viernes, 24 de enero de 2014
¿QUIERES SER BOBO O AGUAFIESTAS?
Publicado en El País Andalucía
Tienes 20 segundos para decidir si convertirte en un bobo y creer a pies juntillas la versión oficial de que la crisis ha terminado o asumir el papel de aguafiestas, mover la cabeza con incredulidad y declarar que no te crees esta bajada abrupta del telón.
Uno, dos, tres… Tienes 20 segundos para decidir dónde te sitúas, antes de que se acaben las felicitaciones del nuevo año y pongas los pies en la realidad, vuelvas a tu trabajo —si es que lo tienes—, o a la plaza virtual donde se subasta el trabajo precario o a la maldita cola del paro, donde los condenados recorren círculos infinitos.
Cuatro, cinco, seis… tu corazón desea ardientemente que todo haya acabado, poner aunque sea unos metros de distancia entre tu presente y el dolor de la crisis que ha arrancado a tantas personas hasta la última esperanza. Tu razón te advierte que salimos de la crisis como entramos: por mano ajena, sin saber el origen cierto de la misma ni conocer los derroteros por los que transcurrirá el futuro.
Siete, ocho… te subleva ver a tanto banquero, a tanto empresario exitoso que asoma su rostro por los foros apropiados para dar veracidad a la afirmación de que estamos al final de un túnel excavado por sus propias manos. Te figuras que, más que representantes del mundo económico, son el público agradecido de una obra de teatro que aplaude entusiasmado el final de la función. ¡Bravo! ¡Qué excelente interpretación! ¡Qué giros tan imprevisibles del guion! ¡Qué ingenio para resolver todas las situaciones de la forma más conveniente a los intereses de los más poderosos!
Nueve, 10, 11… no quieres engañarte pensando que la crisis ha sido ficticia, sabes de sobra que la crisis financiera era real, y que las otras crisis de las materias primas o de la energía laten en el centro del sistema económico, pero han aprovechado hasta el límite de lo admisible esta situación para perpetrar la mayor estafa económica contra la ciudadanía, el mayor retroceso de derechos económicos y sociales nunca visto. De esa crisis-estafa no saldremos en los próximos 20 años. Habrá generaciones completas, las que sobrepasan los 30 años, que solo conocerán efectos directos, colaterales y derivados de este gran estallido.
12, 13… Te preguntas por el futuro cercano. ¿Quién nos pondrá a salvo de las futuras crisis si no ha cambiado ni lo más mínimo el modelo económico? ¿Dónde están el control y el cambio prometido de funcionamiento? Te interesa saber qué instrumentos tendrán las víctimas para recuperar sus derechos si la política y el sindicalismo, que habían sido sus armas esenciales, naufragan en la niebla, resultado de sus errores pero también de una acometida brutal e interesada de desprestigio.
14, 15… Haces recuento de pérdidas y ganancias. Unas y otras caen del mismo lado. Un empujón brutal ha hecho descender varios peldaños a las ingenuas clases medias que se consideraban el remanso social de cada país. Ha laminado derechos laborales y ha innovado las viejas clases sociales por abajo. Ahora hay pobres sin empleo pero también personas que trabajan pero no pueden ni pagar la luz. Son los working poors, los forzados mini-workers, los precarizados forzosos y los desplazados obligatorios.
16, 17, 18… Cada familia hace su recuento particular y su lista de esperanzas. “Dos parados, una emigrante, dos trabajando a tiempo parcial, tres fijos que cobran menos que hace 10 años…” La escasa luz del final del túnel no alumbra lo suficiente para sacudirse la sensación de estafa, de ruleta rusa, de robo a mano armada perpetrado.
19 y 20… El inicio de 2014 se parece al paisaje de una batalla. Si lo contemplas desde una cima cercana, como el personaje de Guerra y Paz, las brumas del amanecer se confunden con el humo de los cañonazos. Y ninguna de ellas permite ver el rostro de las víctimas, desdibujadas en una estepa infinita.
Etiquetas:
el año que salimos de la crisis,
estafa,
minijob,
miniworkers,
PP,
salida crisis
Compártelo
viernes, 10 de enero de 2014
LA VENDETTA DEL ABORTO
Publicado en El País Andalucía
No es una ley. Es una declaración de guerra. Lo ha explicado
Gallardón con su acento nasal y pijo. “Creía la izquierda que tenía la
superioridad moral y que la derecha española no se atrevería a modificar
ciertas leyes”, pero este Gobierno está decidido a derribar todo el
edificio institucional basado, según él, en un equivocado concepto de la
libertad y la igualdad.
Precisamente por eso, nos explica Gallardón, la contrarreforma del aborto ha producido en la izquierda tanta “irritación y tan grave quebranto”. El Gobierno de Rajoy se ha sacudido los complejos de la derecha y el ministro advierte a su propio partido que esta batalla ideológica figuraba en su programa electoral. O dicho de otra manera, que ser miembro del Partido Popular supone asumir un ideario ultracatólico, hostil a la libertad de las mujeres y beligerante en materia moral. Esa es la verdadera marca España que este Gobierno intentará trasladar a Europa, donde los ciudadanos sufren una derecha paniaguada que no se atreve a tocar los cimientos de viejas libertades progresistas.
España va a convertirse en el referente de la nueva derecha europea. Rajoy emprenderá una gira por los países de nuestro entorno para explicar cómo ha conseguido convertir las creencias religiosas en leyes, los prejuicios en normas y los pecados en sanciones penales.
Mientras en Europa este ideario solo se atreve a enarbolarlo la ultraderecha nacionalista, en España la verdadera ultraderecha política se sienta en el Consejo de Ministros de la única forma que podría hacerlo: disfrazada de gobierno tecnocrático. Durante años nos han intentado convencer de que era un acierto el hecho de que el Partido Popular hubiese absorbido la representación de la derecha más ultramontana. Esto nos libraba de que surgiera un partido de ultraderecha en nuestro país. Sin embargo, el coste de esta operación va a ser ruinoso para el sistema político español porque sus postulados culturales, educativos y morales empiezan a impregnarlo todo.
A diferencia de la derecha europea, que no se atrevería a tocar leyes que afecten a la libertad de conciencia o las relaciones personales, en nuestro país el Gobierno se ha embarcado en la aventura equinoccial de poner las leyes al servicio de sus creencias y supersticiones.
No nos engañemos tampoco sobre la autoría de esta ley. Con Gallardón o sin él, con Wert o en su ausencia, estos son los proyectos de este Gobierno, esta es la herencia que Rajoy quiere legar a la posteridad de su mandato. Han medido los tiempos y analizado el grado exacto de desmovilización social. Han confundido la escasez de manifestantes con la capacidad de respuesta. Han valorado la división de la izquierda, el descrédito de las organizaciones sindicales y han resuelto que este era el momento. Incluso las fechas navideñas han sido elegidas para dar su toque familiar y natalista.
No es una ley, no. Es una vendetta frente a las derrotas que la sociedad civil española les ha infligido en los últimos 30 años; una venganza por la incomprensión social que han sufrido cuando recorrían las calles con la sola compañía del revuelo de sotanas y hábitos eclesiales contra leyes que reflejaban profundos cambios sociales en la familia, en el matrimonio, en la libertad de las mujeres, en las relaciones personales. Son muchas derrotas sociales las que pretenden lavar con este texto.
Por eso, esta ley no tiene arreglo entre las cuatro paredes del Congreso de los Diputados. No se soluciona con una redacción más tibia o con la inclusión de otro supuesto legal como pretenderán muchas voces del PP escandalizadas por la virulencia del proyecto. Esta ley se cambiará en la calle y en las urnas, porque quizá sin saberlo el Gobierno ha escrito con ella su Waterloo.
@conchacaballer
Precisamente por eso, nos explica Gallardón, la contrarreforma del aborto ha producido en la izquierda tanta “irritación y tan grave quebranto”. El Gobierno de Rajoy se ha sacudido los complejos de la derecha y el ministro advierte a su propio partido que esta batalla ideológica figuraba en su programa electoral. O dicho de otra manera, que ser miembro del Partido Popular supone asumir un ideario ultracatólico, hostil a la libertad de las mujeres y beligerante en materia moral. Esa es la verdadera marca España que este Gobierno intentará trasladar a Europa, donde los ciudadanos sufren una derecha paniaguada que no se atreve a tocar los cimientos de viejas libertades progresistas.
España va a convertirse en el referente de la nueva derecha europea. Rajoy emprenderá una gira por los países de nuestro entorno para explicar cómo ha conseguido convertir las creencias religiosas en leyes, los prejuicios en normas y los pecados en sanciones penales.
Mientras en Europa este ideario solo se atreve a enarbolarlo la ultraderecha nacionalista, en España la verdadera ultraderecha política se sienta en el Consejo de Ministros de la única forma que podría hacerlo: disfrazada de gobierno tecnocrático. Durante años nos han intentado convencer de que era un acierto el hecho de que el Partido Popular hubiese absorbido la representación de la derecha más ultramontana. Esto nos libraba de que surgiera un partido de ultraderecha en nuestro país. Sin embargo, el coste de esta operación va a ser ruinoso para el sistema político español porque sus postulados culturales, educativos y morales empiezan a impregnarlo todo.
A diferencia de la derecha europea, que no se atrevería a tocar leyes que afecten a la libertad de conciencia o las relaciones personales, en nuestro país el Gobierno se ha embarcado en la aventura equinoccial de poner las leyes al servicio de sus creencias y supersticiones.
No nos engañemos tampoco sobre la autoría de esta ley. Con Gallardón o sin él, con Wert o en su ausencia, estos son los proyectos de este Gobierno, esta es la herencia que Rajoy quiere legar a la posteridad de su mandato. Han medido los tiempos y analizado el grado exacto de desmovilización social. Han confundido la escasez de manifestantes con la capacidad de respuesta. Han valorado la división de la izquierda, el descrédito de las organizaciones sindicales y han resuelto que este era el momento. Incluso las fechas navideñas han sido elegidas para dar su toque familiar y natalista.
No es una ley, no. Es una vendetta frente a las derrotas que la sociedad civil española les ha infligido en los últimos 30 años; una venganza por la incomprensión social que han sufrido cuando recorrían las calles con la sola compañía del revuelo de sotanas y hábitos eclesiales contra leyes que reflejaban profundos cambios sociales en la familia, en el matrimonio, en la libertad de las mujeres, en las relaciones personales. Son muchas derrotas sociales las que pretenden lavar con este texto.
Por eso, esta ley no tiene arreglo entre las cuatro paredes del Congreso de los Diputados. No se soluciona con una redacción más tibia o con la inclusión de otro supuesto legal como pretenderán muchas voces del PP escandalizadas por la virulencia del proyecto. Esta ley se cambiará en la calle y en las urnas, porque quizá sin saberlo el Gobierno ha escrito con ella su Waterloo.
@conchacaballer
Etiquetas:
aborto,
Gallardón,
iglesia,
libertad mujeres,
PP,
ultraderecha
Compártelo
10 COSAS QUE ESTARÁN PROHIBIDAS
Publicado en El País Andalucía, este artículo fue el más leído también en la edición estatal
Todos los gobiernos adoran a las mayorías silenciosas, pero este ha dado un paso más. Por si acaso no hay en el futuro mayorías silenciosas, habrá por ley mayorías silenciadas.
En los primeros años de la crisis los think tank de este capitalismo salvaje se asustaron con la perspectiva de una revuelta popular. Nos dijeron que “lo sentían mucho” y que “no volvería a pasar nunca más”. Anunciaron una refundación del capitalismo pero enseguida vieron que era mucho más productivo refundar el estado del bienestar y volverlo chiquitito, minúsculo tan reducido como los salarios de los que alimentan con su trabajo la maquinaria de sus ganancias.
Inyectaron provisionalidad y miedo en grandes dosis. El tono moral de la sociedad en general ha sido de resignación pública e indignación privada. Arden las redes, sobrevuelan maldiciones en conversaciones de bares y centros de trabajo pero la calle (ay, la calle que cuando se hace millonaria en cuerpos todo lo cambia), ha permanecido silenciosa y tranquila, con gloriosas excepciones de mareas y herederos del 15-M.
Pero la derecha es previsora y barrunta que puede empezar un lento movimiento social que pretenda recuperar derechos, aumentar salarios y devolver la calidad perdida de los servicios públicos. Por eso, justo cuando publicitan el fin de la crisis económica, promulgan una ley represora que intenta cortar las protestas de raíz, por vía gubernativa y sin apelación posible.
Creíamos que no tenían en cuenta a los movimientos sociales pero han tomado exacta cuenta de sus acciones y han diseñado un traje a medida para terminar con sus movilizaciones. Vean algunas de ellas:
Contra el 15-M: ya no se podrá volver a acampar en Sol ni en Las Setas de Sevilla, ni en ningún espacio público.
No se podrá acompañar a las víctimas de los desahucios porque supone obstaculizar la labor de funcionarios públicos.
No se podrán celebrar manifestaciones en torno al Congreso de los Diputados, el Senado, ni el Parlamento de Andalucía. No importa que desde hace 30 años se esté haciendo a diario y sin conflictos. Vaya a manifestarse donde no estén sus representantes.
No se podrán grabar las actuaciones de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad ni compartirlas en las redes sociales. Si hay violencia policial, debe quedar en la estricta intimidad.
No podrá colgar pancartas ni banderas en edificios.
No podrá instalar tenderetes para recoger firmas o repartir propaganda.
Tenga cuidado de que sus expresiones no supongan una ofensa para España a juicio de la autoridad competente. Diga que recitaba a Cernuda, Machado o Gil de Biedma por si acaso.
No haga reuniones o manifestaciones en lugares de tránsito público. Busque lugares recónditos de tránsito privado.
No pierda el DNI ni dejen que se lo sustraigan tres veces en cinco años porque será multado. Llévelo siempre atado al cuello.
No pronuncie injurias, calumnias ni acusaciones contra las autoridades o instituciones en las manifestaciones públicas. No vuelva a repetir aquello de “Fulanito… trabaja de peón”. Ahora debe decir “Mariano, creo que te estás equivocando”.
El Gobierno creará un registro de infractores que tendrá unos indeterminados efectos administrativos. Quizá no le den licencia de apertura de su negocio, o le prohíban el acceso a cualquier servicio público.
El Gobierno se reserva el derecho a autorizar, disolver y reprimir un derecho fundamental. Para que los jueces no se entrometan han trasladado las decisiones a la vía gubernativa. Bastará la palabra de un funcionario, un policía o una autoridad para ser multado. Si aún así se empeña, las tasas judiciales le convencerán de que está mejor calladito.
Con esta ley, hecha a la medida del Madrid más reaccionario, de las demandas de Aguirre y las frustraciones de Ana Botella, el Gobierno está tocando el nervio del sistema democrático. No se trata de un debate entre izquierda y derecha sino entre estado autoritario o democrático. Una vez más. Treinta y tantos años después. ¡Qué dolor!
Todos los gobiernos adoran a las mayorías silenciosas, pero este ha dado un paso más. Por si acaso no hay en el futuro mayorías silenciosas, habrá por ley mayorías silenciadas.
En los primeros años de la crisis los think tank de este capitalismo salvaje se asustaron con la perspectiva de una revuelta popular. Nos dijeron que “lo sentían mucho” y que “no volvería a pasar nunca más”. Anunciaron una refundación del capitalismo pero enseguida vieron que era mucho más productivo refundar el estado del bienestar y volverlo chiquitito, minúsculo tan reducido como los salarios de los que alimentan con su trabajo la maquinaria de sus ganancias.
Inyectaron provisionalidad y miedo en grandes dosis. El tono moral de la sociedad en general ha sido de resignación pública e indignación privada. Arden las redes, sobrevuelan maldiciones en conversaciones de bares y centros de trabajo pero la calle (ay, la calle que cuando se hace millonaria en cuerpos todo lo cambia), ha permanecido silenciosa y tranquila, con gloriosas excepciones de mareas y herederos del 15-M.
Pero la derecha es previsora y barrunta que puede empezar un lento movimiento social que pretenda recuperar derechos, aumentar salarios y devolver la calidad perdida de los servicios públicos. Por eso, justo cuando publicitan el fin de la crisis económica, promulgan una ley represora que intenta cortar las protestas de raíz, por vía gubernativa y sin apelación posible.
Creíamos que no tenían en cuenta a los movimientos sociales pero han tomado exacta cuenta de sus acciones y han diseñado un traje a medida para terminar con sus movilizaciones. Vean algunas de ellas:
Contra el 15-M: ya no se podrá volver a acampar en Sol ni en Las Setas de Sevilla, ni en ningún espacio público.
No se podrá acompañar a las víctimas de los desahucios porque supone obstaculizar la labor de funcionarios públicos.
No se podrán celebrar manifestaciones en torno al Congreso de los Diputados, el Senado, ni el Parlamento de Andalucía. No importa que desde hace 30 años se esté haciendo a diario y sin conflictos. Vaya a manifestarse donde no estén sus representantes.
No se podrán grabar las actuaciones de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad ni compartirlas en las redes sociales. Si hay violencia policial, debe quedar en la estricta intimidad.
No podrá colgar pancartas ni banderas en edificios.
No podrá instalar tenderetes para recoger firmas o repartir propaganda.
Tenga cuidado de que sus expresiones no supongan una ofensa para España a juicio de la autoridad competente. Diga que recitaba a Cernuda, Machado o Gil de Biedma por si acaso.
No haga reuniones o manifestaciones en lugares de tránsito público. Busque lugares recónditos de tránsito privado.
No pierda el DNI ni dejen que se lo sustraigan tres veces en cinco años porque será multado. Llévelo siempre atado al cuello.
No pronuncie injurias, calumnias ni acusaciones contra las autoridades o instituciones en las manifestaciones públicas. No vuelva a repetir aquello de “Fulanito… trabaja de peón”. Ahora debe decir “Mariano, creo que te estás equivocando”.
El Gobierno creará un registro de infractores que tendrá unos indeterminados efectos administrativos. Quizá no le den licencia de apertura de su negocio, o le prohíban el acceso a cualquier servicio público.
El Gobierno se reserva el derecho a autorizar, disolver y reprimir un derecho fundamental. Para que los jueces no se entrometan han trasladado las decisiones a la vía gubernativa. Bastará la palabra de un funcionario, un policía o una autoridad para ser multado. Si aún así se empeña, las tasas judiciales le convencerán de que está mejor calladito.
Con esta ley, hecha a la medida del Madrid más reaccionario, de las demandas de Aguirre y las frustraciones de Ana Botella, el Gobierno está tocando el nervio del sistema democrático. No se trata de un debate entre izquierda y derecha sino entre estado autoritario o democrático. Una vez más. Treinta y tantos años después. ¡Qué dolor!
Etiquetas:
derecha,
ley antiprotesta,
ley mordaza,
ley seguridad,
multas,
PP,
represión
Compártelo
EL NEGOCIO DEL MIEDO
Publicado en El País Andalucía
La salida de Miguel Ricart de la cárcel se convirtió en un
espectáculo siniestro. Completamente solo, con un pasamontañas que
tapaba su rostro y una indumentaria del Bronx años ochenta, se enfrentó a
una nube de periodistas que le impedían el paso y le conminaban a
manifestar su arrepentimiento ante las cámaras. “¡Descubre tu rostro!”,
le gritaban. Tras subir a un taxi, la nube informativa inició una
persecución que terminó en la estación del tren. Allí, Ricart corrió por
el andén como un conejo asustado en una cacería, buscó un refugio
inexistente y volvió a la estación donde tomó un tren que abandonó poco
después para subir al coche de una cadena de televisión.
Según Instituciones Penitencias, aunque Ricart ha participado en algún programa de reeducación, no tiene un buen pronóstico de reinserción. Dicen, los especialistas, que la primera condición para la rehabilitación son los lazos sociales y la falta de aislamiento del delincuente. La imagen de lobo acosado nos dibuja un panorama desolador. Ni él está preparado para la reinserción, ni la sociedad tampoco.
El tratamiento informativo, en general, ha sido de línea caliente, inspiradora del miedo y la indignación. Se relata, una y otra vez, que fue condenado a 170 años de prisión como si esas condenas fuesen reales. Se elude informar de que ha cumplido 21 años de prisión y que su puesta en libertad, con arreglo a las leyes por las que fue juzgado, estaba prevista para el año 2011. Se omite cualquier información que no sirva de combustible a la indignación. Las tímidas voces que se alzan en otro sentido son apagadas por un carnaval de descalificaciones y de acusaciones de proteger a los criminales.
La racionalidad es un papel encendido que se consume al viento. La reflexión no vende, ni hace subir como la espuma las cuotas de pantalla de las cadenas de televisión. El morbo, el miedo y la desconfianza son el mejor combustible del show business de algunas cadenas. Solo otros temores han paralizado, de momento, la emisión de entrevistas, confesiones pagadas, viajes al lado oscuro con pausas publicitarias.
Independientemente del debate sobre la doctrina Parot, los delincuentes saldrán en algún momento a la calle, sin embargo el principio democrático, constitucional, de la reinserción social ha perdido el aval de la opinión pública. Al parecer no importa que no haya alternativas, el delincuente no debe vivir en ningún lugar, no debe tener trabajo, no tiene los más básicos derechos humanos. Pero, si lo pensamos bien, la reinserción es la única salida, no solo por el más básico sentido humanitario, sino también por la seguridad del conjunto de la sociedad.
Renunciar a la reinserción, como de hecho sucede por la ausencia de medios y de programas, no nos trae ningún bien. Nos degrada como sociedad, hace un daño incalculable a las víctimas a las que no se ayuda a superar su dolor y aumenta la inseguridad ciudadana.
El hecho de que ninguna asistencia social acompañe la salida de los presos; el espectáculo de su cacería mediática solo contribuirá a aumentar sus posibilidades de reincidencia. Otro ejemplo más: el tercer grado no es solo una atenuación de la condena sino también un aprendizaje para la reinserción, sin embargo, por miedo a la opinión pública, apenas se concede lo que nos priva de un importante elemento de rehabilitación e incluso de control.
Pero ninguno de estos argumentos cala en la sociedad cuando se ha implantado el miedo y la indignación. Sin conocimiento alguno se desprestigian los programas de reinserción en las cárceles o se manejan datos de reincidencia totalmente ficticios con respecto a los crímenes sexuales. La alarma está encendida, el pánico se apodera de las conciencias y ganan las posiciones más extremas, alarmistas y sensacionalistas.
Es posible que sea un llamamiento vano pero sería necesario un código ético para el tratamiento de estos temas que no juegue con el dolor ajeno, ni genere una alarma social que hace la sociedad en víctima de su propio miedo.
Según Instituciones Penitencias, aunque Ricart ha participado en algún programa de reeducación, no tiene un buen pronóstico de reinserción. Dicen, los especialistas, que la primera condición para la rehabilitación son los lazos sociales y la falta de aislamiento del delincuente. La imagen de lobo acosado nos dibuja un panorama desolador. Ni él está preparado para la reinserción, ni la sociedad tampoco.
El tratamiento informativo, en general, ha sido de línea caliente, inspiradora del miedo y la indignación. Se relata, una y otra vez, que fue condenado a 170 años de prisión como si esas condenas fuesen reales. Se elude informar de que ha cumplido 21 años de prisión y que su puesta en libertad, con arreglo a las leyes por las que fue juzgado, estaba prevista para el año 2011. Se omite cualquier información que no sirva de combustible a la indignación. Las tímidas voces que se alzan en otro sentido son apagadas por un carnaval de descalificaciones y de acusaciones de proteger a los criminales.
La racionalidad es un papel encendido que se consume al viento. La reflexión no vende, ni hace subir como la espuma las cuotas de pantalla de las cadenas de televisión. El morbo, el miedo y la desconfianza son el mejor combustible del show business de algunas cadenas. Solo otros temores han paralizado, de momento, la emisión de entrevistas, confesiones pagadas, viajes al lado oscuro con pausas publicitarias.
Independientemente del debate sobre la doctrina Parot, los delincuentes saldrán en algún momento a la calle, sin embargo el principio democrático, constitucional, de la reinserción social ha perdido el aval de la opinión pública. Al parecer no importa que no haya alternativas, el delincuente no debe vivir en ningún lugar, no debe tener trabajo, no tiene los más básicos derechos humanos. Pero, si lo pensamos bien, la reinserción es la única salida, no solo por el más básico sentido humanitario, sino también por la seguridad del conjunto de la sociedad.
Renunciar a la reinserción, como de hecho sucede por la ausencia de medios y de programas, no nos trae ningún bien. Nos degrada como sociedad, hace un daño incalculable a las víctimas a las que no se ayuda a superar su dolor y aumenta la inseguridad ciudadana.
El hecho de que ninguna asistencia social acompañe la salida de los presos; el espectáculo de su cacería mediática solo contribuirá a aumentar sus posibilidades de reincidencia. Otro ejemplo más: el tercer grado no es solo una atenuación de la condena sino también un aprendizaje para la reinserción, sin embargo, por miedo a la opinión pública, apenas se concede lo que nos priva de un importante elemento de rehabilitación e incluso de control.
Pero ninguno de estos argumentos cala en la sociedad cuando se ha implantado el miedo y la indignación. Sin conocimiento alguno se desprestigian los programas de reinserción en las cárceles o se manejan datos de reincidencia totalmente ficticios con respecto a los crímenes sexuales. La alarma está encendida, el pánico se apodera de las conciencias y ganan las posiciones más extremas, alarmistas y sensacionalistas.
Es posible que sea un llamamiento vano pero sería necesario un código ético para el tratamiento de estos temas que no juegue con el dolor ajeno, ni genere una alarma social que hace la sociedad en víctima de su propio miedo.
Etiquetas:
cárceles,
doctrina Parot,
inserción social,
Miguel Ricart,
rehabilitación
Compártelo
LAS REDES SOCIALES NOS PONEN A PRUEBA
Publicado en El País Andalucía
Antes, si querías saber cómo era de verdad tu amiga o tu amigo, lo
más revelador era subirte en su coche y observar cómo conducía. El
educado Juan se vuelve una fiera al volante, maldice al resto de los
conductores, insulta cualquier conductor que realice una maniobra poco
ortodoxa. La generosa Alicia aprovecha cualquier circunstancia para
colocarse en primera fila ante el semáforo o impedir el paso a los
vehículos de su alrededor. José Luís, al que no habías oído pronunciar
un taco en toda su vida, asoma la cabeza por la ventanilla gritando
palabras malsonantes a pleno pulmón. Un número considerable de
conductores se siente molesto porque los adelante cualquier vehículo e
intentan dificultar esa maniobra; otros ensayan cara de póquer, mirada
perdida al frente, después de las peores fechorías.
El chasis del coche se convierte en una coraza que ofrece tres peligrosas condiciones para el ser humano: la protección, la posibilidad de huida y un cierto anonimato. En ese clima prospera el egoísmo, la falta de educación, la chulería o la simple cara dura porque el coste de la mayoría de nuestras acciones es ninguno. Personas que en su vida diaria son sensatas, afables y generosas, experimentan al volante un cambio de naturaleza que demuestra lo frágil que es nuestra capa de cultura.
En las redes sociales ocurre algo similar. Nos protege la distancia, la posibilidad de huida y, si queremos, el anonimato. Algunas personas que cuelgan perfiles seráficos en Facebook disponen de una cuenta anónima en Twitter desde la que insultan, descalifican, o braman de la forma más obscena. ¿Es la red la que ha motivado estos comportamientos o son pulsiones oscuras que llevamos dentro?
Los medios de comunicación abrieron sus páginas a comentarios de los lectores y se han visto obligadas a suprimirlas, en algunos casos, o a ejercer un cierto control porque son tomadas al asalto por una nube de trolls que dejan un rastro lamentable de insultos y descalificaciones que alejan a los que de verdad quieren participar en un debate abierto. Quienes escriben esas amenazas y descalificaciones no se atreverían a hacerlo con su foto y su nombre verdadero, sin embargo desvelan una segunda naturaleza que produce verdadero vértigo porque nos hace temer que la realidad conocida es solo una delgada capa tras la que pueden ocultarse pulsiones destructivas, sentimientos violentos y resentimiento social.
Por supuesto es solo una pequeña parte de la sociedad la que así se comporta, pero es lo suficientemente significativa para que nos interroguemos sobre nuestras bases sociales, nuestra educación en el más amplio sentido y la necesidad de impulsar el valor más importante de la democracia que es el respeto a la diversidad de opiniones.
En las redes, como en la vida, se encuentra lo mejor y lo peor. No hay nada que esté en las redes que no sea producto de nuestra educación y nuestra cultura. Lo único que ofrecen es un nuevo instrumento de comunicación que, según su uso, puede enriquecernos o no. Pero hay algo definitorio de estas redes, además de su posible anonimato, que nos pone a prueba y es su inmediatez, el acortar la distancia entre lo que se piensa y lo que se dice o hace. Por ejemplo, antes de la existencia de las redes sociales, ante algún comportamiento molesto o una opinión contraria a la tuya, transcurría un cierto tiempo hasta que pudieras expresarlo. Sin embargo, ahora las redes te ofrecen la posibilidad de reaccionar de forma inmediata ante cualquier acontecimiento o estímulo.
Se pierde así el espacio para el autocontrol que es el lugar de donde surge la reflexión y el pensamiento. Quizá las nuevas tecnologías nos obliguen a conceder importancia a nuevas formas de educación, no solo técnicas, sino de formación del ser humano en todas sus dimensiones. Tan importante es la transmisión de conocimientos como la educación afectiva, el ejercicio del pensamiento, la gimnasia del autocontrol. Voy a buscar la ley de educación, a ver si dice algo de todo esto. Me temo lo peor.
@conchacaballer
El chasis del coche se convierte en una coraza que ofrece tres peligrosas condiciones para el ser humano: la protección, la posibilidad de huida y un cierto anonimato. En ese clima prospera el egoísmo, la falta de educación, la chulería o la simple cara dura porque el coste de la mayoría de nuestras acciones es ninguno. Personas que en su vida diaria son sensatas, afables y generosas, experimentan al volante un cambio de naturaleza que demuestra lo frágil que es nuestra capa de cultura.
En las redes sociales ocurre algo similar. Nos protege la distancia, la posibilidad de huida y, si queremos, el anonimato. Algunas personas que cuelgan perfiles seráficos en Facebook disponen de una cuenta anónima en Twitter desde la que insultan, descalifican, o braman de la forma más obscena. ¿Es la red la que ha motivado estos comportamientos o son pulsiones oscuras que llevamos dentro?
Los medios de comunicación abrieron sus páginas a comentarios de los lectores y se han visto obligadas a suprimirlas, en algunos casos, o a ejercer un cierto control porque son tomadas al asalto por una nube de trolls que dejan un rastro lamentable de insultos y descalificaciones que alejan a los que de verdad quieren participar en un debate abierto. Quienes escriben esas amenazas y descalificaciones no se atreverían a hacerlo con su foto y su nombre verdadero, sin embargo desvelan una segunda naturaleza que produce verdadero vértigo porque nos hace temer que la realidad conocida es solo una delgada capa tras la que pueden ocultarse pulsiones destructivas, sentimientos violentos y resentimiento social.
Por supuesto es solo una pequeña parte de la sociedad la que así se comporta, pero es lo suficientemente significativa para que nos interroguemos sobre nuestras bases sociales, nuestra educación en el más amplio sentido y la necesidad de impulsar el valor más importante de la democracia que es el respeto a la diversidad de opiniones.
En las redes, como en la vida, se encuentra lo mejor y lo peor. No hay nada que esté en las redes que no sea producto de nuestra educación y nuestra cultura. Lo único que ofrecen es un nuevo instrumento de comunicación que, según su uso, puede enriquecernos o no. Pero hay algo definitorio de estas redes, además de su posible anonimato, que nos pone a prueba y es su inmediatez, el acortar la distancia entre lo que se piensa y lo que se dice o hace. Por ejemplo, antes de la existencia de las redes sociales, ante algún comportamiento molesto o una opinión contraria a la tuya, transcurría un cierto tiempo hasta que pudieras expresarlo. Sin embargo, ahora las redes te ofrecen la posibilidad de reaccionar de forma inmediata ante cualquier acontecimiento o estímulo.
Se pierde así el espacio para el autocontrol que es el lugar de donde surge la reflexión y el pensamiento. Quizá las nuevas tecnologías nos obliguen a conceder importancia a nuevas formas de educación, no solo técnicas, sino de formación del ser humano en todas sus dimensiones. Tan importante es la transmisión de conocimientos como la educación afectiva, el ejercicio del pensamiento, la gimnasia del autocontrol. Voy a buscar la ley de educación, a ver si dice algo de todo esto. Me temo lo peor.
@conchacaballer
Etiquetas:
fakes,
insultos,
pensamiento,
redes sociales,
trolls
Compártelo
ENSAYO DE REPRESIÓN MASIVA
Publicado en ANDALUCESDIARIO
Los vecinos de Espartinas que protestaban contra la brutal subida del IBI en su localidad no dan crédito a lo sucedido: han recibido en su domicilio la notificación de multas que van desde 300 a 30.000 euros por haberse manifestado contra la decisión del ayuntamiento.
En Granada, hay más de 85 personas sancionadas por participar en las movilizaciones “Stop Desahucios”. Su delito es, simplemente, haber acompañado a las víctimas el día en que se iba a proceder al lanzamiento de su vivienda. También una concejal de IU, Maite Molina, fue multada con 360 euros por participar en los actos pacíficos de conmemoración del 15-M.
En Córdoba los activistas de Stop Desahucios recibieron también la notificación de multas por haber realizado una manifestación frente a las puertas de la sacrosanta Cajasur.
En Andalucía se cuentan por centenares las personas que han sido multadas por participar en acciones solidarias, en absoluto agresivas ni violentas. Algunos de los jóvenes, procedentes del 15-M han optado por no tener cuenta corriente porque regularmente reciben multas de 300 o 500 euros por su protesta. La situación en el país es la misma. Especialmente en Valencia y Madrid las protestas estudiantiles y las mareas están siendo castigadas con multas gubernativas.
Se trata, por tanto, de una estrategia del PP ejecutada por los gobernadores civiles y que tiende a ampliar la capacidad represiva del gobierno por nuevas vías. Aunque no renuncian al uso de la fuerza frente a manifestaciones pacíficas -como ha quedado acreditado en los tribunales en varias ocasiones- el gobierno ha decidido ensayar nuevas formas represivas que afectan al bolsillo de los contribuyentes y que suponen una terrible indefensión frente al poder.
Las multas son menos vistosas que los palos de los antidisturbios, suscitan menos indignación popular y son, sin embargo, igual o más efectivas que otros métodos represivos. Lo sabían muy bien los gobernadores franquistas que en el último periodo de la dictadura frieron a multas a estudiantes y obreros. Alguien ha debido retomar el manual de los viejos tiempos y volverlo a aplicar con igual contundencia.
Las multas suponen una terrible indefensión para el sancionado. Ejecutan el embargo de tu cuenta y si lo deseas, a tus expensas de dinero y tiempo, puedes recurrirlas. La socorrida acusación de “alteración del orden” o de “desórdenes públicos” se formula con total falta de pruebas, con la simple palabra de una autoridad. No hay presunción de inocencia, ni forma de demostrar los hechos para el afectado.
La idea de fondo que los gobernadores civiles transmiten es que toda protesta supone una alteración del orden y es, por tanto, susceptible de sanción. El estado autoritario está inyectándose en vena todavía de forma experimental pero cierta. Se pondrá de largo con la aprobación de una Ley de Seguridad Ciudadana donde se criminalizan conductas pacíficas como grabar la actuación de un policía o anunciar manifestaciones “no autorizadas” en las redes sociales.
A partir de ahora está prohibida la protesta, bien es verdad que se entiende que la que se ejerce contra el gobierno y de ninguna manera las manifestaciones de las organizaciones sociales de la derecha, la iglesia católica o las organizaciones sociales afines al poder.
Si hay un tema central, consustancial a la propia democracia es la libertad de expresión y de manifestación. Sin estos derechos no hay democracia. El poder no puede, en modo alguno, limitar el ejercicio de la crítica y de la protesta pacífica. Incluso el Tribunal Constitucional se ha pronunciado en varias ocasiones al respecto y ha aclarado que el ejercicio de estas libertades no puede ser prohibido ni limitado administrativamente cuando se trata de manifestaciones pacíficas.
El gobierno de mayoría absoluta del PP pretende culminar sus reformas políticas reprimiendo la libertad de crítica de la ciudadanía. La gravedad de estos comportamientos y de estos proyectos no ha sido lo suficientemente contestada por la sociedad. Este tema no es un debate entre la izquierda y la derecha de este país. Es un conflicto entre demócratas y autócratas que nos concierne a toda la ciudadanía. Por eso las multas de hoy no son anécdotas o hechos secundarios que ocurren en nuestra tierra, sino las infectas raíces de la mala hierba de un futuro con menos libertad que hay que arrancar con urgencia.
Etiquetas:
antidesahucios,
Córdoba,
Espartinas,
gobiernos civiles,
Granada,
multas,
PP,
represión
Compártelo
lunes, 25 de noviembre de 2013
DOS IZQUIERDAS, UN SOLO GOBIERNO
Publicado en El País Andalucía
Al parecer hay una disputa soterrada dentro del Gobierno andaluz por ocupar el territorio de la izquierda. Susana Díaz, nada más llegar a la presidencia de la Junta de Andalucía, clavó su bandera sobre estos montículos y proclamó que no está dispuesta a dejárselos arrebatar. En realidad no se trata de ningún cambio de estrategia sino de táctica electoral. Cualquier estudio desapasionado sobre comunicación política indica que los recortes y decisiones duras de la gestión han recaído hasta el momento en el campo del PSOE mientras que las medidas más gráciles y sociales se atribuían a la acción de Izquierda Unida. Aunque es evidente que los despidos de funcionarios y los recortes sanitarios o educativos han sido motivados por el ajuste duro del Gobierno central, en su gestión diaria los costes han recaído sobre el PSOE mientras que los tímidos avances en materia de desahucios de viviendas o en protección social, se los ha anotado IU.
La parte pesoística del Gobierno ha sido más bien torpe en no anotarse algunos contrapuntos interesantes a las políticas del PP como son la subasta de medicamentos, el mantenimiento de becas, la contención de las tasas universitarias que son las menores del Estado o la renuncia a medidas tan crueles como la retirada de la tarjeta sanitaria a los inmigrantes. Sin embargo IU vendía sin esfuerzo los titulares de expropiación a los bancos de un centenar de viviendas por tiempo limitado o se anotaba la distribución de alimentos en las escuelas andaluzas.
Lo que hasta ahora había sido una disimulada competencia, amenaza con convertirse en un malestar cierto ante la proximidad de las elecciones europeas, cuyo resultado en Andalucía se leerá con mucha atención. Por primera vez, tras esta durísima crisis, sabremos la respuesta del electorado andaluz a las políticas del PP y sabremos el grado exacto de apoyo que el pueblo otorga a cada una de las fuerzas que componen el Gobierno de coalición.
La cercanía de estas elecciones va a provocar, sin duda, una mayor confrontación —o apariencia de ella— entre los socios de Gobierno del PSOE e IU. Ambos miran de reojo, cada vez con mayor insistencia, el marcador del partido. El problema, sin embargo, es que hay otros jugadores en la partida a los que no prestan la necesaria atención. O dicho de otro modo, que el PP en Andalucía esté descabezado y en un marasmo shakesperiano por la sucesión no supone, automáticamente, su descenso o su desaparición política.
El PP andaluz, malversando a Cernuda, es un sueño que algunos necesitaron para seguir existiendo, pero la esencia del PP no es andaluza; no necesita líderes andaluces reconocidos para seguir existiendo; es un voto de la derecha política que no requiere de una existencia cierta en Andalucía para seguir vivo electoralmente.
Como tampoco esa fuerza emergente del centralismo derechista posmoderno que es UPyD, necesita de líderes reconocidos en Andalucía para seguir creciendo en intención de voto.
Otro elemento que los componentes del Gobierno andaluz no valoran convenientemente es el impacto que está causando la atractiva idea de salir de la crisis. De acuerdo que los datos sociales son demoledores pero este eslogan, repetido por el Gobierno, conecta con la esperanza ciudadana de poner fin a la pesadilla. La izquierda no puede eludir este debate de la salida de la crisis con la simple denuncia de la situación ni mucho menos con el dibujo espeluznante de mayores desastres futuros. La izquierda agorera que proclama que “lo peor de la crisis está por llegar” no puede ganar ninguna batalla. Solo la bandera de la esperanza podrá sacarnos de este presente aciago.
Por eso, si el Gobierno andaluz quiere competir en el terreno de la izquierda sería mejor que lo hiciera de verdad: poniendo sobre la mesa no ocurrencias sino nuevos proyectos de empleo, de medioambiente y de gestión renovada de los servicios públicos. Si de verdad desea conquistar terreno social debería dejar de lado la resignación o la caridad y recuperar la ambición del cambio.
@conchacaballer
Etiquetas:
elecciones europeas,
gobierno andaluz,
iu,
PP,
PSOE,
Susana Díaz,
UPYD
Compártelo
JUSTICIA Y GOBIERNO CHAPAPOTEAN
Publicado en El País Andalucía
Ya es definitivo: ni somos ciudadanos, ni las leyes nos protegen ni el Gobierno defiende el interés general. Que no cunda la desesperanza, pero no es posible seguir mucho tiempo en una situación que nos arrebata la dignidad, que nos hace comulgar con ruedas de molino y sacrifica nuestros principios más elementales al dios de la recuperación económica.
La sentencia del Prestige y todo el entorno político y cultural que lo rodea, nos coloca de rodillas, despojados de toda dignidad como sociedad o como país. El Congreso norteamericano obligó a la petrolera British Petroleum a reconocer y hacerse cargo del coste del vertido en el Golfo de México. El mismo día de la sentencia del Prestige, Ecuador condenó a la petrolera norteamericana Chevron a pagar 6.400 millones de euros por los vertidos en la cuenca del Amazonas. Ninguna de estas decisiones ha estado exenta de contradicciones pero la opinión pública estadounidense y la presión de las plataformas de campesinos de la Amazonía, en el segundo caso, han conseguido que sus respectivos Gobiernos levanten la cabeza frente al abuso de las multinacionales.
Ahora, pasen y vean lo ocurrido en nuestro país. El ministro de Agricultura y Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete, se ha “felicitado por la sentencia del Prestige” a la vez que ha afirmado que “las autoridades actuaron razonablemente bien”. Lo peor de todo es que estamos tan acostumbrados a los despropósitos políticos que ya apenas los percibimos.
Imaginen a Obama felicitándose por una sentencia que exculpara a BP de los vertidos de su plataforma petrolífera y eximiera a la compañía del pago de indemnizaciones; imaginen a un mandatario de cualquier país del mundo celebrando que las tropelías medioambientales contra su nación no se castiguen penalmente ni se exija ninguna indemnización por los daños sufridos.
Pues eso está ocurriendo en nuestro país. Ni siquiera nos preguntamos por qué el Gobierno no recurre, no exige, no demanda a los armadores y compañías… Hemos aceptado que lo propio de un gobierno es mantenerse en el poder, no asumir responsabilidad alguna por los errores cometidos, no cesar jamás a un miembro de su gabinete, mantener un honor ficticio a puerta cerrada, aunque medio mundo se ría esta semana de “la marca España”, un país que deja impune el mayor delito medioambiental de los últimos 50 años.
Perdieron los de siempre: los pescadores que no pudieron faenar, los comercios que no pudieron vender, los voluntarios que limpiaron el chapapote con sus propias manos, los pájaros y las especies naturales envenenadas. 4.200 millones de euros arrojados al mar de la desesperación. Pero el Gobierno se felicita de la derrota del Nunca Mais, de esa marea humana de ciudadanía, de participación, de limpieza que desbordó las calles de Galicia y que levantó la conciencia medioambiental en todo nuestro país. A fin de cuentas Nunca Mais se convirtió en el símbolo de la limpieza y la dignidad, en una amenaza contra el estado permanente de ocultación y de mentira en el que chapapotea todo nuestro país.
Por eso esta semana me he acordado de Larra, de la generación del 98, de todos los escritores que han entonado el lamento por España, donde escribir es llorar, donde la injusticia campa a sus anchas. Un país donde se pena más la desobediencia a la autoridad que el delito contra las personas; donde los Gobiernos se preocupan de mantener sus cargos y de silenciar los problemas; donde la Justicia nos ofrece una impagable lección para las generaciones venideras: que si se inclinan a robar, esquilmar o destruir, lo hagan a lo grande.
¿Cómo educar, tras estas sentencias, a los jóvenes en el respeto a la ley? ¿Cómo hablarle de derechos medioambientales, de responsabilidad en el uso de los recursos naturales, de estado de derecho, si el triste paisaje del chapapote en Galicia, de la negra marea de las minas de Aznalcóllar no ha recibido siquiera el más mínimo reproche penal en los tribunales de justicia? “El Gobierno se felicita por la sentencia del Prestige”, es el cínico epitafio de esta historia.
Etiquetas:
Arias Cañete,
Aznalcóllar,
Boliden,
chapapote,
Obama,
PP,
Prestige,
sentencia
Compártelo
domingo, 10 de noviembre de 2013
ES COSA DE HOMBRES
Publicado en El País de Andalucía
Nos creemos a salvo. Tendemos a pensar que nuestra formación, nuestra cultura, nuestra forma de vida nos mantienen a salvo de la violencia canalla que asesina a varias mujeres cada semana. Estamos convencidos de que no formaremos parte de ese racimo de víctimas que se asoman débilmente a los informativos. Tenemos la seguridad de que esa escalera, ese bloque de pisos, esos vecinos no serán nunca los nuestros.
Aunque repetimos que no hay un perfil de víctima de la violencia de género, en el fondo creemos que es un mal que acecha a los otros, a los que no supieron defenderse, ni educar, ni rebelarse contra la discriminación. Esta semana hemos tenido pruebas evidentes de lo contrario: una mujer fuerte, feminista, que aconsejaba denunciar a la primera agresión y que participaba en los actos de violencia contra las mujeres, ha sido asesinada por su exmarido. Las flores de la igualdad no pueden crecer en un campo minado de malas hierbas, cruzado de amenazas, costumbres y viejas complicidades que nos obligan a ser “buenas” más allá de nuestros propios intereses.
Creemos haber puesto a salvo a nuestras hijas de la violencia machista. Las hemos educado en el ejercicio de la igualdad y estamos seguros de que ellas, tan libres y decididas, nunca consentirán que limiten sus vidas. Pero no hemos cuidado con igual esmero el terreno en el que crecen. No hemos eliminado complicidades, trampas sentimentales, discursos míticos en torno al amor y a las relaciones. Hemos levantado un ideal igualitario para las mujeres jóvenes pero no se ha construido un ideal masculino de nuevos valores que atraiga a los varones, que los haga parte indispensable de estas formas de vida igualitarias.
Hablamos a los jóvenes de igualdad, pero lo que detectan a diario en su vida cotidiana es la tremenda incomodidad masculina frente a la libertad de las mujeres. El inconsciente colectivo no se ha desprendido aún de la materia pegajosa y sucia de los viejos tiempos. Se renuevan viejos mitos contra la nueva libertad de las mujeres: son egoístas, astutas, golfas, interesadas o manipuladoras. Lo dicen escritores que lamentan la pérdida de la feminidad, jueces que intencionadamente lanzan el infundio de que la mayor parte de las denuncias de malos tratos son falsas, programas de televisión que ritualizan una lucha de sexos con los viejos esquemas o informativos que presentan un execrable crimen machista como una historia de amor.
Las nuevas redes sociales sirven de refugio al más viejo machismo. Las descalificaciones, los insultos contra las mujeres proliferan como setas venenosas. La crisis económica y la irritabilidad so cial son, además, un buen campo de cultivo del nuevo antifeminismo, de una revuelta anónima y clandestina contra la igualdad de las mujeres. Los amargos frutos de esta situación no se han hecho esperar. En varias comunidades el número de mujeres menores de 25 años atendidas por maltrato supone ya más del 25% del total. Los datos nos indican que no hay tampoco un perfil determinado de víctima. Que no hay vacuna que inmunice a nuestras chicas frente a las miles de caras y de estrategias de culpabilización con las que el machismo se disfraza, empezando por un concepto de amor romántico que es pura posesión. Pero donde realmente tenemos que poner los esfuerzos es en cambiarlos a ellos, a los agresores.
Para eso, nada mejor que presentar referentes masculinos igualitarios, defensores de este nuevo territorio recién conquistado. Hombres que pongan voz y acciones, que sean los primeros en denunciar los crímenes machistas, indignarse por la muerte de cada mujer y avergonzarse de cada acción que atente contra la igualdad de las mujeres.
Es el momento de que los hombres que han hecho suyos los ideales de igualdad se hagan visibles en las redes, en la educación, en los medios de comunicación. Si queremos que crezca la flor de la igualdad, es indispensable que hagamos visible, deseable y feliz una nueva masculinidad. La nueva etapa de la lucha contra la violencia de género, es ahora cosa de hombres.
@conchacaballer
Etiquetas:
feminismo,
hombres contra violencia de género,
igualdad mujeres,
jóvenes
Compártelo
CONSEJOS PARA ESCRIBIR
Publicado en El País de Andalucía
Había escrito un artículo titulado El chollo de la religión en el Bachillerato en el que desmenuzaba las negociaciones del PP con la Conferencia Episcopal en el último tramo de la Lomce. Según todas las informaciones, habían decidido incluir una enmienda por la que todos los centros tendrían que ofertar la Religión entre sus dos o tres asignaturas optativas del Bachillerato. Sin embargo, oh milagro, a última hora han dado marcha atrás y aunque no queda claro el tratamiento final, tuve que retirar precipitadamente el artículo hasta disponer de más información. Una buena noticia que a mí me dejaba con la columna vacía justo en el momento en que iba a emprender un pequeño viaje.
Tenía que encontrar rápidamente otro tema sobre el que escribir y para colmo no paraba de sonar el teléfono. Les expliqué a mis hermanos y amigos con los que había quedado que llegaría algo más tarde porque no había decidido todavía el motivo del artículo.
—Escribe de algo que no sea de política, que estamos muy cansados —dice mi hermano.
—No escribas otra vez de tu instituto hasta que pasen unos meses, que últimamente estás muy pesada con tus alumnos.
Uno de mis cuñados me pide que sea positiva: —La gente quiere algo a lo que agarrarse y no encuentra más que desesperación. Tú deberías escribir textos que den esperanza.
—Pues a mí, con sinceridad, lo que me gusta es la literatura. Deja la política y la actualidad. Pasa a hablar de literatura que es tu territorio —me aconseja un amigo.
Alguno me propone escribir de Halloween, de cómo hemos importado la fiesta americana con todos sus avíos, truco o trato incluido. Le digo que no estoy de acuerdo, que me gustan las fiestas que hacen suya la calle y que hace muchísimos años en los pueblos se celebraba esta noche con calabazas o melones perforados, con velas y túnicas blancas, con bromas macabras y cuentos de miedo. Me contesta que me lo estoy inventando, que esa fiesta es made in USA hasta los tuétanos, que nos colonizan culturalmente y nos explotan económicamente. Le aclaro que en todo caso se enriquecen los chinos que son los que han vendido todos los disfraces que se pasean por las calles.
El amante de la literatura propone que le dé un giro poético al tema, que hable del paso del tiempo, de la muerte, de la casa vacía y del olvido. Le contesto que el Halloween de verdad está en las portadas de los periódicos del día: los bancos han ganado un 80% más sin prestar dinero a la economía sino al Gobierno, las cuchillas de Melilla cortarán las manos a los inmigrantes, el velo islámico regresa al Parlamento turco…
—¡Uff! Nos vas a dar el fin de semana… Habla de las bodas notariales. ¿No te has dado cuenta de lo que le gusta al PP una notaría? ¡Ya quisiéramos profesores, personal sanitario, autónomos, tenderos o metalúrgicos gozar de una cuarta parte del amor que el Gobierno le profesa a nuestros notarios! ¡Con qué mimo los cuidan! ¡Cómo valoran su trabajo! ¡Cómo están dispuestos a quitarse de sus propias carnes expedientes y competencias para cederlas graciosamente a las notarías! —me propone una amiga.
El tema es tentador, lo confieso, pero la siguiente llamada me destroza el tratamiento.
—¿Qué quieres que te diga? A mí me parece bien casarse por lo notarial —mi amigo siempre ha sido muy antimatrimonio y solo el matrimonio homosexual lo ha reconciliado levemente con la institución—. Por fin el Gobierno reconoce que el matrimonio es un contrato o un negocio como otro cualquiera.
—Pero costará 95 euros y es una privatización descarada —le replico.
—Los Ayuntamientos también cobran —me responde.
—Solo algunos. Y les prestan suntuosos salones, una ceremonia bonita y con glamour.
—Al final, el sentimentalismo nos puede —concluye.
Y así es imposible. Imposible escribir sin sentimientos, alejada de la política, con esperanza, divertida, sin mención alguna a mi instituto y con todas las contradicciones a cuestas. Ustedes me perdonarán.
Había escrito un artículo titulado El chollo de la religión en el Bachillerato en el que desmenuzaba las negociaciones del PP con la Conferencia Episcopal en el último tramo de la Lomce. Según todas las informaciones, habían decidido incluir una enmienda por la que todos los centros tendrían que ofertar la Religión entre sus dos o tres asignaturas optativas del Bachillerato. Sin embargo, oh milagro, a última hora han dado marcha atrás y aunque no queda claro el tratamiento final, tuve que retirar precipitadamente el artículo hasta disponer de más información. Una buena noticia que a mí me dejaba con la columna vacía justo en el momento en que iba a emprender un pequeño viaje.
Tenía que encontrar rápidamente otro tema sobre el que escribir y para colmo no paraba de sonar el teléfono. Les expliqué a mis hermanos y amigos con los que había quedado que llegaría algo más tarde porque no había decidido todavía el motivo del artículo.
—Escribe de algo que no sea de política, que estamos muy cansados —dice mi hermano.
—No escribas otra vez de tu instituto hasta que pasen unos meses, que últimamente estás muy pesada con tus alumnos.
Uno de mis cuñados me pide que sea positiva: —La gente quiere algo a lo que agarrarse y no encuentra más que desesperación. Tú deberías escribir textos que den esperanza.
—Pues a mí, con sinceridad, lo que me gusta es la literatura. Deja la política y la actualidad. Pasa a hablar de literatura que es tu territorio —me aconseja un amigo.
Alguno me propone escribir de Halloween, de cómo hemos importado la fiesta americana con todos sus avíos, truco o trato incluido. Le digo que no estoy de acuerdo, que me gustan las fiestas que hacen suya la calle y que hace muchísimos años en los pueblos se celebraba esta noche con calabazas o melones perforados, con velas y túnicas blancas, con bromas macabras y cuentos de miedo. Me contesta que me lo estoy inventando, que esa fiesta es made in USA hasta los tuétanos, que nos colonizan culturalmente y nos explotan económicamente. Le aclaro que en todo caso se enriquecen los chinos que son los que han vendido todos los disfraces que se pasean por las calles.
El amante de la literatura propone que le dé un giro poético al tema, que hable del paso del tiempo, de la muerte, de la casa vacía y del olvido. Le contesto que el Halloween de verdad está en las portadas de los periódicos del día: los bancos han ganado un 80% más sin prestar dinero a la economía sino al Gobierno, las cuchillas de Melilla cortarán las manos a los inmigrantes, el velo islámico regresa al Parlamento turco…
—¡Uff! Nos vas a dar el fin de semana… Habla de las bodas notariales. ¿No te has dado cuenta de lo que le gusta al PP una notaría? ¡Ya quisiéramos profesores, personal sanitario, autónomos, tenderos o metalúrgicos gozar de una cuarta parte del amor que el Gobierno le profesa a nuestros notarios! ¡Con qué mimo los cuidan! ¡Cómo valoran su trabajo! ¡Cómo están dispuestos a quitarse de sus propias carnes expedientes y competencias para cederlas graciosamente a las notarías! —me propone una amiga.
El tema es tentador, lo confieso, pero la siguiente llamada me destroza el tratamiento.
—¿Qué quieres que te diga? A mí me parece bien casarse por lo notarial —mi amigo siempre ha sido muy antimatrimonio y solo el matrimonio homosexual lo ha reconciliado levemente con la institución—. Por fin el Gobierno reconoce que el matrimonio es un contrato o un negocio como otro cualquiera.
—Pero costará 95 euros y es una privatización descarada —le replico.
—Los Ayuntamientos también cobran —me responde.
—Solo algunos. Y les prestan suntuosos salones, una ceremonia bonita y con glamour.
—Al final, el sentimentalismo nos puede —concluye.
Y así es imposible. Imposible escribir sin sentimientos, alejada de la política, con esperanza, divertida, sin mención alguna a mi instituto y con todas las contradicciones a cuestas. Ustedes me perdonarán.
@conchacaballer
Etiquetas:
bodas ante notario,
halloween,
inmigrantes cuchillas
Compártelo
OTRA VEZ, NO
Publicado en EL País de Andalucía
Según Montoro, ministro de Hacienda, “los salarios no están bajando en España sino que moderan su crecimiento”. El Congreso de los Diputados está cada día más entretenido. El ministerio de la verdad es cada semana más surrealista: brotes verdes, salarios en crecimiento moderado, selección de estadísticas elaboradas por chamanes enloquecidos, reinado del oxímoron, paraíso del lenguaje encubridor, lugar donde el topless está prohibido mientras se desnuda “preventivamente” a las invitadas…
Aunque los salarios —claro que no—, no bajan, por cuarto año consecutivo los Presupuestos Generales del Estado decretan la congelación salarial de todos los empleados públicos. No importa que el ministro prevea mayores ingresos y recuperación económica. A la función pública, ni agua, debe ser la consigna. Si tienen todavía alguna duda sumen estos descuentos: el IPC (según datos oficiales del INE) desde 2010 hasta el día de hoy ha subido un 9,1%. Se espera que el año próximo lo haga un 1,5% lo que significa que solo por efecto de la congelación salarial la función pública perderá 10,6 puntos de poder adquisitivo. A esto hay que sumarle la supresión de la paga extraordinaria efectuada por el Gobierno central que supuso una rebaja de 7 puntos sobre las retribuciones totales. Y, todavía no satisfechos con esto, sumen los 10 puntos que se derivan de la supresión de los complementos de la paga extraordinaria en la Comunidad Autónoma de Andalucía. Todo esto sin contar (no quiero llevarles a la desesperación) el aumento del 5% del IRPF o los gravámenes de todo tipo de impuestos. La pérdida total de poder adquisitivo de los funcionarios oscila entre el 20% y el 30% de sus ingresos.
Con este panorama el ministro Montoro nos explicó, con expresión de quien merece ser calurosamente felicitado, que el próximo año se mantendrían las pagas extraordinarias.
Ese conflictivo recorte, se le olvidó decir, lo dejaba al arbitrio de las Comunidades Autónomas.Lo peor del caso es que la comunidad que inmediatamente tomó el guante fue Andalucía. El Gobierno andaluz, tras rechazar los Presupuestos Generales del Estado y afirmar que “estaban diseñados para asfixiar a las Comunidades Autónomas” y que le “restaban a Andalucía 1.200 millones de euros”, ha decidido suprimir la mitad de las pagas extras de los funcionarios andaluces. Es decir, que en vez de reclamar ante el Gobierno central la financiación que le corresponde o buscar nuevas formas de ingresos, vuelve a golpear a los trabajadores públicos.
Se trata de una medida socialmente injusta, políticamente suicida y económicamente contraproducente. El Gobierno andaluz argumenta que lo hace para conservar el empleo público pero, aún si así fuera, no se puede combatir una injusticia con otra de idéntico calado, máxime cuando se hace de forma reiterada. Prácticamente todas las comunidades tienen idénticos complementos y forman parte del salario reglado de sus trabajadores. No se trata de una paga potestativa ni arbitraria que se pueda suprimir sin consecuencias.
En el plano político la medida es suicida porque los mismos dirigentes políticos del PP que aprietan las cuentas públicas de Andalucía serán los primeros en ponerse a la cabeza de la protesta por el recorte de las pagas públicas. El Gobierno regional acaba de regalarle su discurso político al desangelado PP andaluz que andaba a la deriva. El Ejecutivo de Andalucía perderá toda credibilidad en la oposición a las políticas de recorte de los servicios públicos, porque no puede haber calidad alguna cuando el colectivo que los sustenta es vapuleado continuamente. Para la ciudadanía, se fomenta la idea de que todos son iguales, sin paliativos.
Finalmente, la medida es equivocada en términos económicos. Los 322 millones que se detraen a los funcionarios no solo se restan de sus bolsillos, sino de la calle, de las tiendas, de los servicios, de la actividad económica y del empleo. Empobrecer a un cuarto de millón de ciudadanos andaluces nos hace más pobres a todos.
@conchacaballer
Etiquetas:
crisis,
gobierno andaluz,
montoro,
PSOE,
supresión pagas extras funcionarios
Compártelo
LA SUPERIORIDAD MORAL DE LA IZQUIERDA
No se acaban de poner de acuerdo en su tesis central. Unos días se empeñan en argumentar que “la vieja división izquierda y derecha ya no existe” y, a la semana siguiente, elaboran un cuadro completo para demostrar que ha terminado la superioridad moral de la izquierda.
Es verdad que la denominación izquierda y derecha solo designaba el lugar en el que se sentaban los delegados que defendían los privilegios reales de los que se oponían y que un lugar geográfico no determina tu forma de pensar ni la coherencia de tus actuaciones. También es cierto que nadie está construido de una pieza, sin contradicciones. Hay personas de la izquierda incoherentes o egoístas y personas de la derecha política que practican valores de solidaridad.
Pero hagamos un ejercicio sencillito de utilidad. Desde la llegada de nuestro país a la democracia, intenten recordar una o varias leyes que afecten a derechos sociales, a la igualdad de oportunidades, a la creación o la ampliación del estado del bienestar, a la justicia social, que haya sido elaborada o impulsada por partidos u organizaciones de la derecha. Repasen detenidamente: la universalización de la seguridad social, la universalización y ampliación de la enseñanza, la igualdad entre hombres y mujeres, el reconocimiento de derechos de las personas homosexuales, la ley de dependencia, los sistemas de protección social… Ni uno solo de ellos ha sido impulsado por gobiernos de la derecha en nuestro país o por sus organizaciones sociales.
Por el contrario, a la chita callando, aprovechando la crisis económica, mientras usted y yo comentamos el último episodio de corrupción o de descrédito de los políticos, se está reformando todo el edificio institucional propio de un estado de bienestar en función de unos valores que se asientan en el poder del dinero, la división social y el quebranto de la igualdad de oportunidades. No hay una sola ley importante que no esté siendo convenientemente talada, disminuida o simplemente aniquilada. La justicia gratuita ha dejado ser tal y ahora si, por ejemplo, quiere pleitear contra las cláusulas abusivas de los bancos, prepare 300 euros para la primera demanda. La seguridad social ha dejado de ser universal y se ha expulsado a más de 700.000 inmigrantes. El aumento de las pensiones deja de estar ligado a su indicador real que es el coste de la vida. Los derechos de las personas con dependencia han dejado de ser vinculantes y se han convertido en potestativos. En la educación se impone el criterio de excelencia al de igualdad y se aumenta el poder religioso en las aulas… Hasta 30 leyes centrales para nuestra vida están siendo modificadas en una operación que ya no se puede llamar reforma, sino demolición.
Para el triunfo de esta operación se requiere la liquidación del patrimonio moral y ético de la izquierda. Necesitan como el agua el sindicalista corrupto, el político de izquierdas trincón. Anoten como la lupa inquisidora no encuentra, o mejor no busca, conductas delictivas en las organizaciones sociales de la derecha. Fíjense en la benevolencia que se aplica a las conductas delictivas de los empresarios y cómo empieza a ser ya una preocupante toma de partido ideológica.
Pero lo anterior no pretende disminuir la responsabilidad o la condena moral de políticos o sindicalistas de izquierda que realmente se hayan enriquecido o malversado caudales públicos. Todo lo contrario. El daño que han producido va mucho más allá de su penalización legal. Sea cual sea su condena, no pagarán el daño que le producen a la izquierda y al movimiento obrero en este país. Han rasgado ese delicado tejido construido con el sacrificio de miles de hombres y mujeres que han dedicado sus vidas a la defensa de causas justas, al progreso de la gente más sencilla, a la conquista de derechos que nos han hecho más libres. Hombres y mujeres, ideas y valores que son ahora más necesarios que nunca. En cuanto a los otros, si se demuestra su culpabilidad y su enriquecimiento personal, ni una lágrima por ellos. Malditos sean.
@conchacaballer
Etiquetas:
avances,
corrupción.,
derechos sociales,
eres,
izquierda
Compártelo
NO NOS PODEMOS QUEJAR
Se ha convertido en el principio y final de muchas conversaciones. Es
el resumen perfecto, el punto y aparte de la comunicación de nuestras
desdichas. La pronunciamos encogiendo los hombros, entornando los ojos y
con una mueca de impotencia en los labios.
Con esta expresión socializamos nuestras desgracias, sentimos formar parte de un colectivo al que todavía le han ido las cosas peor que a nosotros mismos. No importa cuantas injusticias nos asolen porque siempre habrá alguien más desprotegido, más pobre o más solo.
Lo malo es que una frase de uso privado que pretendía animarnos, formar parte de una cadena humana y socializar nuestras desgracias, se ha convertido en un discurso oficial impuesto que pone fin a cualquier reclamación y a cualquier asomo de sublevación social. No es que no nos podamos quejar por solidaridad con los que más sufren, es que no nos podemos quejar porque pueden arrojarnos al escalón inmediatamente inferior y eso nos causa pavor.
El funcionario al que le esquilman por enésima vez sus haberes no se puede quejar porque es fijo. Al que han reducido su sueldo de forma brutal, no puede protestar porque al menos no ha sido despedido. El joven contratado por un raquítico puñado de euros, al menos no ha tenido que salir de nuestro país. Incluso el que está en la cola del paro puede considerarse afortunado porque todavía no recoge a la puerta del supermercado los productos caducados. La cadena de no queja, no reclamación, no protesta, se extiende al infinito. A fin de cuentas, todos tenemos algo propio, que no nos pueden arrebatar, una mano amiga o un hueco por el que escapar de las desdichas.
La ofrenda de agradecimiento por “nuestros privilegios” se deposita a los pies de los poderosos. Con cada “no me puedo quejar” cedemos territorios que pertenecían a nuestros derechos, a nuestro trabajo e incluso a nuestra dignidad. Trabajamos más horas por menos salario; consideramos potestativa una paga extraordinaria que forma parte de nuestros derechos; nos aprestamos a trabajar fuera de convenio o a hacer horas fuera de contrato; a regalar nuestro trabajo y nuestro esfuerzo sin conflicto social alguno.
El hecho de que haya otras personas en peores situaciones que nosotros se ha convertido en la coartada perfecta para reformular el marco laboral. Y no me refiero a las injustas leyes promulgadas sino al derecho que se escribe en la calle, en las empresas, con prácticas crueles que las estadísticas apenas detectan, con salarios de miseria y condiciones leoninas nunca antes descritas. Algunas mujeres adelantan su incorporación laboral tras el parto por miedo a ser despedidas; muchas personas acuden enfermas al trabajo por miedo al despido. Por supuesto, también sin quejarse.
El valor del trabajo ha caído drásticamente en el mercado. Nuestro esfuerzo, nuestro saber, nuestra inteligencia apenas valen nada. No importa que el sector para el que trabajemos sufra la crisis o apenas la haya sentido. Nuestra cotización ha caído vertiginosamente porque tenemos miedo, porque nos consolamos con las desgracias ajenas, porque asumimos acríticamente todos los discursos manipuladores y engañosos que nos lanzan a diario, porque nos hemos resignado a ser hojas al viento.
El miedo insuperable a caer más bajo en la escala social nos paraliza. Y de todas las estrategias defensivas inútiles esta es la más contraproducente. Si en vez de no quejarnos pasáramos a hacerlo; si en vez de callar, alzásemos la voz; si en vez de estar aterrorizados, actuásemos; si en vez de resignarnos a todas las injusticias grandes y pequeñas, pronunciásemos un rotundo y terco no, entonces esta crisis se escribiría con otro final.
Trabajar no es un privilegio, sino un derecho. Léanse la Constitución. No hay privilegio alguno en cobrar lo justo, en trabajar lo estipulado, en no ser explotado, en tener vacaciones o baja laboral cuando estamos enfermos. No llamemos paciencia al miedo, ni espíritu positivo a lo que es simplemente una rendición.
@conchacaballer
Con esta expresión socializamos nuestras desgracias, sentimos formar parte de un colectivo al que todavía le han ido las cosas peor que a nosotros mismos. No importa cuantas injusticias nos asolen porque siempre habrá alguien más desprotegido, más pobre o más solo.
Lo malo es que una frase de uso privado que pretendía animarnos, formar parte de una cadena humana y socializar nuestras desgracias, se ha convertido en un discurso oficial impuesto que pone fin a cualquier reclamación y a cualquier asomo de sublevación social. No es que no nos podamos quejar por solidaridad con los que más sufren, es que no nos podemos quejar porque pueden arrojarnos al escalón inmediatamente inferior y eso nos causa pavor.
El funcionario al que le esquilman por enésima vez sus haberes no se puede quejar porque es fijo. Al que han reducido su sueldo de forma brutal, no puede protestar porque al menos no ha sido despedido. El joven contratado por un raquítico puñado de euros, al menos no ha tenido que salir de nuestro país. Incluso el que está en la cola del paro puede considerarse afortunado porque todavía no recoge a la puerta del supermercado los productos caducados. La cadena de no queja, no reclamación, no protesta, se extiende al infinito. A fin de cuentas, todos tenemos algo propio, que no nos pueden arrebatar, una mano amiga o un hueco por el que escapar de las desdichas.
La ofrenda de agradecimiento por “nuestros privilegios” se deposita a los pies de los poderosos. Con cada “no me puedo quejar” cedemos territorios que pertenecían a nuestros derechos, a nuestro trabajo e incluso a nuestra dignidad. Trabajamos más horas por menos salario; consideramos potestativa una paga extraordinaria que forma parte de nuestros derechos; nos aprestamos a trabajar fuera de convenio o a hacer horas fuera de contrato; a regalar nuestro trabajo y nuestro esfuerzo sin conflicto social alguno.
El hecho de que haya otras personas en peores situaciones que nosotros se ha convertido en la coartada perfecta para reformular el marco laboral. Y no me refiero a las injustas leyes promulgadas sino al derecho que se escribe en la calle, en las empresas, con prácticas crueles que las estadísticas apenas detectan, con salarios de miseria y condiciones leoninas nunca antes descritas. Algunas mujeres adelantan su incorporación laboral tras el parto por miedo a ser despedidas; muchas personas acuden enfermas al trabajo por miedo al despido. Por supuesto, también sin quejarse.
El valor del trabajo ha caído drásticamente en el mercado. Nuestro esfuerzo, nuestro saber, nuestra inteligencia apenas valen nada. No importa que el sector para el que trabajemos sufra la crisis o apenas la haya sentido. Nuestra cotización ha caído vertiginosamente porque tenemos miedo, porque nos consolamos con las desgracias ajenas, porque asumimos acríticamente todos los discursos manipuladores y engañosos que nos lanzan a diario, porque nos hemos resignado a ser hojas al viento.
El miedo insuperable a caer más bajo en la escala social nos paraliza. Y de todas las estrategias defensivas inútiles esta es la más contraproducente. Si en vez de no quejarnos pasáramos a hacerlo; si en vez de callar, alzásemos la voz; si en vez de estar aterrorizados, actuásemos; si en vez de resignarnos a todas las injusticias grandes y pequeñas, pronunciásemos un rotundo y terco no, entonces esta crisis se escribiría con otro final.
Trabajar no es un privilegio, sino un derecho. Léanse la Constitución. No hay privilegio alguno en cobrar lo justo, en trabajar lo estipulado, en no ser explotado, en tener vacaciones o baja laboral cuando estamos enfermos. No llamemos paciencia al miedo, ni espíritu positivo a lo que es simplemente una rendición.
@conchacaballer
Etiquetas:
desprestigio trabajadores,
mareas,
miedo a la protesta,
movilización,
PP,
sumision
Compártelo
sábado, 9 de noviembre de 2013
MANO DURA Y PASO ATRÁS
Publicado en El País Andalucía
Tardamos mucho en comprenderlo, pero los seres humanos no somos flores de una sola generación. Acumulamos experiencias, miedos, recelos o esperanzas de generaciones anteriores. Yo no viví la Guerra Civil, claro está, pero mi familia sufrió de una forma terrible la violencia de aquel tiempo. Conservo una foto, fechada alrededor de 1927, de mis familiares en una celebración. Lucen sonrientes, atractivos y seguros. Nadie hubiera imaginado que pocos de ellos seguirían con vida 10 años después. Y la historia que no vivimos, dejó sus huellas en varias generaciones posteriores. Si alguien piensa que voy a contarles una historia más de la Guerra Civil, se equivoca. Lo que quiero expresar es que somos parte de una cadena. Que hablan por nosotros voces distintas, aunque no ajenas.
Se han escrito muchos libros sobre la dictadura, pero lo que apenas se ha contado es el tono moral de esa época. La maldad, la crueldad, el clasismo que no solo se expresaba en los calabozos sino en la vida cotidiana. No toda la sociedad era siniestra, pero el pensamiento dominante era miserable e inmisericorde. A la vuelta de una jornada infructuosa, el cazador podía disparar un tiro en la cabeza del perro que lo acompañaba. La correa de los pantalones servía para propinar terribles palizas a los niños. Las personas con discapacidad eran ocultadas como un estigma. De las mujeres… para qué hablar. Lean a Delibes o vean esa película reveladora de Carlos Saura llamada La caza.
Los sistemas autoritarios necesitan pensar mal del ser humano, ponerse en lo peor, alentar la venganza, desprestigiar el perdón, castigar, proclamar que no hay redención posible. La democracia no sólo nos hizo más libres, sino también más buenos. Alentó nuestros mejores deseos, nos ofreció ciertos ideales colectivos.
Ahora que todo se resquebraja, vuelven las ideologías del mal a apoderarse de nuestra mente. Debe haber explicaciones sociológicas para ello. Las soluciones drásticas nos tranquilizan. El racismo nos concede una superioridad rápida ante los demás seres humanos. El castigo severo nos convierte en dueños de no se sabe qué futuro.
Dicen que el 70% de la sociedad española es partidaria de la cadena perpetua. Y lo creo. Seguramente si le preguntasen —y no lo hacen porque no es correcto— por la pena de muerte también obtendría un considerable respaldo. La gente pronuncia frases que han sido implantadas en su cerebro a fuerza de sensacionalismo barato y de espectáculo mercantil: “matar sale muy barato” o “en España hay muchos asesinatos”. No importa que los datos demuestren que nuestro país es uno de los más seguros y pacíficos del mundo. Tampoco que las condenas en España sean de las más duras de nuestro entorno.
Cuando un prejuicio se asienta en nuestra cabeza es inmune a la verdad.Para estas reformas legales se invoca el dolor de los familiares de las víctimas, sin ser conscientes de que el peor daño que la sociedad les puede hacer es no ayudarles a superar su pérdida. Por el contrario, hay verdaderos especialistas en alimentar su furia, su insatisfacción. Una senda delicada que no los dejará vivir en paz.
Uno de los pilares ideológicos del autoritarismo es la desconfianza en el ser humano, su incapacidad de gobernarse y la creencia de que solo “el palo y la mano dura” solucionarán los problemas, excepto con los delitos económicos donde la permisividad llega al extremo. Por eso, cada vez que suenan las trompetas del autoritarismo, se remueve el caldo de cultivo de la inseguridad ciudadana. Si la finalidad fuese luchar más eficazmente contra el delito, se aumentarían los recursos para la investigación policial y se pondrían en marcha sistemas efectivos de reinserción de las personas presas. Pero, no nos engañemos, no es ese el objetivo, sino apaciguar una demanda populista que ellos mismos han creado y que no tiene fin. Lo único que nos falta es que, además de salir de la crisis más pobres, salgamos más malos, sin rastro alguno de confianza en el ser humano. Mano dura y paso atrás.
Tardamos mucho en comprenderlo, pero los seres humanos no somos flores de una sola generación. Acumulamos experiencias, miedos, recelos o esperanzas de generaciones anteriores. Yo no viví la Guerra Civil, claro está, pero mi familia sufrió de una forma terrible la violencia de aquel tiempo. Conservo una foto, fechada alrededor de 1927, de mis familiares en una celebración. Lucen sonrientes, atractivos y seguros. Nadie hubiera imaginado que pocos de ellos seguirían con vida 10 años después. Y la historia que no vivimos, dejó sus huellas en varias generaciones posteriores. Si alguien piensa que voy a contarles una historia más de la Guerra Civil, se equivoca. Lo que quiero expresar es que somos parte de una cadena. Que hablan por nosotros voces distintas, aunque no ajenas.
Se han escrito muchos libros sobre la dictadura, pero lo que apenas se ha contado es el tono moral de esa época. La maldad, la crueldad, el clasismo que no solo se expresaba en los calabozos sino en la vida cotidiana. No toda la sociedad era siniestra, pero el pensamiento dominante era miserable e inmisericorde. A la vuelta de una jornada infructuosa, el cazador podía disparar un tiro en la cabeza del perro que lo acompañaba. La correa de los pantalones servía para propinar terribles palizas a los niños. Las personas con discapacidad eran ocultadas como un estigma. De las mujeres… para qué hablar. Lean a Delibes o vean esa película reveladora de Carlos Saura llamada La caza.
Los sistemas autoritarios necesitan pensar mal del ser humano, ponerse en lo peor, alentar la venganza, desprestigiar el perdón, castigar, proclamar que no hay redención posible. La democracia no sólo nos hizo más libres, sino también más buenos. Alentó nuestros mejores deseos, nos ofreció ciertos ideales colectivos.
Ahora que todo se resquebraja, vuelven las ideologías del mal a apoderarse de nuestra mente. Debe haber explicaciones sociológicas para ello. Las soluciones drásticas nos tranquilizan. El racismo nos concede una superioridad rápida ante los demás seres humanos. El castigo severo nos convierte en dueños de no se sabe qué futuro.
Dicen que el 70% de la sociedad española es partidaria de la cadena perpetua. Y lo creo. Seguramente si le preguntasen —y no lo hacen porque no es correcto— por la pena de muerte también obtendría un considerable respaldo. La gente pronuncia frases que han sido implantadas en su cerebro a fuerza de sensacionalismo barato y de espectáculo mercantil: “matar sale muy barato” o “en España hay muchos asesinatos”. No importa que los datos demuestren que nuestro país es uno de los más seguros y pacíficos del mundo. Tampoco que las condenas en España sean de las más duras de nuestro entorno.
Cuando un prejuicio se asienta en nuestra cabeza es inmune a la verdad.Para estas reformas legales se invoca el dolor de los familiares de las víctimas, sin ser conscientes de que el peor daño que la sociedad les puede hacer es no ayudarles a superar su pérdida. Por el contrario, hay verdaderos especialistas en alimentar su furia, su insatisfacción. Una senda delicada que no los dejará vivir en paz.
Uno de los pilares ideológicos del autoritarismo es la desconfianza en el ser humano, su incapacidad de gobernarse y la creencia de que solo “el palo y la mano dura” solucionarán los problemas, excepto con los delitos económicos donde la permisividad llega al extremo. Por eso, cada vez que suenan las trompetas del autoritarismo, se remueve el caldo de cultivo de la inseguridad ciudadana. Si la finalidad fuese luchar más eficazmente contra el delito, se aumentarían los recursos para la investigación policial y se pondrían en marcha sistemas efectivos de reinserción de las personas presas. Pero, no nos engañemos, no es ese el objetivo, sino apaciguar una demanda populista que ellos mismos han creado y que no tiene fin. Lo único que nos falta es que, además de salir de la crisis más pobres, salgamos más malos, sin rastro alguno de confianza en el ser humano. Mano dura y paso atrás.
Etiquetas:
cadena perpetua,
delitos en España,
PP,
Ruíz Gallardón
Compártelo
sábado, 5 de octubre de 2013
EL PUTO AUTOBÚS
Publicado El País de Andalucía
Me llama una alumna de mi instituto. Acaba de terminar el bachillerato con matrícula de honor y ha obtenido unas notas de selectividad que le permiten escoger la carrera que deseaba. Me dice que se ha matriculado en la UNED, la Universidad a Distancia, y le pregunto extrañada por qué.
—Me hubiera gustado conocer el ambiente universitario pero no va a poder ser.
Me explica que su padre y su madre están en paro. Han estado haciendo cálculos y no pueden pagar los ciento y pico euros mensuales que suponen el desplazamiento diario desde Coria del Río a la Universidad Pablo Olavide. Le contesto que no se preocupe, que estoy segura de que le concederán la beca que ha solicitado, que si no se la conceden a ella con su magnífico expediente y su situación familiar, no habrá becas para nadie.
—Ya lo sé —me contesta— pero el problema es que las becas no empiezan a pagarlas hasta febrero o marzo y no podemos adelantar ese dinero.
Le digo que hay algunos fondos para esas situaciones. Me dice que ya ha preguntado y que están saturados. Me ve tan afectada que es ella la que se dedica a animarme.
—No te preocupes. Es solo una racha de mala suerte. El año que viene será distinto. Ya verás.
A los dos días me encuentro en la puerta del instituto a una pareja de jóvenes estudiantes que terminaron también el curso pasado con estupendas calificaciones y una inesperada historia de amor. Los hacía en la Universidad pero me dicen que han venido a matricularse en el único ciclo superior de formación profesional que existe en la localidad, el de Informática. Algo totalmente ajeno a sus aspiraciones y a la orientación de sus estudios. Me cuentan exactamente la misma historia. Los pocos kilómetros que separan este pueblo de la ciudad de Sevilla se han convertido en un foso insuperable. El pago de las becas se produce con retraso y eso les obliga a adelantar un dinero que no poseen. Siento una profunda rabia.
—No pasa nada. De verdad —me dice él con más convencimiento que ella—. No vamos a perder el año. Vamos a buscar algún trabajillo y ahorrar para poder empezar la carrera el próximo curso.
Frente a los cristales de secretaría está la madre de uno de los alumnos del centro. Tanto ella como su marido están parados desde hace más de tres años. Les pregunto si ha mejorado la situación.
—Bueno… vamos tirando. Tenemos la suerte de tener la casa pagada y mi padre se hace cargo de los gastos extras, que si unos zapatos, una equipación… nos arreglamos con muy poco.
—¡Ojalá las cosas mejoren! —le digo sin mucha convicción—.
—¡De verdad! Todos los días cuando me levanto me acuerdo de los que no tiene nada, asegura.
Me hace sonreír el optimismo histórico que nos permite sobrevivir y esa compasión que quita peso a las penas propias.
En la sala de profesores discutimos las actividades extraescolares para este curso. Mejor dicho podamos, recortamos, escatimamos las que se solían hacer en años pasados. Recordamos con humor cuándo proponían ir a Cancún o a la Riviera Maya. Ahora ir a Granada ya es un lujo y las actividades son muy modestas: visitar algún museo de Sevilla, asistir a una función de teatro o participar en la feria del libro.
—Aún así habrá alumnos que no podrán pagar el billete del autobús —nos advierte alguna compañera—.
Antes Sevilla estaba muy cerca, ahora muy lejos. El modesto autobús al que apenas prestábamos atención juega ahora un papel determinante en cientos de vidas. Nunca pensé que subir a un autobús o a un vagón del metro llegase a ser un problema. Era el dinero menudo que volaba de nuestros bolsillos sin saber cómo. El mismo que hoy se cuenta, se mide, se planifica.
Camino de casa observo a los viajeros que esperan en la marquesina con cara de indiferencia. Desde luego no son privilegiados. Como siempre, el conductor ha ocupado buena parte de la calzada e interrumpe el tráfico hasta que embarcan todos los viajeros. El vehículo va casi vacío. No sabe que se ha convertido en un nuevo símbolo de la escasez. El puto autobús.
@conchacaballer
EL PAPA FRANCISCO Y LOS OBISPOS ANDALUCES
Publicado en AndalucesDiario
Desde que el Papa Francisco ha dicho que “la curia vaticana es la lepra del papado” no dejo de pensar en los obispos andaluces. Ya sé que no pertenecen a la curia vaticana, pero presentan rasgos muy parecidos al grupo que describe el recién elegido Papa.
Los obispos andaluces se agrupan en una entidad denominada “Obispos del Sur de España”, aunque son mayoritariamente de nuestra tierra y los temas que abordan son rabiosamente andaluces. Celebran asambleas con relativa frecuencia en la que acuerdan documentos conjuntos que luego se traducen en acciones, homilías o recomendaciones a los fieles. Sienten debilidad por la política y no hay suceso electoral ante el que no se pronuncien con un indeleble tinte azul marino, casi negro, diría yo. Durante la tramitación del Estatuto de Autonomía dieron su “do de pecho” en contra y en las recientes elecciones andaluzas orientaron a los fieles hacia las opciones contrarias al aborto, al matrimonio homosexual y a la defensa de la familia clásica. Perdieron
Si tienen la curiosidad o el frikismo de repasar sus acuerdos, pensaran que se han equivocado rotundamente de país y de comunidad. La crisis económica es, para ellos inexistente. Los pobres, excepto alguna rendición de cuentas de Cáritas, invisibles. El dolor social, desconocido. Los temas sobre los que discuten, acuerdan y promueven son la ley de patrimonio de Andalucía y cómo afecta a los bienes eclesiales; la beatificación y canonización de los mártires de las persecuciones religiosas de 1936 o, su tema estrella: la defensa, exigencia, reivindicación y presión a favor de la enseñanza religiosa concertada y privada en la Comunidad Autónoma de Andalucía. En este caso, eso si, entran en harina, felicitan la elaboración de la LOMCE y denuncian las trabas que, en su opinión, el gobierno andaluz está poniendo a la enseñanza concertada. Ni una línea por los recortes de la enseñanza pública o la pérdida de becas. Si creen que exagero pueden verlo aquí.
Sobre el nuevo Papa, ni pío. La publicación de los obispos del Sur guarda un absoluto silencio sobre sus declaraciones o actividades. A título individual, algunos obispos contradicen o matizan las intenciones del nuevo Papa de renovar el papel de las mujeres en la Iglesia. “El sacerdocio es un don, no un derecho”, declaró recientemente el Obispo de Córdoba.
Y es que si el Papa Francisco piensa que la única oposición que puede encontrarse para renovar su institución es la curia vaticana, está el pobre mucho más que equivocado. Cuando afirmó que en esta crisis económica, había que estar al lado del más necesitado, que la iglesia debería ser un hospital de campaña para los que sufren o cuando criticó que la Iglesia viviera “obsesionada con el aborto o los matrimonios gays” y los instó a no inmiscuirse “en la vida personal”, estaba retratando fielmente a gran parte de los obispos andaluces.
Todavía resuenan las palabras del obispo de Granada en las que afirmaba que “España es un país subsidiado y plagado de funcionarios”. O las de aquel otro que santificaba los sacrificios de los recortes. O el insigne obispo de Córdoba, un Sherlock Holmes de la jerarquía eclesiástica, que había descubierto que “la UNESCO tiene un plan para hacer que la mitad de la población mundial se vuelva homosexual”. O las peores declaraciones nunca vistas sobre la pederastia en el seno de la iglesia, que provinieron del Obispo de Tenerife, también asociado a la Asamblea de Obispos del Sur, cuando afirmó que “hay menores que desean el abuso e incluso te provocan”.
El aislamiento de la sociedad, la defensa de intereses endogámicos, la insensibilidad ante el dolor social y la obsesión por la sexualidad no es un mal aislado solo en los pasillos vaticanos. Por eso espero con infinita curiosidad los movimientos en la curia española y, especialmente, en la del sur, encastillada en un integrismo hostil a todo cambio.
Etiquetas:
aborto,
crisis,
curia vaticana,
homosexualidad,
lepra,
obispos andaluces,
Papa Francisco
Compártelo
ESTE PAÍS ES VUESTRO
Publicado en El País Andalucía
En mi familia todos sabemos ahora dónde está Isla Reunión. Su nombre estaba agazapado en algún lugar de nuestra memoria de estudiantes de bachillerato pero ahora sabemos localizar ese lugar con precisión. En cada casa nombres de países y de ciudades exóticas han pasado a formar parte de la vida cotidiana. Nunca pensamos que íbamos a aprender nuevamente geografía a golpe de exilio. Tampoco llegamos a imaginar que el futuro empezaba en una sala de embarque, en el pasillo interminable de un aeropuerto cercano.
Respiramos aliviados cuando nuestros jóvenes sortearon los vendavales de la adolescencia y se centraron en los estudios. Ellos, por su parte, tuvieron que lidiar con sus propias decisiones, batallar muchas veces contra nuestros deseos de proyectar en ellos nuestras vidas. Estudiaron, se formaron, acumularon títulos, másteres, dominios lingüísticos. Fueron formales, estudiosos, cumplidores con la antesala de su futuro. Cumplieron perfectamente con el requisito de excelencia que se les exigía, sin saber que este país iba a premiar su esfuerzo con un boleto de salida.
Ahora se van a Isla Reunión, a Quebec, a Sídney… Y si no se han ido todavía, lo están sopesando, buscando afanosamente en Internet, compartiendo con otros jóvenes los mejores lugares para salir de nuestro país, de nuestras vidas y de nuestro presente. Incluso los que se quedan, ya no están aquí. Al finalizar la carrera, un cartel invisible de “Game over” se coloca en sus vidas y el siguiente nivel del juego consiste en encontrar una puerta de salida fuera de nuestras fronteras.
Mentalmente han dejado de ser ciudadanos de este país que no los quiere, que prescinde de ellos como de un lujo innecesario. Volverán, nos dicen, cuando las cosas mejoren en nuestro país pero la pregunta que me golpea es: ¿Quién, si no ellos, puede mejorar este país? ¿Quién, sin ellos, hará los cambios necesarios? ¿Qué clase de futuro podremos conseguir sin el empuje y la fuerza de la juventud que va a vivirlo?
No hay un solo cambio social importante que se haya hecho sin el protagonismo de los jóvenes. La democracia en nuestro país no la trajeron unos cuantos señores encorbatados y un rey condescendiente sino miles de jóvenes que hicieron de la libertad su bandera, su forma de vida y un sueño que no se podía arrebatar. Hasta su forma de vestir, la música que escuchaban, su forma de relacionarse se convirtieron en una oleada de aire fresco que acabó con la dictadura. Los encorbatados y reyes no solo no nos regalaron la libertad sino que pusieron límites, pactos y fronteras a este sueño.
Este país no es un negocio ruinoso que deba permanecer en las manos de los mismos que nos llevaron al desastre. Si hay alguien que debe salir de nuestra tierra son los que hicieron de nuestra economía un juego de casino; los que despreciaron la ciencia, la tecnología, el medio ambiente y la cultura. ¡Que se vayan ellos! Pero no vosotros.
Vuestra salida de la crisis no está a la vuelta de la esquina. La suya sí. Recuperarán la tasa de beneficio a costa de empobrecer los salarios. Se adueñarán de los servicios públicos para convertirlos en negocio. Proclamarán el fin de los derechos sociales y del estado del bienestar. Os dirán que esto no os incumbe, que son medidas coyunturales provocadas por la crisis pero la realidad es que mientras buscáis en Internet un país en el que protegeros del aguacero, ellos diseñan la España que encontraréis a vuestra vuelta, construida con los peores materiales del pasado.
Este país es vuestro. Es necesario decirlo, gritarlo, imprimirlo porque os lo han arrebatado. Nos han hecho aceptar con naturalidad vuestra huida para que no participéis en el diseño del futuro. Vuestra historia individual, es colectiva. Vuestra maleta es la de toda una generación. Vuestros recorrido en las salas de embarque, una marcha multitudinaria. Vuestros pasos callados, un ruido ensordecedor. Vuestro dolor personal, una herida colectiva. Por eso, si podéis, echadlos. A fin de cuentas son ellos quienes no tienen patria.
@conchacaballer
Etiquetas:
emigración,
Isla Reunión,
jóvenes,
las ilusiones perdidas
Compártelo
!QUIÉN SE PUDIERA IR!
Publicado en AndalucesDiario
¡Qué suerte tienen los catalanes que han encontrado un sueño, un mantra, una jaculatoria que todo lo soluciona! Además, están cerca de la frontera, pegaditos a un país envidiable. Ya nos gustaría a nosotros tener una puerta de escape, una frontera a mano que no lindara con peores injusticias y con menor libertad.
A nosotros tampoco nos quieren, no os creáis. No dejan de ridiculizar nuestra forma de hablar, desprestigiar nuestra cultura y paralizar nuestras leyes pero lo curioso es que el gobierno central del PP y vuestro gobierno de CIU compiten por ver quién es más áspero y desabrido con los andaluces. A vuestros niños los quieren españolizar, a los nuestros nos los tercermundializáis al menor descuido. Sin embargo, ay, nosotros no tenemos una puerta trasera para escaparnos y estamos aquí, pegados por cordilleras fronterizas, lindando con dolores ajenos y con tierras esteparias.
Si en vez de compartir un mar fronterizo con Marruecos, con costas donde conviven la “creme de la creme” del turismo extranjero y las pateras, lindáramos con Francia, con la Riviera de Saint Tropez, nosotros también nos envolveríamos en la bandera andaluza y haríamos una cadena de alegre huida de la realidad.
Cuando nos levantamos, respiramos el mismo aire viciado que vosotros, sentimos la opresión de tener que cargar con esta historia, este presente y estas injusticias pero no nos consolamos con la idea de que si fuésemos independientes desaparecerían por ensalmo la crisis económica, el paro, los recortes y la corrupción. Claro que la mayoría de vosotros pensáis que vivís en un país rico empobrecido por los pobres del sur y nosotros pensamos que vivimos en una comunidad rica, empobrecida por los ricos sin distinción de nacionalidad.
Aunque Artur Mas haya sido incluso más Terminator que Rajoy en cuanto a recortes sociales, sus hachazos no deben doler de igual manera. Sus cierres hospitalarios, sus despidos de profesionales, su precursoras decisiones sobre copagos, no son al parecer tan negativas como las del PP, aunque tengan idéntico significado. A pesar de que los casos de corrupción en los que están envueltos miembros de Convergencia i Unio sean abrumadores, los imputados no se pasean por los telediarios estatales, sus nombres no se conocen y la política catalana, tan opaca o más que la española, sigue presumiendo de seny. Los casos se negocian, se silencian o se intercambian. Vuestros escándalos bancarios son menos sabrosos y el dinero público que se ha invertido en sanear desde tiempo inmemorial la banca catalana, menos ofensivo. A fin de cuentas, la burguesía catalana ha aprovechado el sentimiento nacional para lavar los trapos sucios en casa, o directamente para no lavarlos.
Por eso me conmueve, con sinceridad, escuchar a jóvenes catalanes, a intelectuales honestos, expresar su esperanza en que la independencia suponga un cambio profundo en sus vidas, sin tener en cuenta quién maneja su barca ni sus esperanzas. No me duele el sueño de autogobierno catalán y comparto su derecho a decidir. Me duele que la izquierda catalana haya perdido el paso y anden perdidos o a rastras de sueños ajenos y de palabras encadenadas. Echo de menos los tiempos en los que la bandera andaluza y la catalana se hermanaban pidiendo autogobierno, libertad y derechos sociales. Considero que perdieron las batallas del futuro el día que aceptaron la terrible y excluyente idea de unas tramposas balanzas fiscales que venían a decirle a la población que toda la culpa de sus recortes no las tiene el capital financiero y las políticas de ajuste duro de la derecha, virtual o real , sino los pobres del sur y de la periferia que vivimos de vuestro esfuerzo.
Nosotros tampoco queremos vivir en un país donde sobran territorios enteros, se menosprecian las culturas, se ataca la diversidad y se gira al centralismo más feroz pero tiene que haber una tercera vía de entendimiento, de respeto, de cooperación que ahora no se atisba pero que renacerá en cuanto los tiempos sean menos hostiles y el miedo al presente nos haga ser menos manipulables.
Etiquetas:
Andalucía,
Cataluña,
derecho a decidir,
diada
Compártelo
jueves, 19 de septiembre de 2013
LA VENTANA DE LA SER: CAFÉ DE LOS MIÉRCOLES
Esta temporada estaré todos los martes, de cuatro a cinco, en el programa de La Ventana de la SER con Carles Francino y Rafael Vilasanjuan. Aquí puedes escuchar el programa de esta semana
SEÑALADOS, OBJETIVO CONSEGUIDO
Artículo publicado en El País Andalucía
No sé si han tenido la oportunidad de ver The Newsroom. Es
una de esas producciones norteamericanas que te hacen amar
apasionadamente el periodismo. El equipo de redacción de este
informativo televisivo, investiga, desvela, contrasta la información y
reconoce errores cuando se producen. Han emprendido, eso sí, una lucha
particular contra el Tea Party por el uso de la mentira, la exageración y
la deformación interesada de la realidad, algo que consideran una
amenaza para la democracia.
No me atrevo a entrar en los fundamentos jurídicos de los autos de la jueza Alaya, pero si les digo que una gran parte de periodistas, columnistas, juristas están escandalizados por su forma de instruir. Incluso personas muy afines al PP reconocen en privado la falta de garantías de sus procedimientos. En la trastienda de las tertulias se opina que los contenidos de sus textos son contradictorios y que el calendario se ajusta como un guante al calendario político. Pero si les preguntas por qué no escriben lo que realmente piensan o por qué no lo dicen en público sacuden la cabeza y te contestan que “no quieren mezclarse en este asunto tan feo de los ERE”.
Yo tampoco. Los delincuentes de los ERE, además de haber robado 136 millones, le han hecho el mayor daño imaginable a Andalucía. Por muy duras que sean las sentencias, no pagarán nunca su delito contra nuestra tierra. Sin embargo esta condena no nos puede llevar a considerar justo lo injusto, o adecuado lo esperpéntico. No se puede combatir la corrupción sin procedimientos limpios, democráticos y justos.
El PP comunicó a la prensa el presunto auto de la jueza Alaya en plena toma de posesión del Gobierno. Zoido luego leyó con delectación la palabra “imputado” y proclamaba que “se habían derrumbado los pilares de la Junta de Andalucía”. Los informativos de varias cadenas de televisión abrieron y cerraron con la imputación de dos expresidentes andaluces. Dos días después, el mismo Zoido reconocía que “realmente imputados no están, pero sí señalados”. Esa es la palabra. Como se decía antiguamente en los pueblos. ¿Qué clase de figura jurídica es esa? Ninguna, pero no importa. Ni las cadenas estatales van a rectificar, ni el sambenito de la imputación va a ser retirado.
Los autos de la jueza Alaya son, literariamente, una mina. Ha llevado la novela negra a las salas de instrucción de Andalucía incluyendo las detenciones nocturnas y la tensión psicológica en los interrogatorios. De repente dio un vuelco al guion y decidió que había “llegado el momento de dar un salto cualitativo a la instrucción” y poner el foco no en los ladrones, sino en los guardianes. Imputó a veinte ex altos cargos de la Junta tirando del organigrama. Los delitos no se detallan. Por lo visto haber sido director general de Presupuestos o cualquier otro alto cargo es en sí mismo un acta de acusación.
El último auto supera a los anteriores en cuanto a figuras literarias. Comienza con una figura oblicua: algunas actuaciones procesales podrían contener “cierta carga incriminatoria”. Continúa con un verdadero manual de paradojas y antítesis. Imputa sin imputar en sí. Cada párrafo niega lo que se ha escrito en el anterior. Se utiliza la vieja figura de la preterición tan útil para el insulto (después de diez líneas sobre la imputación, afirma que no es el caso referirse a ella). Y finaliza con un toque de ironía cuando dice actuar para evitar a estas personas “la presión de los medios de comunicación”.
Somos a estas alturas lo bastante maduros para distinguir quién se ha llevado dinero y quién no; dónde comienza el delito y dónde las responsabilidades políticas. Pero vivimos en un país en que el descrédito de la política se ha convertido en franca hostilidad. En este mar encrespado nadie quiere ir contracorriente. Sin embargo, sumarse al silencio o a la riada, no es bueno para la democracia. Si queremos que la política recupere su dignidad, tenemos que distinguir, analizar, ser escrupulosos con el estado de derecho. O estaremos trabajando para otro sistema. Otro régimen. Ya entienden.
@conchacaballer
No me atrevo a entrar en los fundamentos jurídicos de los autos de la jueza Alaya, pero si les digo que una gran parte de periodistas, columnistas, juristas están escandalizados por su forma de instruir. Incluso personas muy afines al PP reconocen en privado la falta de garantías de sus procedimientos. En la trastienda de las tertulias se opina que los contenidos de sus textos son contradictorios y que el calendario se ajusta como un guante al calendario político. Pero si les preguntas por qué no escriben lo que realmente piensan o por qué no lo dicen en público sacuden la cabeza y te contestan que “no quieren mezclarse en este asunto tan feo de los ERE”.
Yo tampoco. Los delincuentes de los ERE, además de haber robado 136 millones, le han hecho el mayor daño imaginable a Andalucía. Por muy duras que sean las sentencias, no pagarán nunca su delito contra nuestra tierra. Sin embargo esta condena no nos puede llevar a considerar justo lo injusto, o adecuado lo esperpéntico. No se puede combatir la corrupción sin procedimientos limpios, democráticos y justos.
El PP comunicó a la prensa el presunto auto de la jueza Alaya en plena toma de posesión del Gobierno. Zoido luego leyó con delectación la palabra “imputado” y proclamaba que “se habían derrumbado los pilares de la Junta de Andalucía”. Los informativos de varias cadenas de televisión abrieron y cerraron con la imputación de dos expresidentes andaluces. Dos días después, el mismo Zoido reconocía que “realmente imputados no están, pero sí señalados”. Esa es la palabra. Como se decía antiguamente en los pueblos. ¿Qué clase de figura jurídica es esa? Ninguna, pero no importa. Ni las cadenas estatales van a rectificar, ni el sambenito de la imputación va a ser retirado.
Los autos de la jueza Alaya son, literariamente, una mina. Ha llevado la novela negra a las salas de instrucción de Andalucía incluyendo las detenciones nocturnas y la tensión psicológica en los interrogatorios. De repente dio un vuelco al guion y decidió que había “llegado el momento de dar un salto cualitativo a la instrucción” y poner el foco no en los ladrones, sino en los guardianes. Imputó a veinte ex altos cargos de la Junta tirando del organigrama. Los delitos no se detallan. Por lo visto haber sido director general de Presupuestos o cualquier otro alto cargo es en sí mismo un acta de acusación.
El último auto supera a los anteriores en cuanto a figuras literarias. Comienza con una figura oblicua: algunas actuaciones procesales podrían contener “cierta carga incriminatoria”. Continúa con un verdadero manual de paradojas y antítesis. Imputa sin imputar en sí. Cada párrafo niega lo que se ha escrito en el anterior. Se utiliza la vieja figura de la preterición tan útil para el insulto (después de diez líneas sobre la imputación, afirma que no es el caso referirse a ella). Y finaliza con un toque de ironía cuando dice actuar para evitar a estas personas “la presión de los medios de comunicación”.
Somos a estas alturas lo bastante maduros para distinguir quién se ha llevado dinero y quién no; dónde comienza el delito y dónde las responsabilidades políticas. Pero vivimos en un país en que el descrédito de la política se ha convertido en franca hostilidad. En este mar encrespado nadie quiere ir contracorriente. Sin embargo, sumarse al silencio o a la riada, no es bueno para la democracia. Si queremos que la política recupere su dignidad, tenemos que distinguir, analizar, ser escrupulosos con el estado de derecho. O estaremos trabajando para otro sistema. Otro régimen. Ya entienden.
@conchacaballer
Etiquetas:
auto,
caso ERES,
Chaves,
Griñán,
jueza Alaya
Compártelo
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

















