miércoles, 11 de marzo de 2009

A propósito de The reader


Unos cuantos post más abajo, en uno denominado Revolucionary Road, venimos desarrollando una especie de debate sobre la película El lector. Hace pocos días que la vi y me pareció inquietante de una forma que todavía no he conseguido expresar bien. Mi amigo Ferrán Gallego, hace sin embargo este análisis que me parece muy interesante y que transcribo, aunque todavía no he podido responderle de forma razonada ya que mi primera reacción ha sido casi institintiva:

No estoy de acuerdo, Concha, en la carencia de sentido de la película (de no ser por la interpretación de Winslet). Se trata de examinar una lógica de la barbarie asentada en una determinada concepción de la cultura. Sólo podemos entender el nazismo si consideramos la normalización de una sociedad que incluía por la vía de la exclusión, siendo ambos factores los complementarios de un proceso de afirmación comunitaria, de reconocimiento social, que resulta en una verdadera patología de la modernidad: conseguir convencer a un sector muy importante de la sociedad de que el conflicto deja de ser interno para ser algo ajeno al organismo nacional. Que el adversario es un elemento extraño al cuerpo político nacional, a la comunidad de camaradas de sangre. Y frente a esa conciencia nazi, que seduce de una forma muy distinta a los recursos de propaganda que acostumbramos a reconocer (para hacerlo en una lluvia fina que se inicia antes de 1933 y se acelera a partir de ese momento), permitir que determinados temas dejen de ser "conflictivos", para ser "funcionales". Lo terrible de Hanna no es que se encuentra al final de una cadena de mando: lo terrible es que una persona de escasa formación tiene, en cambio, una perfecta construcción cultural de lo que es ella y de lo que es su país. Esa ausencia de culpabilidad procede de una lenta construcción de una conciencia, de una representación de lo que uno es, del significado de la propia existencia social, que no corresponde a doctrinarios, sino a quienes viven cotidianamente en un sistema que va radicalizando sus mecanismos de exclusión, a medida que pueden ser digeridos con normalidad por un país que dispone de esa conciencia. Aconsejo una lectura como "La conciencia nazi", de Claudia Koonz (Paidós), para poder comprender esa visión del alemán ordinario, incluyendo al que no es guardián de un campo de exterminio, pero que ha otorgado su voto, su movilización o su apoyo tranquilo a la instauración de un régimen que puede llegar hasta ahí. ¿Crees que carece de sentido una película en la que se nos plantea algo tan estremecedor como la protesta de Hanna: "llegaban todos los días, no sabíamos qué hacer con tantas", cuando la documentación que he estudiado me sorprendió por esa perfecta organización ideológica de una deportación que crea un problema de superpoblación resuelto con un exterminio, precisamente, SELECTIVO? La sorpresa del personaje procede de una formación cultural honda, inserta en su analfabetismo sin problema alguno, en el que una ciudadana puede no saber leer, pero ha adquirido una cultura en la que los judíos, los gitanos, los asociales, los eslavos, han dejado de tener derechos, desde la libertad hasta la vida. Y lo grave, lo desconcertante, la utilidad de la película y el libro, no es la empatía que se cree con el individuo (ahí, Lena Olin, en el papel de antigua prisionera, está genial), sino en el descubrimiento de que esa sensibilidad es una espantosa constatación de que la cultura, como antes decía, no implica necesariamente una afirmación de la equivalencia y la dignidad de los seres humanos. Concha, tú misma lo has dicho: en caso contrario ¿cómo entenderíamos a ´Céline, a Drieu La Rochelle, a Pound, a Pirandello o a Stefan George? Lo pavoroso es que todo eso se hiciera en nombre de una Cultura por parte de los altos perpetradores del genocidio (como todo imperialismo, actuó en defensa de la cultura); y que se llegara a asumir una forma de vivir esa cultura como vida cotidiana de diferenciación, de escisión de los seres humanos, incluso por parte de una analfabeta.

10 comentarios:

Cosas Que Nadie Rompe Pero Se Rompieron dijo...

No, por favor ¿"sólo podemos entender el nazismo si consideramos..."? ¡NO! ¿quien quiere entender el nazismo? Me niego a que las artes, en cualquiera de sus formas, sirvan para humanización, pseudojustificación o simple "lavado de cara" de barbaries como el holocausto nazi, el imperialismo americano o el sionista, las guerras...¡NO!

No quiero compartir ni entender las intimidades y gustos varios de un nazi, porque es lo mismo que un psicópata, un violador, un maltratador o cualquier criminal.

Y NO a ese uso del analfabetismo que aquí se está dando, para determinar una justificación del mal o una supuesta facilidad para "lavar el cerebro"...eso no es verdad, la falta de cultura no lleva a una persona al mal ni resulta más sencillo convencerla, manipularla o engañarla, esa es una generalización absurda y burguesa ¿a cuantos analfabetos conocen ustedes para afirmar eso?

Una obra no tiene una única interpretación, cada uno ve lo que quiere en ella. Alabo la gran capacidad de Ferran para sacar algo positivo de aquí, pero lo cierto es que a priori esta obra es lo que es y no debería serlo...

Salud

Ferran Gallego dijo...

Llevo muchos años tratando de "entender" el nazismo de una forma que debe superar el verbo entender como simple "comprensión" empática. Lo que debe hacerse es comprender cómo una sociedad se corrompió hasta el punto de que ella, en su conjunto, construía un proyecto que pretendía ser solidario cuando tal solidaridad incluía sólo a los nacionales, a los verdaderos, a los humanos auténticos, mientras todos los demás no cuentan sino como elementos útiles para llevar adelante un proceso que haga esa sociedad sostenible. ¿De verdad no te interesa comprender ese proceso? ¿Dirías lo mismo en lo que hace referencia al imperialismo, en comprender cómo los trabajadores bri´tánicos o belgas de los años 80-90 del siglo XIX aceptaban con normalidad la opresión sobre lo que consideraban culturas inferiores. ¿Crees que la cultura y la modernidad no tienen nada que ver con el nazismo, que es pura tiniebla histórica (aunque sea pura tiniebla moral)? Esa confusión entre dos planos de análisis llevaría a que, sencillamente, dejáramos de estudiarlo. Cuando mis alumnos me dicen que habiendo comprendido el nazismo se sienten más protegidos frente a su seducción, y comprenden mejor el siglo XX (incluyendo cierto excesivo orgullo por nuestra cultura moderna, que fue la que inventó el racismo "científico", no lo olvides, el que obligaba a los americanos a hacerse analíticas para que se les autorizara el matrimonio), no me parece que ese análisis sea innecesario. Llegar a entender que una persona "de base" integra la filosofía del nazismo, que éste no es una mera exposición de brutalidades ideológicas, sino la síntesis de los mecanismos de exclusión y rectificación de las ideas de 1789 dentro de un proceso de modernización del capitalismo; llegar a entender eso, es crucial. Libros como el que citaba de Koonz plantean la existencia de una "moral" nazi, de un estilo de vida que se considera el "normal", el "culto", el que defiende un "German way of life". ¿Crees que no es necesario entender Auschwitz y que es mejor asistir al espectáculo ofrecido el documentales, extrayéndolo del proceso histórico que lo hace posible porque el repudio moral no nos permite analizarlo? Un nazi no es un psicópata: es un fascista alemán que, como millones de personas europeas creyeron, en un periodo de crisis, que el fascismo era una solución. ¿Te parece más útil, incluso desde el punto de vista moral, relegarlos a la condición de una locura, en lugar de considerar que el fascismo es una patología de la modernidad ejercida por personas totalmente sanas (y ahí está el horror)? No te parece que las complicidades sociales quedan al margen, que las responsabilidades de quienes no estaban locos, sino que apostaban por un modelo de control social total al servicio de una sociedad esclavista industrializada, quedan más impunes con tu planteamiento? ¿Crees que puede entenderse algo del siglo XX sin comprender cómo el nazismo tuvo que contar con esas personas corrientes, esas que no eran simples "criminales" en el sentido que damos a la palabra, sino portadores de una utopía que se vio como NO CRIMINAL por personas que nunca ejercieron violencia alguna PERSONALMENTE, pero que con su fijación de criterios permitieron que esa violencia se llevara a cabo?

Y yo no he dicho en ningún momento que la falta de cultura permita lavar el cerebro mejor. Sabe Concha perfectamente, y se lo decía cuantos intelectuales europeos, novelistas notables, premios nobel de física, filósofos como Heidegger, dieron su apoyo al nazismo, llenos de cultura. Digo LO CONTRARIO. Que la cultura no es un elemento que nos proteja de la barbarie´. Que se puede degustar a Bach, interpretar a Mozart, saber qué es la genética o la física de Planck, conocer a Kant como nadie, y aceptar el nazismo.

Que es una afirmación burguesa decir que el analfabetismo crea seres inmorales está fuera de toda afirmación mía. Es insultante para mi argumentación y demuestra que no se me conoce en absoluto. Pero ¿no estamos exigiendo a quienes eran celadores de la cultura que tuvieran un comportamiento especialmente ejemplar en el antifascismo? ¿En qué quedamos? Y, por otro lado, millones de analfabetos perecieron en los campos o en las ejecuciones en Polonia y la URSS. Y muchos de ellos, militantes de la izquierda, no necesitaban lo que puede entenderse por cultura desde una posición académica para oponerse al régimen.

Si cuarenta años de esfuerzos de miles de historiadores progresistas para comprender el nazismo le parecen más sospechosos y menos útiles que una condena a la que no sigue comprensión alguna del fenómeno, deberá explicar, entonces, si tiene sentido explicar el fascismo en la universidad. Y explicarlo no con una consigna, no diciendo que estaban locos, que eran asesinos en serie (20 millones de alemanes lo fueron, entendiendo por asesino en serie lo que entiende un estudiante universitario?). Explicarlo tratando de hacer ver que el personaje repugnante de Hanna no inspira más compasión que hasta dónde puede llegar una crisis cultural de la sociedad europea para llevar a una mujer a cometer el crimen.

¿Tan mal me he explicado, Concha? ¿Tan mal llevamos tantos colegas haciéndolo durante todo este tiempo?

Con franqueza, si el resultado del post es que se me indique que justifico a Hanna, creo que será mejor que no os moleste más.

Concha Caballero dijo...

Estoy completamente de acuerdo con Ferrán en cuanto a la necesidad de "comprender el nazismo". Me parece esencial el análisis que hace del surgimiento del nazismo como síntesis de la exclusión. Creo que es muy difícil explicarlo mejor de lo que él lo ha hecho.
Hay otro término del debate que él plantea que me parece que golpea nuestros clichés culturales. Es verdad que tendemos a pensar que la lectura, la escritura, el goce de las artes nos hace mejores y más libres. Ferrán nos desvela que no es así. Que leer a Goethe o a Chejov no nos hace mejores, ni estar a salvo del nazismo ni de ninguna ideología de naturaleza totalitaria. Cuando estuve en Weimar me sorprendió una pequeña anécdota que avala lo que Ferrán plantea. Cuando los nazis construyeron el campo de concentración y de exterminio en esta ciudad, la Asociación de Amigos de Goethe, se unieron como una piña, no para evitar semejante monstruosidad, sino para que el campo no tuviera el nombre de la ciudad, ni de las colinas a las que tango amaba Goethe. Finalmente esa atrocidad se llamó Buchenwald y la sociedad cultural respiró aliviada. Ferrán nos coloca ante una incómoda verdad.
De todas maneras la desazón que me produjo la película es, quizá, justamente la contraria, una especie de salvación de la figura de Hanna a través de su amor a los libros.Pero cuando esto me ocurre es, simplemente, que necesito aclarar y pensar nuevamente cosas que creía tener claras, como ese papel de la cultura, sin más aceptada como un bien absoluto.
No creo, Ferrán, que nadie haya deducido ninguna complicidad tuya con Hanna y, por supuesto, no solamente no molestas sino que haces una aportación fundamental para este blog y para las ideas que intento defender. Un beso.

Cosas Que Nadie Rompe Pero Se Rompieron dijo...

Ferran, no se disguste ni sea usted tan extremista, que los debates son para exponer las diferentes opiniones y nadie molesta.

No creo que justifique usted precisamente a ningún nazi. Mi problema no es con usted ni con los historiadores, sino con ciertas obras que llevan a confusiones si no se conoce un tema a fondo.

Tampoco creo que con mi planteamiento los nazis queden impunes, pero sí con la vuelta de tuerca que usted le ha dado a mi planteamiento... O quizá es que no he sabido explicarme de manera que usted capte lo que pienso y siento.

Está muy bien hacer estudios sobre el nazismo o cualquier otro hecho atroz en la historia, pero no cine, teatro o libros donde se le de cierto "lavadito de cara" a los fascistas, asesinos y torturadores...

Amigo Ferran, un ejemplo: nadie necesita probar la cocaina para saber que no es buena, condenarla y no repetir los errores de otros que cayeron en la adicción... disculpe si parece un tanto demagógico, pero lo blanco es blanco y lo negro es negro, ese es mi planteamiento, y la escala de grises que usted plantea no son blancos ni negros y aunque lo contengan, no lo son... Hubo un holocausto, con víctimas y verdugos, y yo no quiero que me "humanicen" a los verdugos contandome sus historias de amor y otras yerbas... ni que me expliquen políticamente porqué torturaban y mataban...

No me sirve su planteamiento, Ferran, porque yo NO soy una mujer culta, tengo una tendencia política y también sufro las consecuencias de la crisis, pero jamás se me ocurriria participar de un holocausto.

No son los estudios sobre el nazismo, ni sus valiosas valoraciones, sino estas películas que esconden eso que he explicado que no debiesen tener...¿Me he explicado algo mejor ahora? Espero...

Salud

F.Garrido dijo...

Quiero contar lo que me ocurrió viendo esta película pues creo que es relevante para entender mi opinión en sobre la película que ha abierto este interesante debate. Cometí un error, un estúpido error. No me di cuenta hasta casi el final de la película que la protagonista no sabia leer. Atribuí el gusto por que le leyeran a algún extraño y perverso placer por la palabra hablada ¿Por qué cometí ese error? Pues además de por motivos endógenos, relativos a la cuota intrínseca de estupidez que acumulo con una avaricia incomprensible, por qué ignoré los datos concretos y evidentes que la película aportaba en favor de una interpretación contextual que me decía en Alemania en esa época no había casi analfabetismo y menos en los cuadros de las SS. En este caso no fue que los árboles no me dejaron ver el bosque sino que fue el bosque el que no me permitió ver a los árboles. Me falto prudencia y capacidad crítica para reconocer aquello que tenía delante de mi. El discurso se impuso a la evidencia y cometí un error peor que el de la fe (creer en lo que no se ve) y no creí en aquello que veía.

El error de la protagonista , como de otros muchos alemanes, fue no atender sino a los mandatos imperativos de la obligación del cumplimiento del deber como funcionaria alemana Los dos mandatos a los que alude Hanna son relativos a dos estatus del deber: el de la gestora ( “no cabían más”) y el de la guardia (“que no se escapen”) . Ese sentido tal moral de cumplimiento ciego del deber. sin prudencia y compasión, lo que convierte al individuo ( ya la norma) en banal y por tanto monstruoso. A la protagonista le ocurrió lo mismo que a mí viendo la película: el bosque de su sentido del deber le hizo no ver el crimen y el sufrimiento concreto. El imperativo moral del deber le hizo caer inmoralidad del crimen y la crueldad. Solo luego cuando consigue tener cerca , y si las anteojeras de la ideología del deber, a las victimas concretas , y cuando pasa por la experiencia del otro que es el amor ; cuando toma dolorosamente conciencia de crimen.
La película trata de explicar , y no sólo de juzgar, por que ocurrió lo que ocurrió. En un momento el protagonista masculino dice, ante el discurso, tan duro como cierto, de un compañero contra los nazis:” se trata de entender”. no sólo de juzgar”.Se han hecho mucha películas que juzgan al nazismo y benditas sean, pero se han hecho muy pocas que lo expliquen, Esta es una de ellas.
Un enfoque materialista del problema del mal no debe nunca buscar comprensivamente aquello que nos diferencia del mal o que supuestamente nos hace inmune a él, como los fariseos siempre prestos al escándalo. Si no que debemos más bien buscar aquello que hay de mi, de nosotros, en el monstruo. Que es lo común entre la normalidad inocua y excentricidad monstruosa. El verdadero problema ( y ahí reside el fariseo escándalo) de los nazis es que eran demasiado normales. El problema de Hanna es que era una kantiana sin crítica y sin consciencia (no sabia que lo era). El nazismo es kantismo sin crítica, mera forma vacía del deber .
Todo el discurso cinematográfico de esta película tiene el trasfondo de la tesis de H. Arent de sobre la “banalidad del mal”. Arendt desarrollo esta tesis que u n libro titulado “Eichmann en Jerusalén” y que dedicó a la explicación del comportamiento de los nazis normales. Por cierto a Arendt, judía ella, también le costo caro tanta valentía y honestidad intelectual. Muchos judíos vieron en su texto una justificación del nazismo. Nada más lejos.

Ferran Gallego dijo...

Ni siquiera me parecería oportuno, de no ser por otros lectores, considerar que alguien que dice que mi "vuelta de tuerca" a su argumento convierte a los nazis en impunes, merece ser respondido. Decir a cualquiera que su argumento puede llegar a reducir la condena del nazismo, que está destinado a defender la existencia de obras destinadas a "lavar la cara" de asesinos y torturadores, me parece de dudosa fiabilidad siempre que no se hable con un simpatizante de ese proyecto. Decírselo a quien lleva muchos años estudiándolo, de una forma muy incómoda, leyendo documentación (no ficción) que produce no sólo asco, sino también distintas tonalidades del horror, me parece, sencillamente, una ligereza.

No deseo, sin embargo, dejar la cosa así, pues parecería que los argumentos que se me han dado en la respuesta pasan a haber explicado mejor lo que estaba perfectamente explicado (e incluso sin esa alusión a la colaboración con la impunidad) que se ha hecho. Parecería, incluso, que prefiero tomar el camino de una arrogancia fuera de lugar, en especial cuando hay una alusión a la falta de cultura de la persona que se considera incapaz de realizar los actos propios de los nazis, a pesar de esa incultura. Como no creo que los actos de los nazis sean resultado de ella, y como creo que estamos ante una diferente concepción de la cultura (confundiendo la asunción de unas normas cívicas con saber quién escribió La Dama del perrito, por ejemplo), respondo de la forma más sucinta que puedo a ello.

La crítica acerba de EL LECTOR y de mi comentario considera que los nazis son, todos ellos, indignos de cualquier aproximación que no sea la histórica. Acepta ésta, pero niega las obras de ficción que tiendan a "humanizarlos". Tengo dos objeciones de principio que, en realidad, pasan a objetar la parte del central del argumento.

La primera objeción es esa aceptación del trabajo de los historiadores mientras se niegan los ejercicios literarios o cinematográficos que se acercan, a veces refiriéndose a hechos reales, a la historia de personas concretas y no a una visión global en la que cualquier ciudadano tiene, únicamente, conocimiento del carácter de los dirigentes del régimen y, en ocasiones, de los autores del holocausto.

Debo decir que esa ´forma de ver las cosas es, en realidad, una decisión de no ver, que se basa en una deliberada toma de posición de principio: sólo hay blanco o negro, no hay grises. Podríamos hablar de lo que significa "la zona gris", pero prefiero referirme a algo que tiene más fuerza. Esa documentación nos ofrece escalas de colaboración con el exterminio, formas de vivir el nazismo, grados de ejercicio directo de la violencia, formas de pasividad, que constituyen un abanico de situaciones que no pueden ser dejadas de considerarse ya no por la ficción, sino por la historiografía. Como es obvio, la persona que critica mi posición no se asomará a este detalle profesional. Pero en él encontraría aspectos que llevan incitando debates acerca de la naturaleza de esa patología de la modernidad que fue el nazismo. Y que no residió sólo en el Holocausto, sino en la violencia sistemática, la exclusión radical, la homogeneización de una sociedad y el grado de consenso adquirido por ella, participando y asegurando su funcionamiento millones de alemanes que no sólo aceptaron y votaron al régimen, sino que nunca ejercieron directamente violencia alguna, que no formaron parte de organizaciones del partido y que, por tanto, no se encuentran en la misma situación que las personas que mataron directamente u ordenaron matar. Se hallan en la situación degradante, asquerosa, repudiable, de haber construido un sistema con su silencio o su apoyo que permitió a los verdugos ejercitar sus actos. Pero esas personas que no actuaron con violencia eran igualmente nacionalsocialistas. Como eran franquistas quienes no torturaban en las comisarías, pero defendían la existencia de una dictadura que permitía hacerlo. Por tanto, es la documentación histórica la que nos ofrece, más que zonas grises, espacios de diversa implicación en el proyecto. Y, como ha querido demostrarlo la investigación histórica (no cualquier aproximación sentimental a la historia de una mujer nazi a la que se trata de "lavar la cara"), lo que debe comprenderse es la adhesión a un proyecto de masas de personas de todas las condiciones sociales, que permitieron las leyes de esterilización, de expropiación económica, de deportación, de internamiento en campos (todo ello conocido porque era público), así como de quienes sa´bían que se estaba llevando a cabo una guerra racial desde el mismo territorio de Polonia, sin enfrentarse a las autoridades del régimen, aunque sin ser parte activa del aparato represivo del estado.

Siendo la historia, como ciencia, la que nos indica la existencia de esos millones de personas que podían ser como Hanna, mostrándonos los cientos de casos que yo mismo he podido estudiar en estudios locales en el proceso inicial de desnazificación, estamos ante una realidad de masas en las que los nazis SON TODOS, no solamente aquellos a los que podemos, con cierta comodidad intelectual, expulsar de la historia (y, al parecer, del género humano), por el mecanismo de reducir el nazismo a una PARTE del régimen: los verdugos directos. No hay estudio de la vida cotidiana bajo el tercer reich que sostenga una temeridad como ésta. Y sólo ha servido para no considerar la relación incómoda entre crisis de la democracia, tensiones de la modernidad, fascinación por el nacionalismo racial y complicidad de sectores indispensables para llevar adelante el proceso.

El segundo aspecto se refiere a la deshumanización de los nazis. Sus actos ¿les convirtieron en organismos vivos que dejaban de pertenecer al género humano? No. Sus actos les hicieron miembros de una parte de la humanidad que optó por el fascismo. Y no puede considerarse que la ejecución o el apoyo a un exterminio expulsa a una persona de su condición de ser humano: nos obliga a considerar, precisamente, cuál es esa condición.


¿Cuál es la diferencia entre Heidegger y Himmler?´¿Hay gris aquí o dos tonalidades del negro? Porque Heidegger murió en su cama, como murió Thyssen, o Krupp, o millones de alemanes que permitieron la violencia, que no se levantaron contra las leyes de exclusión, que votaron la dictadura o que dieron los plenos poderes a Hitler en marzo de 1933: votantes del partido católico, del partido nacional-alemán, del partido popular, del partido demócrata...Todos, salvo los diputados del SPD y los del KPD dieron ese apoyo al poder total. ¿Cuál es su responsabilidad? ¿Un gris, cuando estaba ua abierto el campo de Dachau? ¿Un gris cuando se había aprobado, el 14 de julio de 1933, la Ley de tribunales de Salud Hereditaria, que esterilizaron a 300.000 personas "defectuosas"?

¿Cuál es la diferencia entre el obrero de la Siemens y Robert Brasillach? ¿Dónde hay mayor responsabilidad? Los compañeros de fábrica comunistas pudieron ir a un campo de concentración: tenían cultura, aunque fueran analfabetos. Esa cultura que permite construir un esquema de valores por los que una sociedad, una clase, un partido, han luchado. Los compañeros de Brasillach, el poeta fascista francés, pudieron estar en la resistencia con la misma formación, el mismo nivel social, la misma cultura académica que poseía el director de Je suis Partout. Pero De Gaulle se negó a firmar su indulto, a pesar de las presiones de Mauriac o Camus, porque creía que los intelectuales habían traicionado una de sus misiones fundamentales en un tiempo de situaciones límite.

Más allá del acuerdo con el tratamiento de la película...¿se puede afirmar que no nos interesa acercarnos a la persona que se hace nazi para comprender por qué lo hicieron millones de alemanes? Ya no el caso de una guardiana de Auschwitz, sino quienes sabían que Auschwitz existía, quienes conocían la deportación, quienes aplaudían la expansión alemana y aceptaban la guetización de los judíos, la pérdida de derechos de otros millones de alemanes.

Ese ejercicio de aproximación a una persona concreta ¿la absuelve? O nos permite comprender la tragedia. ¿No resulta un método de justificación más rancio establecer que se trató de un mal que ni siquiera deseamos comprender, prefiriendo reducirlo a un amasijo de verdades que la historiografía ha tenido que corregir, precisamente para que el crimen no quede impune, con la libertad y el olvido de quienes fueron corresponsables aunque nunca mataran a nadie?

Con conocimiento de causa, me parece difícil que una analfabeta en la Alemania de 1942 llegara a tener lugar alguno en la estructura de las SS, tan cuidadosa en la selección de su personal. Todo pasa a ser una metáfora, cuyo sentido es éste: la ignorancia de lo académico no es la falta de una cultura esencial que nos permite distinguir el horror social. Cuando Hanna dice que no cabían más judíos, está hablando una cultura que establece el carácter superfluo de una raza en el momento en que hay que tomar soluciones drásticas ante un problema de desequilibrio entre población y recursos. Su cultura es haber asimilado el racismo. Su ignorancia es no saber leer.

Y otra cuestión a la que me he referido siempre, más allá de este blog: esa cultura europea fabricó, al mismo tiempo, el avión a reacción y las cámaras de gas; el existencialismo heideggeriano y las leyes de esterilización. Descubrir la impureza de la cultura, la ingenuidad de considerar que cualquier descubrimiento o simple paso del tiempo crea un "progreso" moral y social nos obliga a abandonar el socialdarwinismo de Kautsky y regresar al Angelus Novus de las Tesis de la Filosofía de la Historia de Walter Benjamin: la derrota del antifascismo fue creer que la cultura y el progreso lo frenaría, como creyó, ingenuamente, una izquierda progresista, mecanicista, que confundió las conquistas sociales con la extinción de las alternivas utópicas de la barbarie y su congruencia con las expectativas de una población.

Lamento la extensa explicación. Y lamento, en especial, que mi postura se haya considerado paralela a un ejercicio de impunidad para el nazismo. Con sinceridad, creo que es esta explicación precisamente, la que sale de la profesionalidad de muchos años, la que sale de un compromiso político y moral, debería estar por encima de sospecha. Y lo está: a nadie se le ha ocurrido, entre mis alumnos, tener una visión más suave del nazismo. Todo lo contrario. Cuando acavban el curso, tienen una visión mucho más agresiva, pero con esa agresividad que procede de la insurrección moral ante los datos concretos y detallados, ante la multitud de circunstancias, no ante unas afirmaciones genéricas que, curiosamente, han dejado en libertad y muriéndose de viejos a la mayor parte de los asesinos.

Anónimo dijo...

La presentación de los personajes de forma emotiva y personal al principio de la pelicula y la parte más documental del final, son la clave para reparar en una mujer enternecedora y detestable dentro de aquel tiempo de errores,represiones, odios, pasiones...es la clave, para que Hanna invite a la reflexión y no deje indiferente a nadie.

Anónimo dijo...

Visiten Polonia,paseen por la Cracovia y su Kasimieri,tomen el tren que les llevará a Osviceim(?¿) y paseen por el campo de exterminio...vean sus fotos con flores marchitas del año anterior,rostros que piden justicia,memoria y dignidad.Acérquense a esa realidad desde la solidaridad,desde el nunca jamás... Franco también tenía sentimientos ante la belleza,ante sus familiares,ante sus amigos...pero fue un criminal junto con millones de sus,de nuestros paisanos y vecinos,familiares,incluso padres...¿Alguien necesita justificar a alguien?.Tengo el honor de ser hijo de represaliado,pero si fuera al contrario,hijo de fascistas,os garantizo que repudiaría a mis padres,del mismo modo que lo hago con los nazis y franquistas.

Ferran Gallego dijo...

Quisiera añadir un aspecto general, dado que he planteado algunas cosas muy concretas, relacionadas estrictamente con la película.

Creo que el desafío intelectual que provoca el fascismo es, precisamente, lo que nos ha llevado a muchos a especializarnos en este tema. Porque hablamos de dos factores que hoy nos resultarían inexplicables. El primero, que millones de personas en Europa, desde intelectuales de prestigio y calidad, hasta obreros, creyeron que el fascismo era una opción. Eso lo convirtió, aun cuando nos asombre, en una propuesta apoyada por masas ingentes en muchos países en el periodo anterior a 1945. El segundo, que, al repasar la historia del fascismo, se observa hasta qué punto, y de forma que no era sólo retórica, consideraban que estaban defendiendo una cultura propìa de occidente (algo poco extraño, si consideramos que la experiencia del imperialismo había fijado la categoría superior de esa cultura).

Lo que ocurrió debe ser explicado sin que ello reduzca en absoluto (creo que, al contrario), la potencia de la respuesta moral. Spencer Tracy, en su discurso final en "Vencedores y vencidos" dice algo que siempre me ha parecido de gran utilidad. Cuando justifica su condena a los jueces alemanes, indica que "de haber sido los nazis personas enfermas, enajenadas, criminales patológicos, lo sucedido no tendría más importancia que el análisis de un crimen cometido por personas degeneradas". El problema es el apoyo a un proyecto criminal por parte de millones de personas "normales". Nosotros hemos conocido a personas que asumieron la política represiva del franquismo hasta sus últimos días y que, en tiempos anteriores, aceptaron una guerra de exterminio y su memoria constituida en legitimidad de origen del régimen. Concemos a esas personas que llevan esa vida normal, que nunca se han considerado criminales, que votaron por la UCD o por AP tras haber aplaudido al Caudillo y su política. Nunca ejercieron violencia contra nadie. El pequeño comerciante del Eixample barcelonés, el oficinista madrileño, el matrimonio de personas que tenían una posición económica modesta pero una ideolog´´ia reaccionaria, fueron complacientes con un régimen que había llegado a sangre y fuego al poder. Tenemos que preguntarnos con seriedad: ¿establecemos niveles distintos de responsabilidad o consideramos fascistas o nazis solamente a quienes directamente ejercieron la violencia? Debemos preguntarnos: ¿cómo fue posible que personas de gran lucidez intelectual llegaran a ser violentados en sus códigos morales hasta el punto de creer que el fascismo era una solúción para la Europa de los años veinte y treinta? ¿Hace falta establecer el listado de personajes que aportaron al arte, a la literatura y a la ciencia sabiduría que luego parecía desdoblarse en un Mr Hyde cuando tomaban opciones políticas? ¿Se trata de una esquizofrenia que, además, aparece solamente en esos años en esa escala y esa consumación de la barbarie? ¿O tenemos que hacer el esfuerzo que comprender cómo se rompieron los mecanismos de cohesión social democrática para prestigiar una alternativa radical a los principios de 1789 que se estableció en el campo del fascismo?

Los historiadores que hemos escogido esa zona de sombra lo hacemos con una gran incomodidad. Sería mucho más fácil rechazar ese episodio de la historia y colocarlo en una vitrina de simple repudio moral. Entender el camino que lleva de la Gran Guerra a Auschwitz, a la Osviecim polaca, supone comprender cómo va degradándose una sociedad, cómo se pierden sus normas de seguridad, cómo el miedo construye esperanzas aterradoras para una comunidad homogénea que se purifica mediante el sacrificio de los "extraños".

Nos habría sido más cómodo estudiar ideologías solidarias, movimientos de la izquierda, pensamiento humanista. Pero hemos escogido ese camino porque creo que, sin entender Auschwitz (lo cual no es asistir a un espectáculo de horror, sino insertarlo en un proceso histórico), no comprenderíamos algunas cosas que siguen siendo esenciales. Por ejemplo, la relación entre Cultura y Moral, entre Cultura y Política; el riesgo de las identidades radicales basadas en el encuentro y expulsión del diferente; la fragilidad de la democracia; hasta dónde puede llegarse cuando una sociedad es lastrada por el pánico. Creo que, en vísperas de una crisis, responder a todo ello puede servirnos para adivinar dónde se encuentran esos proyectos de exclusión y de "comunidad sin conflicto" que la derecha europea no ha dejado de tratar de inocularnos.

Y ya no digo nada más, creo que las posiciones del debate han quedado claras. Y espero que mi posición, favorable a esa aproximación a lo complejo, también.

Italo Cortella dijo...

Recomendaría, para apoyar la tesis de Ferrán, que vieran una vieja peli: "Vencedores o Vencidos". Creo que es la primera que aborda el asunto de la culpabilidad individual en el exterminio nazi.

Teniendo a Spencer Tracy de protagonista los matices de la vida siempre se entenderán mejor.