domingo, 1 de agosto de 2010

La banca siempre gana








Mismo día, dos escenarios diferentes: en un extremo del planeta, el Presidente Obama presenta su reforma financiera que pone bridas a la actuación de este sector en su país e impone controles y transparencia sobre todo tipo de las actividades de préstamo e inversión. Mientras, mucho más cerca, el Congreso de los diputados, aprueba con los votos del PP y del PSOE un precipitado cambio en la regulación de las cajas de ahorros que entrega a las manos privadas, al menos el 50 por ciento de estas entidades.
Obama, en una regulación inédita para la historia de EEUU, proclama: “El pueblo americano nunca más tendrá que pagar la factura por los errores de Wall Street", mientras que en nuestro escenario de los leones, la Presidenta económica declara también con tono solemne que “estamos ante la reforma más importante que se ha llevado a cabo en el sector desde el siglo XIX y que servirá para dar todavía mayor confianza al sistema financiero español”, sobre el cual se deshizo en elogios.
“Es el manifiesto de un presidente y de un equipo económico que confían en los recursos del Gobierno para crear las condiciones que eviten una repetición de la crisis que el sistema financiero –afirma el corresponsal en Washington de El País-. Es, en definitiva, el manifiesto de un político que cree en el papel del Estado.” Un manifiesto que contrasta con el mensaje evidente del cambio de regulación española, según la cual, sólo es productiva, rentable y fiable la iniciativa privada sin el concurso del Estado.
Los bancos en España no han recibido, en contraposición con EEUU, la más mínima reprimenda por parte del poder político. Bien al contrario, han recibido en estos días el suculento bocado, ofrecido por el gobierno en bandeja de plata, de poder hacerse con el control y la actividad de las Cajas de Ahorros de nuestro país. Un cambio histórico, sin duda, que supone una expropiación de bienes públicos similar a la entrega a manos privadas de los montes comunales.
La falta de cariño de la población hacia sus bienes públicos y semipúblicos está muy ligada a la falta de conciencia democrática unida a la gestión lamentable que se ha hecho de gran parte de nuestro patrimonio comunal. No ha habido una sola lágrima por la evidente desaparición de las cajas de ahorros, que podrán ceder al completo su negocio financiero a los bancos y mantener sólo el cascarón de su obra social. No ha habido una sola línea recordando por qué nacieron las cajas, cual era su papel, por qué se considera fundamental su existencia para el desarrollo de las comunidades autónomas y por qué Andalucía, más que ninguna otra, necesita un sector financiero de esta naturaleza. Bastaría recordar que las cajas –hasta la entrada en vigor de esta nueva ley- no reparten beneficios privados, y tienen la obligación de dedicar a fines sociales al menos el 33 por ciento de sus ganancias, más un 18 por ciento establecido para la obra social, lo que supone un enorme flujo de capital que debe invertirse en el territorio al que pertenecen.
En este panorama, la venta de Cajasur al mejor postor, no deja de ser un expolio para la Comunidad Autónoma de Andalucía. Debemos este tremendo despropósito a las enloquecidas fobias ideológicas de la jerarquía eclesiástica cordobesa pero también al Banco de España, convertido en una especie de tribunal supremo sin apelación, ante el que nada valen las razones sociales ni el equilibrio territorial.
Tampoco se hubiera consumado el expolio si, el gobierno central hubiera respetado las competencias andaluzas en materia de Cajas de Ahorros y hubiese escuchado a la Comunidad Autónoma, en vez de beneficiar la lógica bancaria y la deslocalización de las Cajas. Por todo esto Cajasur ha sido adjudicada al BBK por el método de subasta, como si de un casino se tratara. Ya se sabe, que en el juego de la ruleta, la banca siempre gana. Andalucía pierde.








sábado, 17 de julio de 2010

Cataluña y Andalucía


No es una lectura muy recomendable la sentencia del Tribunal Constitucional (TC), un tocho de 881 páginas, pero cuando se ha sido ponente del Estatuto de Autonomía de Andalucía crees tener la obligación de leerla, analizar sus consecuencias para Andalucía y buscar las pistas sobre el futuro del estado autonómico.
Mi lectura ha sido a esa luz, intentando poner algo de distancia con el debate específicamente catalán. Creía que el TC iba a realizar su exámen en términos estrictamente jurídicos pero para mi sorpresa el análisis del articulado tiene escaso rigor mientras se han explayado en los aspectos más políticos y simbólicos del Estatuto hasta el punto de que gran parte de la sentencia más bien parece un informe político de los viejos tiempos. Este es el caso de su larga disquisición sobre el término nación. Una vez afirmada en la sentencia que el preámbulo carece de valor normativo no tenía el menor sentido hacer tan prolija, contradictoria y discutible teoría sobre las naciones si no era para contentar a una parte de sus miembros. El TC parece desconocer que existen en el mundo cientos de naciones sin estado y se deslizan a una interpretación de la constitución según la cual es incompatible el término de nación con la unidad del estado español, tesis en la que curiosamente vienen a coincidir con los soberanistas más radicales.
Pero, lo más preocupante de la sentencia es el evidente menosprecio a la legislación autonómica y a los procesos de elaboración de los estatutos. Ya lo han apuntado algunos acreditados juristas: han tratado los estatutos de autonomía como una simple ley autonómica cuando la tramitación de estas leyes es un pacto bilateral (aunque les duela) entre una comunidad y el Estado, elaborado y aprobado por las Cortes Generales. Por ello, no puede afirmarse que ningún estatuto se atribuye unilateralmente competencias del Estado ya que estas han sido minuciosamente debatidas y acordadas en la ponencia conjunta Estado-Comunidad Autónoma. Es preocupante que el TC no sólo le reste eficacia jurídica al preámbulo del Estatuto sino que afirme respecto a varias decenas de artículos que no tienen más valor que un puro desideratum de la comunidad autónoma que el Estado no tiene por qué respetar. Por eso es más preocupante la interpretación que hace de numerosos artículos del estatuto que las 14 modificaciones, porque lo primero viene a poner en solfa cualquier avance en el estado autonómico.
Una gran parte del texto contiene un concepto jurídico normativo absolutamente centralista, cuando apela a la jerarquía normativa del Estado respecto a las comunidades autónomas. Precisamente el Estado de las Autonomías y el funcionamiento de las instituciones se basa en que cada uno ejerce su primacía sólo en las materias de su competencias y que ningún gobierno autónomo, por ejemplo, puede decidir sobre el alumbrado público de un pueblo aunque jerárquicamente se trate de una institución superior.
La sentencia viene a decirles a las comunidades que sus poderes son transitorios, los compromisos adquiridos por el Estado en los estatutos carecen de validez y la supremacía normativa corresponde en todos los casos a la instancia superior. Por eso, aunque la sentencia no afecte formalmente al Estatuto de Autonomía de Andalucía temo por el Guadalquivir, por nuestras competencias, por los fondos de nivelación, por un modelo de financiación justo y solidario para Andalucía porque, estricto sensu, con esta sentencia en la mano, cualquier avance en materia competencial, de derechos o de financiación serán solo deseos que no vinculan al Estado.
Y lo que es peor, con esta lectura esclerotizada de la Constitución, no sólo abren un foso entre la Constitución y Cataluña, sino que resucitan el fantasma del viejo estado centralista frente a un renovado modelo autonómico que, pese a sus defectos, ha sido el que ha permitido mayores avances y unidad de la historia española.



Este es el artículo está publicado en El País Andalucía,

sábado, 10 de julio de 2010

La calor






Ocurrió mucho antes de que tuviésemos la obligación de divertirnos en vacaciones, cuando todavía no nos sentíamos desgraciados por haber pasado el verano en la misma casa, en la misma calle, con los mismos amigos; cuando las vacaciones no significaban nuevas obligaciones. Pasó cuando, a la vuelta del verano, no teníamos que exhibir ante los demás un catálogo de ciudades y de desplazamientos, ni marcábamos en un fusil imaginario la muesca de cada ciudad conquistada. Entonces fue cuando nos enamoramos del verano, de su minuciosa lentitud, de gozar ese tiempo extendido en el que la historia se detenía y el reloj de las horas se volvía desigual, daliniano, con remansos oscuros.

Aprendimos a amar el verano con las siestas forzosas, el silencio impuesto y la imagen infantil del cuarto a oscuras, tan solo atravesado por las rayas horizontales de los resquicios de las persianas que proyectaban los que ocurría en la calle, los pasos lentos de algún viandante o de algún coche. Unas tardes de cámara oscura, en el que el “yo” se proyectaba hacia fuera y el mundo dentro, como el juego de sombras de la torre Tavira. Amabas, en el verano, la carne jugosa de frutas deliciosas, comenzando por la humilde sandía, que te sumergía el rostro en rojo coral y en frescor.
Te sedujo del verano, la libertad de las horas, el empezar realmente la jornada cuando el sol se pone y la ocupación de las calles hasta la madrugada, desde la terraza de los bares hasta la hamaca en la puerta de la casa. Te gustaba la aventura de acompañar a tu madre a dormir en la azotea, en el jardín o en los lugares más insólitos de la casa donde el aire corría a veces y te prodigaba una furtiva caricia.
Te parecía un tiempo de libertad en el que se instalaba en las conciencias una relajación de costumbres, de horarios, de alimentos que contradecían el austero invierno. Se trastocaban las horas de entrada y de salida, se relajaban las prohibiciones y excepto no molestar en la sagrada siesta, todo estaba permitido. Te atrapó, definitivamente, el olor de jazmín, la dama de noche, la albahaca; unos aromas que si las almas tienen sentidos, llevamos dentro desde la infancia.
Pasado el tiempo, el verano te enredó con nuevos placeres: ese breve espacio, a primeras horas de la mañana, en el que el aire es todavía suave y te sientes ligero. Un tiempo que se disfruta en soledad, con un libro en la mano o con el diálogo imaginario con algún ser querido. Las mañanas que engañan, que no te anuncian la batalla inmediata que comienza y que alcanza su culmen al mediodía, cuando los viandantes, pegados a las sombras que proyectan las paredes, parecen espíritus en fuga.
Mucho antes de que los aires acondicionados acentuaran la intolerancia al calor, cuando viajábamos a pleno sol con las ventanillas bajadas, todavía amábamos el verano y nos gustaba conducir de noche, ir al cine de verano, mirar al cielo y ver caer las estrellas.
Los que todavía amamos el verano, más que el calor sofocante, recordamos la sombra, la oscuridad amena, el frescor que respiraban las casas a última hora de la tarde, el riego que, tras una vaharada de calor, producía una temperatura ideal, la que nunca hemos podido programar ni en el aparato de aire acondicionado más sofisticado. Pero lo que nos sigue fascinando es esa sensación de infinitud, de tiempo sin tiempo, de eternidad, que nos ofrece esta estación.
Lo que no quiere decir que no nos quejemos, sobre todo cuando llegar la calor, más fiera y persistente que su congénere masculino. Apuraremos el día con la esperanza de que amaine, regatearemos irnos a la cama y nos asomaremos al balcón, a la terraza, al patio, con la cabeza levantada, la vista al cielo, la boca entreabierta como en una plegaria. Será el momento de elegir entre dormir con las sábanas calientes, y alguna caricia esporádica de una brisa perdida, o encender el aire acondicionado y dormir en ese país extraño sin sueños.



Si quieres verlo en la edición original pincha aquí, el País Andalucía

sábado, 3 de julio de 2010

Un modesto regalo


Artículo publicado en El País Andalucía:

En los días finales de curso, el instituto ha cambiado de aspecto. Los pasillos están deshabitados y los estudiantes se agrupan en corrillos a la entrada. Algunos asaltan a los profesores para presionarlos una última vez antes de la evaluación. Piden algún punto más para la nota de corte de la carrera que quieren cursar, o mendigan un aprobado imposible de última hora. Hay un grupo de estudiantes agazapados en la conserjería. Llevan un gran ramo de flores y un pequeño paquete de regalo.
- ¡Ya llega! –avisa el que vigila la entrada.
El grupo corre a esconderse en un aula cercana, mientras el vigilante corta el paso a la profesora
- Que te está buscando el director para un tema urgente.
La profesora cruza la recepción y entra en el aula que le ha señalado. Al abrir la puerta se encuentra de frente con un enorme ramo de flores acompañado de unos gritos repetidos de sorpresa. Ha cogido el ramo con el cuidado de quien toma un niño en sus brazos. Los alumnos se empeñan en que abra rápidamente el paquete, del que saldrá una pulsera plateada.
- ¡Vaya…! No me lo esperaba... Gracias… Muchas gracias.
Los alumnos se han arremolinado a su alrededor y le ayudan a ponerse la pulsera, que tintinea entre sus dedos. Ella siente deseo de abrazarlos, pero apenas si roza la cresta de alguno de ellos.
- No voy a olvidaros –les dice a modo de despedida.
Un pequeño grupo la ha acompañado hasta la sala de profesores, sus cuerpos muy cercanos al de ella pero sin apenas decir nada.
- Nos vemos el próximo curso –les dice en la puerta.
- ¡Ojalá! –contesta una de las chicas, con la cara enrojecida.
Ha entrado en la sala como quien vuelve victoriosa de una batalla. Deja el ramo de flores sobre una estantería y se entretiene simulando que busca un papel importante. Recuerda que en el inicio de curso, todos los profesores, incluido ella, habían pedido los mejores niveles. El ramillete de chavales de bajo nivel académico en el que se mezclaban repetidores, alumnos con problemas sociales, de comunicación o simples fracasos ocasionales le fue adjudicado a última hora para compensar otros niveles más avanzados. Durante la mitad del curso discutió día tras día para imponer unas normas que permitieran el desarrollo de la asignatura. Unas veces pensaba que la odiaban, otras que la ignoraban y muchas veces que simplemente se aburrían. Poco a poco había conseguido que la clase se desarrollara con normalidad y, además, de la asignatura, solían hablar de temas de la vida cotidiana. Algunos de ellos contaban problemas y preocupaciones realmente pavorosos. Muchas veces la profesora se había quedado sin palabras. ¿Qué decir cuando palabras como “familia”, “padre”, “amigos”, lejos de asociarse al amor y la protección, solo señalan soledad, abandono y conflicto? ¿Qué argumentar cuando sólo el hecho de asistir a clase, sorteando dificultades, supone un esfuerzo supremo?
Por eso, siente una profunda indignación ante el crecimiento de la ola segregacionista en las aulas: los buenos y los malos; los fracasados y los exitosos, los listos y los tontos. Se pregunta si no es un atropello ético y un tremendo cinismo llamar fracasados a niños de apenas trece años que se han encontrado la vida cuesta arriba desde que nacieron. Más que llamamientos al esfuerzo necesitan tener, quizá por primera vez en su vida, apoyo, esperanza, confianza en sus posibilidades por muy ocultas que estén.
Una sociedad demuestra sus valores y su conciencia democrática cuando hace realidad la igualdad de oportunidades, cuando consigue alzar desde el suelo a los más humildes. Un milagro que se consigue cada día en la enseñanza pública, cargada de problemas sí, pero llena de sentido y de utilidad social. Por eso, me van a entender especialmente los profes de “la diver”, de los PCPI, de las agrupaciones flexibles que sonríen al finalizar el curso y colocan emocionados, en una especie de altarcillo, las flores y los modestos regalos que les entregaron al final de curso.

sábado, 26 de junio de 2010

Desesperanza forever



Los guionistas de esta serie interminable llamada "crisis" están cometiendo el error de sobreactuar. Hasta la historia más dramática debe contener, forzosamente, un rayo de esperanza. El guión de "sangre, sudor y lágrimas" solo es asumible socialmente si los sacrificios del presente conducen a obtener una recompensa futura. Incluso la Iglesia católica considera el sufrimiento una escala obligatoria para acceder al paraíso. Sin embargo, el bloque de teóricos oficiales de la crisis económica nos anuncia que tras las dolorosas medidas solo habrá más sangre, más dolor y más lágrimas. Su estrategia les obliga a pintar del color más negro la realidad, pero ese pesimismo histórico será su talón de Aquiles. Ninguna sociedad puede vivir continuamente en la desesperanza. Ningún ser humano puede aceptar la inseguridad perpetua ni la pérdida continuada de sus expectativas.
El lenguaje cientifista de estos economistas de mercado, parapetados tras organismos o fundaciones aparentemente neutrales, pueden haber impresionado al público durante algunos meses pero empiezan a ser sumamente sospechosos y parciales. Lejos de considerar la economía como un instrumento al servicio de objetivos democráticos han querido elevarla a una autoridad escolástica que dicta a los gobiernos las decisiones sin posibilidad alguna de apelación. Cambian las previsiones al alza o a la baja sin dar ninguna explicación y siempre exigen más dureza, más contundencia contra los mismos sectores. La decisión del gobierno de eliminar las “líneas rojas” no solo no les contenta sino que los envalentona para exigir nuevos sacrificios y recortes: si el despido se abarata, exigen el fin de los convenios colectivos; si se rebajan las pensiones, demandan que la jubilación se amplíe hasta los 68 años; si se revisa el modelo energético, reclaman reducir las primas a las renovables y apostar por las nucleares. Y tras todas estas exigencias hay una enorme lista de ajuste de cuentas con el estado del bienestar europeo que nunca aprobaron.
¿Cómo se obtiene el título de analista económico indiscutible? Muy fácil: yendo dos pasos por delante de los deseos de los poderosos y participando en algunos ritos satánicos muy simples. Por ejemplo, la pura advocación del déficit público debe provocar convulsiones, a no ser que se destine a paliar la indigencia bancaria. Sienten horror por el gasto público, malestar por la protección social y todavía guardan en el magín de su actuación el conejo de las privatizaciones de servicios públicos. Por muy torpe, zote o indocumentado que se sea, si se abrazan estos principios irreductibles, se verá alzado al cielo de la ciencia infusa.
Por el contrario, los economistas que discrepan de estos análisis, se verán privados de credibilidad, condenados a la firma de manifiestos de protesta y despojados de cualquier autoridad reverencial. Los acusarán de estar utilizando la economía como un instrumento político, precisamente aquellos que han convertido esta profesión en el territorio de la batalla ideológica más feroz de los últimos decenios. Sin embargo, hay mucha más esperanza en esta economía crítica y alternativa que en todos los teóricos de la economía de mercado porque éstos nos hablan de la necesidad de cambiar el modelo productivo hacia el empleo, el compromiso medioambiental y el ser humano, mientras que los otros sólo nos conducen a rearmar el arsenal de los mercados financieros con el que nos dispararán en la próxima crisis.Su pesimismo sin límites tendrá, más tarde o más pronto, respuesta porque, aunque la desmovilización social haya sido hasta ahora un signo de identidad de esta crisis, no está escrito que en los próximos meses no surja una ola de positivo inconformismo contra este descenso a los infiernos en el que, como escribía Dante, se nos obliga a abandonar toda esperanza.

sábado, 19 de junio de 2010

Millonarios en África


Este es mi artículo de El País Andalucía de esta semana:
Si la religión era en el siglo XIX el opio del pueblo, el fútbol es hoy una droga de diseño que se consume en este mundo globalizado casi a la fuerza. Acuñado con las diversas banderas nacionales, este alucinógeno nos concede permiso para no pensar, autorización para gritar y pasaporte al cielo de la victoria o al infierno de la derrota.
No hay forma de escapar de sus efectos. Ya no hay más épica que la del fútbol, ni más héroe que el deportista en el campo de juego. En este nuevo rito universal se funde el héroe de las cruzadas, el gladiador del circo romano, se dirimen las contiendas y las guerras del pasado. Los paraísos artificiales del siglo XXI son rectangulares y miden algo menos de una hectárea. Los objetos mágicos se han transmutado y el santo Grial resplandeciente se ha convertido en un objeto redondo y aéreo.
El periodismo deportivo, despojado de cualquier valor informativo, asume el papel de los antiguos juglares que pregonan las gestas de sus señores. En cada país repiten el mismo rito y en todos parece único. Alientan esperanzas, exageran expectativas, llevan al paroxismo el nacionalismo deportivo, tan fugaz que decae ante el menor tropiezo. La prepotencia, el orgullo desmedido es tan exacerbado que si los creyésemos, los equipos del mundo entero en vez de jugar contra la selección española, se rendirían ante Casillas, depondrían las armas y entregarían sus banderas.
Esta vez el escenario escogido es África, que aporta sus claves más tópicas a este universo paralelo: los dibujos geométricos en colores terrosos, los animales salvajes, el estallido de color de sus vestidos, el ritmo de tambores y el sueño eterno del niño descalzo en el descampado que sueña con ser Messi o Cristiano Ronaldo.
Ni por un momento África deja de ser un puro escenario imaginario aunque algunos me objeten que el país anfitrión obtendrá algunos beneficios. Parece de mal gusto contraponer la situación actual de este continente con el despilfarro feroz del Mundial. No obstante, me atrevo, consciente de la impopularidad ácida de esta reflexión. En Sudáfrica, durante estas semanas, se produce la concentración de millonarios más masiva del mundo entero y el mayor negocio internacional. Para hacernos una idea, tan solo el equipo español ha recaudado en patrocinios comerciales -sin contar derechos audiovisuales- más de 26 millones de euros. En cuanto a equipos, según la empresa de tasaciones Transfermarkt, el valor de la selección española es de 565 millones de euros y eso que ninguno de sus futbolistas está en el top ten de los mejor pagados del mundo. Los salarios, las primas, los contratos del mundo del fútbol se escriben con cifras astronómicas, aunque apenas escandalizan nuestra conciencia, ni siquiera cuando se ponen al trasluz de un continente tan empobrecido como África en el que 300 millones de personas viven con menos de un dólar al día.
Quizá para celebrar el mundial y entonar el Waka Waka con Shakira, los gobiernos europeos han decidido reducir su aportación a la cooperación internacional. El Ayuntamiento de Madrid ha suprimido completamente su contribución y el Gobierno central ha recortado 900 millones de euros en los próximos dos años, sin que se levanten más voces que las de las ONG, ni se alteren nuestras conciencias. No importa que la erradicación de la pobreza, del hambre y los objetivos del milenio se incumplan nuevamente. Nuestro deseo de ser bondadosos se extingue cuando no podemos adquirir el último e inútil artilugio.
Mientras tanto se estima que si el fútbol fuera un país ocuparía la plaza 17 de la economía del planeta. Inexplicablemente, es el negocio con mayor promoción y ayuda pública por parte de todos los gobiernos, que lo declaran sin rubor "de interés nacional", rango que nunca tendrá la erradicación del hambre en el mundo. Sin duda, el sueño esférico es más importante que la vida humana.

sábado, 5 de junio de 2010

¡Que recorten ellos!


Hoy publico en El País este artículo sobre lo "limpio" que le van a dejar el patio a la derecha:

Estas últimas semanas, las dos fuerzas políticas más importantes de este país han sufrido una particular caída del caballo y un frenético baile de san Vito. La tecla suprimir del ordenador central de estos dos partidos políticos ha sido la más empleada en los últimos días. A fin de cuentas, borrar la memoria cercana es de lo más fácil cuando la sociedad está desorientada, enfadada y a la fuga también de sus propias responsabilidades.
El PP ha reorganizado su página web para hacer desaparecer todas las propuestas y declaraciones de Rajoy en materia económica en las que abogaba por el recorte de los salarios de los funcionarios públicos. Además, ha desaparecido la propuesta, anunciada a bombo y platillo, de un nuevo contrato laboral "mucho más flexible", con indemnizaciones por despido entre diez y 30 días. Con este cínico borrón y cuenta nueva, se aprestan a denunciar los recortes sociales que ellos mismos predicaban hasta hace escasos días. Están encantados con la nueva etapa del Gobierno socialista porque les permite ejercer una oposición populista, al tiempo que los libra en el futuro de tener que soportar el coste político de medidas traumáticas. ¡Que recorten ellos! parece ser su grito de guerra.
El PSOE, por su parte, ha pulsado la tecla de suprimir en todas aquellas declaraciones en las que Zapatero, y cada uno de los miembros de su Gobierno -con excepción del ángel exterminador de Almunia, transmutado en experto economista gracias al aplauso continuado de la hinchada contraria- se comprometían a no recortar gasto social y a salvar esta crisis con el diálogo de los sindicatos. El espacio que antes ocupaban las declaraciones de carácter social lo habitan hoy largas explicaciones sobre los recortes aprobados por Sarkozy, Berlusconi, Cameron o Merkel, sin que a Leire Pajín se le mueva el flequillo por la similitud con los políticos europeos más conservadores.
Nunca la doblez política ha podido rendir tan buenos resultados, como indican las encuestas que disparan la intención de voto hacia el PP y clavan el dardo de la derrota en el PSOE. Algunos proclaman sin rubor: "Ahora, que hagan la reforma laboral y que se marchen". Eso. Y si es posible que promuevan la energía nuclear, rebajen las cotizaciones empresariales y terminen de sanear la banca con el dinero público.
Mientras el Gobierno escribe con letra torpe y una lágrima furtiva al dictado del FMI, la OCDE y del Banco Central Europeo, el sepulturero toma las medidas del ataúd con que se enterrarán todos los sueños. Con los ojos cansados, los dirigentes socialistas han optado por entrar en fase mística, dispuestos a hacerse el haraquiri por el bien de España, mientras que sus afiliados no comprenden este sacrificio ni este legado que instalará a la derecha en el Gobierno durante un largo periodo en el que, ni siquiera, podrán ejercer una oposición de carácter social ya que se encontrarán con el reproche acertado de que los recortes se hicieron bajo su mandato. "Tendremos la satisfacción de haber salvado a España", nos dicen, como mártires en el foso de los leones. ¿Y no sería mejor, en vez de alimentar a las fieras del mercado, ponerles coto, desvelarlos ante el público, reducirlos para que en el futuro no vuelvan a adueñarse de las vidas de la humanidad?
Es tal la debilidad política del Gobierno que ni siquiera ha sido capaz de compensar la acometida del recorte a los débiles con algunas medidas que indicaran su carácter diferencial. El impuesto a las rentas altas, propuesto por una parte importante de la ejecutiva de su partido, ha sido aplazado sine die; las medidas de control de los mercados financieros sólo son declaraciones de adorno sin contenido y lo que es peor, se confunde la austeridad (un concepto que debería regir la actuación pública de la izquierda, con crisis o sin ella), con el recorte de gasto que adelgaza los servicios públicos y los derechos sociales. "Camino despejado", piensa la derecha, mientras se frota las manos con alegría y prepara los próximos capítulos de esta película de desesperanza que se estrena en todas las carteleras de nuestro país.

lunes, 31 de mayo de 2010

¡BASTA YA!



Os dejo el enlace a la página Periodismo Humano que está haciendo un seguimiento especial del ataque de Israel a la Flota Libertad.

sábado, 29 de mayo de 2010

Suicidio asistido


El artículo de esta semana en El País Andalucía trata sobre Cajasur, ay qué dolor.


Si usted decide abrir cualquier negocio y acumula pérdidas supermillonarias se verá obligado a declararse en quiebra, vender su patrimonio e irse directamente a la ruina. Sin embargo, si usted no ha montado un negocio cualquiera sino que ha tenido la suerte de abrir una entidad financiera, por muy mal que la haya gestionado, sus pérdidas pasarán a ser inmediatamente las pérdidas de toda la sociedad española. Si además ha tenido la inteligencia de unir el nombre de su entidad bancaria a una ciudad y a una bandera, la operación de rescate se revestirá de la necesidad de salvar a ese territorio.
Finalmente, si el patrón de esta entidad no es un particular sino todo un cabildo catedralicio, las vicisitudes de esta banca se verán orladas con la comprensión de la divina providencia, la bula omnímoda de sus actuaciones y el apoyo político de un sector de la derecha española que todavía huele a sacristía.
Esta semana, seis sacerdotes consejeros de Cajasur, más cuatro impositores y un representante del sindicato afín a la Iglesia tomaron una decisión que suponía, según acertadamente tituló este periódico, el suicidio de esta caja pero trasladando los costes de su sepelio al bolsillo de todos los contribuyentes. En las horas siguientes, el Banco de España tuvo que inyectar precipitadamente 550 millones de euros a la entidad y no se descarta alcanzar una cantidad cercana a los 900 millones. Los jubilados a los que se va a congelar su pensión pueden tener la satisfacción de que con su sacrificio se van a amortizar los despilfarros y los dislates que esta caja ha cometido en los últimos diez años.
Afirman los obispos que las críticas a Cajasur han estado guiadas por intereses políticos y por una ideología anticlerical, pero les pido que juzguen ustedes mismos estas actuaciones: en los últimos diez años esta entidad no sólo ha promocionado -como muchas otras- el juego piramidal del ladrillo sino que la propia caja decidió convertirse en promotor inmobiliario con la constitución de varias sociedades que finalmente han sido ruinosas. Sus compañeros societarios han sido Rafael Sánchez Gómez, conocido como Sandokán, en el caso de Arenal Sur (Prienesur) y con José Romero en Prasur, uno de ellos imputado en la operación Malaya y el segundo en el caso Astapa. Estas sociedades han acumulado pérdidas cienmillonarias.
La obra social de la caja -a la que tanto se aferran para demostrar el carácter caritativo de su fundación- ha tenido como proyecto estrella la construcción del Centro Sociocultural Miguel Castillejo que ha hecho honor a la trayectoria dilapidadora de este personaje, consumiendo más de 26 millones de euros en su construcción, hoy tasado por debajo de los ocho millones.
Si en los últimos diez años la sociedad disparaba con pólvora de rey, la entidad cordobesa y el sacerdote Castillejo que la presidía, se desenvolvían en medio de un boato propio de los Medici sin su gusto estético. Como muestra un botón: para la conmemoración del aniversario del insigne Castillejo se organizó una comida para más de cinco mil comensales con cargo a la entidad.
Si famosos han sido sus gastos, más conocidas han sido las disputas políticas en las que han envuelto cada una de sus actuaciones. Cajasur ha sido siempre una novia a la fuga del sistema crediticio andaluz en busca de regazos menos exigentes ante su peculiar forma de actuación. Huyó de la tutela jurídica de la ley de cajas andaluzas para acogerse al regazo del gobierno central -entonces gestionado por José María Aznar-, volvió a Andalucía a través de un acuerdo por el que mantenían gran parte de sus privilegios. Finalmente la semana pasada, huyó de la fusión con Unicaja esta vez sin destino cierto, para caer en los brazos del Banco de España que quizá tendría que haberla intervenido muchos años atrás.
Todavía no comprendo por qué la Iglesia, cuyos intereses deberían ser puramente espirituales, tiene tantos intereses en la Tierra. Dicen que Jesús expulsó a los mercaderes del templo y no creo que lo hiciera para adueñarse de las franquicias.

martes, 25 de mayo de 2010

Two lovers



No sé si para los cinéfilos, la atmósfera es tan importante cómo para la literatura. Mi recuerdo de algunas películas está ligado a interiores perfectos, que no parecen decorados de cine sino viviendas reales donde han ocurrido cosas y donde te parece que hasta los cajones estén repletos de objetos. Recuerdo, por ejemplo, el despacho de trabajo de la película "Una mente maravillosa" o la vivienda de la protagonista de "Las horas" en plenos preparativos de la celebración. Con Two lovers me ha pasado algo parecido: el apartamento donde se desarrolla buena parte de la acción se sale de la pantalla y resulta absolutamente real con su pared de fotos familiares, el desordenado cuarto del protagonista y los patios interiores. Frente a un cine espectacular, Two Lovers es un proyecto intimista, de seres desprotegidos que buscan un poco de felicidad. Se desarrolla en Nueva York y no hay un solo plano heroico, orgulloso, vertical. . Una magnífica escena entre el protagonista y su madre al pie de la escalera nos habla de la modesta aspiración de felicidad de los personajes. Sin embargo un repentino giro de la historia final nos devuelve al centro de la realidad. Aún así los personajes no juzgan, no etiquetan, no condenan. Joaquin Phoenix parece vivir, desde siempre, entre esas calles y esas paredes. Es una sinfonía interpretativa y un enigma. ¿Cómo hay que afrontar la vida? -me pregunto al salir del cine.

Robin Hood y el desconcierto.



Lo de robar a los ricos para dárselo a los pobres me parecía un cuento magnífico para compensarnos de esta realidad dónde los ricos no sólo roban los tesoros del presente sino que nos ordenan cómo organizar nuestras vidas para poder asaltarnos en el camino todos los días de nuestro futuro. Creía que la película revitalizaría el mito de Robin Hood y su lucha contra el malvado Juan Sin Tierra. Sin embargo he visto un Robin Hood perdido, envejecido, sin saber a ciencia cierta qué batalla atender, si la de oponerse al tirano o enfrentarse a los franceses. La historia de amor, el feminismo un tanto bélico de Marian no compensa de la pérdida de la historia principal. La película me ha parecido toda una metáfora de la izquierda actual: falta de guionistas, de objetivos, de alianzas. Tan perdida como Robin Hood ante la abrumadora fuerza de sus enemigos que ni siquiera formula la idea de romper la maldición de la tiranía. Dicen que la película viene a ser un relato previo de cómo se configuro el héroe de los bosques de Sherwood, pero se me antoja que cuando llegue la acción estará demasiado cansado y aislado.
La crisis no nos está trayendo más imaginación. Esperemos que la segunda parte de la película Wall Street nos compense de esta decepción y se atreva a reflejar los entresijos de los tiburones financieros.

sábado, 22 de mayo de 2010

No tan católica




El País ha olvidado colgar en la edición digital de Andalucía mi artículo de esta semana. Aquí os lo incluyo completo:




Saber cuántas personas católicas hay en nuestro país es una tarea imposible. Y me refiero a "católicas" en el sentido de que sus creencias religiosas están vinculadas a la institución llamada Iglesia, concepto que no siempre coincide con la acepción de "cristiano" y que hace referencia a las personas que siguen al mensaje evangélico de Jesucristo.
Es imposible determinar el número de católicos por razones muy dispares. En primer lugar, porque la propia Constitución protege la intimidad de las creencias religiosas. En segundo lugar, porque algunas ceremonias están tan arraigadas en la vida civil que difícilmente podemos distinguir cuánto hay de religión o de acto social en celebraciones como bautizos, comuniones, entierros, festividades o en la romería del Rocío.
Los únicos datos objetivos y totales que nos pueden aproximar a las cifras reales de católicos en nuestro país son los de Hacienda, que nos informan del número de personas que seleccionan contribuir a la Iglesia católica y los de enseñanza, que nos indican el porcentaje de alumnos matriculados en las clases de religión en la enseñanza no universitaria.
En la enseñanza concertada la opción religiosa se sitúa en torno al 90%, mientras que en la pública alrededor de un 70% del alumnado elige esta opción. La experiencia directa nos dirá que conforme subimos en los tramos educativos, la opción de religión disminuye considerablemente y el 70% de católicos de la enseñanza inicial, se reduce a solo un 20% en el bachillerato. Una buena pregunta sería: ¿Qué ha sucedido en ese tramo para que el alumnado abandone la asignatura de Religión? ¿Han perdido sus creencias en el camino? ¿O cuando los jóvenes deciden por sí mismos no sienten tanta presión social ni miedo alguno al aislamiento? Todo un enigma. Si, además, pudiésemos analizar cuántos de estos estudiantes están conformes con la teoría católica sobre el aborto, el divorcio, la homosexualidad, la eutanasia, la igualdad de las mujeres o la libertad sexual, las respuestas dejarían en ínfima minoría a los seguidores convencidos de esta institución.
La marca de la casilla correspondiente a la Iglesia católica en la declaración de la renta -independientemente de que pensemos que se trata de un subterfugio para aparentar neutralidad religiosa por parte del Estado-, nos puede servir de indicador para conocer esta realidad. Según los datos facilitados por la Conferencia Episcopal, en el año 2009 sólo el 34% de los contribuyentes puso su equis a favor de la Iglesia católica. Teniendo en cuenta que el bolsillo es un buen termómetro social, el hecho de que la mayor parte de los contribuyentes rehuyan la cruz para la Iglesia nos hace ver que esta sociedad no es mayoritariamente católica. Imagino que entre los que eluden la equis de los obispos hay una gran diversidad de pensamientos que abarca desde no creyentes, practicantes de otras religiones, hasta cristianos que no están muy conformes con el anquilosamiento y la falta de sensibilidad social de la jerarquía eclesiástica.
Por todos estos motivos, y con el respeto más sincero a todas las personas que se declaran católicas, quizás sea el momento de romper el delicado lazo y dejar de mantener la ficción de una institución omnipresente, mantenida por el Estado de forma artificial a través de una generosa provisión de dinero público que convierte al Ministerio de Hacienda en su recaudador de impuestos y a la enseñanza en un púlpito privilegiado de su doctrina. Cada vez más cristianos lo comprenden para desesperación de la jerarquía católica. Dicen que cuando Teresa de Jesús llegó a Sevilla y se encontró con grandes dificultades para crear su orden, exclamó: "¡Con el calor que hace en estas tierras, bastante tiene el sevillano con no pecar!". Pues eso, con la que está cayendo, bastante tiene el ciudadano con su propia cruz.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Mañana con Luis García Montero

Esta mañana hemos tenido la suerte de contar en el IES Rodrigo Caro con la presencia de Luis García Montero quien ha tenido la generosidad de venir, gratis total, y de entregarse por completo a un público compuesto por estudiantes que empiezan a abrir sus ojos al mundo. Un sencillo acto, en los jardines del instituto, que se ha clausurado con un recitado de poemas del autor y el maravilloso acompañamiento musical de dos violinistas.
Luis ha hablado de cómo se forjo su interés por la poesía y la literatura, del compromiso, de los cambios sociales, del amor, de cómo nuestra historia particular es también historia común, universal. Los alumnos han hecho algunas preguntas importantes. Me quedo con una de ellas ¿se es más feliz siendo consciente de lo que ocurre a nuestro alrededor?
Ya os contaré la respuesta de Luis cuando tenga algo más de tiempo y esté menos cansada. De momento dejo aquí las fotos y un video del acto.

sábado, 15 de mayo de 2010

Funcionarios

Hoy escribo en el País este artículo de opinión que podéis ver completo aquí

Desde que nuestro admirado Larra hiciese la crónica más amarga de la burocracia española en sus artículos de costumbres, se ha confundido la función pública con la detestable burocracia. La palabra "funcionario" evoca en nuestra mente una mesa de despacho, el papeleo interminable de gestiones agotadoras y el indescifrable lenguaje de una administración decimonónica.
Sin embargo, la inmensa mayoría de los funcionarios públicos no se dedican a las tareas burocráticas. El 45% pertenece a la rama de la docencia; casi el 40%, al sistema sanitario y sólo algo más del 12% se dedica a tareas administrativas.
Sin los funcionarios públicos, las escuelas, institutos, universidades, servicios sanitarios e incluso la investigación tendrían que clausurarse. Es más, si se aplica el plan expresado por la Ministra Salgado para que la tasa de reposición de los servicios públicos se reduzca a uno de cada diez funcionarios, en muy pocos años se produciría un deterioro estremecedor de la educación, la salud y los servicios sociales.

Al contrario de lo que se dice -sin datos y sin reflexión- el número de funcionarios de nuestro país es más bien bajo con respecto a la media Europea e inferior al de países con un estado del bienestar más consolidado como Francia, Noruega, Alemania o Reino Unido. Por lo que respecta a Andalucía, nuestro número de funcionarios públicos por habitante es muy inferior al de otras comunidades: pongamos por caso Madrid. De hecho, Andalucía, con dos millones de habitantes más que esta comunidad, dispone de un número similar de trabajadores en este sector.
Lo que sobran no son funcionarios sino burocracia. Lo que estorba no son empleados públicos sino duplicidad de organismos, mastodontes administrativos, normas de funcionamiento decimonónicas y enchufados a dedo en las empresas públicas y en los ayuntamientos. Porque es justo esto lo que desprestigia a toda una función pública que es, en general, de una gran profesionalidad. De hecho, los técnicos de la administración, el personal sanitario, investigador y docente es apreciado en toda Europa con la mayor consideración.
Viene todo esto a cuento de la reducción salarial para los funcionarios. El Gobierno no ha tenido más valentía e imaginación que ir al granero de los sueldos públicos para reducir el déficit. Había otras fuentes a las que acudir, pero hubiera necesitado mayor decisión e independencia de los poderes económicos. En vez de acometer la reforma financiera, la contribución de los más poderosos y una verdadera reforma de la administración pública, el Gobierno ha decidido que paguen el pato los funcionarios y los jubilados.
En esta reducción salarial hay un trasfondo de demagogia y de desprestigio de la función pública. Indirectamente, el mensaje que se envía a la población es que se trata de sectores privilegiados que, en medio de la crisis, han conservado su salario y su estatus. Sin embargo, los aumentos salariales de la función pública en tiempos de bonanza han estado siempre por debajo del resto de los sectores, han soportado congelaciones salariales y, en los últimos años, apenas han aumentado su nivel adquisitivo.
No me resisto a transcribir la cita final del discurso del presidente del Gobierno que debería figurar en un manual de lógica contradictoria: "Son los mismos que nada han tenido que ver con el origen, el desarrollo y las fases de la crisis. Son, por el contrario, los que han sufrido sus consecuencias. Y son, ahora, los que mayoritariamente deben contribuir a los esfuerzos necesarios para corregir los efectos de la crisis". Pues precisamente eso es lo que cabrea: que paguen los inocentes y que los culpables aplaudan al Gobierno mientras debaten su próxima prima de beneficios. O como diría Larra "palabras vacías de sentido con que trate el hombre de descargar en seres ideales la responsabilidad de sus desatinos".

NOTA ACLARATORIA:  Los datos sobre el porcentaje de funcionarios se refieren a la función pública andaluza. Como mi artículo se publicaba en la edición andaluza incluí los datos de nuestra comunidad que exactamente son docente (45,25% del total) y sanitaria (39,20). No pensé que iba a tener repercusión estatal y leerse en esa clave. Los datos estatales bajan esos porcentajes porque se incluyen fuerzas armadas, policías y servicios de la admon. central. En todo caso estas ramas (docencia y salud) son mayoritarias también a escala estatal aunque con porcentajes inferiores a los que detallo en mi artículo. He visto que en distintos foros hay debate sobre el número de funcionarios, su porcentaje y distribución porque depende de la institución incluye o no el conjunto del sector. En cualquier caso se puede consultar la página del Ministerio de Presidencia.

¡QUÉ VERGUENZA!

martes, 11 de mayo de 2010

Semen de atún

Este es el artículo de esta semana en El País:

En mi mente la caída del Imperio Romano está asociada, no al derrumbe de una civilización, ni a la entrada de los bárbaros en Roma, sino a la celebración de suntuosos banquetes en los que se degustaban toda clase de animales exóticos y de manjares traídos de los confines de la tierra. Seguramente algún profesor moralista sembró en mi mente la idea de que estos excesos sin sentido, esos placeres rebuscados habían socavado las bases de la república y conseguido que unos pueblos, mucho más primitivos y atrasados, desmoronaran el antiguo imperio con escaso esfuerzo.


Esta semana, cincuenta insignes cocineros, abanderados por Arzak y Adriá, han promocionado en Barbate el consumo del atún y, entre otras recetas, degustaron un plato bajo el terrorífico nombre de Piruleta de Huevas de Leche que utiliza el semen del atún como ingrediente. Sé que la moda es ensalzar a estos magos de la cocina pero la noticia me produjo un malestar casi físico que se entremezcló en el menú informativo del día con el ataque especulativo de los mercados financieros.

El atún rojo es una especie en peligro de extinción por la voracidad con la que algunos países –especialmente Japón- han consumido su carne y por el expolio que las grandes flotas internacionales. La almadraba de Zahara tiene limitadas sus capturas a unas seiscientas toneladas anuales, por tanto promocionar su consumo carece de sentido porque, simplemente, hay más demanda que producto. No obstante durante unos días Barbate ha vivido –tal como relata el periodista Pedro Espinosa- un espejismo de alegría y fiesta con la visita de esos cocineros ilustres que, ajenos a lo que ocurre alrededor, estaban emocionados con la “levantá” y con el calor del recibimiento que se les tributaba.

La almadraba de Zahara -que existe desde época romana- no muere por las exigencias de la Unión Europea ni por una conspiración del ecologismo internacional, sino por una sobreexplotación consentida de flotas pesqueras internacionales, ajenas al tipismo y a la artesanía de los pescadores locales, que en los últimos diez años han hecho desaparecer casi el noventa por ciento de esta especie en el mundo. Por eso Barbate me parece en estos momentos - más allá de sus sueños y de sus buenas intenciones de mantener las tradiciones- una metáfora perfecta de de Andalucía e incluso de un mundo enloquecido que acaba con sus recursos naturales mientras los mercados hunden países bajo la batuta de un director de orquesta loco. Es el pueblo con mayor porcentaje de paro de España –un cuarenta por ciento- al que durante decenios se le prometieron planes especiales de modernización y de cambio, de promoción de sus productos, de apoyo a sus artesanales empresas conserveras hoy casi desaparecidas. Las paredes de sus instituciones deben estar tapizadas con solemnes acuerdos en los que se promete una diversificación productiva que no los haga dependientes de sectores en decadencia y que prepare a sus jóvenes para nuevas actividades. Sin embargo nada de esto se ha cumplido. Sus ojos siguen mirando al mar, reclamando sus siglos de gloria, ajenos a un mundo que ha robado sus peces y la vieja artesanía con que los capturaban.

Barbate es hoy uno de los pueblos andaluces con mayores problemas de exclusión social, de pobreza y de falta de confianza en el futuro. Por todo eso las dichosas piruletas con semen de atún me han producido una repugnancia superior al puro desagrado físico. La imagen de ese plato hace pensar en una cocina que, lejos de innovarse sobre las raíces, inventa extravagancias para disfrute de públicos selectos; convertida en signo de distinción de clases ociosas que pagan por saborear platos excéntricos, mientras fuera el mundo se desmorona y los mares se transforman en una sopa de medusas. Y es que hasta la cocina debería tener sentido común y ética.

martes, 4 de mayo de 2010

Comando F ¿dígame?

Este es el artículo de esta semana en El País

Casi el sesenta por ciento de las mujeres que se quedan embarazadas, son despedidas en el sector privado, en los meses siguientes de hacer pública su situación. El salario de las mujeres es –en términos generales- un treinta por ciento inferior a sus congéneres masculinos. Prácticamente ninguna mujer se libra en sus entrevistas laborales de preguntas personales referidas a su estado civil o sus planes personales. Los puestos directivos de las empresas y –no digamos ya de sus consejos de administración- se escriben en masculino, incluidas las estructuras de dirección de medios de comunicación a los que se les llena la boca con la palabra igualdad.


La discriminación directa es rotundamente ilegal pero esto no ha acabado con el viejo vicio de la desigualdad sino que ha desplazado su práctica a normas no escritas, a costumbres, a falta de promoción, a invisibilidad de las mujeres en el mundo laboral. Una gran parte de las mujeres profesionales que conozco deberían estar –si sólo el mérito y la capacidad contara- en el lugar de sus jefes pero se han topado, a mitad de su recorrido, con un obstáculo invisible, que las ha detenido. Lo llaman techo de cristal, pero no cubre sino que encubre y no es de cristal sino de la materia oscura del viejo machismo.

Si algo tuvo de novedoso la ley de igualdad fue establecer que la discriminación no consiste solo en leyes o disposiciones que tratan de forma diferente a hombres y mujeres, sino también en prácticas aparentemente neutras, no escritas, en los procesos de selección, de promoción y de retribución que finalmente perjudican al género femenino. La ley, además, establecía unidades de igualdad en las administraciones públicas y la obligación para las empresas de más de doscientos cincuenta trabajadores de disponer de planes de igualdad efectivos.

Con bastante retraso, se ha anunciado la puesta en marcha de algunas de estas medidas y la reacción ha sido inmediata. El lenguaje con el que algunos medios han recogido la noticia es muy significativo. “Aido quiere imponer comisarios políticos a las empresas privadas para vigilar la paridad. Este campo está controlado por grupos feministas radicales”. No sé a ustedes, pero a mí esta mezcla de lenguaje guerracivilista y de información antiterrorista me pondría los vellos de punta si antes no me hubiera dado un ataque de risa por el imaginario delirante de la derecha. Un cuerpo de aguerridas comisarias feministas, formadas en escuelas de élite, que han jurado eterno odio al género masculino, responderían de forma inmediata a las llamadas de emergencia para acudir a cualquier lugar donde se produjera un caso de discriminación.

Confieso que la imagen es un tanto tentadora y que tendrían un trabajo ingente que realizar porque cada minuto alguna mujer es despedida, postergada o no admitida en el mercado laboral por la mano oculta de la discriminación indirecta. Sin embargo no creo en los comandos especiales sino en un Estado que debería asumir como parte esencial de su trabajo la abolición de cualquier discriminación. Por eso lejos de reprochar a la administración el prestarle excesiva atención a la igualdad, mi queja es la contraria: por qué ésta no forma parte de su actuación habitual. ¿Cuál es la razón para que la inspección laboral no tenga protocolos concretos para el seguimiento de la discriminación laboral? ¿Por qué no hay actuaciones abiertas para impedir que las mujeres ganen un treinta por ciento menos? ¿Cómo es que no se revisan las ofertas y métodos de selección de empleo para evitar los sangrantes casos de discriminación? ¿Por qué apenas se persiguen los despidos de mujeres embarazadas? No son cuerpos de élite ni aguerridas comisarias lo que necesitamos sino una administración que persiga la desigualdad como una vulneración grave de los derechos laborales y sociales. Hasta ahora, un delito con víctimas pero sin culpables.

domingo, 25 de abril de 2010

Un velo y una toca

Este es el artículo de esta semana en El País

En términos de laicismo vivimos en el país del quiero y no puedo; de medias verdades y medias tintas; de aparente progresismo y de conservadurismo recalcitrante.

La prohibición de asistir a un centro público de una niña con el pañuelo islámico ha encendido una polémica que debería abordarse con tranquilidad pero sin tapujos.
No sé ustedes, pero yo necesito pensar en voz alta algunos términos de este debate que responde a una realidad social radicalmente diferente a la de hace escasamente 10 años. Es más, temo que si no se produce un debate serio y sensato sobre el tema en el conjunto de la izquierda social, los prejuicios raciales y religiosos se extiendan por la ciudadanía como el fuego en un campo regado de gasolina.
Estoy absolutamente en contra de velos, tocas, embozados o vestimentas cuya significación no es otra que hacer a las mujeres invisibles y humildes. Mi indignación sube conforme al grado de ocultamiento de la prenda en cuestión pero hay en todos ellos una distinción sexual claramente discriminatoria. No me convencen argumentos paternalistas sobre la identidad, ni estoy dispuesta a llamar cultura a la más mínima muestra de discriminación. Me dicen, también, que algunas mujeres marroquíes usan el hiyab para reivindicar su existencia de mujeres libres pero -si esto es cierto- junto a ellas hay millones de mujeres en los países islámicos obligadas a vestir prendas que las cubran y, en caso de desobediencia, perseguidas por llevar el cabello al viento y las ideas sueltas.
A pesar de eso, estoy completamente en contra de que en España se prohíba a una niña la asistencia a un centro educativo por vestir el velo islámico. Se ha vulnerado su derecho a la educación, se la ha humillado y se han pisoteado sus derechos como menor de edad. En el mismo centro de Pozuelo de Alarcón donde la niña marroquí Najwa Malha no puede asistir a clase por su pañuelo, se imparte la religión católica como asignatura evaluable y estoy segura de que se ostentarán símbolos públicos o privados de carácter religioso. A su alrededor, en las escuelas concertadas pagadas con fondos públicos, curas y monjas católicas con su toca modernizada (pariente rico del hiyad, de igual significación y segregación sexual) vigilarán el cumplimiento de idearios inspirados en el más puro espíritu del catolicismo. Quienes denuncian el velo en la cabeza ajena pero defienden la toca y el crucifijo en la propia no están defendiendo los reglamentos o las leyes de nuestro país, sino haciendo la más burda islamofobia y sembrando la discordia en las aulas.
La libertad religiosa en España consiste, hasta ahora, en proteger y financiar a la religión católica, tolerar mal que bien al resto de las confesiones y ningunear a los no creyentes. Si fuésemos capaces de derogar el Concordato con la Santa Sede, asentar el principio de aconfesionalidad de las escuelas, eliminar los símbolos religiosos de la Administración y devolver la religión al ámbito de las creencias y la conciencia -de donde nunca debió salir- tendríamos la autoridad para exigir el fin de cualquier expresión de sumisión, de diferencia o de simbolismo religioso. Pero entonces seríamos Francia -ese país que asienta sus pies en los derechos ciudadanos y el laicismo- y no España, donde la religión católica está todavía ligada al Estado.
El ministro de Justicia ha situado al Gobierno en el limbo político e ideológico. No cabe mayor declaración de impotencia. Si traducimos sus palabras a los contenidos reales vendrían a decir lo siguiente: "Ya que no podemos cambiar la relación con la Santa Sede, ya que no nos atrevemos a afrontar el problema de la religión en las escuelas concertadas, pactemos una solución negociada, sin alterar nada de esto". Y al parecer todo es cuestión de tamaño: se tolerarán crucifijos chiquititos y velos pequeñitos, que combinan muy bien con el pseudolaicismo en el que vivimos.

sábado, 17 de abril de 2010

Toros y literatura

Este es el artículo de esta semana en El País:

Los defensores de la fiesta de los toros se han agarrado a la literatura y el arte como a un clavo ardiendo. Citan a Goya y Picasso, a Lorca y a Miguel Hernández, a Hemingway y a Alberti para demostrar el carácter artístico de la muerte y tortura del toro en la plaza.

Convertir la literatura y el arte en fuente de autoridad es más que discutible. Si convertimos las inclinaciones literarias en justificaciones éticas podríamos llevarnos más de un susto. Hemingway no era sólo amante de la fiesta de los toros, sino también de las cacerías de leones, elefantes y animales salvajes hoy protegidos. El inefable Faulkner -es doloroso pero cierto- destilaba un pensamiento segregacionista típicamente sureño; los románticos defendieron el suicidio como la libertad suprema de la existencia y los simbolistas consideraron el alcohol y las drogas como la mano que aparta las veladuras hacia el inconsciente creador. Gran parte de las mejores novelas de aventuras defienden los imperios coloniales; la generación perdida ensalzó el alcohol y la aventura sin límites; los escritores beat nos condujeron por las carreteras de los paraísos artificiales... ¿Hay que convertir toda esa magnífica literatura en argumento de autoridad para el racismo, la defensa del imperialismo, la matanza de animales o el consumo de drogas? Evidentemente no.


Además, los defensores artísticos de la Fiesta ocultan sibilinamente la nómina de escritores que no contemplaban con agrado este espectáculo o que se manifestaron rotundamente en contra, como es el caso de Lope de Vega, Quevedo, Larra, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Benavente, Miguel Delibes y toda la nómina de pensadores de la Ilustración española. Los textos de estos autores que hablan de barbarie, tortura, suplicio, crueldad o inhumanidad, han sido convenientemente silenciados. Pero es que, además, se produce una curiosa metonimia en las citas de algunos de los autores protaurinos. Cada referencia al toro bravo como animal se transmuta, por arte de birlibirloque, en una defensa de la fiesta de los toros, cuando realmente su significado era muy diferente. Muerte, sexo, tragedia están más cerca del simbolismo taurino que de la defensa de los toros como fiesta. Incluso en la mayor parte de los dibujos de Goya es difícil no reparar en las jaurías de perros, carrozas con personajes grotescos y garrochas afiladas, más cercanos a sus pinturas negras que a la exaltación taurina. Especialmente la generación del 27 convirtió la figura del toro en metáfora de España y de su destino dramático. El toro de lidia, sin libertad, acosado, humillado y torturado es el símbolo de la tragedia española y también la imagen de la guerra.

Interpretar las alusiones taurinas de Miguel Hernández sólo en clave de defensa de los toros es una seria manipulación literaria. "Como el toro he nacido para el luto y el dolor" dirá el poeta o llamará a levantarse al toro de España frente a las cadenas de la opresión. Incluso la cita de García Lorca sobre la "cultísima fiesta de los toros" ha sido mutilada porque sigue con esta frase: "forma el triunfo de la muerte española". Picasso, por su parte, concentró gran parte de la fuerza dramática de su Guernica en esa cabeza de toro que él definió como "brutalidad y oscuridad" y otros como el símbolo de la guerra española.

En mi opinión, la fiesta de los toros se muere porque esa vieja metáfora ha desaparecido, porque España ya no es un toro bravo herido, ni el público sublima la violencia social en las plazas de toros. Porque ni siquiera es el camino para el ascenso social de los que huían de las cornás del hambre, sino un apartado más del papel cuché del corazón. García Lorca decía que "España es el único país donde la muerte es el espectáculo nacional", pero afortunadamente ya no es así. Al caer el simbolismo oculto de esa fiesta, se desprende el velo que nos hacía percibir como rito, escuela o arte, lo que solo era tortura y dolor, carne desgarrada de un bello animal que nos mira en la distancia con la superioridad del inocente. En pleno siglo XXI.

sábado, 10 de abril de 2010

Dulce tolerancia cero

Hoy publico en el País este artículo sobre la justificación a los corruptos que hay tras afirmar que hay que ser implacables contra estos fenómenos:

Si lo que ha ocurrido después de la publicación del sumario Gürtel es tolerancia cero contra la corrupción, no quiero ni pensar qué será la comprensión o la tolerancia de grado uno.

Tras meses de negociaciones, de presiones y de acuerdos, el PP ha expresado su decidida tolerancia cero -ni frío ni calor- a través de un comunicado en el que, literalmente, hace "un reconocimiento público a la magnífica gestión" que Barcenas ha desarrollado en estos años al tiempo que hace patente su "agradecimiento a la lealtad que ha demostrado al partido y a sus dirigentes". Durante sus años de "magnífica gestión", el tesorero del PP -a juzgar por las imputaciones- se ha enriquecido de forma espectacular y su colaboración ha sido imprescindible para el robo de millones de euros de los contribuyentes. Pero el PP afirma que están convencidos de que "demostrará su inocencia frente a las falsas imputaciones de las que ha venido siendo objeto". O lo que es lo mismo, que hay una maquinaria judicial que ha inventado un puñado de delitos con el solo objeto de dañar al Partido Popular.

Días antes el presidente del PP andaluz se había pronunciado en similares términos, calificando el trabajo de Barcenas de "extraordinario" y suministrando al ex tesorero una red de comprensión para su inminente caída. En política es bastante fácil distinguir las declaraciones apresuradas o las simples meteduras de pata, de aquellas otras meditadas y absolutamente intencionadas. Arenas no es -como se esfuerza en aparentar-, sólo el candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía, sino un personajes clave del Partido Popular, nexo de unión entre la actual dirección y la etapa de Aznar. Por tanto, cuando realiza estas declaraciones, a sabiendas de que serán socialmente incomprensibles, está fijando el terreno de juego y enviando un mensaje tranquilizador a la parte más poderosa de los imputados en la trama Gürtel: "You?ll never walk alone".
Mientras, este fin de semana, un Rajoy zombi pasea su triste figura por el Guadalquivir de los olvidos. Como propuesta estrella ha venido a presentar una modificación del Código Penal -y de la propia Constitución- para introducir una cadena perpetua a la carta. Dice contar con el apoyo de un millón seiscientas mil firmas. ¡Qué pena que los delincuentes de postín, los de las cuentas secretas en las Islas Caimán -sobre todo si son afines-, sólo le produzcan un gesto de fastidiosa melancolía!
Pero, puestos a pedir el apoyo ciudadano, millones de personas firmarían por el endurecimiento del castigo a los que en vez de administrar los bienes públicos con honradez, roban a manos llenas el dinero público y multiplican su patrimonio; a los que se compran yates, vacaciones exóticas y cuadros de firmas con el dinero de los hospitales y las escuelas. Millones de firmas avalarían el fin de la impunidad del robo político, de una inmunidad parlamentaria que nació para proteger a los parlamentarios de los poderes militares o económicos y hoy se ha convertido en coartada de los ladrones y extorsionadores de las cuentas públicas. Pero nada se habló de esto, ni de responsabilidades políticas, ni de devolución del botín.

Aznar esperaba frente a la Torre del Oro para hacerse la foto de la reconquista. Quedó algo descolorida, como las imágenes antiguas, por una simple cuestión de calendario. El presidente de la FAES ha pedido a Rajoy que sea implacable contra los corruptos que él encumbró y el interpelado ha anunciado que "el nivel de exigencia del PP será muy elevado y que si alguien incurre en prácticas corruptas actuará como hasta la fecha". Así que tiemblen los imputados: recibirán una amonestación tardía y cariñosa, buenos deseos, y una retirada negociada del carnet del partido. Y, todos juntos, se fotografiaron en la ribera del Guadalquivir, viendo los barcos venir.



domingo, 28 de marzo de 2010

Oficina de Tópicos

En la edición de El País podéis pinchar el último artículo sobre las declaraciones de Esperanza Aguirre y otros "pitas, pitas" no tan sonados pero que también nos ofenden a los andaluces.

"Convendría, con la mayor brevedad, disponer de una clasificación de los tópicos que se adjudican a cada comunidad autónoma para evitarnos la tarea de pensar por nosotros mismos. Si dispusiéramos de este catálogo de lugares comunes podríamos insultarnos entre comunidades sin activar las conexiones de una sola neurona de nuestro cerebro. Convenientemente ordenados y clasificados servirían también para componer un mapa de la España cañí, de su catálogo de odios, amenazas, envidias y rencores.
El tópico -incluso el que no pretende ser malintencionado- intenta fijar, para todos y para siempre, unas determinadas características de un pueblo o de un territorio. Se convierten para el destinatario en una mordaza que le impide crecer, cambiar y adaptarse a otras realidades.

Todas las comunidades padecen, de una u otra forma, el castigo de etiquetas seculares: bobos, los gallegos; tacaños los catalanes; chulos los de Madrid, pero en ninguna comunidad el abanico de los tópicos ha sido tan variada como en el caso de Andalucía. Es posible que la causa de ello sea que la identidad andaluza se ha utilizado o exportado como identidad nacional española, como la cara amable de un país triste, agriado y confrontado. Frente a ello la gracia, la amabilidad, la alegría andaluza se exportó como el señuelo internacional de España.
Pero, junto a esta utilización de los tópicos positivos, el franquismo tenía que justificar de alguna forma la falta de desarrollo de Andalucía, el paro y las condiciones que obligaban a millones de personas a la emigración y acuñó, con viejos materiales de deshecho, el tópico de la pereza andaluza, de vivir del cuento y de la subvención. La fuente inspiradora de este tópico no eran los andaluces en su conjunto -que en su tierra o en la emigración se afanaban por construir un futuro diferente-, sino los viejos señoritos que vivían de las rentas y que mataban el tiempo y las esperanzas en sus correrías madrileñas.
Por eso, de todos los tópicos acuñados para nuestra tierra, los más injustos y enervantes son los socioeconómicos: los que nos asignan papeles de sirvientas en las series de televisión, los que menosprecian nuestra preparación, los que niegan la innovación, los que presuponen un nivel inferior de trabajo, de dedicación o de cultura. Se trata de tópicos clasistas, impregnados del más rancio franquismo, inventados por la misma derecha política y económica que castigó a este pueblo durante decenios.
Esta semana, la presidenta de Madrid, experta avícola porque acostumbra a distribuir los despojos de los servicios públicos madrileños entre los buitres del mercado, nos ha escandalizado a los andaluces comparándonos con gallinas que acuden al reclamo del poder. Pero, si lo pensamos bien, escuchamos a diario el rumor de "pitas, pitas" en otras informaciones, declaraciones o producciones, expresado con mayor corrección y sutileza, pero con igual superioridad y desprecio.
El "pitas, pitas" resuena en nuestros oídos cuando sólo se escucha el andaluz en boca de chachas y de canis; cuando se comprueba que las únicas informaciones andaluzas que saltan a las primeras ediciones informativas son de sucesos o de accidentes; cuando los avances tecnológicos o científicos se destacan menos si se han producido en Andalucía y se obvia el origen del trasplante, de la investigación o del hallazgo; cuando nuestros apagones, inundaciones o debates son menos importantes que los de la mitad norte; cuando a nuestros poetas, pintores o creadores se les borra la procedencia; cuando entrevistan en una cadena estatal a algún famoso andaluz de cualquier campo y éste se empeña en pronunciar unas eses silbantes como si se avergonzaran del uso culto de nuestra forma de hablar. Porque el peor "pitas, pitas" es el de algunos andaluces que bajan la cabeza cuando hablan injustamente de su tierra.

sábado, 20 de marzo de 2010

Sufrir ya no da puntos

También puedes leerla en la edición de El País pinchando aquí.

Esta semana acabó el último reducto medieval de nuestra cultura. El principio del dolor ha sido derrotado después de siglos de lucha. Como todo relato mítico, tiene un origen lejano y comienza cuando un ángel, fieramente armado, expulsó del paraíso a Adán y Eva y anunció que toda la humanidad sufriría la espina del dolor desde su nacimiento. A partir de aquí, el principio del sufrimiento se erigió como el núcleo de la doctrina cristiana y, por extensión, de toda la cultura occidental. El mundo se convirtió en un valle de lágrimas; la vida, un particular calvario y cada dolor en un peldaño hacia la redención humana, hasta el punto que los santos buscaban gozosos el martirio como forma de ganar el paraíso.

La doctrina religiosa ha luchado con todas sus fuerzas contra el principio opuesto, el del placer y esta semana ha perdido sus últimas posiciones. Las ideas de que hay algo oscuro y sucio en el cuerpo humano que debe ser sometido a purificación y prueba a través del dolor han perdido definitivamente la batalla. Sufrir ya no da puntos, no hay una cartilla individual donde se anoten los tantos de los daños sufridos y tenga su recompensa celestial. Creyentes y no creyentes comparten que el camino a la bondad no es el sufrimiento y que el dolor innecesario no nos hace mejores sino infelices.

Esta semana el Parlamento de Andalucía ha acabado con la maldición bíblica del tormento y ha afirmado el valor de la vida humana hasta el último día. La conquista de este pequeño espacio de paraíso perdido se ha producido en Andalucía, donde hasta la palabra muerte está cargada de mal fario y su simple enunciación el último y verdadero tabú de nuestra sociedad.

Ha sorprendido la unanimidad de la votación final de la ley porque el camino no ha sido fácil. Actualmente se han atemperado las voces opuestas a la muerte digna y, aunque todavía renuentes a la ley, los Colegios Médicos Oficiales y la jerarquía eclesiástica han reducido, como el PP, su oposición a temas secundarios -que no menores- como la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios o la labor de los comités de ética. Sin embargo, cuando se elaboró el Estatuto de Autonomía, la postura de estos tres estamentos fue radicalmente beligerante contra la inclusión de la muerte digna como un nuevo derecho de los andaluces así como contra la investigación biomédica, entonces centrada en las células madre.

La espada flamígera del PP libraba en Madrid su particular batalla contra la muerte digna e inició un proceso inquisitorial contra el equipo médico del Hospital Severo Ochoa, dirigido por el doctor Montes, por sedaciones en pacientes terminales y bajo la acusación de haber puesto fin a su vida. Aunque los tribunales fallaron a favor de los médicos y el personal sanitario, el daño no fue sólo profesional sino que cientos de pacientes se vieron privados de sedación y sometidos a la muerte indigna para contentar los afanes ideológicos de su Presidenta. Ahora su propio partido vota en Andalucía lo que persiguió en los hospitales madrileños. No vendría mal una explicación y unas palabras de perdón.

¿Qué ha ocurrido en tan corto espacio de tiempo para que hayan atemperado sus voces? Sin duda, una severa derrota social. Es difícil encontrar un solo ciudadano que defienda los tratamientos sin esperanza, el ensañamiento terapéutico, el dolor inútil, la muerte indigna. Puede considerarse afortunada aquella persona que no haya alzado la vista al cielo para desear, rompiéndose por dentro, el final de un ser querido. Y porque sabemos todo esto, la unanimidad se ha impuesto como fruta madura y muchos han tenido que guardar sus viejos prejuicios

sábado, 13 de marzo de 2010

Delibes, un camino propio

Cuando muere un escritor se nos agolpan textos leídos, imágenes de sus personajes y una cierta melancolía. Miguel Delibes le había pedido al destino conservar la cabeza para darse cuenta del momento en que estaba perdiendo sus facultades. Los deseos de Delibes eran modestos y el destino -que tantas cosas le había arrebatado- le concedió la cordura y el silencio contemplativo de los últimos años.
Tenía Miguel Delibes un porte escasamente novelesco, una apariencia de hombre tranquilo y una forma de decir sin estridencias. La primera vez que lo leí me sorprendió su forma de escribir, la dificil sencillez de su prosa, y el tema original de su obra que para mi era la inocencia del ser humano o de la naturaleza traicionada en vano.
Hace muchos años, cuando decía que me gustaba Delibes, algunos me contestaban que era un escritor antiguo, opuesto al progreso que se movía en los márgenes de la historia. Pero es más bien todo lo contrario: vivía tan pegado a la historia que supo detectar, antes de que el ecologismo político lo pusiera en primer término, la vinculación del ser humano con la naturaleza, el carácter destructor de nuestra sociedad y el pequeño paraíso de los valores humanos. Cuando la vida le arrebató lo más querido, su soledad se hizo más grande y su paisaje más amplio.
Ha tenido Delibes una forma especial de compromiso con los de abajo, antes pegados a la tierra, después desconcertados en la maraña de la ciudad, como pájaro que ha perdido el rumbo, perdido en tierra extraña, sometido al capricho vanidoso y pueril de los señores.
Hace treinta y cinco años Miguel Delibes escribió: "Si la aventura del progreso ha de
traducirse inexorablemente en un aumento de la violencia y la incomunicación; de la
autocracia y la desconfianza; de la injusticia y la prostitución de la Naturaleza; del
sentimiento competitivo y del refinamiento de la tortura; de la explotación del hombre
por el hombre y la exaltación del dinero, en ese caso, yo gritaría ahora mismo, como
una conocida canción americana: ¡Que paren la Tierra, quiero apearme!”
Se fue esta semana, conservando una extraña inocencia, como la de los pájaros cuando descubren el fusil del cazador.

La metáfora de la deuda histórica

La columna de opinión que publico semanalmente en El País Andalucía ha sido trasladada a los sábados. Hoy, por un error de la edición digital, no aparece el enlace al artículo, pero lo podéis leer pinchando aquí.

La metáfora –nos enseñaban en las escuelas-, es un recurso por el que se traslada el significado literal de una palabra a otro nivel o sentido. Algunos piensan que las metáforas son sólo recursos literarios, propios de poetas que andan a su caza con redes invisibles. Sin embargo, nuestra vida cotidiana, nuestra construcción mental del mundo, está llena de metáforas, de cambios de sentido y simbologías, algunas tan ocultas o tan arraigadas en nuestro inconsciente que apenas podemos distinguirlas de la realidad. Si no me creen, prueben a leer a García Lorca, en sus obras más claras y populares, y se encontrarán un laberinto de metáforas que sin saber explicar, entienden.

Hay metáforas amorosas, literarias, deportivas y políticas. La iconografía partidaria, el rojo y el azul, las formas de expresión nos trasladan también a contenidos asumidos, a códigos conocidos o sugeridos.

En la historia reciente de Andalucía ninguna acuñación política ha tenido tanto éxito como “la deuda histórica”, ni tanto valor metafórico. En tan sólo tres palabras se han resumido sentimientos y razonamientos complejos sobre los problemas y aspiraciones de Andalucía. Esta expresión ha concentrado en su significación el trato desigual que el Estado dio a Andalucía, la desventaja inicial con que nuestra autonomía comenzó a caminar y los deseos de igualdad de nuestro pueblo con el resto del Estado.

La deuda histórica perdió prestigio en estos últimos años en los que el crecimiento desmesurado produjo la ilusión de que las desigualdades iniciales estaban superadas hasta el punto de que los gobernantes hablaban con soltura de que Andalucía acariciaba el objetivo del pleno empleo. Por lo visto, el bosque de las urbanizaciones no permitía ver el árbol de la realidad, a cuya sombra rebrotaban las raíces centenarias del desempleo andaluz.

De forma brusca, un millón de parados nos han desvelado los problemas ocultos, los fallos y fallas de nuestro modelo de desarrollo. Un millón de personas paradas que no pueden ser una pancarta, un pretexto, un lema electoral, un arma arrojadiza sino una interrogación sobre los errores cometidos, un motivo para la acción y para el cambio.

En el segundo año de la era post-desarrollista, Andalucía mira de reojo al Estado y no encuentra nada: ni fondos europeos, ni inversiones especiales, ni un gesto de comprensión ante la comunidad con mayor índice de desempleo. No es de extrañar que - según publicaba la encuesta especial de El País Andalucía con motivo de los treinta años de autonomía-, el ochenta por ciento de los andaluces piensen que el gobierno debe ser mucho más reivindicativo ante la administración central.

Justo en esta situación económica y anímica, el gobierno andaluz ha negociado el pago final de la deuda histórica como si de un saldo insignificante se tratara. No se trata solo de la pequeña cantidad acordada, sino de la forma de pago a través de un suelo público que los andaluces contribuimos a sufragar y que nos pertenece, en una comunidad a la que se le sobran solares y le falta dinero y empleo. Por eso, la mitad de los andaluces rechazan esta forma de pago: no es que discutan los metros cuadrados transferidos, ni quieran una nueva tasación, ni que se sumen a la hipócrita campaña del PP que tanto contribuyó a su olvido, es que no les gusta el final anodino de esta historia: la falta de reivindicación, de sano conflicto y de defensa de Andalucía.

La sombra de la deuda histórica puede convertirse en la metáfora de las relaciones de Andalucía con el gobierno central, por eso el gobierno hace mal en no analizar su fuerte simbolismo. Como todos los objetos, con el uso cotidiano, las metáforas pueden desgastarse, perder su brillo inicial, pero cuando arraigan en el inconsciente popular, por muy gastadas y deslucidas que parezcan, siguen conservando el poder de señalar los sueños no cumplidos y las promesas vanas.

domingo, 7 de marzo de 2010

La dama y la muerte

A Penélope Cruz le dieron un Oscar el pasado año por una de las peores películas de Woody Allen, un film que me recordó el lamentable cine español de los años 70 con sus machos hispánicos, sus mujeres raciales y su toque turístico. Ahora se habla mucho de su nueva nominación a los Oscar. Lo que poca gente sabe es que un granadino llamado Javier Recio está nominado al mejor corto de animación por la creación de esta obra llamada "La dama y la muerte". Mucha suerte