es molesta, su falta de asentimiento, un reproche mudo. El castigo más común es una parada brusca en sus posibilidades de promoción. Nadie le explicará nunca las razones, pero encontrará un muro infranqueable que solo deja paso a los que están en el secreto de esa madurez sutilmente corrupta.
 
   No es “cultura del esfuerzo” lo que ha faltado en nuestra sociedad. No. El chaval que abandonaba la escuela, se mataba a trabajar en la construcción. El banquero, político, constructor que obtuvo sus ganancias de forma ilícita, trabajaba duro para comprar amistades, ganar influencias, diseñar arquitecturas de contrabando. Lo que ha faltado no es “cultura del esfuerzo” sino “cultura de respeto a la verdad” y al bien común.
 
   Lo peor de las viejas tradiciones se las arregla para sobrevivir a todos los cambios históricos. Y en España, la falta de respeto a la verdad, el desprecio al bien común, el culto a la apariencia y la veneración a los poderosos se superpuso a la frágil democracia y a los nuevos valores que deberían haberla sustentado. Digamos que el fascismo no murió a manos de los valores democráticos, sino por el brillo del turismo internacional, la nueva capacidad de compra de las clases populares y el aumento del nivel de vida.
 
   Y así hemos llegado hasta aquí, a este rompeolas de todos los vicios, donde quedan al descubierto infinitas patrañas, añagazas, líos, comisiones, cuentas opacas y sobresueldos. El caso Bárcenas es hoy el mejor exponente del triunfo de la mentira, el disimulo y las apariencias. Los dirigentes del PP que exhortan al sacrificio, a “la cultura del esfuerzo”, a la reducción del gasto público, recibían en pago por estos desvelos, cajas de puros rellenas de billetes de amigables constructores, cenas por el precio de un salario mileurista, o regalos de esa marca de la ignominia que es llevar colgado en la muñeca un reloj, unas joyas o una indumentaria que valen lo que la vivienda de un pobre.
 
   Desde Mariano Rajoy hasta Zoido, todos han recibido escandalosos sobresueldos que provenían de estas donaciones ilegales que se agradecían presuntamente con una lluvia fina de contratos públicos, de sobreprecio de servicios públicos, de información y trato privilegiado. Y no digamos el inefable Arenas, en el centro del terremoto barceniano.
 
   Esta semana, dicen, que ha sido la más amarga para el PP, la más turbulenta para Mariano Rajoy.  Pero él ha comprendido la entraña convenenciera de este país, su carácter novelero e inconstante. Calculan que las noticias, por muy escandalosas que sean, se agotarán en unas semanas; el dinero, sin embargo, es más perdurable.  Bastará con agitar convenientemente el cóctel de la corrupción porque cuando todo el mundo es culpable, nadie lo es.
 
   La prensa internacional se lleva las manos a la cabeza. ¿Qué clase de país es ese –se preguntan-  que no castiga la mentira ni exige explicaciones a sus dirigentes? Pues simplemente un país con miedo, con escasa cultura democrática y poder de la ciudadanía. Hasta el momento.

LA DECISIÓN DE GRIÑÁN

Publicado en ANDALUCES DIARIO

   Me da cierto pudor escribir sobre personas a las que aprecio. Ante todo está la verdad y el cariño es una tela a veces sutil que puede desdibujar la realidad.  Hice amistad con Pepe Griñán cuando estábamos en plena redacción del nuevo Estatuto de Autonomía.  Las discusiones eran frecuentes y los desacuerdos numerosos. Pero él tenía verdadera pasión por el debate de las ideas e irrumpía en mi despacho cargado de papeles, con nuevos argumentos y redacciones que intentaban conciliar propuestas.
Acostumbrada a un ejercicio del poder propio y ajeno que apenas resistía la divergencia, y que acostumbraba a entonar la frase de la reina de Alicia en el País de las Maravillas, “que le corten la cabeza” a cualquier asomo de discrepancia, me pareció fascinante la integridad democrática de este personaje, amante del debate, enamorado de la controversia documentada, que compartía la honradez intelectual por los hechos.

   Me sorprendió su ascenso a Presidente de la Junta de Andalucía. Pepe nunca había formado parte del núcleo de dirección;  no conocía las entrañas del poder de su propia organización y era de una inocencia sorprendente en materia de aparatos internos. Durante un tiempo lo vi perdido, sorprendido por las luchas de poder de su propia organización, hasta que consiguió una cuota de poder real, arrancada a duras penas de una organización dividida.

   Le ha tocado la etapa más difícil de la historia reciente de Andalucía, con una crisis galopante, las arcas vacías, el modelo económico ruinoso y el crédito político casi agotado por la corrupción y la desconfianza ciudadana. Griñán emprendió una revisión seria de su pensamiento. No es que se haya radicalizado, ni abandonado sus viejas convicciones socialdemócratas, sino que es muy consciente de que en una fase en la que los poderes económicos aniquilan el sueño del estado del bienestar, es necesario afirmar la supremacía de la política, construir un discurso fuerte y potente del socialismo democrático alejado de las terceras vías que han dejado fuera de juego a gran parte de los partidos socialistas europeos.
Con este equipaje, se embarcó con ilusión en unas elecciones autonómicas separadas que casi todos sus compañeros daban por perdidas. Asumió  el costo político del caso de los ERES, esa mancha infame de corrupción que se gestó cuando él ni siquiera estaba en Andalucía. No consiguió que el PSOE fuese la lista más votada, pero sí los escaños suficientes para gobernar en una alianza con IU que le resulta cómoda, no por falta de exigencias, sino por una amplia coincidencia ideológica.

   Sin que entrara en sus cálculos, se ha convertido en la voz más poderosa del PSOE en la actualidad. En un escenario de derrota, en un desierto político, lo que haga y piense Andalucía es absolutamente determinante en el PSOE. Pero en el PSOE no ocurre nada. Rubalcaba administra el tiempo como si fuese eterno. Sabe perfectamente que la renovación es ya una necesidad acuciante, pero no está dispuesto a abrir el debate sucesorio bajo la hegemonía andaluza. Mientras encuesta tras encuesta, se derrumba la intención de voto al PSOE, su cúpula dirigente no despierta de su sueño eterno y su nostalgia de pasado.

   Ahora Pepe Griñán anuncia que no se presentará a la reelección. Y lo hace con una prisa inusitada, con un calendario apretado, con una determinación sin asomo de duda. ¿Qué ha pasado, o qué no ha pasado para que haga este anuncio en una situación política relativamente tranquila en Andalucía, con un PP descabezado  y ausente? Seguramente no vamos a saberlo. Es posible que intente forzar el proceso de renovación del PSOE;   es probable que esté cansado de las viejas artimañas que apenas se disimulan.

   Ha afirmado que los nuevos tiempos necesitan nuevas políticas y que las recetas del pasado, aunque fuesen en su momento exitosas, ya no servirán para el futuro. Y creo que da en el clavo. Hacen falta nuevas voces y proyectos. Los tiempos del desarrollismo y de la política jerárquica se han acabado. Ha hablado un lenguaje de renovación que el PSOE nunca quiso aceptar: limitación de mandatos, control ciudadano de las acciones públicas, un discurso sereno y racional dirigido a la ciudadanía, que no a la vieja guardia. Y me asalta la duda de si la renuncia es el impuesto que tienen que pagar los justos para abrir espacio a sus ideas.

ESPAÑOLIZAR EL GUADALQUIVIR

Publicado en AndalucesDiario 

   !Qué mala suerte tenemos los andaluces! Más tarde o más pronto lo que es nuestro, acaba siendo suyo porque España es una ficción que no existe sin Andalucía. Cuando tuvieron que construir una identidad cultural, tomaron cuatro tópicos andaluces y los envolvieron en la bandera española. Voilá,  Spain is different!

   Lo de ser universales -¡ay querido Juan Ramón!-, tiene estos inconvenientes. Que entran a saco en nuestra despensa y se apropian de nuestros bienes más queridos. Para legalizar esta apropiación cultural nos ningunean, nos presentan como una tierra desprovista de identidad, sin perfiles claros, sin aportaciones interesantes.

   Si la mayor parte de los escritores de la generación del 27 hubiesen nacido en Cataluña, en vez de en Andalucía, se llamarían la renaixença catalana, pero como lo hicieron aquí llevan una cifra, un año de matriculación, ni una sola pista de su impronta andaluza. Aquí lo sobrellevamos como podemos. Con cierta alegría cuando subliman nuestros logros, con fastidio cuando nos ningunean, con enfado creciente cuando nos menosprecian.

   Ahora, con la marca España bajo mínimos, han decidido españolizar el Guadalquivir. En Cataluña quieren españolizar infantes, aquí nuestro río. La cosa es españolizar y dar pábulo a esa patraña de que las autonomías son una fuente de problemas, de gasto innecesario y de mala gestión.

   Los argumentos racionales no importan en este caso. De nada vale decir que el Guadalquivir transcurre casi íntegramente por Andalucía, que las escasas colas fuera de la comunidad son en el ciclo alto del río y que por lo tanto no pueden ser afectadas por las actuaciones que hagamos en el sur. Tampoco han tenido en consideración que nadie, ni el Estatuto de Andalucía, ha negado una gestión general del ciclo del agua, ni de la cuenca hidrográfica del Guadalquivir. Que Andalucía no solo respeta estos principios, sino que los defiende y colabora con ellos. El Tribunal Constitucional, por una cuestión de simetría, tachó la declaración nacional de Cataluña de su Estatuto y anuló el traspaso del Guadalquivir, sin miramientos.
El último capítulo de este sainete se ha producido en el Congreso de los diputados donde una proposición aprobada por unanimidad en el Parlamento de Andalucía reclamaba, no ya la titularidad del río ni las competencias plenas, sino la pura gestión o cogestión de nuestro río. La respuesta ha sido un rotundo NO que cierra la última puerta posible y sometería  a un ridículo espectacular al PP Andaluz, en el caso de que existiera.

   O dicho con otras palabras, que podemos gestionar la educación o el sistema sanitario, podemos tomar decisiones sobre la formación y la vida de los andaluces, pero no podemos autorizar un pozo, aprovechar un salto hidraúlico o regular el aprovechamiento de unas riberas. El Guadalquivir es español, de la Confederación, de los federales con la chapa en la solapa, de Aznar que tanto se queja de la desmembración de España, de Esperanza Aguirre que sueña con devolver las competencias autonómicas, de Rosa Diez que combina tan bien el rosa y el tricornio de los viejos tiempos. Todo menos andaluz, esa anomalía histórica donde la derecha no desemboca, como diría el poeta.

   Lorca estaba equivocado. Es posible que el Guadalquivir vaya entre naranjos y olivos, pero sus papeles legales, sus procedimientos de autorización y sancionadores, van por la estepa castellana.  Es un gran río, un motor económico, una fuente de riqueza que no puede quedar en manos andaluzas. Toda una metáfora del nuevo centralismo que nos acecha.

HAY QUE ECHAR A LOS ODIOSOS INVITADOS




   Desde que comenzó la crisis, nuestras casas se han empobrecido pero a nuestra mesa acuden diariamente la Comisión Europea, los hombres de negro de la troika y un representante del Gobierno.  Nos miran con desdén. Cuchichean entre ellos. Se entrecruzan miradas de complicidad.
Mientras comemos o comentamos las últimas notas del niño en el colegio, manifiestan su total desaprobación con nuestras vidas. “Demasiado gasto”, susurran. “Excesivos salarios”, argumentan. “Muchos subsidios”, concluyen.  Toman apresuradas notas y a la semana siguiente se habrá volatilizado algún servicio y alguno de nuestros derechos.

   Nos tienen realmente hartos de sus exigencias, de sus malos modales, de la superioridad con que contemplan nuestras vidas.  Su ritmo de recortes es tan bestial que no nos da tiempo siquiera a comentarlos con detenimiento. Tasas, recortes de salarios, supresión de derechos, pagos y repagos, cierres de servicios se amontonan sobre nuestras espaldas.

   Hace mal tiempo y mal gobierno. Porque está ahí, como un nubarrón estático en el cielo, amenazante ante cualquier rayo de esperanza. Nunca habíamos estado tan cansados.  Nunca un año y medio de gobierno se nos había hecho tan largo. Tras la pesadilla de los viernes, en los que escriben en el BOE nuestras futuras desdichas, los odiosos invitados acuden nuevamente a nuestra mesa, repiten sus gestos de reprobación e idean nuevas formas de exprimir nuestras vidas.

   La pesadilla se ha hecho tan recurrente que todo el mundo busca un pequeño asidero al que agarrarse. Y ahora se llama Andalucía. Una tierra plagada de problemas, con un paro estremecedor, con graves problemas en su estructura económica, es ahora sin embargo una pequeña esperanza política. La desconfianza secular de gran parte de los andaluces en la derecha política, le negó al PP la mayoría absoluta que hubiera culminado su poder omnímodo en las instituciones. Esta tierra conocía los recortes antes de que se produjeran,  barruntó las privatizaciones de servicios que todavía estaban celosamente escondidas en los cajones y receló de las reformas agazapadas en los papeles de la FAES, sobre el regazo de Aznar.  Andalucía buscó un contrapunto, una defensa ante los tiempos hostiles que se avecinaban.
Está a la espera. Tras un año especialmente duro, en el que el Gobierno andaluz ha empleado más energía en la defensa que en la propuesta, empiezan a aparecer algunos decretos sobre pobreza, desahucios o paro juvenil.  Son medidas modestas que no van a solucionar los graves problemas de nuestra tierra. Han resultado tan llamativas porque son las únicas normativas que, en mucho tiempo, dan algo a los de abajo, ofrecen derechos en vez de suprimirlos, o buscan empleo en vez del desprestigio del parado.
La crisis tiene su letra pequeña,  su código de señales, sus centros de experimentación. Valencia ha sido la avanzadilla de la privatización sanitaria, Madrid del desprestigio de los servicios públicos, Baleares del trato desigual a los emigrantes. Las cosas que ocurren allí no son concebibles en nuestra tierra. Ningún sanitario retiraría una prótesis a un enfermo por falta de pago; ningún médico se negaría a hacer pruebas médicas a un inmigrante, causándole la muerte; ningún sector aprobaría la privatización de los hospitales públicos y que la enseñanza privada fuese mayoritaria. No es el gobierno, es el pueblo quien no comparte esas claves. O dicho de otra manera, en Andalucía hay un gobierno diferente porque el pueblo, contra todo pronóstico, pidió una política distinta.

   Por eso Andalucía puede ser un banco de pruebas de una política de rostro humano, de carácter ciudadano, de vinculación democrática. Nada de estridencias ni de sonsonetes falsos. Sacar lo mejor de la sociedad, alimentar nuevos proyectos, aprovechar experiencias y fomentar la cultura de la cooperación. Para este camino, sobran los miedos y los viejos vicios del poder. Falta apertura, confianza y decisión. Y mandar a paseo a los hombres de negro, de gris y de azul que se han adueñado de nuestro salón.
  

lunes, 1 de julio de 2013

GRIÑÁN AGITA TODAS LAS AGUAS


Publicado en El País de Andalucía

   José Antonio Griñán anuncia que no se presentará a la reelección y provoca un terremoto en la política andaluza y estatal. Mientras la crisis arrecia y la ciudadanía consume sus últimas energías de indignación, nos estábamos acostumbrando a un tranquilo escenario institucional. En Madrid, la mayoría absoluta del PP garantiza votaciones mayoritarias de proyectos rechazados en la calle; en Andalucía, el gobierno bipartito garantiza una estabilidad institucional con un proyecto que pinta de rojo algunas rayas en el horizonte profundamente azul. En las instituciones, el naufragio de la política es lento. El PP se desangra y alimenta una rueda de recambio llamada UPyD. De forma incomprensible, el PSOE sigue perdiendo votantes, traspasados a IU o a la abstención más enfadada. Los primeros confían en que la crisis amaine, los segundos en que el pueblo vuelva a confiar en ellos por arte de magia. Incluso entonan algún baile atrevido de acuerdos institucionales en los grandes temas de Estado.

   La decisión de Griñán viene a poner en crisis este modelo, ese dolce far niente, esa nostalgia de que el pasado retorne, como las golondrinas, cuando las flechas macroeconómicas apunten hacia arriba, acallen la indignación y el bipartidismo reverdezca. Porque Griñán ha anunciado la muerte del pasado, el no retorno de los viejos tiempos, de sus políticos y de los modelos económicos. Y lo ha hecho inmolándose en la pira por pura cuestión de edad.

   Lo llevaba en absoluto secreto pero con una férrea determinación. Su decisión tiene efectos colaterales de todos los colores. El PP ha hecho el análisis previsto: Griñán se marcha por el caso de los ERE. Por simple razón electoral, el PP había convertido al presidente andaluz en la cabeza de turco del fraude, aunque la más elemental aritmética cronológica lo desmiente. De hecho, ni siquiera estaba en Andalucía mientras la trama empezaba sus andanzas. El caso de los ERE ha sido, sin duda, un sambenito del que Griñán no ha podido desprenderse, porque aunque no es suyo, es de los suyos. Pero no es la causa principal de su renuncia, aunque si una de sus razones. Sin embargo, la decisión de Griñán fuerza al PP de Andalucía a aclarar con rapidez su liderazgo y su proyecto.

   Por lo que respecta al IU, ha sido más que evidente su incomodidad con esta decisión. Nada le viene mejor a esta formación que esta transfusión lenta de votos sin riesgo alguno. Acaban de renovar su dirección y de elegir a Antonio Maíllo nuevo coordinador. Pero ahora la apuesta se queda corta. No basta con presentar un perfil más amable. Si quieren jugar en el terreno de la renovación tendrán que apostar mucho más fuerte por la apertura, las primarias, la autonomía del proyecto de IU respecto al Partido Comunista de Andalucía así como alguna asignatura incomprensiblemente pendiente, como el inexistente papel de las mujeres en esta formación.

   Pero el efecto más visible del terremoto Griñán es sobre el PSOE estatal, donde Rubalcaba administra los tiempos a paso de tortuga y se mantienen las líneas de fidelidades antiguas, de discursos oscilantes entre la oposición y la colaboración, y el temor a los cambios.

   Cuanto más se empeñan en afirmar que la decisión de Griñán “no alterará ni el calendario ni la agenda política prevista”, más claro parece que ha dado en la diana de una mayoría silenciosa o silenciada del PSOE. Es fácil agrupar las declaraciones de los líderes socialistas en racimos identificables: Rubalcaba, Chaves, Alfonso Guerra o el singular Rodríguez de la Borbolla han torcido el gesto ante el proceso andaluz. Frente a su evidente irritación, son fáciles de contraponer las sonrisas de Carme Chacón o de José María Barreda o la fruición con la que muchos militantes de base del PSOE citan las palabras de Griñán sobre la regeneración política, la celebración de primarias, la limitación de mandatos o el relevo generacional. Un toque de autocrítica hacia la trayectoria política del PSOE escrita con la piel de un presidente que tiene muchos años, pero que quizá ha olfateado los nuevos tiempos.
@conchacaballer

EL NOMBRE BUENO DE LAS COSAS MALAS


Publicado en el País de Andalucía

 “Cuando quieran hacer algo malo, busquen un nombre bueno”, es el consejo de los expertos internacionales en comunicación.Y el ministro de Educación, José Ignacio Wert, lo ha tomado al pie de la letra. Ha cambiado el término exclusión por excelencia y lo ha dirigido como una bomba de relojería contra los estudiantes sin recursos económicos. Ha empleado la palabra “pobre” con profusión, “excelencia” con delectación y ha acusado a Andalucía de tener demasiados estudiantes sin recursos en la Universidad. Para finalizar ha afirmado que está dispuesto a ser duro con los pobres por que “cuando se recibe dinero público, es lógico pedir un esfuerzo extraordinario”.
 
   La ideología de la derecha es muy hábil en hacer creer a la clase media, que hay una horda de holgazanes viviendo a nuestra cuenta. Es una vieja estrategia de tensión y de confrontación que intenta servir de válvula de escape a unas clases medias cada vez más empobrecidas por la crisis. Por eso, es muy importante que la verdadera información y que la pedagogía nos ayuden a separar los argumentos ficticios de los reales.

   Antes de que ningún lector se apunte a las tesis de Wert es conveniente conocer la realidad. La Universidad se sufraga fundamentalmente con dinero público. Dependiendo de la Comunidad, las tasas solo suponen entre el 15% y el 25% del coste total del servicio universitario. En Andalucía, al haber mantenido las tasas en su horquilla más baja, la subvención pública cubre el 85% del coste universitario en la primera matrícula. En consecuencia, no solamente están becados los “pobres” sino que la totalidad de los estudiantes universitarios disfrutan de una “beca” porque sus estudios son financiados con los impuestos de toda la ciudadanía. Curiosamente, el 80% de estos impuestos procede de trabajadores y, casi el 40% de cotizantes mileuristas. Por eso, todos los que hemos estudiado en la Universidad, incluido el ministro Wert, hemos sido becarios. Sin embargo, solo hablamos de control del dinero público y del esfuerzo para referirnos a los estudiantes a los que ofrecemos un pequeño plus en forma de beca oficial.
 
    Es más, cuando el ministerio niega ayudas públicas a un estudiante por haber suspendido alguna asignatura, no está defendiendo ningún criterio de excelencia de la educación universitaria. Simplemente lo condena a la exclusión mientras sigue regando con dinero público los estudios de su compañero de aulas que ha suspendido el curso completo.

   El término “excelencia” se ha convertido en el caballo de Troya de la exclusión social, en un arma arrojadiza contra los estudiantes sin recursos, mientras la verdadera excelencia universitaria se desangra por la fuga de cerebros jóvenes al extranjero o se guillotina con el recorte brutal a la investigación.

  Si alguien piensa que el debate sobre las becas solo atañe a las personas sin recursos algunos, se equivoca gravemente. En esta primera fase del proyecto educativo de la FAES, se trata de reducir a la mitad el número de alumnos sin recursos que pueblan las aulas universitarias, pero tras este ajuste, se pretende “adecuar las tasas universitarias a sus costes reales”, es decir, encarecer de forma exponencial el acceso a la Universidad.

   Aunque a las clases medias les guste pensar que su futuro está ligado a los sectores de mayor nivel adquisitivo, la realidad es que el empobrecimiento galopante y el recorte de los servicios públicos acabarán con ellas. De hecho, los precios de los másteres y estudios postgrado son ya un factor de selección económica, que no académica, del currículo de nuestros jóvenes. Por eso, el debate sobre la excelencia, planteado en estos términos, acabará siendo una trampa que devorará el modelo universitario. Esta medida es el primer paso para imponer nuevas restricciones, mayores tasas y privatizaciones de este servicio. Los que aplauden la retirada de becas, que vayan preparando cien o 200.000 euros para que estudien los jóvenes del futuro. Avisados estamos.

martes, 18 de junio de 2013

EXPULSADOS DE LA UNIVERSIDAD



 También lo puedes leer en El País Andalucía 

   No hay cifras totales. Vamos conociendo cifras parciales: 6.000 en Madrid, 4.500 entre Sevilla y Málaga, una cifra similar en Barcelona… Es posible que entre 50.000 y 70.000 estudiantes hayan sido expulsados de la Universidad este año porque su matrícula ha sido anulada. Un tajo brutal, una sangría de talentos, un golpe sin rostro a la igualdad de oportunidades en toda la cara
.
   Los servicios administrativos hicieron su trabajo. Un buen día, un estudiante de Medicina, de Derecho o de cualquier otra especialidad intentó entrar con su clave en la web del centro y ya no respondía. Su facultad ya no les pertenece e inician un peregrinaje por los departamentos y la secretaría del centro. Algunos profesores prestan el dinero de la matrícula. Otros prometen guardar exámenes, buscar fórmulas para que sigan en las aulas. Alguno escribe un alegato en el que las palabras sucias tienen justificación plena: “Esto es una puta mierda”.

   Las palabras “anulación de matrícula” tienen un nuevo contenido. Antes se debía a un cambio de planes del alumnado pero las nuevas anulaciones son solo cuestión de dinero, money, pasta o parné. La matrícula se anula porque se le ha denegado al estudiante la beca solicitada o porque fraccionó el pago y ahora no tiene efectivo para pagar el siguiente plazo. Hace unos meses una de mis alumnas brillantísimas, que cursaba con excelentes resultados su carrera, ha abandonado los estudios. Tenía una beca del Ministerio de Educación pero no le habían abonado ni un euro de la ayuda concedida y su familia no podía pagar el gasto de transporte, libros y material necesario. La hemos buscado sin éxito. El estigma económico es también muy difícil de llevar. Se sienten humillados y responsables.

   Esto no es el efecto de la crisis. No. Ningún país en su sano juicio sube las tasas universitarias, reduce las becas y malpaga sus ayudas en el momento más difícil para la ciudadanía. Esto es un efecto buscado, un cambio en el modelo universitario, un desmontaje a conciencia de cualquier atisbo de igualdad social junto a una equinoccial locura de reducir el número de estudiantes universitarios.

   El ministerio ha contestado con desprecio: “hay estudiantes que firman el examen en blanco y cobran la beca”. Una nueva y radical mentira de la factoría de ficción Wert, experta en desprestigiar lo público y justificar el clasismo más rotundo. Emplean la ironía para justificar la subida de notas necesaria para obtener ayudas: “Si sacaran matrículas de honor, no tendrían problemas para obtener becas”, argumentan desde un sentido común lleno de pasado, de involución y de sociedad añeja.

   Y es que aquí está el verdadero quid de la cuestión. Desde que existe la Universidad y la escuela, existen las becas. Los grandes señores, desde tiempo inmemorial becaban a aquellos hijos de las clases populares que fueran excepcionalmente inteligentes a cambio de que sus resultados fueran excelentes, sin tropiezo alguno. La diferencia entre una sociedad estamental, clasista y autoritaria y una sociedad democrática es la igualdad de oportunidades. Se supone que una sociedad democrática facilita el acceso a los estudios superiores y la cultura a los que menos tienen, cumpliendo unos requisitos razonables, pero no excepcionales.

   A Laura, una chica que está en tercero de grado, le han denegado la beca. Ha aprobado con buena nota 11 créditos de su curso, pero ha suspendido dos de ellos. Este simple tropiezo va a dar al traste con su vida. Por 1.000 euros se va a abrir un abismo entre ella y sus sueños.

   Espero, y más que esperar exijo, que en Andalucía, donde se cuestiona esta política educativa, el Gobierno y los rectores universitarios acuerden urgentemente una solución y estos miles de estudiantes expulsados por motivos económicos puedan volver a sus aulas. Porque esto no es excelencia, ni calidad, ni cultura del esfuerzo. Es simplemente un clasismo redivivo, una limpieza elitista de las aulas, un cambio de modelo social insoportable. Una puta mierda, con perdón. O mejor dicho, sin perdón.
@conchacaballer

INDIGNACIÓN TELEDIRIGIDA

También lo puedes leer en El País Andalucía 

   La indignación está tan promocionada que empieza a resultarme sospechosa. Y no me refiero a la que se expresa con las mareas reivindicativas, a las personas que expresan alternativas concretas bajo el esperanzador lema de “Sí, se puede”. Me refiero a esa indignación de salón, urbi et orbe que lanza dardos a diestro y siniestro, cultiva la desconfianza y destroza cualquier brizna de esperanza.
En un clima de corrupción económica y política realmente calamitoso, las noticias con más audiencia no son los capitales acumulados, ni la supresión de derechos. Son las menudencias escandalosas las que obtienen un éxito espectacular de audiencia. Cuanto más miserable y ruin es el hecho que se denuncia, más atrae nuestra atención: el precio de unos cubalibres, el gasto de un teléfono, el uso de un coche oficial o un correo privado del empalmado consorte.

   Tengo la sensación de que quieren dirigir mi indignación como se amaestra un caballo desbocado, colocando anteojeras que cierren su campo de visión y obligando a dar vueltas sobre un imaginario círculo.
Que sí. Que qué quieren que les diga. Que me parecen muy mal los cubatas del Congreso a tres euros. Que las fuerzas políticas han quedado como cagancho subiéndose a escondidas unas dietas por asistencia. Que ya he visto tropecientas mil veces el mismo reportaje sobre el aeropuerto de Castellón… Que es más que evidente que a la política en nuestro país le hace falta un terremoto de transparencia, de honradez y de sobriedad. Pero no van a convencerme de que los sueldos de los políticos y el gasto público hayan sido los responsables de la actual crisis, sencillamente porque no es verdad.

   Mi correo se inunda de datos falsos sobre el número de políticos en nuestro país. La campaña antipolítica no tiene fronteras, abarca desde la extrema derecha a la extrema izquierda con similares argumentos. No me cuentan, por ejemplo, que frente a 10.000 políticos que cobran salario público existen 13.000 profesores de religión pagados a nuestra costa. Tampoco me dicen que 30.000 profesores interinos han sido despedidos pero ni uno solo de religión aunque sus aulas están cada vez más despobladas ¿Es esto demagogia? Sin duda, pero es solo un ejemplo para jugar en la misma liga argumental. Tampoco me informan dónde han ido a parar los 40.000 millones que hemos dado a la banca arrancados directamente de nuestros recortes sociales. Claro. Como no se lo han gastado en cubatas a tres euros pues no tienen el mismo interés periodístico. Y es que en el mundo de la propaganda “menos es más”. Para que una noticia “venda” es preciso que sea familiar, reconocible y personalizada. Las grandes cifras, los grandes mangantes, carecen de historia, de rostro, de esa cotidianidad menuda con la que se alimenta nuestra domesticada indignación.

   El verdadero poder es anónimo y oculto. Realmente no estamos indignados contra él porque no podemos ver sus rostros. Nos han vendido un relato mucho más maniqueo y entretenido. Viendo el riesgo de incendio de la calle, han decidido echar a los leones a los representantes políticos. Muchos lo merecen, no digo que no, pero deben ir acompañados de sus promotores. Si la democracia se chamusca un poco, no les preocupa. Nunca les ha importado.

   Por eso la indignación contra el poder político es hoy un valor seguro. Hay quien se indigna incluso contra las causas justas y despotrican con ardor contra el minúsculo gasto en las escuelas de los programas de igualdad de género, los libros de texto gratuitos o contra la cooperación internacional. Da lo mismo.
No faltan motivos justos para la indignación pero, con excepción de los jóvenes que se han dado de bruces con la crisis, me sorprende la intensidad de este sentimiento. Muchos han pasado del conformismo más sumiso a la indignación más virulenta con la rapidez del rayo. No creo que sin un proceso reflexivo, de propuesta y de alternativa pueda construirse nada a lomos de este caballo. Porque con la misma fuerza que surge, se esfumará ante el primer brote verde del mismo podrido árbol.

@conchacaballer

domingo, 2 de junio de 2013

TIJERITAS, MOTOSIERRAS Y PAGA EXTRA

 
Puedes leerlo completo en EL PAÍS ANDALUCÍA 

   Pertenezco a una familia de antiguos propietarios de tierras arruinados, que desconocían el valor del dinero. Mi padre empezó a trabajar pasados los 40 años, forzado ya por las deudas. Nunca hubiese consentido vender un solo olivo de su pequeña hacienda familiar, pero el dinero le provocaba una fastidiosa mezcla de desdén y necesidad. Cuando cobraba la paga extraordinaria, nos congregaba en el salón y tiraba los billetes al techo. Los niños recogíamos los billetes y lo guardábamos junto con las muñecas, el fuerte de los vaqueros o el dinero falso del Monopoly. Horas después los devolvíamos a cambio de promesas falsas o porque el juego, simplemente, había terminado.

   El nombre de la paga extraordinaria delata nuestro origen de país sin derechos. Para los mayores era la paga del 18 de julio y de la cristianísima Navidad. Un pequeño obsequio con el que el poder mostraba su lado más amable. Solo la democracia dignificó este pago como parte del salario, lo aumentó y reguló. O al menos así lo creímos hasta que la crisis nos devolvió a los años 60.
Lo que creíamos parte de nuestros derechos laborales vuelve a ser una potestad graciosa y arbitraria del poder. Con un simple decreto —el más bajo rango normativo— se esfuma una parte importante del salario de los funcionarios, sin explicaciones ni transparencia alguna.
 
   Los empleados públicos han sido el juguete favorito de esta crisis. Tanto que ha habido competencia desleal para esquilmar sus retribuciones. La Administración andaluza decidió suprimir la mitad de la paga extra pero el Gobierno central se adelantó y la quitó por completo. La Junta de Andalucía se quedó con las tijeras al aire, sin material recortable. No hay sueldo para tanto Freddy Krueger.

   Nuevamente las palabras pueden ser muy engañosas. Al hablar de suprimir la “paga extraordinaria” ocultamos que se trata de un brutal descenso de salarios que alcanza más del 14% de las retribuciones anuales, sin contar el efecto de la congelación salarial, la subida del coste de la vida o de los impuestos que han vuelto a caer solo y exclusivamente sobre las rentas del trabajo. Las consecuencias de este sacrificio han sido contraer el consumo hasta límites catastróficos.

   Cuando Aznar reclama la bajada de los impuestos no es un estrafalario expresidente, es un dardo que ha dado de lleno en el malestar de las clases medias, empobrecidas, desorientadas, que se sienten indefensas ante la acción de los Gobiernos. Es sumamente hipócrita que el mayor defensor del austericidio venga ahora a proclamarse salvador de sus propias políticas, pero los procesos políticos no son justos ni bellos. Son simplemente un juego de fuerzas, de relatos y de transmisión de ideas.

   Por eso choca tanto que el Gobierno andaluz reduzca esta batalla a un grado permisivo de recortes. Tijeritas andaluzas contra la motosierra del Gobierno central. “Ellos te quitan una paga entera y nosotros la mitad”, “ellos despiden el 70% de los interinos, nosotros el 50%”. El hartazgo social avanza de forma exponencial y cualquier nuevo recorte viene a colmar la medida de un vaso rebosante de desdichas. En la sanidad es evidente el descenso de salarios, la acumulación de enfermos, el colapso de las urgencias. En las cárceles, en la dependencia, en la enseñanza el personal está al límite de sus fuerzas. En todos los servicios, las bajas no se cubren, se contratan con cuentagotas interinos y se les paga lo menos posible.

   Ningún ciudadano tiene en su cabeza una tabla Excel para anotar cuántos de estos recortes proceden del Gobierno central y cuáles del andaluz. Y aunque sea verdad que en el contador gana por goleada el equipo azul de la motosierra, hay decisiones como esta nueva supresión de la paga extraordinaria que son responsabilidad plena del Gobierno andaluz. Que necesitan este dinero, es evidente. Que vayan a acudir nuevamente a los bolsillos de los trabajadores públicos, realmente incomprensible.

lunes, 27 de mayo de 2013

WERT O DESPRESTIGIA CUANTO PUEDAS

Mi artículo de esta semana en El País Andalucía


     El ministro Wert no consiguió su nombramiento por su papel de contertulio sino por colaboraciones con la FAES de Jose María Aznar donde ya proponía un cambio total en el modelo educativo, se lamentaba de la abundancia de becas universitarias y manifestaba su preocupación por la escasa religiosidad de la sociedad española, especialmente los jóvenes. Con esos magníficos avales le encomendaron la tarea de reformar, cristianizar y españolizar el sistema educativo aprovechando que la crisis es una oportunidad única para cambiar las reglas de juego sociales.

   Sin embargo, esta tarea no se hubiera podido culminar si desde hace años, la derecha política española y todos los think tank que las envuelven, no hubiesen conseguido desprestigiar la escuela pública, sus resultados y caricaturizar sus problemas.

   Mutilaron y manipularon informes como el PISA o el de la OCDE para presentar la cara más oscura de la enseñanza española. Ocultaron celosamente todos sus éxitos y consiguieron que la palabra educación se impregnara del concepto de fracaso, error y conflicto.

   La enseñanza en España necesita cambios en profundidad, sin duda. Especialmente la educación secundaria necesita encontrar nuevos caminos y mejoras, pero no todo lo existente ni los valores del modelo actual están caducos y fracasados, sino más bien faltos de desarrollo y de aplicación.

   Para sacudirnos tanto prejuicio y mentira, nada mejor que ver la evolución de la enseñanza española. Según afirman los estudios de la OCDE el punto de partida de la educación en España era el más penoso de Europa. Al inicio de la democracia solo el 17% de los adultos tenía estudios equivalentes a secundaria. En estos momentos es el 64% de la población quien ha conseguido ese nivel.

   Por si alguien argumenta que nos hemos ido demasiado lejos, la OCDE en el último informe aplaude el salto que se ha producido en la enseñanza entre los años 2000 y 2010 en los que se ha recortado la diferencia con el resto de los países de 11 a cuatro puntos en el nivel educativo del conjunto de la población. Si en estos años no se hubiese producido el auge del ladrillo, con la nefasta consecuencia de sacar de las aulas a miles de jóvenes, nuestro nivel estaría completamente equiparado a nuestro entorno.

   El sistema educativo español, con todos sus defectos, es actualmente uno de los primeros del mundo en equidad y uno de los más potentes en facilitar la movilidad social. La mitad de los estudiantes españoles superan el nivel educativo de sus padres, en muchos casos en varios escalones y este es el mejor indicador de su éxito. En el caso de Andalucía, por aproximación, podemos estimar que más del 65% de los jóvenes superan educativamente a sus padres. Todo un motivo de orgullo y un ejemplo de superación, porque los déficits culturales tardan mucho tiempo en ser superados.

   Por si no fuera suficiente, tenemos el mayor índice de escolarización infantil del mundo que dará sus frutos en el futuro, si es que no desaparece antes. Tenemos una población universitaria amplia, bien formada y con titulaciones apreciadas en el mundo entero. Resulta infame el desprestigio al que se quiere someter la comunidad universitaria y el recorte a sus estudios. Finalmente tenemos un núcleo de problemas en los estudios medios y en la recuperación de los estudiantes que abandonaron las aulas que deberíamos haber afrontado con decisión e imaginación.

   Incluso en estos años de crisis, de malas noticias imparables, la educación se ha superado a sí misma, ha aumentado el éxito escolar casi diez puntos y ha rescatado miles de jóvenes para la formación y el futuro.
El complejo de inferioridad, la falta de compromiso y de proyecto educativo de la izquierda, en general, han paralizado las iniciativas de cambio y han defraudado a un profesorado convertido en rompeolas de todos los conflictos sociales. Ahora la derecha española ha cubierto este hueco con un proyecto educativo cuyo santo y seña es la religión, la segregación y la privatización. Por cierto que en España, estas tres palabras son una sinonimia casi perfecta.
@conchacaballer





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domingo, 19 de mayo de 2013

EL ABORTO COMO PRETEXTO


Puedes leerlo completo en El País Andalucía

   Somos de una ingenuidad conmovedora. Nada más anunciar el ministro Gallardón su reforma restrictiva de la ley de aborto hemos salido a la palestra para discutir, con los datos en la mano y el derecho comparado, las ventajas de la actual ley. Hemos rescatado el viejo argumentario sobre el aborto que yacía en nuestro escritorio cubierto por el polvo de 30 años de historia, incluso nos hemos esforzado en discutir la personalidad legal o no del feto.

   Nos debemos negar a debatir sobre el aborto en términos de creencias. Si no estás de acuerdo con él la solución es bien simple: no lo hagas. Se trata de uno de los debates más envenenados y retorcidos de los que puedan aflorar a la opinión pública. Hace 30 años resolvimos que debería existir esa solución para las mujeres que decidieran interrumpir su embarazo. Mucho más recientemente aprobamos que esa decisión fuera absolutamente personal e intransferible y que el Estado sólo debiera garantizar unos plazos máximos para su ejercicio. Punto y final.

   Todo lo demás no es discutir sobre el aborto —insisto en que para aquellos que se oponen es tan fácil como no practicarlo— sino poner en cuestión otros temas bien diferentes como la capacidad de decisión de las mujeres, el control sobre sus vidas e incluso nuestro papel en la familia y la sociedad.
Cuando ese mirlo blanco del arribismo político propone la modificación del aborto, su preocupación no es disminuir las intervenciones sino cambiar nuestras ideas acerca de la maternidad. Él mismo ha confesado el carácter ideológico de esta reforma que no gira en torno a la viabilidad o no de un feto sino a la culpabilización de las mujeres que ponen obstáculos a la maternidad. No en vano consideró mujeres inacabadas a las que no habían tenido un bebé entre sus brazos.

   El diletante ministro de Justicia, propone incluso prohibir el aborto en los casos de graves malformaciones. La desfachatez de esta prohibición en un supuesto de los más dolorosos y complicados no tiene límites. Se permite incluso el ministro comparar este tipo de intervenciones con las prácticas nazis de aniquilación de los discapacitados. La retórica no es vana y el argumento es milenario: las mujeres que deciden vivir su propia vida, escapar del dolor y del sacrificio, son malvadas brujas a cuyos desmanes hay que poner coto.
La democracia había conseguido en nuestro país sacar la maternidad del entramado del poder, convertirla en una decisión íntima, respetable y respetada pero la llegada del PP al Gobierno nos recordó nuestro verdadero papel en la sociedad. “Las mujeres, mujeres, son madres”, nos dijo, y apareció claro nuestro destino único, universal, milenario sin escapatoria alguna.

   La nueva ley de aborto que el PP quiere aprobar no es una simple reforma legal, es una revancha, un desquite histórico, una vuelta a poner las cosas en su sitio. Las mujeres no son libres para decidir sobre su embarazo, el poder que la naturaleza confiere a las mujeres en la transmisión de la vida tiene que ser mediado, arrebatado a través de la religión, de la ideología o de la autorización externa. Se restablece así un principio de autoridad que las leyes habían soslayado. Por encima de la mujer estará el médico, el juez o el psicólogo que darán o no el visto bueno a su decisión.

La jerarquía católica española, de carácter ultraconservador, se cree con derecho a escribir sus creencias en el Boletín Oficial del Estado. Rouco Varela aprieta el acelerador y amenaza con situarse en la oposición a Rajoy si éste no aprueba rápidamente este proyecto de ley.

   Mientras tanto alguien sufraga miles de vallas publicitarias en las ciudades sobre maternidades felices y culpabilidades abortistas. Gallardón es el santo patrón de su cofradía. Son los mismos que se oponen a los anticonceptivos, al matrimonio entre personas del mismo sexo y a las leyes de igualdad que implican una “peligrosa ideología de género”. A fin de cuentas, el aborto no es el texto, sino el pretexto de una sublevación contra el tiempo y la libertad de las mujeres.

@conchacaballer



CÓMO BAJAR LAS ESCALERAS CON ESTILO




Publicado en El País Andalucía 

A fuerza de repetírselo se han creído delicados jarrones chinos que hay que situar en un lugar destacado. La metáfora se aplicaba, en principio, a los expresidentes de Gobierno que, una vez agotado su mandato, debían tener cierta visibilidad inútil en un ángulo oscuro de los becquerianos salones del poder pero pronto, por simple imitación, cientos de expresidentes de comunidades, insignes alcaldes, presidentes del Congreso o comisarios europeos reivindicaron el estatus de jarrón chino y ahí están, afeando nuestras casas y entorpeciendo cada día más nuestros pasos.

 Hasta hace poco tiempo se conformaban con un cierto estatus institucional pero, con el paso del tiempo, han adoptado un relativismo moral que afecta por igual a la política, a la ideología y al bolsillo. Estos delicados jarrones chinos son ahora el estandarte de empresas energéticas y de comunicación. De alguna forma se justificaran a sí mismos sus sueldos millonarios, sus dedicaciones estrambóticas, pero son un claro mensaje a la ciudadanía del final de los principios y de la ética política. Todos los partidos poseen su temible colección de jarras y jarrones chinos pero en el caso del PSOE la aglomeración de estos feos objetos es realmente terrible. Inundan los lugares de paso, las zonas de descanso e incluso las salidas de emergencia necesarias ante esta pavorosa crisis.

 Los peldaños del ascenso social son fáciles de subir porque el éxito —que no el amor, querido Shakespeare— hace livianas las cuestas y nos da alas para superar los muros, sin embargo, bajar las escaleras con elegancia es un difícil arte que la democracia española no ha aprendido todavía. Por eso, sería bueno tener en cuenta alguna de estas recomendaciones, que el pueblo llano conoce perfectamente, pero que vuestro autoengaño os impide siquiera divisar.

 Primero: No te pagan por trabajar en la empresa privada, ni siquiera por trabajar. Lo hacen para comprar una marca, una fidelidad a los intereses privados por encima de cualquier consideración pública. Aceptando sus proposiciones estás diciendo que todo se vende y se compra, que la vida política es sólo un eslabón para el ascenso social más descarado. Léete a Balzac, por favor.

Segundo: que los grandes grupos comunicativos no te hacen entrevistas exclusivas por la importancia de tu figura sino porque tus declaraciones van a ser la munición con la que carguen contra la fuerza política a la que representaste. Resulta completamente obsceno el desfile de antiabortistas, vaticanistas, monarquistas empecinados, adoradores de las políticas austericidas, defensores de Angela Merkel, anticatalanistas, antiautonomistas que exhiben en sus títulos de crédito la marca PSOE.

 Tercero: Por muchos años que hayas ejercido el poder, no eres el más listo, el único que comprende la complejidad de la situación. Nadie te ha expedido un título que te permita mirar por encima del hombro al conjunto de la ciudadanía y ni te han acreditado como jurado de las actuaciones de tus compañeros. No hay personas más torpes y molestas que quienes piensan que no pueden aprender nada de los demás.

 Cuarto: Sería conveniente que te preguntaras qué has hecho de tu vida, cómo has conseguido ser tan desgraciado, no disponer de una profesión propia, de un lugar al que volver. Es necesario ser un poco tonto para considerarse tan listo. Pregúntate en qué momento buscaste en la prensa solo tus fotos y tus titulares; cómo tu vida se separó tanto de la de la gente normal; cuándo te aterrorizó volver a tu barrio y a un círculo de amigos que no sean un club de aduladores.

Quinto: Si aún así persistes en formar parte de la rebelión de los jarrones chinos, crea junto con los demás un nuevo partido. A fin de cuentas no hay nada más parecido a un jarrón chino que otro. Solo os separan las marcas que os esponsorizan pero en todos late idéntica prepotencia, similar convencimiento de que la realidad es inamovible y la rebeldía un error. El gusto por la comida cara y las marcas de lujo harán el resto.

@conchacaballer

domingo, 5 de mayo de 2013

PARAÍSOS LABORALES


 Lo puedes leer completo en El País Andalucía 

“¡A trabajar!”, fue la respuesta del empresario cuando las operarias le advirtieron de que en el edificio se habían abierto unas terribles grietas. La orden no admitía réplica alguna y las mujeres volvieron rápidamente a la máquina temerosas de que, otro día más, cargaran sobre sus nóminas un descuento inexplicable por no alcanzar la producción prevista. El dueño de las instalaciones había trampeado en la construcción del edificio. Por su cuenta y riesgo había añadido tres plantas a las cinco inicialmente previstas. Ninguna autoridad de Bangladesh le puso reparo alguno. La industria textil goza allí de una impunidad absoluta. Al igual que hay paraísos fiscales, hay en el mundo verdaderos paraísos laborales, infiernos para los trabajadores, donde se ofrece a precio de saldo la mano de obra, especialmente si es femenina o menor de edad. A veces las fábricas arden, o los productos envenenan o, como en el caso de Dacca, se derrumban como un castillo de naipes con más de 3.000 criaturas en sus entrañas.

La cifra de personas muertas supera las 400. Se estima que un número similar ha sufrido amputaciones de sus extremidades. También se cree —a falta de datos oficiales— que la mitad eran menores de edad. Cada dos o tres meses sucede un hecho similar, que no es accidente, ni desgracia, sino puro y simple efecto de un criminal beneficio, de una guerra no declarada para aumentar las ganancias. Pero no importa. La función no se interrumpe. Sus víctimas no pasarán de ser un apunte a pie de página en la prensa, unas ráfagas de dolor en los informativos que apenas si sentimos, aunque nuestra piel se cubra con las prendas que sus manos han confeccionado.

Mientras caminaba en la manifestación del 1 de mayo por las calles de Sevilla, recordaba el origen de estas conmemoraciones. Esta fecha se escogió en homenaje a los mártires de Chicago, un grupo de sindicalistas anarquistas que fueron ejecutados por impulsar huelgas para reducir la jornada laboral. La otra gran fecha reivindicativa, el 8 de marzo, posee una enorme similitud con lo sucedido en Dacca. Corría el año 1908 y las trabajadoras de la fábrica textil Cotton impulsaron huelgas y manifestaciones para conseguir reducir la jornada. El propietario decidió incendiar el edificio para hacerlas salir y 129 mujeres perdieron la vida. En un mundo todavía no globalizado, esa barbarie hizo que de una esquina a otra del planeta, los trabajadores se uniesen y plantearan objetivos comunes. Nuestros actuales derechos tienen sus raíces en esos lugares remotos, en esas víctimas desconocidas.

Pero nuestro planeta, tan globalizado en el consumo, ha deslocalizado la conciencia. Las víctimas de Dacca no nos impulsan a la acción, sino a una breve indignación ante las pantallas de la televisión. Sus manos y sus rostros, con los que compartimos no palabras sino marcas comerciales, tejidos industriales, consumo masivo, nos son totalmente ajenos. No pertenecen a la épica del movimiento obrero tradicional sino que perecen en una subasta infame por reducir cada vez más los derechos laborales. Son nuestra amenaza y nuestro espejo. El valor de la nada en que quieren convertir el trabajo productivo. Son nosotros diez escalones por abajo, desposeídos de Estado, de democracia, de sindicatos y de derechos laborales. Creíamos que eran cosas del pasado, pero el nuevo capital dibuja con este nuevo reparto del trabajo el rostro del futuro. Experimentan con su piel, con su sangre, con su desesperanza, el límite exacto de la tasa de ganancia.

No escuché los discursos del primero de mayo. Solo fui a hacer bulto. A ocupar espacio. A hacer un poco menos ajena la calle. No sé si hablaron de Dacca y de la hermosa Bangladesh; si denunciaron o no la connivencia de nuestras empresas con la terrible explotación de seres humanos. Si explicaron que aquellas víctimas somos nosotros. Si no lo hicieron, mal podremos defender nuestros derechos si no sabemos que se juegan en las calles de cualquier ciudad de Bangladesh.

@conchacaballer

PD.- Al día de hoy el gobierno de Bangladesh ha reconocido que suben a más de 800 las víctimas de este ¿accidente o crimen? Algunas fuentes hablan de más de mil personas.



LA CUCHIPANDA Y ANDALUCÍA


 inabortable por definición.
  Cospedal llega a las ruedas de prensa como si entre bambalinas se hubiera hartado de llorar (demasiado colirio, querida). Soraya piensa que es demasiado joven para morir en este naufragio y juega a ser la Monti española, toda tecnocracia. Guindos y Montoro se hacen trampas en el solitario de la economía española con cara de tramposos jugadores de póker. Wert anda enredado en su afán de acabar de una vez por todas con la cultura y desmontar la educación pública. El inefable Gallardón acelera su proyecto de construir el último robot de “mujer, mujer”, toda maternidad y dulzura,

   Seis millones doscientos dos mil personas paradas y el Gobierno guarda un vergonzoso silencio. El jefe del Ejecutivo hace tiempo que desapareció. Comenzó, como todos los que ascendieron a los cielos, por pronunciar tautologías. “Sabemos lo que tenemos que hacer y lo haremos”; “al pan, pan y al vino, vino”, fueron sus proclamas iniciales, hasta que confesó que la realidad lo desbordaba y que era “very difficult todo esto”. A partir de ahí, apenas se sabe de él. Su propia existencia, como la de Dios, está puesta en entredicho: ya solo se aparece en un plasma con fondo azul celestial, como el sumo hacedor en las películas de Hollywood.

   Abandonados a sus designios, los dirigentes populares se refugian en sus más ancestrales costumbres: denigrar a la izquierda, convertirse en víctimas de las movilizaciones populares y pronunciar frases propias de la calle Serrano o del Club de Campo pero que atruenan en los oídos de la sociedad. Como una cuchipanda de buena familia ironizan con las desgracias sociales, proclaman que los dramas no son tales y compiten por hacer las declaraciones más estúpidas entre risitas de complacencia. Gracias a ellas nos enteramos de que los electores del PP “se quitarían el pan de la boca con tal de pagar la hipoteca de su casa”; que los jóvenes emigrantes son, en realidad, un beneficioso efecto de “la movilidad exterior”; o que la expropiación de viviendas a los bancos aprobada por la Junta “es demagógica y populista”. La última, es realmente, siniestra. “El bipartito convierte Andalucía en Etiopía” escribe un diputado almeriense del PP, famoso él por despotricar contra actores, jueces y manifestantes.

   A este lado del reino, el PP no levanta cabeza. Arenas corre tras su destino esquivo y no consigue situarse como portavoz siquiera adjunto del PP, perseguido por la saña de Cospedal y por su amistad con Bárcenas, mientras Zoido huye del suyo. Jamás se había escuchado a un líder andaluz proclamar que en ningún caso, palabrita de honor, querría ser candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía y que hará falta un terremoto político para arrancarlo de su Ayuntamiento.

   La desesperanza cunde en el PP andaluz. Su problema es que las viejas consignas de la derecha ya no funcionan. Hace algunos años juntaban las palabras “comunista”, “expropiación” y “uso social de la riqueza” y conseguían poner los pelos de punta a todo aquel que tenía unos cuantos euros o propiedades, pero la crisis ha cobrado tal magnitud que las acusaciones de izquierdismo son casi un halago más que un insulto. El problema del PP es que ya no funciona aquello de que “si gobiernan los comunistas te van a quitar tu casa” porque ahora los que te quitan tus propiedades, tu empleo y tus ahorros no son las hordas de la hoz y el martillo, sino la banca, los clubes selectos de los trajes caros y los bolsos mileuristas.

   El papel de Andalucía en la política española puede ser decisivo. Su efecto contagio, refrescante. Otras comunidades ya anuncian medidas similares: la expropiación de viviendas, o los planes contra la pobreza son demostraciones de que los gobiernos pueden actuar frente a los mercados. Ahora es el momento de abrir en Andalucía la agenda del empleo, la protección y los derechos sociales porque la sociedad está deseosa de encontrar un hilo de esperanza entre tanto desastre e irresponsabilidad. Aunque Cospedal llore sin necesidad de colirio.
@conchacaballer

PANTOJA Y EL PASADO


     
Publicado en El País Andalucía
 
       Un buen día en Marbella, un grupo de empresarios de riesgo, encabezado por Jesús Gil decidió dar el salto a la política. Cansados de las nimiedades burocráticas, de la legalidad institucional —que no es que fuera severa con sus actividades, pero si molesta como una avispa zumbona— , decidieron tomar directamente el poder. Pasaron de la corrupción del menudeo (hoy compro un concejal, mañana soborno a un funcionario, pasado mañana corrompo a un miembro de la justicia…) a montar una gran empresa con mando unificado y un único objetivo: conseguir el máximo de ganancias en el menor tiempo posible.
Eliminaron a los molestos intermediarios que ejercían la corrupción al detalle, y proclamaron que sus ganancias debían ir directamente a quienes las producían.

         El lugar elegido era ideal. Por azares de la historia, y la ayuda inestimable del franquismo en los años 60, Marbella ya era la ciudad escogida por el narcotráfico internacional, la mafia rusa, los untosos reyes del petróleo y los negociantes de armas como su centro de recreo. El dinero es solo papel si no puede circular. Tras alicatar sus palacios de objetos suntuosos, la mafia internacional requería una salida más rápida a sus capitales ocultos y encontraron en Jesús Gil el líder político de esta nueva fase.

         Y llegó con facilidad al poder. Los beneficios permitirían comprar la voluntad de la mitad de sus vecinos, hacerlos sus cómplices y guardaespaldas. Cuánto más refulgía la limpieza y la belleza de las calles de la ciudad, más sucia era la sociedad marbellí. Proclamaron el fin de la política y la xenofobia más descarada contra los pobres. Armaron un pequeño ejército de policías locales, confidentes callejeros y chusma que proclamaba que no importaba el color ni la procedencia del dinero.

         Consiguieron exiliar de la ciudad a las personas más honestas, perseguir a los que se atrevían a denunciar la corrupción, desprestigiar a todo aquel que ponía en entredicho el poder municipal. En cuatro elecciones consecutivas la mayoría de la población marbellí les aplaudió y vivaqueó por calles y plazas. Los controles de las instancias superiores fueron inicialmente casi inexistentes, los medios de comunicación —empezando por los que hoy más gritan contra los corruptos— los glorificaban y el poder judicial de la zona cerró los ojos durante años.

        El gran error de Julián Muñoz fue no ser consciente de que el ciclo se estaba acabando. Como en todos los reinados terminales, faltaba el toque folclórico, el final feliz del cuento. Era ya un personaje en busca de una tonadillera y Marbella necesitaba una musa a la que rendirse. Afortunadamente allí estaba Isabel Pantoja, escarmentada de la vida, decidida a ser absolutamente moderna en una España en la que las tonadilleras ya no se enamoran de toreros sino de empresarios de la construcción. Se acabó el arrastrar las maletas por escenarios cada vez más desangelados y sombríos. Las verdaderas folclóricas viven convencidas de pertenecer a una aristocracia natural con la que el pueblo siempre está en deuda. Y se lo cobró, con horrorosas adquisiciones patrimoniales en el centro de una ciudad moralmente infecta.

        

No importaba que el color del dinero en Marbella fuese negro, gris metalizado por las armas, moteado por la droga o directamente marrón de las cloacas. Incluso con condena judicial, ni usted ni yo acertaremos a hacer las cuentas de las pérdidas y ganancias de esta corrupción. Quizá la simple multa de un millón y pico de euros, cuando se han obtenido beneficios muy superiores, sea hasta consoladora. A fin de cuentas se pagará con una parte del dinero sustraído y todavía les quedará un capital intacto en algún lugar oculto. Pero no tranquilicemos tan rápidamente nuestra conciencia. Los focos mafiosos siguen intactos y Marbella no es sino una metáfora de lo que ha ocurrido en gran parte de nuestro litoral.
En cuanto al pueblo, no hagamos martirologio. La España que tira del pelo a Isabel Pantoja es la misma que aplaudía, hasta hace muy poco tiempo a sus corruptos gobernantes y comentaban con satisfacción “lo limpia que estaba Marbella” sin pobres ni inmigrantes.
@conchacaballer

domingo, 14 de abril de 2013

MISERABLES A SUELDO


Publicado en  EL PAÍS ANDALUCÍA

   De todos los actores de la presente crisis, a los que más detesto son a los lacayos de los poderosos, los que dan la cara por ellos, los que justifican sus razones, los que inventan sus argumentos.
No se conoce el censo exacto de personas que trabajan en estos menesteres, pero deben ser unas decenas de miles porque inundan televisiones, radios y periódicos. Allá donde aparezca la más leve esperanza de una política distinta, hacen acto de presencia ellos, armados con su espada flamígera, la amenaza directa, la invocación del apocalipsis.

   Y digo “ellos” porque el brutal machismo en la asignación de roles, la negativa a otorgar el título de expertas a las mujeres, nos ha puesto a salvo de esta dedicación deshonrosa, nos ha librado de salir en los informativos con cara de póker, la baraja de cartas trucadas en las manos, combatiendo cualquier política que no de beneficios a los acaudalados.

   Son la inversión del mito de Prometeo. Mientras este robaba el fuego a los dioses para entregarlo a la humanidad, estos roban el último euro de nuestros bolsillos para depositarlo sumisamente a los pies de quienes les pagan. En su tiempo estuvieron al servicio de los gobiernos, pero eso ya no se lleva: el poder ya no se encuentra en esa esfera. Ahora pululan por fundaciones, entidades, universidades y convenios de colaboración en los que venden su alma al diablo a las empresas más punteras sin el menor remordimiento.
No hay tema que se les resista. Si se habla de dación en pago, ellos argumentan que conllevaría un caos financiero que nos haría naufragar como país; si se trata de racionalizar la industria farmacéutica, ellos amenazan con cortar la investigación y encarecer el coste de los medicamentos; si de salarios, argumentarán a favor de su descenso; si se habla de despidos, defenderán facilitarlos y si de pensiones, nos amenazarán con un futuro insostenible. La alergia que sufren por los derechos sociales es solo comparable a la que les provoca los temas medioambientales: la ecología podrá salvar el planeta, pero pone en cuestión el hábitat natural en el que estos personajes se reproducen.

   Son los reyes del trilerismo semántico y jamás llamarán a las cosas por su nombre. Son expertos del tabú y del eufemismo para favorecer a los acaudalados, en cambio encanallarán las más dignas demandas sociales. Hablan de reformas, en vez de recortes; de flexibilidad en vez de despidos; de productividad en vez de descenso de salarios. Sin embargo, cualquier medida que ponga coto al reinado absoluto de los poderosos, será tildada de irresponsable, amenazadora y potencialmente peligrosa.

   Algunos de ellos tienen verdaderos conocimientos, pero no los usan al servicio del interés común. Aunque muchos de ellos sean economistas, les traen al pairo los datos y los resultados de las políticas. A pesar de que presumen de expertos científicos, a los que solo les mueve un afán académico, no dan ni una en el clavo. Sus predicciones se desmoronan mes tras mes sin que nadie les pida ninguna responsabilidad, a fin de cuentas no ejercen puesto oficial alguno, solo son los think tank de la demolición neoliberal, tropas de asalto moral de nuestras conciencias.

   Con lo poco que a esta fauna le gustan las autonomías, sobre todo las del sur, el Gobierno de la Junta de Andalucía les va a dar trabajo unas cuantas semanas para atacar el decreto de vivienda y defender —eso sí “asépticamente”—, que no se pueden poner tasas ni sanciones a las viviendas vacías, ni se puede desmontar la bomba de relojería de los desahucios.

  
No sé si esta horda de mutiladores de sueños confiesan a su madre en lo que trabajan. Tampoco sé qué explicación darán de su oficio a sus hijos: hoy he contribuido “a bajar los salarios”, “a paralizar proyectos medioambientales”, “a hacer más inaccesibles los medicamentos” o “a que sigan los desahucios”. Parafraseando a José Luis Sampedro, hay dos clases de expertos: los que quieren hacer más ricos a los ricos y los que quieren hacer menos pobres a los pobres. Ustedes eligen.
@conchacaballer

¿DÓNDE ESTÁ LA IZQUIERDA?¡


Publicado en El País Andalucía

   No sé cuándo me he mudado, pero últimamente vivo en un país que no conozco. Me levanto con la situación de extrañeza que provoca estar en un lugar desconocido. Enciendo la radio y todos los días me ofrecen nuevos motivos para el desaliento.

   No soy de las que encuentran en esta aventura equinoccial, en este lento naufragio de sueños, en esta aventura de desdichas ninguna confirmación a su pensamiento. Para ser de izquierdas no necesito un capitalismo superexplotador y despendolado, me basta con la injusticia, con la apropiación de las ganancias, con el trato desigual al ser humano. No necesito el espectáculo de los desahucios, la odisea desesperanzada de seis millones de personas, ni los jóvenes atrapados entre la tecnología del siglo XXI y un modelo laboral del XIX.

   Para ser republicana, no necesito más que una conciencia democrática avanzada, un ideal educativo, y la más elemental simetría de que todos los poderes públicos deben ser elegidos. No necesito para ser republicana, las fotos obscenas del elefante abatido en sus dominios, de una princesa imputada por una causa de corrupción, de una realeza sentada en el banquillo de los acusados.

   Para ser ecologista me basta ser consciente de los límites del planeta, de la insostenibilidad de nuestro sistema. No necesito que estallen las centrales nucleares, ni que para la extracción de las riquezas ocultas del planeta se empleen técnicas cada vez más agresivas, nos hagan “fracking” y fracturen nuestros subsuelo, envenenen nuestras aguas o nos regalen terremotos.

   Para ser feminista no necesito que ninguna mujer sea asesinada, degollada, apuñalada, tiroteada, me basta con mirar a mi alrededor y ver los techos, algunos de cristal y otros de cemento armado con que taponan los sueños de las mujeres. Nunca pensé que volvería a discutir sobre la violencia de género, ni que los titulares de sus asesinatos se volvieran melifluos, impersonales, desprovistos de sentido, como si la muerte fuese un accidente atmosférico. No es necesario que me indignen bajo el título engañoso de “Muere una mujer en Castellón”, “Encontrada muerta una mujer en Valencia” o que en el caso del asesinato de una niña de 13 años de El Salobral, cierta prensa nos hable del “extraño amor que la condujo a la muerte”. Realmente no lo necesito.

   No necesito para estar contra la corrupción que me roben millones. Me basta con que se apropien de un euro, con que enchufen a un familiar, con que no usen con austeridad el dinero público. No me hace falta llenar el vaso de la indignación con esta sinfonía de mangantes, de cavernícolas y de traficantes.
En algunos momentos me parece estar asistiendo a una función teatral antigua, donde los actores son excesivamente histriónicos. Realmente no era necesaria esta sobreactuación para convencerme de su maldad. Frente a esto, no encuentro la izquierda necesaria, la explicación justa, la propuesta adecuada. La izquierda socialdemócrata duerme empozoñada en el sueño de la culpa, como Raskolnikov todavía está dilucidando el origen de su crimen. El resto de la izquierda flota en el océano de la autocomplacencia. “Ya lo dije”, viene a ser su discurso. Creen que cada noticia está hecha a la medida y que el cambio está cantado.

   Según ellos, del descrédito de la monarquía saldrá una generación de republicanos conscientes; del abuso bancario, una ola de igualitarismo y de justicia; de la corrupción política, el definitivo entierro del bipartidismo. Se miran en el espejo de las redes sociales y estas les devuelven su propia imagen. Creen que un trending topic es una mayoría social garantizada. Pero cuando las crisis son tan profundas como la actual la mayoría social se agarra a sus prejuicios, a sus miedos y a las explicaciones simplistas. De los países descorazonados no surgen cambios alentadores, sino quimeras de consolación, estallidos sin sentido, profetas y visionarios que cabalgan sobre la indignación ciudadana, a no ser que la izquierda sea capaz de levantar un relato creíble y un deseo compartido de cambio social.
@conchacaballer

domingo, 31 de marzo de 2013

PREGUNTAS A DIESTRO Y SINIESTRO



Puedes leerlo completo en El País Andalucía 

   Cuando estudiaba la carrera nos explicaron el realismo como un esfuerzo por dibujar el entramado social bajo un prisma de honradez intelectual. Así, Balzac, tremendamente conservador, hace un relato inmisericorde de las clases ascendentes parisinas o Flaubert, que en su vida real añoraba el pasado nobiliario, nos regaló algunos de los relatos más certeros de los procesos revolucionarios y de la torpe educación sentimental de su tiempo.

   Hoy cualquier atisbo de honradez intelectual es un pasaporte seguro a la exclusión, un ejercicio de alto riesgo por el que puedes ser tachado inmediatamente de servir a unos u otros intereses. Pero la falta de honradez intelectual esteriliza el debate político, cultural o social y acaba con nuestro mayor tesoro: el espíritu crítico.

   La honradez intelectual no implica no tener ideología y defenderla incluso con pasión. Significa reconocer la verdad, o al menos no retorcerla. Supone tener comportamientos parecidos en situaciones similares y ser capaces de aplicar principios universales que no estén sujetos a la conveniencia particular.
La falta de honradez intelectual es realmente desalentadora, nos hace mover la cabeza, y exclamar “no es eso, no es eso” aunque no tengamos una orilla a la que amarrarnos.

   Esta semana algunos medios han utilizado la figura del presidente de la Junta de Andalucía como portada de sus ediciones bajo títulos penalmente acusadores. Si según estos medios el presidente Griñán es responsable de la trama de los ERE, incluso sin estar en la Junta de Andalucía durante gran parte de estas ilegalidades, ¿qué tendríamos que decir de Mariano Rajoy o de José María Aznar, que sí que fueron responsables del PP durante todo el periodo de la trama Gürtel y del caso Bárcenas? ¿Dónde están las portadas similares, exigiendo responsabilidades de estos presidentes? Las posiciones ideológicas de las empresas editoras, legítimas e incluso necesarias, deberían tener ciertos límites morales.

   La honradez intelectual nos dice que todos los acusados en los casos de corrupción deben ser tratados de igual forma, independientemente del juez asignado al caso. Si realmente esto es así, en uno o en otro lugar tiene que haber un grave error de instrucción. Si lo adecuado es dictar prisión provisional para los imputados en los delitos de corrupción ¿por qué se pasean a cuerpo gentil personas como Luis Bárcenas, Jaume Matas, Carlos Fabra, Iñaki Urdangarin… acaso no hay indicios suficientes de enriquecimiento personal?¿Es que tienen más caché que los corruptos del sur? ¿Por qué en la trama Gürtel hay tan pocos imputados y ninguna nueva resolución de prisión?

   ¿Si en el caso de Andalucía, el foco de corrupción estaba asentado en la Consejería de Empleo, por qué la juez imputa a uno de sus titulares y al otro no? ¿Es cierto que esta irregularidad responde al deseo de la juez de no perder el caso porque inmediatamente escaparía a su jurisdicción? ¿Es justa y ecuánime esta situación? Y para no dejar palo por tocar: ¿Por qué el PSOE abortó las conclusiones de la comisión de investigación en el Parlamento andaluz cuando se negó a reconocer responsabilidad política alguna de este mismo consejero?

    Si los procedimientos de la juez Alaya son los mejores, aplaudidos ampliamente por el sector político y mediático de la derecha, y escasamente comentados por el resto de los medios, ¿por qué no se utilizan mecanismos parecidos en el resto de los casos de corrupción, iguales fianzas, entradas en prisión o redadas policiales?

    Si la justicia es igual, la imparta el magistrado que la imparta, ¿por qué existe esa pelea judicial? ¿Por qué cada uno de los sectores imputados se inclina por un juez? ¿Qué más da que la instrucción de estos casos la haga la juez Alaya o la juez Ana Curra, el juez Gómez Bermúdez, Pablo Ruz o Baltasar Garzón? ¿O es que no es lo mismo? Solo citar este último nombre ya nos descorazona. Es muy doloroso constatar que el único procesado y condenado por la trama Gürtel se llama Baltasar Garzón.